6 de abril de 2003

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DÍAS CONTADOS
La cuenta regresiva

Cuando comenzó su gestión presidencial, Francisco Flores lanzó un novedoso proyecto de desarrollo económico y social del país. Pero, a un año de que termine su período, se enfrenta a una ola de críticas, principalmente por la falta de soluciones a la crisis económica que golpea a los salvadoreños.

Alicia Miranda/Mirella Cáceres/Javier Espinoza
vertice@elsalvador.com

A once meses de terminar su mandato presidencial, Francisco Flores anunció un nuevo rumbo en su plan de gobierno.

Una reducción en las tarifas de electricidad, dos años de gracia para los cafetaleros endeudados, aumento de las pensiones y su gestión para lograr una mejor relación entre trabajadores y empresarios que conduzca al descongelamiento del salario mínimo, son los cuatro ejes de su última maniobra presidencial.

¿Una medida desesperada ahora que su partido está en la picota? ¿Una decisión que es resultado de presiones internas tras los resultados electorales del 16 de marzo?

Pese a que las cuatro acciones concretas, como él las llama, son parte de la lista de problemas apremiantes que viven los salvadoreños, éstas no habían encontrado eco en cuatro años de gobierno. Por eso a algunos les sorprende que el mandatario anuncie cambios en su política cuando falta apenas un año para que termine su gestión. A la oposición, en cambio, no. “Hemos insistido por años”, reitera el jefe efemelenista Schafik Handal.

Curiosamente, el anuncio de Flores -de cara a su último año de gobierno- coincide con el número de grandes promesas que hizo durante su campaña electoral: “las cuatro alianzas”.

La nueva postura de Flores despierta inquietudes sobre el verdadero trasfondo de sus intenciones.
Todo parece indicar que los nuevos cambios surgen después de las fuertes críticas a sus políticas de gobierno, principalmente las de corte económico y social. Incluso sus mismos correligionarios lo han responsabilizan por los resultados adversos hace unas semanas.

Armando Calderón Sol, uno de los presidentes honorarios de Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) fue quien expuso públicamente su descontento. Junto a Alfredo Cristiani, el ex presidente que alcanzó el acuerdo de paz con la ex guerrilla, apuntaron la necesidad de que los miembros del Concejo Ejecutivo Nacional (COENA) depusieran sus cargos. Y, efectivamente, el llamado fue atendido esta misma semana.

Así, el empresario Ricardo Poma , nombrado director de Asuntos Económicos y Sociales hace dos meses, tuvo que ceder su espacio a los cambios.

Calderón Sol ha hablado de corregir errores “como fortalecer su posición ideológica”, analizar y revisar la campaña de 2003 a fin de construir una esperanza que no se logró antes.

Por otro lado, el sector profesional enfiló sus baterías contra Juan José Daboub, el ministro de Hacienda, por falta de olfato político y ser el responsable del deterioro del partido.

Este sector aduce que los resultados electorales son fruto de la infructuosa búsqueda del equilibrio que pretendió el mandatario, sobre todo, por la forma en que conformó su gabinete de trabajo, al abrir la recepción de currículos de profesionales ajenos al partido ARENA.

Flores afirma que le ha tomado la palabra a sus críticos y ya asumió su responsabilidad. El acercamiento a la población, adoptado la semana pasada, y las últimas propuestas económicas para favorecerla parecen confirmar un intento por contribuir al rescate del partido. Al menos así lo interpretan sus adversarios y los mismos correligionarios.

El nuevo rumbo que Flores imprime a su último año de gobierno significa un giro drástico a la forma de gobernar en los cuatro anteriores.

Sin embargo, la crítica más dura se centra en el modelo económico, porque no parece beneficiar a amplios sectores de la población. El encarecimiento de la vida en los últimos años es el principal clamor popular.

Alianza y progreso
Desde el 1 de junio de 1999, cuando Flores asumió la presidencia, fue el principal impulsador de su proyecto: la Nueva Alianza para el Progreso.

El plan se ejecutaría bajo cuatro ejes estratégicos. El primero, “Alianza para el trabajo”, generaría empleo mediante el apoyo a la micro, mediana y pequeña empresa. Además, mejoraría la agricultura.

Con la “Alianza Solidaria”, el segundo eje, pretendía fomentar la participación local, la descentralización y acceso a los servicios básicos. A través de la “Alianza por la Seguridad”, el tercero, buscaría disminuir la delincuencia, mientras el cuarto, “Alianza por el Futuro”, buscaría armonizar el medio ambiente con el desarrollo.

