6 de abril de 2003

Portada
La Columna
Cartas
Tema de Portada
Internacional
Entrevista
Reportaje
Opinión
Colofón
Archivo

LA COLUMNA

Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

¿Estamos locos?

La pregunta se antoja tras un somero repaso de las noticias de los últimos días, y que aparecen en los medios de comunicación sin que haya una reacción por parte de cualquiera de nosotros.

Si el mal es la ausencia del bien, el no ser, que decían los clásicos, la locura sería la ausencia de la cordura.
Si nos atenemos al origen etimológico de cordura, que proviene de cor, raíz de corazón en latín, y de chorda:cuerda de un instrumento musical, podríamos asumir entonces que la cuerda que controlaba los salvajes impulsos del corazón, la cordura, se ha desatado y el mundo da vueltas sin sentido como un trompo mal tirado.

Tanto es así que, el domingo pasado, a un conductor ebrio no le importó que transportaba personas y con su “imprudencia” se llevó de encuentro la vida de catorce personas en Ozatlán, sólo porque estaba convencido de que borracho “manejaba mejor”.

En otro departamento de la zona oriental del país, el hospital más importante de esa región aún alberga pacientes en galeras después de resultar dañado por los terremotos de hace dos años y no se ven visos de una pronta solución, ni las autoridades dan respuestas a las serias necesidades del nosocomio migueleño.

O qué me dice del abuelo que asesinó a la nieta de tres años, en Metapán, sólo porque la niña mucho lloraba. El señor mantenía a la niña amarrada y lo sometía a un castigo sistemático porque ya no soportaba los llantos de la pequeña.

O del asesinato de dos primos en Zacatecoluca por “una rivalidad por una mujer”. O del esposo que asesinó a su cónyuge en San Vicente en un aparente “ataque de celos”.

Más dramático aún es leer en los periódicos o ver en los noticiarios que siguen apareciendo partes de cuerpos humanos en distintos lugares del país y nosotros ni nos inmutamos cuando nos enteramos, y seguimos con nuestra rutina diaria sin ni siquiera exigir una investigación realmente eficiente por parte de las autoridades.

En lugar de eso nos sentamos tranquilamente frente al periódico o al televisor con una taza de café como si lo que estamos viendo o leyendo fuera de lo más normal del mundo.

O nos sentamos a ver las imágenes de la guerra en Irak, como si se tratara de una película de Hollywood, sin siquiera mostrar un mínimo asomo de sentimiento por el sufrimiento de tanta víctima inocente, de ambos bandos. Lejos de eso, nos atrevemos a decir que “en la guerra todo es válido”, mientras le damos el último sorbo a la taza de café que tenemos entre las manos.

¿Dónde quedaron los sentimientos? ¿Realmente estamos locos? Quizá, sí. O cómo explicar que no mostremos sentimientos a lo que pasa a nuestro alrededor y sigamos nuestras vidas como si nada. Como dijo alguien, ¡Que se pare el mundo que me quiero bajar!

vertice@elsalvador.com



Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.