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REPORTAJE
Diversión
bajo riesgo
Aunque
los contoneos sin mesura se fueron con las últimas hojas del
calendario, los fines de semana continuarán siendo excusa para
buscar diversión bajo el refugio de las luces de neón.
Sin embargo, la inexistencia de normativas que exijan medidas de seguridad
en las discotecas hace que la alegría de los asistentes penda
del peligroso ritmo de la no prevención. Un ritmo que, con un
mal paso, puede traicionar.
Claudia
Zavala
vertice@elsalvador.com
Simplemente, no existe normativa. Montar una discoteca en el país
se ha convertido en una de las actividades más lucrativas y con
menor exigencia legal que actualmente pueda existir. Recientemente,
lamentables noticias de incendios en discotecas suramericanas han figurado
en los principales medios de comunicación.
En El Salvador, aunque no se conocen casos que hayan generado alarma
por resultados mortales, el solo hecho de saber que los locales operan
sin normas que les exija velar por la seguridad de los asistentes, hace
que los lugares se conviertan en verdaderas bombas de tiempo.
Cuando puse mi negocio, sólo me pidieron el permiso de
la alcaldía y el registro sanitario del Ministerio de Salud.
¿Cómo quieren que uno cumpla todas las medidas de seguridad,
si ellos no dan una guía sobre cómo hacer bien las cosas?,
cuestiona Miguel Angel, quien montó una discoteca
en la Zona Rosa en meses recientes.
Indagar en los escasos requisitos que tiene que cumplir un comerciante
para que su permiso sea aprobado realmente sorprende.
Ricardo López Claros, jefe de la Unidad de Licencias y Matrículas,
de la Alcaldía de San Salvador, aclara que la municipalidad sólo
se encarga de aprobar los permisos de funcionamiento de los lugares,
y que no es su competencia velar por que se cuente con medidas de seguridad
para evitar posibles accidentes.
Eso le corresponde a la OPAMSS (Oficina de Planificación
del Area Metropolitana de San Salvador), en la parte de la calificación
de suelo, supongo. Porque ellos ven si la infraestructura en la que
funcionará el negocio es la adecuada, explica.
Al revisar las ordenanzas que la alcaldía de San Salvador ha
promulgado en torno a las salas de baile o discotecas, sobresalen las
exigencias referidas al control del ruido y a la búsqueda del
orden externo, en los casos en que los negocios funcionan cerca de zonas
residenciales.
Sin embargo, como López Claros también asegura, aún
es necesario trabajar en reglamentos que se enfoquen en la seguridad
interna de este tipo de locales, que se contabilizan 18 hasta la fecha.
La definición de las competencias, señala, también
es un aspecto que está pendiente de aclararse: Estamos
trabajando para que nuestras ordenanzas y la normativa de la OPAMSS
pueda coordinarse de una mejor manera, dice.
¿Libre albedrío?

Por su parte, Flor Celina Aquino, de la OPAMSS, destaca que hay una
buena cantidad de negocios que existen sin regulación y sin calificación
del lugar.
Es decir que, por su antiguedad, al momento de ser registrados, no contaron
con una inspección municipal que revelara si el local era compatible
con sus condiciones estructurales y circunvecinas. Es hasta ahora
que necesitan renovar su licencia que en la alcaldía los mandan
para donde nosotros. Hemos encontrado muchos negocios que están
en lugares inadecuados, digamos, cerca de iglesias, escuelas... cuando
acatan nuestras medidas, les damos una resolución positiva a
su caso y hasta entonces pueden renovar su permiso de funcionamiento
en la alcaldía, argumenta.
Sin embargo, ese trámite, que tiene un costo de cien colones,
sigue alineándose sólo en el aspecto externo del local,
el referido a la tranquilidad de los colindantes, específicamente.
El componente interno tampoco está reglamentado en la OPAMSS.
Hay un vacío legal, no se lo puedo negar, reconoce
la funcionaria.
Aquino expresa que, en el caso de las discotecas, se hacen algunas sugerencias
a los comerciantes, como el acondicionamiento de paredes con material
acústico y normas de estacionamiento, sobre todo cuando están
ubicados en zona residencial. Además, son enviados al Cuerpo
de Bomberos, Ministerio de Salud y Ministerio de Trabajo, en caso de
tener más de diez empleados, para que cumplan con todas las disposiciones
legales existentes.
