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ENTREVISTA
Según
el sapo, así es la pedrada
Waldo
Chávez tiene 21 libros en sus espaldas y más de un millón
de historias sobre gobernantes que contar. Es uno de los hombres que
conoce más secretos del poder. Pero, sabe callar. En esta entrevista
recuerda, entre otras cosas, cuando pagaban a periodistas para que le
ayudaran al poder. Recibió esa herencia cuando asumió
las comunicaciones del estado.
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Con
21 libros publicados y cientos de discursos hechos a ex presidentes.
Waldo prepara un libro sobre hombres que usaron el porder
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Waldo Chávez Velasco es cada vez más frágil
en sus movimientos. Sus piernas son menos intrépidas.
Su problema es que debe mantener vigilado su corazón las 24 horas
del día.
Él lo cuenta como si fuese un chiste: Me hicieron hombre
biónico en Filadelfia.
Waldo no miente. Hace muy pocas semanas le colocaron una pequeña
computadora en el pecho para que reciba información y dé
órdenes precisas al corazón.
Ese escritor de 70 años es el único salvadoreño
que posee un desfibrilador cibernético de ese tipo en su pecho.
A Waldo lo conocí, hace varios años, donde a él
le encanta permanecer: en un buen restaurante italiano.
Como estudió Derecho Internacional en Bolonia, se aficionó
a la comida italiana.
Para cada plato tiene una explicación histórica y hasta
mitológica. Hasta cuando se almuerza con él se gana unos
centímetros de cultura.
El Linaje de waldo
Waldo es abogado, escritor, periodista, especialista
en historia del arte, filólogo y no sé cuántas
cosas más. Su vida está llena de accidentes que lo zarandearon
por más de una docena de países.
Su primer accidente fue escribir un poema sobre la paz
y acabar en un congreso mundial en China.
Como pago, acabó exilado, sin ser de izquierda, en Costa Rica.
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"Nunca
tuve temor de decirle a los presindetes lo que pensaba. Hasta
me peleé con ellos"
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Ahí comía salteado, pasó verdaderas
miserias, y vivió de sus sesos sin hipotecárselos a nadie.
Después un presidente se apiadó de él y lo becó,
empujado por su enorme talento, a Italia, a estudiar Derecho Internacional.
Pero Waldo no estaba hecho para litigar o hacer escrituras notariales.
Con más pertinacia que Ulises, se dedicó a escribir y
a hacer otras cosas que no fueran las consultas de códigos. Ahora
muestra 21 libros publicados y un éxito que es puro señorío
del oficio literario. Siempre usó la lengua como un hombre pulcro.
Waldo, a pesar de su edad, no es un hombre de letras vencidas. Actualmente
se dedica a escribir un libro sobre los ex presidentes .
A varios de ellos les escribió centenares de discursos y los
asesoró en asuntos de comunicaciones.
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"Paqué
dinero, con furia, a periodistas Mexicanos que pedían para
hablar del país"
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¿Por qué se tiene
la percepción de que Waldo Chávez es un hombre enigmático
a quien, incluso, alguna gente teme?
Algunos años atrás trabajé en política y
con gobiernos militares. Laboré, incluso, con el coronel Julio
Adalberto Rivera, quien fue el fundador del PCN. La oposición
eran los comunistas y los demócratas cristianos. Entonces, normalmente,
dirigía las campañas del PCN.
¿Es suficiente eso para que se le tema?
Puede haber gente que me considere su adversario y no me quiere en las
cosas que me han correspondido. Obviamente, yo quiero a todo el mundo.
Pero creo que tiene que ver con el hecho de que he sido secretario de
información.
¿Guarda muchos secretos?
Depende de si me lo preguntara mi esposa. Pero creo que podría
contestar que sí. En la vida de presidentes hay cosas que nunca
salen a la luz pública. Mi próximo libro se llamará
Los Presidentes. Contaré sobre ellos lo que se pueda
contar.
¿Va a revelar secretos?
Seguramente sí. Todos los secretos que no molesten a las familias.
¿Secretos de mujeres?
Eso no lo voy a hacer. Pero contaré cosas como estas: una vez
acompañé a un presidente al exterior. Me pidió
que le comprara unos regalos. Yo le compré siete prendedores.
