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INTERNACIONAL
Stalin
¿Murió envenenado?
La
imagen del hombre de hierro -oriundo de Georgia- todavía es admirada
por las viejas generaciones que recuerdan la victoria en la II Segunda
Guerra Mundial. En Occidente, en cambio, nadie olvida que fue un tirano
que purgó a más de 10 millones de víctimas.
Vértice/ Por Michael Wines
The New York Times News Service
vertice@elsalvador.com
Moscú - Cincuenta años después
de que muriera el dictador José V. Stalin, derribado por una
hemorragia cerebral en su dacha, una investigación exhaustiva
de los registros soviéticos guardados en secreto durante muchísimo
tiempo, da nuevo peso a una vieja teoría de que en realidad fue
envenenado; quizá para evitar una guerra inminente contra Estados
Unidos.
Es muy posible que esa guerra haya estado más cerca de lo que
nadie fuera del Kremlin sospechara en esa época, dicen los autores
de un nuevo libro basado en los registros.
El libro, de 402 páginas, Stalins Last Crime,
fue publicado a fines de marzo. Con base en el informe que de los últimos
días de Stalin hicieron los médicos, anteriormente mantenido
en secreto, los autores sugieren que es posible que Stalin haya sido
envenenado con warfarina, un adelgazador de sangre sin sabor
ni color, también usado para matar ratas, durante una última
cena con cuatro miembros de su politburó, el 1 de marzo de 1953.
Ellos fundamentan en parte esa teoría con los primeros borradores
del informe, en los que se muestra que Stalin sufrió una hemorragia
estomacal extensiva durante su agonía. Los autores plantean que
referencias significativas a una hemorragia estomacal, fueron eliminadas
del registro médico oficial de 20 páginas el cual no fue
dado a conocer sino hasta junio de 1953, más de tres meses después
de su muerte el 5 de marzo de 1953.
Cuatro miembros del politburó estuvieron en esa cena: Lavrenti
P. Beria, entonces jefe de la policía secreta; Georgi M. Malenkov,
sucesor inmediato de Stalin; Nikita S. Khrushchev, quien finalmente
llegó a la posición más alta, y Nikolai Bulganin.
Los autores, el historiador ruso Vladimir P. Naumov y un experto en
la Unión Soviética de la Universidad de Yale, Jonathan
Brent, sugieren que el sospechoso más probable del asesinato
es el temible Beria, el despechado ministro de seguridad interior de
Stalin durante 15 años.
Supuestamente, el día del trabajo, dos meses después de
la muerte de Stalin, Beria hizo alarde de haberlo matado. ¡Yo
lo maté! Los salvé a todos ustedes, le dijo Beria
a Vyacheslav Molotov, otro miembro del politburó, según
la cita que aparece en las memorias de Khrushchev, publicadas en 1970:
Khrushchev Remembers.
Difícil de roer
Sin
embargo, Naumov y Brent descartan el propio relato de Khrushchev sobre
la muerte de Stalin, que aparece en las mismas memorias, por considerarlo
una distorsión casi caricaturesca de la verdad. Dado que ahora
prácticamente todos los involucrados en el caso están
muertos, es posible que nunca se sepa la historia verdadera, dijo Brent
en una entrevista efectuada recientemente.
Algunos médicos son escépticos respecto a que si
se realizara una autopsia, se pudiera encontrar la respuesta concluyente
a la pregunta de si fue envenenado o no, dijo.
Personalmente creo que la muerte de Stalin no fue fortuita. Simplemente
hay demasiadas flechas apuntando hacia la otra dirección.
El libro, al igual que casi todos los volúmenes como este, describe
una imagen escalofriante de Stalin, profundamente paranoico e interminablemente
astuto a la vez, que continuamente inventaba enemigos y después
los exterminaba para justificar el terrorismo que mató a millones
y mantuvo a millones más en el trabajo que permitió que
la Unión Soviética diera el brinco del zarismo a la edad
industrial y se convirtiera en una superpotencia.