Pero no nos podemos meter más en eso. Queda al albedrío
de la persona el cumplir o no con las medidas. Ahí es a la alcaldía
a la que le corresponde verificar si el negocio funciona con las condiciones
con las que se registró y si cumple las medidas necesarias,
acota.
Esa falta de presión legal hacia los dueños de los negocios
es lo que hace, según Carlos que éstos funcionen
bajo un riesgo que en cualquier momento puede convertirse en una desgracia
lamentable. Él fue propietario de un negocio en la Zona Rosa,
hace unos dos años, aproximadamente. Relata que más de
una vez hubo cortocircuitos que, por fortuna, no desencadenaron en un
problema mayor.
Según él, el hecho de que las instalaciones eléctricas
sean aéreas y no subterráneas es algo inconcebible en
una zona en la que el voltaje de la música genera un alto riesgo,
si no se controla debidamente.
Ahí sólo separa una pared delgada un local del otro,
y casi todos los lugares están decorados con madera o playwood.
Si enciende una llama, se van todos. Además, había una
plaga de ratas que ni le cuento. Yo no sé cuál registro
sanitario es el que se cumplía, revela.
El capitán Francisco Marroquín Parras, jefe del Centro
de Operaciones de Emergencias del Cuerpo de Bomberos de San Salvador
es quizá el que se muestra más alarmado con la inexistencia
de leyes que regulen la seguridad en las discotecas. Ellos (los
comerciantes) sólo piden permiso y que Dios los socorra. Nosotros,
sólo a solicitud de interesados, podemos realizar inspecciones,
explica.
Marroquín dice no entender por qué a los gasolineros y
a los dueños de centros comerciales sí se les exige el
aval del Cuerpo de Bomberos para su funcionamiento, como prerrequisito
legal para obtener el permiso municipal, y a los dueños de discotecas
no, cuando los riesgos que se corren son exactamente los mismos.
Menciona, sólo como ejemplo, las paredes de los locales que deben
ser hermetizadas, para controlar el ruido, como exigencia de la ordenanza
municipal. Siempre lo hacen con cartones de huevo o un material
parecido, que es altamente inflamable y atrayente de plagas. Imagínese
un incendio ahí... sería muy difícil de controlar
si no se interviene a tiempo, afirma.
Gases letales
La gravedad ante la posibilidad de un incendio no es solamente el riesgo
a ser quemado. La combustión de los materiales decorativos de
los locales, tales como alfombras, cortinas, plástico, bambú,
entre otros, puede producir la emanación de gases como fosgeno,
cianuro de hidrógeno y monóxido de carbono, todos áltamente
letales.
Marroquín asegura que la última inspección que
realizó el Cuerpo de Bomberos de San Salvador fue en 1998, a
petición del dueño de una discoteca que necesitaba subsanar
garantías de control de seguridad, exigidas por una empresa aseguradora.
Por su parte, Eduardo Solórzano, de la Fundación Industrial
de Prevención de Riesgos Ocupacionales (FIPRO), lamenta la poca
cultura de prevención existente incluso en las esferas comerciales
de nuestro país.
FIPRO es una institución que, desde 1986, brinda servicios en
monitoreo de ruido, temperatura, iluminación, planes de contingencia,
formación de brigadas contra incendios y evacuaciones.
Sus asesorías se fundamentan en normas internacionales de seguridad
en locales, porque aquí no existe regulación y nadie
hace nada, hasta que pasan las desgracias, explica.
Solórzano opina que, al menos, la instalación de extintores,
calculados a partir del local, la ubicación de una salida de
emergencia accesible para todos los asistentes y la capacitación
de personal en materia de evacuación en caso de emergencia, deberían
ser condiciones primordiales al autorizar el funcionamiento de una discoteca.
En otros países, centromericanos, incluso, se tienen mejores
garantías. ¿Por qué aquí no?, reflexiona.
Al menos por ahora, la falta de prevención se excusa tras la
carencia de una normativa municipal que exija una mayor protección
y seguridad para los visitantes a una discoteca.
