6 de julio de 2003


ENTREVISTA

Según el sapo, así es la pedrada

Waldo Chávez tiene 21 libros en sus espaldas y más de un millón de historias sobre gobernantes que contar. Es uno de los hombres que conoce más secretos del poder. Pero, sabe callar. En esta entrevista recuerda, entre otras cosas, cuando pagaban a periodistas para que le ayudaran al poder. Recibió esa herencia cuando asumió las comunicaciones del estado.

Lafitte Fernández
El Diario de Hoy

vertice@elsalvador.com

Con 21 libros publicados y cientos de discursos hechos a ex presidentes. Waldo prepara un libro sobre hombres que usaron el porder

Waldo Chávez Velasco es cada vez más frágil en sus movimientos. Sus piernas son menos intrépidas.

Su problema es que debe mantener vigilado su corazón las 24 horas del día.

Él lo cuenta como si fuese un chiste: “Me hicieron hombre biónico en Filadelfia”.

Waldo no miente. Hace muy pocas semanas le colocaron una pequeña computadora en el pecho para que reciba información y dé órdenes precisas al corazón.

Ese escritor de 70 años es el único salvadoreño que posee un desfibrilador cibernético de ese tipo en su pecho.

A Waldo lo conocí, hace varios años, donde a él le encanta permanecer: en un buen restaurante italiano.
Como estudió Derecho Internacional en Bolonia, se aficionó a la comida italiana.

Para cada plato tiene una explicación histórica y hasta mitológica. Hasta cuando se almuerza con él se gana unos centímetros de cultura.

El Linaje de waldo

Waldo es abogado, escritor, periodista, especialista en historia del arte, filólogo y no sé cuántas cosas más. Su vida está llena de accidentes que lo zarandearon por más de una docena de países.

Su primer accidente fue escribir un poema sobre la paz y acabar en un congreso mundial en China.
Como pago, acabó exilado, sin ser de izquierda, en Costa Rica.

"Nunca tuve temor de decirle a los presindetes lo que pensaba. Hasta me peleé con ellos"

Ahí comía salteado, pasó verdaderas miserias, y vivió de sus sesos sin hipotecárselos a nadie.
Después un presidente se apiadó de él y lo becó, empujado por su enorme talento, a Italia, a estudiar Derecho Internacional.

Pero Waldo no estaba hecho para litigar o hacer escrituras notariales. Con más pertinacia que Ulises, se dedicó a escribir y a hacer otras cosas que no fueran las consultas de códigos. Ahora muestra 21 libros publicados y un éxito que es puro señorío del oficio literario. Siempre usó la lengua como un hombre pulcro.

Waldo, a pesar de su edad, no es un hombre de letras vencidas. Actualmente se dedica a escribir un libro sobre los ex presidentes .

A varios de ellos les escribió centenares de discursos y los asesoró en asuntos de comunicaciones.



"Paqué dinero, con furia, a periodistas Mexicanos que pedían para hablar del país"

¿Por qué se tiene la percepción de que Waldo Chávez es un hombre enigmático a quien, incluso, alguna gente teme?
Algunos años atrás trabajé en política y con gobiernos militares. Laboré, incluso, con el coronel Julio Adalberto Rivera, quien fue el fundador del PCN. La oposición eran los comunistas y los demócratas cristianos. Entonces, normalmente, dirigía las campañas del PCN.

¿Es suficiente eso para que se le tema?
Puede haber gente que me considere su adversario y no me quiere en las cosas que me han correspondido. Obviamente, yo quiero a todo el mundo. Pero creo que tiene que ver con el hecho de que he sido secretario de información.

¿Guarda muchos secretos?
Depende de si me lo preguntara mi esposa. Pero creo que podría contestar que sí. En la vida de presidentes hay cosas que nunca salen a la luz pública. Mi próximo libro se llamará “Los Presidentes”. Contaré sobre ellos lo que se pueda contar.

¿Va a revelar secretos?
Seguramente sí. Todos los secretos que no molesten a las familias.