Con todo, los rusos modernos están profundamente divididos en
relación a su memoria. En la última encuesta de opinión
realizada entre 1,600 adultos por el All-Russian Public Opinion Center,
dada a conocer en vísperas del 50 aniversario de su muerte, se
muestra que más de la mitad de todos los encuestados cree que
el papel de Stalin en la historia rusa fue positivo, en tanto que poco
menos de la tercera parte estuvo en desacuerdo.
Según las cifras de la encuesta, el 27 por ciento de los rusos
juzgan a Stalin como un tirano cruel e inhumano. Sin embargo, el 20
por ciento lo llamó sabio y humano, entre el cual está
el jefe del Partido Comunista, Gennady Zyuganov, quien comparó
a Stalin con los personajes más grandiosos del Renacimiento.
Brent y Naumov, el secretario de una comisión del gobierno ruso
para rehabilitar a las víctimas de la represión, han pasado
años en los archivos de la KGB y de otros organismos soviéticos.
Funcionarios rusos les permitieron el acceso a algunos documentos para
su obra más reciente, en la que inicialmente se rastrea el curso
fabuloso del Complot de los Médicos, una supuesta conspiración
de médicos del Kremlin para asesinar a altos líderes comunistas
a finales de los cuarenta.
De hecho, la conspiración fue una invención de funcionarios
del Kremlin que, en gran parte, actuaron bajo las órdenes de
Stalin. Para el momento en el que Stalin dio a conocer la existencia
de la conspiración a un pueblo soviético pasmado en enero
de 1953, ya la había aderezado hasta convertirla en un amplio
complot, conducido por los judíos bajo la dirección secreta
de Estados Unidos, para matarlo a él y destruir a la propia Unión
Soviética.
Ese febrero, el Kremlin ordenó la construcción de cuatro
gigantescos campos para prisioneros en Kazakhstán, Siberia y
el Ártico norte, aparentemente en preparación de un segundo
gran terrorismo: en esta ocasión dirigido contra los millones
de ciudadanos soviéticos de ascendencia judía.
La última cena
Sin
embargo, el terrorismo nunca se produjo. El 1 de marzo de 1953, dos
semanas después de que se ordenara la construcción de
los campos y dos semanas antes de que los médicos acusados tuvieran
que ir a juicio, Stalin se colapsó en Blizhnaya, una dacha al
norte de Moscú, después de la cena con sus cuatro camaradas
del politburó que duró toda la noche.
Cuatro días después, Stalin murió a los 73 años.
Se informó que la causa de la muerte había sido una hemorragia
letal en el lado izquierdo del cerebro.
Menos de un mes después, los médicos que anteriormente
habían sido acusados de tratar de matarlo, fueron exonerados
en forma abrupta y se consideró que el caso en su contra había
sido una invención de la policía secreta. Ningún
judío fue deportado al este. Para finales del año, Beria
se veía frente a una pelotón de fusilamiento y Khrushchev
había atenuado la hostilidad soviética hacia Estados Unidos.
En su libro, Naumov y Brent citan relatos que varían muchísimo
sobre las últimas horas de Stalin como prueba de que sus colegas
del politburó, al menos, no le proporcionaron ayuda médica
en las primeras horas de su enfermedad, cuando habría podido
resultar efectiva.
Khrushchev y otros recordaron mucho después de la muerte de Stalin
que habían cenado con él hasta las primeras horas del
1 de marzo. En el suyo y en la mayoría de los demás reportes
se establece que posteriormente Stalin fue encontrado inconsciente,
tumbado en el suelo, y un ejemplar de Pravda cerca.
No obstante, ningún médico fue llamado hasta la mañana
del 2 de marzo. El por qué sigue siendo un misterio: al poco
tiempo, un guardia dijo que Beria había llamado poco después
de que encontraran a Stalin y le ordenó que no dijera nada sobre
su enfermedad. Khrushchev escribió que Stalin se había
emborrachado durante la cena y que sus compañeros, que sabían
de su enfermedad, supusieron que se había caído de la
cama, hasta que quedó claro que la cosa era más seria.