Quizá en un futuro cercano, las ordenanzas y reglamentos se preocupen
primordialmente por resguardar la vida de los ciudadanos. Así
también dormirán tranquilos los vecinos.
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Regulación
extranjera más estricta
Requisitos como salidas de emergencia señalizadas, respeto
a la capacidad del local, control de metales y armas y hasta capacitaciones
especiales a miembros de seguridad figuran entre las condiciones
exigidas a propietarios de discotecas, en otros países.
Las normativas requeridas en ordenanzas de países como
Costa Rica, México y España llegan a un nivel casi
onírico, en comparación con lo que en nuestro país
se exige.
En discotecas de Guerrero, Distrito Federal y Monterrey, en México,
se exige colocar aparatos de detección de metales a la
entrada de los locales, similares a los de los aeropuertos y centros
comerciales, con el propósito de evitar desgracias entre
personas que seguramente ingerirán alcohol mientras bailan.
Ciudades como Valencia y Andalucía, en España, parecen
ocupar un lugar de vanguardia en cuanto a seguridad en discotecas
respecta. En la primera, se exige a los vigilantes o porteros
que tomen clases de psicología y de manejo de situaciones
de crisis, para saber cómo actuar en casos de trifulcas,
incendios o aglomeraciones sin control. Además, existe
un reglamento de once normas de conducta que se colocan a la entrada
de los locales. A los que lo incumplen se les prohibe el ingreso.
En la segunda, está estrictamente prohibido instalar discotecas
en zonas residenciales y sólo se permite el ingreso de
veinte personas por discoteca, porque la mayoría de establecimientos
están ubicados en calles de menos de tres metros de ancho.
La proliferación de las drogas químicas o de laboratorio,
como el éxtasis, ha hecho que algunas ordenanzas costarricenses
se vuelvan más estrictas.
La exigencia de lugares abiertos y ventilados, paralelos a la
pista de baile, se prevén con el objetivo de evitar la
brusca subida de temperatura o golpes de calor, que forman parte
de los efectos secundarios de esta droga.
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18
Discotecas
El hecho de que existan pocas discotecas registradas, podría
facilitar el control de estos locales, mediante normativas
adecuadas.
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1998
inspección
El Cuerpo de Bomberos de San Salvador asegura que la inspección
más reciente en una discoteca se realizó hace
cuatro años.
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Bailes
de fuego y muerte
En los últimos seis años, varios incendios
y cientos de víctimas mortales han vestido de luto
las discotecas de diferentes países.
Diciembre 2002
En Caracas, Venezuela, 50 personas fallecen y 12 resultan
con quemaduras graves en la discoteca La Guajira.
El incendio fue provocado por encapuchados en una posible
acción de venganza en contra de uno de los presentes
en el local.
Julio 2002
En Lima, Perú mueren 30 jóvenes en un incendio
ocurrido en la discoteca Utopía. No existían
extintores y las medidas se seguridad eran mínimas.
Septiembre 2001
En Tokio, Japón, 44 personas mueren cuando se incendió
Mah-Jongg Club. No había ventanas y la
salida era demasiado angosta. Estaba ubicada en un tercer
piso.
Enero 2001
En Volendam, Holanda, 10 personas mueren y 130 resultan
heridas, a raíz del incendio de la discoteca Het
Hemelje. Los extintores no funcionaron debidamente.
Diciembre 2000
En Luoyang, China se incendia la discoteca Dongdu.
Mueren asfixiados y calcinados 309 de los asistentes. No
había extintores.
Octubre 2000
En el D.F. México se incendia Lobohombo.
Mueren 20 jóvenes. El lugar no tenía salidas
de emergencia debidamente señalizadas.
Diciembre 1998
En Lima, Perú, pandilleros lanzan una granada hacia
la discoteca Suárez. La salida de emergencia
estaba clausurada. Mueren 9 personas menores de 20 años.
Octubre 1998
Octubre 1998: En Gotemburgo, Suecia, se incendia un salón
de baile, que había excedido su capacidad y mueren
63 jóvenes.
Abril 1997
En Amarante, Portugal, 13 personas mueren cuando un grupo
de encapuchados ingresan a una discoteca y la incendian.
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