¿Secretos de mujeres?
Eso no lo voy a hacer. Pero contaré cosas como estas: una vez acompañé a un presidente al exterior. Me pidió que le comprara unos regalos. Yo le compré siete prendedores.
Cuando regresé a El Salvador y le llevé a Casa Presidencial los prendedores, supe que algunas mujeres los usarían en una fiesta.
Fui a esa fiesta y pasé toda la noche viendo cuáles mujeres los llevaban consigo. Descubrí a cuatro mujeres. No diré, eso sí, quién fue el presidente. Mucho menos los nombres de las mujeres.

¿Y a ese presidente le quedaba tiempo para gobernar?
Desde luego, y fue buen presidente.

¿A Waldo Chávez le gusta el poder?
No. No me gustó. Cuando lo tuve, lo único que recordé, con agrado, fue la frase del libro de Kissinger: “El mejor afrodisíaco del mundo no es el poder”. Eso me pareció una frase muy divertida.

¿Cree que llegó a ser realmente poderoso e influyente?
Le podría decir que sí. Pero nunca tuve el temor de decirle a los presidentes lo que pensaba. En ciertas ocasiones me peleé con ellos y discutí muy fuerte.

¿Qué le dejó el poder?
Lo que deja es una gran sensación de haber perdido el tiempo. Creo que debí haberme dedicado a escribir. Esa es la verdad.

¿Lo bueno y lo malo del poder?
Yo comencé a trabajar con el coronel Julio Adalberto Rivera, quien había sido mi amigo en Italia. Él estudiaba en la Escuela Superior de Guerra. Yo estudiaba Derecho en Bolonia. Hicimos un intercambio.
Yo lo llevaba a los museos y le explicaba cuadros. Él me llevaba a los partidos de fútbol y pagaba la entrada. Éramos muy amigos. Tuvimos un amigo común que era el doctor Álvaro Magaña.
El coronel Arturo Armando Molina (ex presidente) era mi amigo de la infancia. Había sido novio de una prima mía. Nos reíamos, a menudo, de la adolescencia. Eso generó una gran confianza.
Trabajó en campañas políticas. Fue estratega. Manejó comunicaciones. ¿Eso que le heredó?
Eso tiene un antecedente. Yo estudié Derecho. Saqué mi Doctorado en Derecho Internacional, que me sirvió para trabajar en el servicio diplomático. Cuando me doctoré, me di cuenta de que no iba a ejercer esa profesión. Entonces, me fui a París y Londres a estudiar Comunicaciones. También Historia del Arte. Eso era, realmente, lo que me gustaba. Después me di otras dos satisfacciones: estudié Filología e Historia española en España.

Confesiones de Waldo
El escritor y abogado Waldo Chávez Velasco hace una serie de confesiones en esta entrevista. Habla sobre mordidas pagadas a periodistas. También sobre el poder.

Compras de periodistas
Waldo dice que varios gobiernos pagaron dinero a periodistas. También reconoce que durante un gobierno de ARENA sobrevivió esa planilla, “aunque era mucho más pequeña”.

¿Cuánto pagaban a periodistas?

La fórmula provocó el título de esta entrevista: “Entre más grande era el sapo, así era la pedrada”. Cuanto mayor rango tuviese el periodista, más dinero se echaba. Waldo narra anécdotas sobre esos casos”.


Julio Adalberto Rivera

Fue el ex presidente de la República que más le impresionó. Lo tiene como el creador de la democracia en El Salvador. También recordará muchas anécdotas del ex gobernante en un libro que prepara.

Se arrepiente
Waldo Chávez también se arrepiente por haber pasado tanto tiempo junto al poder. Dice que ha escrito 21 libros, pero que pudo realizar un número mayor. “No los escribí por exceso de trabajo”, asegura.

Sobre Schafik Handal
“Schafik se convirtió en un caso mundial. Estudió 26 años en la Universidad de El Salvador y no sacó ni un título. En ese tiempo no se podían comprar títulos, a pesar de que él siempre tuvo mucho dinero”.

Cuando manejó las comunicaciones del Estado ¿compraban periodistas?
Sí.

¿Eran desenfrenados? ¿Eran ambiciosos? ¿Por qué pasaba todo eso?