Más revelador, no obstante, es el relato médico oficial
de la muerte de Stalin, proporcionado al Comité Central del Partido
Comunista en junio de 1953 y enterrado entre los archivos durante los
siguientes cincuenta años hasta que fue desenterrado por Naumov
y Brent.
En él se sostiene que Stalin se había puesto enfermo en
las primeras horas del 2 de marzo, un día completo después
de que, de hecho, había sufrido un derrame cerebral.
El efecto del informe oficial alterado es el de implicar que los médicos
fueron llamados rápidamente después de que encontraron
a Stalin, en lugar de con un día de retraso.
Los autores plantean que la hemorragia cerebral sigue siendo la explicación
más simple de la muerte de Stalin y que el envenenamiento sigue
siendo hasta ahora una cuestión especulativa. Pero, médicos
occidentales que examinaron el informe oficial sobre los últimos
días de Stalin elaborado por los médicos soviéticos,
dijeron que efectos físicos similares podrían haber sido
producidos por una dosis de cinco a diez días de warfarina,
la que había sido patentada en 1950 y que en la época
había sido promocionada fuertemente en todo el mundo.
El complot que no fue
El
por qué Stalin podría haber sido asesinado es una pregunta
menos difícil. Los miembros del politburó vivían
atemorizados por Stalin; más allá de ello, en el libro
se cita un reporte que se había mantenido en secreto como prueba
de que Stalin se estaba preparando para agregar una nueva dimensión
al supuesto complot estadounidense conocido como el Complot de los Médicos.
En ese informe -el interrogatorio realizado en 1951 a un supuesto agente
estadounidense llamado Iván I. Varfolomeyev-, se indica que el
Kremlin se estaba preparando para acusar a Estados Unidos de un complot
para destruir gran parte de Moscú con una nueva arma nuclear
y después iniciar una invasión a territorio soviético
a lo largo de la frontera china.
En documentos soviéticos, se denomina al fantástico complot
de Varfolomeyev como el plan del golpe interno. Stalin,
se expone en el libro, le había designado al caso Varfolomeyev
la más alta prioridad y se preparaba para proceder con un juicio
público, a pesar de los temores de sus subalternos de que debido
a que los cargos eran tan increíbles harían que el Kremlin
quedara como el hazmerreir del mundo.
Naumov dijo en una entrevista realizada hace una semana que el plan,
combinado con otros preparativos militares soviéticos en el extremo
oriente de Rusia en aquella época, sugieren fuertemente que Stalin
se estaba preparando para una guerra en la costa del Pacífico
de Estados Unidos.
Lo que sigue sin quedar claro, dijo, es si planeaba atacar primero o
si la conspiración, multiplicándose conforme se desarrollaba
en Moscú, era para servir como una provocación que conduciría
a que ambas partes llegaran a un punto álgido.
Se me ha dicho que el único caso en el que ambas partes
estuvieron al borde de una guerra fue durante la crisis cubana,
en 1962, comentó. Pero yo pienso que este fue el primer
caso. Y esta primera ocasión en la que estuvimos al borde de
la guerra fue aun más peligrosa, porque la devastación
de las armas nucleares aún no era un artículo de fe.
Brent dijo que cree que el temor de un holocausto nuclear pudo haber
conducido a Beria y quizás a otros en esa última cena
a consentir en la muerte de Stalin.
No hay duda; tenían miedo. Pero sabían que la dirección
en la que Stalin estaba era una de un conflicto cada vez más
feroz con Estados Unidos, dijo. Esto fue lo que Khrushchev
vio y fue lo que Beria vio. Y se asustaron terriblemente.
Los autores dicen que Stalin sabía de los temores de sus camaradas
y como prueba citan observaciones que altos líderes comunistas
hicieron durante una reunión efectuada en diciembre de 1952,
en la que Stalin comenzó a exponer el alcance del Complot de
los Médicos y de la amenaza estadounidense contra el poder soviético.
¡Hey!, mírense: ciegos, gatitos, en el registro
se establece que dijo Stalin. No ven al enemigo. ¿Qué
harán sin mí?. Pero, hace 50 años, la vida
de este líder de extremos de la ex-URSS es historia.
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