La propuesta de desarrollo económico y social, hecha por el presidente electo más joven, 39 años, generó grandes expectativas entre la población. Pero Flores requirió de un largo análisis para designar al equipo que ejecutaría su novedoso proyecto. El resultado fue un grupo caracterizado por profesionales desconocidos para el público y que no necesariamente surgían de las filas areneras.

Los únicos sobrevivientes del gobierno de Calderón Sol -en aquel nuevo equipo- fueron Mario Acosta Oertel y Juan Martínez Varela.

A los dos meses de gestión, Flores anuncia la “Propuesta de reactivación económica: Una responsabilidad compartida”
que pretendía convertirse en un ajuste para reducir el déficit fiscal y aumentar los ingresos.

La primera medida fue el aumento al Impuesto al Valor Agregado (IVA) a los granos básicos, las verduras y las medicinas e incluir a la microempresa. Llueven piedras.

Ante las reacciones que generó la medida, Flores tuvo que retractarse. Sin embargo, los lamentos por el agobio económico continuaron durante su mandato.

Tanto así que, en el segundo año de gobierno, una encuesta realizada por CID-Gallup, reflejaba que la situación económica de la población había empeorado en un 45 por ciento, con tendencia a acentuarse aún más.

Sismos y dolarización

El 2001 comenzó mal. Enero fue el mes más difícil. El Salvador amaneció dolarizado y días después fue sacudido por dos terremotos.


Ahora, a poco más de dos años de implementada la Ley de Integración Monetaria, el dólar reina en la economía nacional y la moneda local prácticamente ha desaparecido.

Los beneficios de la dolarización son muy cuestionados, aún cuando al anunciarla, Flores la calificó como un seguro contra las devaluaciones porque los salarios, los ahorros y los aportes del fondo de pensiones estarían en dólares.
Pese a que los índices de inflación no se han disparado, sí lo ha hecho el costo de la vida. Una encuesta de CID-
Gallup, de mayo de 2001, evidenció que el 55% creía que no había beneficio económico después de la Ley. Ese sentir se mantiene aún. “Los precios se han incrementado. Antes, una bolsa de frutas costaba cinco colones; ahora, un dólar”, lamenta una residente de la colonia San Benito, en San Salvador.

Mientras los salvadoreños no terminaban de asimilar el curso legal del dólar, dos terremotos sacudieron más la economía del país.

Además de las pérdidas humanas, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) calculó las pérdidas en mil 600 millones de dólares, equivalente al 13% del Producto Interno Bruto.

La ayuda internacional empezó a llegar y con ella los señalamientos al Presidente Flores. En las comunidades rurales, la gente reclamó por el retraso en la entrega de ayuda y por la mala administración de los donativos. Santa Tecla fue el escenario de una disputa matizada por los colores políticos, mientras los sobrevivientes de la tragedia -al margen del pleito- solo querían un respiro para salir adelante.

A más de dos años de los desastres y pese a la gran cantidad de apoyo financiero de la comunidad internacional, el país aún no sale del proceso de reconstrucción como tampoco de la crisis económica. Cabeceras departamentales como San Vicente todavía exhiben las ruinas en el pleno centro de la ciudad como testimonio de aquel desastre.

El futuro presidencial
Los desaciertos, especialmente en materia económica, es la principal causa que ahora demanda nuevas medidas.


Algunos líderes y analistas políticos encuestados por Vértice coinciden en que el aumento de la pobreza y el desempleo influyeron a que la población le diera un “voto de castigo” al partido de gobierno.

El empresario Orlando De Sola cree que el gobierno se divorció de la gente y que es algo insalvable porque “cualquier cambio radical no es creíble”, significa, en otras palabras, dar “patadas de ahogado”.

Ricardo Perdomo, ex candidato de la coalición PDC, PSD, AP y MR, aunque reconoce la apertura comercial por los tratados de Libre Comercio con Canadá, México, República Dominicana, Chile y Estados Unidos (que está en proceso), critica la ejecución de un modelo concentrador de riqueza y “excluyente de las grandes mayorías”.

Carlos Rivas Zamora, el alcalde electo de San Salvador, dice que no es la política de Flores la que incidió en los resultados electorales, sino la política de ARENA porque el presidente sólo es un instrumento. “Su proyecto neoliberal ha fracasado. Ha desestimado la inversión”, señala Rivas.