Cuando regresé a El Salvador y le llevé a Casa Presidencial
los prendedores, supe que algunas mujeres los usarían en una
fiesta.
Fui a esa fiesta y pasé toda la noche viendo cuáles mujeres
los llevaban consigo. Descubrí a cuatro mujeres. No diré,
eso sí, quién fue el presidente. Mucho menos los nombres
de las mujeres.
¿Y a ese presidente le quedaba tiempo para
gobernar?
Desde luego, y fue buen presidente.
¿A Waldo Chávez le gusta el poder?
No. No me gustó. Cuando lo tuve, lo único que recordé,
con agrado, fue la frase del libro de Kissinger: El mejor afrodisíaco
del mundo no es el poder. Eso me pareció una frase muy
divertida.
¿Cree que llegó a ser realmente
poderoso e influyente?
Le podría decir que sí. Pero nunca tuve el temor de decirle
a los presidentes lo que pensaba. En ciertas ocasiones me peleé
con ellos y discutí muy fuerte.
¿Qué le dejó el poder?
Lo que deja es una gran sensación de haber perdido el tiempo.
Creo que debí haberme dedicado a escribir. Esa es la verdad.
¿Lo bueno y lo malo del poder?
Yo comencé a trabajar con el coronel Julio Adalberto Rivera,
quien había sido mi amigo en Italia. Él estudiaba en la
Escuela Superior de Guerra. Yo estudiaba Derecho en Bolonia. Hicimos
un intercambio.
Yo lo llevaba a los museos y le explicaba cuadros. Él me llevaba
a los partidos de fútbol y pagaba la entrada. Éramos muy
amigos. Tuvimos un amigo común que era el doctor Álvaro
Magaña.
El coronel Arturo Armando Molina (ex presidente) era mi amigo de la
infancia. Había sido novio de una prima mía. Nos reíamos,
a menudo, de la adolescencia. Eso generó una gran confianza.
Trabajó en campañas políticas. Fue estratega. Manejó
comunicaciones. ¿Eso que le heredó?
Eso tiene un antecedente. Yo estudié Derecho. Saqué mi
Doctorado en Derecho Internacional, que me sirvió para trabajar
en el servicio diplomático. Cuando me doctoré, me di cuenta
de que no iba a ejercer esa profesión. Entonces, me fui a París
y Londres a estudiar Comunicaciones. También Historia del Arte.
Eso era, realmente, lo que me gustaba. Después me di otras dos
satisfacciones: estudié Filología e Historia española
en España.
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Confesiones de Waldo
El escritor y abogado Waldo Chávez
Velasco hace una serie de confesiones en esta entrevista. Habla
sobre mordidas pagadas a periodistas. También sobre el
poder.
Compras de periodistas
Waldo dice que varios gobiernos pagaron
dinero a periodistas. También reconoce que durante un gobierno
de ARENA sobrevivió esa planilla, aunque era mucho
más pequeña.
¿Cuánto pagaban a periodistas?
La fórmula provocó el título de esta entrevista:
Entre más grande era el sapo, así era la pedrada.
Cuanto mayor rango tuviese el periodista, más dinero se
echaba. Waldo narra anécdotas sobre esos casos.
Julio Adalberto Rivera
Fue el ex presidente de la República
que más le impresionó. Lo tiene como el creador
de la democracia en El Salvador. También recordará
muchas anécdotas del ex gobernante en un libro que prepara.
Se arrepiente
Waldo Chávez también se arrepiente
por haber pasado tanto tiempo junto al poder. Dice que ha escrito
21 libros, pero que pudo realizar un número mayor. No
los escribí por exceso de trabajo, asegura.
Sobre Schafik Handal
Schafik se convirtió en un
caso mundial. Estudió 26 años en la Universidad
de El Salvador y no sacó ni un título. En ese tiempo
no se podían comprar títulos, a pesar de que él
siempre tuvo mucho dinero.
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Cuando manejó las comunicaciones del Estado
¿compraban periodistas?
Sí.
¿Eran desenfrenados? ¿Eran ambiciosos? ¿Por qué
pasaba todo eso?