Un amigo, Guillermo Borja, me pidió que dirigiera un nuevo periódico: El Mundo. Ahí pasé contento como tres años. Después me llamó Fidel Sánchez Hernández. Me pidió que trabajara con él. Cuando me enseñaron la planilla de periodistas y encontré ahí a gente de El Mundo, estuve a punto de renunciar.

¿Todo el tiempo siguieron pagando periodistas?
Sí, desde luego. Fue una cosa no muy buena. Yo no lo quise hacer. Sentía la conciencia tranquila. Lo que querían era que yo pagara, efectivamente.

¿Con ARENA sobrevivió la planilla?

Había una planilla, pero debo decirle que era mucho más pequeña.

¿Sumas fuertes o favores menores?
Los favores menores no es nada malo hacerlos. Pero respecto a pagar, eso sí. Es inmoral de los dos lados. Sobre los pagos, le diría una frase que ojalá sea salvadoreña porque es muy linda: ‘Como es el sapo es la pedrada’. Eso era lo que fijaba los precios. De paso, le aviso que a quien yo le pagué, y pagué con cólera, porque quedé aterrorizado de los precios, eran periodistas mexicanos. Caían a cada rato.

¿Durante la guerra?
No, durante los primeros seis años no estuve aquí, porque tenía miedo. Venían desde antes. Ofrecían artículos favorables para El Salvador y para el gobierno.

¿Periodistas estadounidenses nunca se lo propusieron?

Soy residente en Estados Unidos y, por lo tanto, me reservo la respuesta.

De todos los ex presidentes con quien trabajó, ¿cuál fue el que más lo impresionó?
Creo que Rivera, que es el creador de la democracia en El Salvador. Él provocó la representación proporcional. Su ministro del Interior era Fidel Sánchez. Con quienes hicimos grandes planes de comunicación fue con Molina y Sánchez Hernández. Hacían, por ejemplo, una escuela por día. Una cancha por semana. O se hacía eso o se quedaba en ridículo.

¿Por qué un escritor como usted pasó bajo las enaguas del poder durante tanto tiempo? Eso lo pregunto sin ser despectivo.

No fue una cosa buena, porque yo he escrito 21 libros. Debí haber escrito por lo menos 30. Los que no escribí se debió al exceso del trabajo. Me entusiasmé con el trabajo. Escribía discursos en vez de escribir libros. Eso no se lo recomendaría a un escritor.
Es más, tengo miedo por un poeta que es lo más importante que tiene el país entre los poetas jóvenes. Porque entre los mayores está David Escobar Galindo y gente muy importante. Pero Federico Hernández es un poeta magnífico. Ahora es diputado de ARENA. Eso me da mucho miedo.

¿Cree que, en el caso de Federico Hernández, la política y el poder llevarán a perder un buen escritor?

No creo que sea tanto. Él de verdad es muy bueno y muy entregado a la poesía. Pero sí le va a quitar un tiempo que después lo va a sentir. Un montón de libros no los va a escribir.

¿Cuál de todos los discursos que escribió para presidentes fue el que más le gustó?

El que más me gustó no lo escribí solo. Lo escribí con Walter Béneke. Fue durante la guerra contra Honduras.

¿Fue una proclama a la patria o algo así?
Se acababa de producir la llegada del Apolo a la Luna, y con Walter escribimos que cómo era posible que el hombre caminara en la Luna y los salvadoreños no podían hacerlo por las veredas de Honduras. Fue una construcción hermosa con la que, creímos, los hondureños podían recapacitar. Queríamos que la guerra no estallara. Pero en ese momento era imposible.

¿Cuando se escribe un discurso para un presidente se debe ser, al menos, un poquito mentiroso o vender muchas esperanzas?
Yo traté que si prometían algo, fueran cosas ciertas. De lo contrario, engañaban a la gente. Había un problema de conciencia de por medio. En el caso de Molina, hubo un problema de transformación agraria. Me dijo:“Ponele ni un paso atrás”.
Yo le respondí que estaba equivocado, porque un presidente nunca puede decir eso. Entonces, me respondió que pusiera eso, que era una orden. Yo se lo puse. A la semana, retiró el proyecto. Yo tuve la suficiente gracia o respeto de no preguntarle nada, porque era cosa de chiste.