Jorge Villacorta, del Centro Democrático Unido (CDU), dice que la gestión presidencial “sólo ha sido positiva para los banqueros”. María Julia Castillo, ex candidata a alcaldesa capitalina por el PCN, es franca: “los bolsillos están vacíos... la economía está difícil para la clase media y la clase trabajadora”.

Roberto Rubio, director ejecutivo de Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), cree que más allá de dotar de acceso a teléfono a la ciudadanía y mejorarle las carreteras, hay que resolver “el costo de la vida y el desempleo”.
Uno de los críticos más severos dentro del mismo partido ARENA, Mario Acosta, también cree que Flores puede subsanar sus errores; pero, esencialmente, dos: “corregir las deficiencias de la SIGET y reglamentar medidas en favor del sector agropecuario”.

Si Francisco Flores ha reconocido públicamente sus errores, los últimos días de su administración talvez reencaucen al electorado hacia el partido gobernante. Las encuestas tendrán que medir el impacto de las ofertas presidenciales y cómo han sido asumidas por la población en lo que resta de 2003. Sus adversarios políticos, afirman, esperan que se traduzcan en beneficio para todos. El tiempo dirá la respuesta. Pero, a corto plazo, se espera que el sonado aumento al salario mínimo no se vaya a convertir en un factor que encarezca más la canasta básica de la familia.




“No les dejé el gusto”

BASTÓ EXAMINAR LA NUEVA COMPOSICIÓN POLÍTICA EN LA ASAMBLEA LEGISLATIVA PARA QUE RICARDO YÚDICE DECIDIERA DEJAR SU CARGO. YÚDICE SABE QUE NADIE IBA A RETENERLO EN EL PUESTO PESE A SUFRIR UNA LUCHA SIN CUARTEL CON LOS BUSEROS.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Desde hace una semana, Ricardo Yúdice es un ciudadano común que retiene un cargo público hasta entregar el puesto a su sustituto en la cartera del Viceministerio de Transporte.

Para Yúdice, su error fue poner en marcha un sistema de transporte que -de alguna forma- tocaba muchos intereses, y principalmente de aquellas personas que hicieron del subsidio al diesel una vía fácil para lucrarse.

Pero el ex funcionario considera que es mejor dejar el camino libre para que continúe el proyecto de reordenamiento vehicular y prefiere renunciar antes que por la presión política que se avecina le soliciten su sustitución.

Yúdice dice no arrepentirse de su decisión, ya que al final de cuentas, existe en él un buen sabor, en el sentido que no le dará el gusto al Presidente Flores para removerlo de su cargo.

¿Ha fracasado el nuevo sistema de transporte?

No, el proyecto se ha cumplido en un setenta por ciento.

Durante la implementación del plan, se presentaron muchos momentos críticos. ¿Hubo momentos de frustración o se sintió sin respaldo por las presiones políticas?
La frustración es más como salvadoreño que como funcionario. Uno sabe que cuando se implementan medidas de cambio, es una oposición que uno prevé que va a encontrar.

Usted ha dicho que se retira para permitir que el proyecto avance, ¿Se trataba de una guerra a título personal o en contra del funcionario que ocupa el cargo?
Cualquier duda quedó aclarada el lunes pasado en la Comisión de Obras Públicas (de la Asamblea Legislativa) quien recomendó mi salida.

Entonces, ¿su puesto sería parte de las negociaciones políticas en la nueva Asamblea Legislativa?
Podría ser.

¿Osea que usted ha tomado la iniciativa?
Es posible.

¿Cree que el próximo Viceministerio tendrá el mismo problema?
No sé qué facilidades o dificultades encontrará. Lo que si le puedo garantizar es que son condiciones totalmente diferentes a las que habían hace dos años y medio.

¿Cuándo presentó su renuncia?
El lunes por la tarde, primero a mi jefe, el Ministro de Obras Públicas, y luego al Presidente por medio de una nota.

¿Cree que lo tomó por sorpresa al mandatario?

Yo siempre he creído que el Presidente Flores es una persona muy inteligente y perspicaz para darse cuenta de las cosas por lo que no creo; más bien, creo que es lo que pudo haber previsto por las condiciones que se estaban dando.

¿Considera que con su salida viene a desentonar el último año del gobierno del Presidente Flores?
No en las circunstancias en la que se presenta este caso. No me voy con malestar o enemistad con nadie. Tampoco me retiro con un sin sabor con el Presidente Flores.

¿A qué se va a dedicar?
(Ríe) Aún no tengo definido...


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