Un amigo, Guillermo Borja, me pidió que dirigiera un nuevo periódico:
El Mundo. Ahí pasé contento como tres años. Después
me llamó Fidel Sánchez Hernández. Me pidió
que trabajara con él. Cuando me enseñaron la planilla
de periodistas y encontré ahí a gente de El Mundo, estuve
a punto de renunciar.
¿Todo el tiempo siguieron pagando periodistas?
Sí, desde luego. Fue una cosa no muy buena. Yo no lo quise hacer.
Sentía la conciencia tranquila. Lo que querían era que
yo pagara, efectivamente.
¿Con ARENA sobrevivió la planilla?
Había una planilla, pero debo decirle que era mucho más
pequeña.
¿Sumas fuertes o favores menores?
Los favores menores no es nada malo hacerlos. Pero respecto a pagar,
eso sí. Es inmoral de los dos lados. Sobre los pagos, le diría
una frase que ojalá sea salvadoreña porque es muy linda:
Como es el sapo es la pedrada. Eso era lo que fijaba los
precios. De paso, le aviso que a quien yo le pagué, y pagué
con cólera, porque quedé aterrorizado de los precios,
eran periodistas mexicanos. Caían a cada rato.
¿Durante la guerra?
No, durante los primeros seis años no estuve aquí, porque
tenía miedo. Venían desde antes. Ofrecían artículos
favorables para El Salvador y para el gobierno.
¿Periodistas estadounidenses nunca se lo propusieron?
Soy residente en Estados Unidos y, por lo tanto, me reservo la respuesta.
De todos los ex presidentes con quien trabajó, ¿cuál
fue el que más lo impresionó?
Creo que Rivera, que es el creador de la democracia en El Salvador.
Él provocó la representación proporcional. Su ministro
del Interior era Fidel Sánchez. Con quienes hicimos grandes planes
de comunicación fue con Molina y Sánchez Hernández.
Hacían, por ejemplo, una escuela por día. Una cancha por
semana. O se hacía eso o se quedaba en ridículo.
¿Por qué un escritor como usted pasó bajo las enaguas
del poder durante tanto tiempo? Eso lo pregunto sin ser despectivo.
No fue una cosa buena, porque yo he escrito 21 libros. Debí haber
escrito por lo menos 30. Los que no escribí se debió al
exceso del trabajo. Me entusiasmé con el trabajo. Escribía
discursos en vez de escribir libros. Eso no se lo recomendaría
a un escritor.
Es más, tengo miedo por un poeta que es lo más importante
que tiene el país entre los poetas jóvenes. Porque entre
los mayores está David Escobar Galindo y gente muy importante.
Pero Federico Hernández es un poeta magnífico. Ahora es
diputado de ARENA. Eso me da mucho miedo.
¿Cree que, en el caso de Federico Hernández, la política
y el poder llevarán a perder un buen escritor?
No creo que sea tanto. Él de verdad es muy bueno y muy entregado
a la poesía. Pero sí le va a quitar un tiempo que después
lo va a sentir. Un montón de libros no los va a escribir.
¿Cuál de todos los discursos que escribió para
presidentes fue el que más le gustó?
El que más me gustó no lo escribí solo. Lo escribí
con Walter Béneke. Fue durante la guerra contra Honduras.
¿Fue una proclama a la patria o algo así?
Se acababa de producir la llegada del Apolo a la Luna, y con Walter
escribimos que cómo era posible que el hombre caminara en la
Luna y los salvadoreños no podían hacerlo por las veredas
de Honduras. Fue una construcción hermosa con la que, creímos,
los hondureños podían recapacitar. Queríamos que
la guerra no estallara. Pero en ese momento era imposible.
¿Cuando se escribe un discurso para un presidente se debe
ser, al menos, un poquito mentiroso o vender muchas esperanzas?
Yo traté que si prometían algo, fueran cosas ciertas.
De lo contrario, engañaban a la gente. Había un problema
de conciencia de por medio. En el caso de Molina, hubo un problema de
transformación agraria. Me dijo:Ponele ni un paso atrás.
Yo le respondí que estaba equivocado, porque un presidente nunca
puede decir eso. Entonces, me respondió que pusiera eso, que
era una orden. Yo se lo puse. A la semana, retiró el proyecto.