¿Conoció a D’Aubuisson?

Desde luego. Estaba en casa presidencial con Molina. Teníamos un embajador en Brasil que invitó al hijo de Molina a ir a ese país.
Entonces Molina lo mandó con él. Iba como amigo y se le pidió que lo cuidara. También lo conocí cuando trabajaba como segundo jefe de la Agencia Nacional de Inteligencia. Él siempre fue muy cordial conmigo.

¿Qué piensa de él?
Era muy inteligente. Además, es el político más importante que ha tenido El Salvador, después de Reynaldo Galindo Pohl. Cuando estaba a punto de estallar la guerra, D’Aubuisson convenció a un montón de gente de extrema derecha que no debía participar en la guerra con sus propias manos, sino a través de un partido político. Les pidió que actuaran, políticamente.

¿Cree que fue responsable de muertes aquí?
No lo creo. Si no dejó a otros que mataran, ¿por qué iba a hacerlo él? Y eso te lo digo a pesar de haber sido el mejor tirador que he visto en mi vida.
Yo iba al polígono de la Casa Presidencial con el cuento de que me enseñara a tirar. Pero, mentira. Nunca aprendí a tirar. D’Aubuisson tiraba como en el circo, con espejos y todo eso.

Waldo, ¿alguna vez trabajó o cooperó con la seguridad del Estado?
No. La seguridad del Estado me pasaba, a mí, ciertas informaciones. Siempre llegaba un motorista a mi casa, a las 5:00 de la mañana y me llevaba un paquete con las informaciones de la S-2 (la inteligencia).

¿Ese paquete representaba informaciones periodísticas o políticas?

Sobre política.

¿Era intenso el espionaje de políticos?

Tal vez no sobre mucha gente, porque la oposición no era muy fuerte.

¿Quien era el más seguido? ¿Duarte, por ejemplo? ¿dependía de la época?

Por fuerza, Duarte, porque había ganado la alcaldía y se pensaba que sería candidato a la presidencia. Yo recibí informaciones sobre Duarte como seis meses.
Por cierto, para alguien que va a trabajar en una campaña, Duarte le resultaba decepcionante porque, contrario a la mayoría, no bebía. No tenía amante. Se le buscaron defectos para utilizarlos en la campaña, pero no los tenía. Ojalá los hubiera tenido.

¿Le gustaban los informes de amantes, de truculencias, de negruras de los opositores...?
A mí no me llegaban esos informes.

¿Pinchaban teléfonos?
Sí, desde luego. La única compañía de teléfonos era ANTEL. En tiempos del general Fidel Sánchez , el presidente de ANTEL era su hermano.
Supongo que él oía para proteger a su hermano. Cuando llegó Molina, el presidente de ANTEL era un coronel que tenía ambiciones presidenciales. Quería ser candidato.
A él le convenía que Molina siguiera porque, de lo contrario, él no sería candidato. Después fue ministro de Defensa de la junta.

Waldo Chávez y la política
Tuvo que exilarse en Costa Rica porque se le creía de izquierda. Después estudió Derecho en Italia.


¿Fue de izquierda?
No. Nunca, nunca.

¿A pesar de la rebeldía de la época y del crecimiento de las izquierdas en las universidades?

En la llamada “Generación Comprometida”, a la que pertenezco, no hubo ningún comunista. Sólo hubo uno que era comunista: Tirso Canales. Yo lo conocí hace poco tiempo. Alvaro Menéndez Leal, Ítalo López Vallecillos, Eugenio Martínez Orantes y toda la gente de la generación no fueron comunistas nunca.

¿Y qué piensa cuando ve a Schafik diciendo todavía que es comunista?
Mire, yo estudié en un colegio, y cuando llegué a primer curso, Schafik estaba ahí, en cuarto. Ya era comunista. Después, él se convirtió en un caso mundial. Estudió 26 años en la Universidad de El Salvador y no sacó ni un título. En ese tiempo no se podían comprar títulos, porque Schafik siempre tuvo mucho dinero.

¿Te habría gustado ser presidente ?

No.

 


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