Yo tuve la suficiente gracia o respeto de no preguntarle nada, porque
era cosa de chiste.
¿Conoció a DAubuisson?
Desde luego. Estaba en casa presidencial con Molina. Teníamos
un embajador en Brasil que invitó al hijo de Molina a ir a ese
país.
Entonces Molina lo mandó con él. Iba como amigo y se le
pidió que lo cuidara. También lo conocí cuando
trabajaba como segundo jefe de la Agencia Nacional de Inteligencia.
Él siempre fue muy cordial conmigo.
¿Qué piensa de él?
Era muy inteligente. Además, es el político más
importante que ha tenido El Salvador, después de Reynaldo Galindo
Pohl. Cuando estaba a punto de estallar la guerra, DAubuisson
convenció a un montón de gente de extrema derecha que
no debía participar en la guerra con sus propias manos, sino
a través de un partido político. Les pidió que
actuaran, políticamente.
¿Cree que fue responsable de muertes aquí?
No lo creo. Si no dejó a otros que mataran, ¿por qué
iba a hacerlo él? Y eso te lo digo a pesar de haber sido el mejor
tirador que he visto en mi vida.
Yo iba al polígono de la Casa Presidencial con el cuento de que
me enseñara a tirar. Pero, mentira. Nunca aprendí a tirar.
DAubuisson tiraba como en el circo, con espejos y todo eso.
Waldo, ¿alguna vez trabajó o cooperó con
la seguridad del Estado?
No. La seguridad del Estado me pasaba, a mí, ciertas informaciones.
Siempre llegaba un motorista a mi casa, a las 5:00 de la mañana
y me llevaba un paquete con las informaciones de la S-2 (la inteligencia).
¿Ese paquete representaba informaciones periodísticas
o políticas?
Sobre política.
¿Era intenso el espionaje de políticos?
Tal vez no sobre mucha gente, porque la oposición no era muy
fuerte.
¿Quien era el más seguido? ¿Duarte, por ejemplo?
¿dependía de la época?
Por fuerza, Duarte, porque había ganado la alcaldía y
se pensaba que sería candidato a la presidencia. Yo recibí
informaciones sobre Duarte como seis meses.
Por cierto, para alguien que va a trabajar en una campaña, Duarte
le resultaba decepcionante porque, contrario a la mayoría, no
bebía. No tenía amante. Se le buscaron defectos para utilizarlos
en la campaña, pero no los tenía. Ojalá los hubiera
tenido.
¿Le gustaban los informes de amantes, de truculencias,
de negruras de los opositores...?
A mí no me llegaban esos informes.
¿Pinchaban teléfonos?
Sí, desde luego. La única compañía de teléfonos
era ANTEL. En tiempos del general Fidel Sánchez , el presidente
de ANTEL era su hermano.
Supongo que él oía para proteger a su hermano. Cuando
llegó Molina, el presidente de ANTEL era un coronel que tenía
ambiciones presidenciales. Quería ser candidato.
A él le convenía que Molina siguiera porque, de lo contrario,
él no sería candidato. Después fue ministro de
Defensa de la junta.
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Waldo
Chávez y la política
Tuvo que exilarse en Costa Rica porque se le creía de izquierda.
Después estudió Derecho en Italia.
¿Fue de izquierda?
No. Nunca, nunca.
¿A pesar de la rebeldía de la época y del
crecimiento de las izquierdas en las universidades?
En la llamada Generación Comprometida, a la
que pertenezco, no hubo ningún comunista. Sólo hubo
uno que era comunista: Tirso Canales. Yo lo conocí hace
poco tiempo. Alvaro Menéndez Leal, Ítalo López
Vallecillos, Eugenio Martínez Orantes y toda la gente de
la generación no fueron comunistas nunca.
¿Y qué piensa cuando ve a Schafik diciendo
todavía que es comunista?
Mire, yo estudié en un colegio, y cuando llegué
a primer curso, Schafik estaba ahí, en cuarto. Ya era comunista.
Después, él se convirtió en un caso mundial.
Estudió 26 años en la Universidad de El Salvador
y no sacó ni un título. En ese tiempo no se podían
comprar títulos, porque Schafik siempre tuvo mucho dinero.
¿Te habría gustado ser presidente ?
No.
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