5 de enero de 2003

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La Columna
Erick L. Lemus
vertice@elsalvador.com

Yo no olvido el año viejo

El nuevo sistema de transporte público fue tan cacareado, a inicios del año pasado, que los únicos que lograron una ganancia sustancial de la noticia fueron los mismos buseros luego de paralizar las arterias viales más importantes de todo el país. La huelga puso a ejercitar a los agentes antimotines de la Policía Nacional Civil (PNC) y echó al traste el plan del Viceministro de Transporte Ricardo Yúdice. Su neutralización fue tal que después de ser una de las gestiones más reconocidas por la ciudadanía en general, al finalizar el año 2001, ahora pasó a ser un llano nombre de un gabinete de gobierno. Me pregunto ¿volverá la administración Flores a la carga en este tema? Francamente, lo dudo. Los partidos van a necesitar buses para sus mitines.
En 2002, trascendió que la esperanza de vida de la población salvadoreña es 69 años de edad, según el promedio que difundió Naciones Unidas; sin embargo, la epidemia del dengue que azotó a decenas de niños parecía que iba a torcer la curva de mortalidad en sentido contrario.
Una cepa desarrollada, un contingente médico que fue rechazado, una excursión de Miami que hizo fotografías en el trópico, los criaderos larvarios en charcos, basura, llantas, latas y envasados son los recuerdos de una enfermedad que puede reaparecer el siguiente verano.
Al menos, mientras las condiciones de insalubridad que caracterizan a las comunidades rurales y urbana rurales del país no cambien el paisaje, las autoridades pertinentes saben que nadie puede asegurar que el dengue hemorrágico no vuelva a los hogares del país dentro de unos meses.
En El Salvador suceden casos sin respuesta como la intoxicación misteriosa en la zona franca de Olocuilta o la desaparición del atleta venezolano Alexis Cova en el lago de Coatepeque.
En Olocuilta, el 5 de julio de 2002, ni una autoridad pudo entrar a verificar las condiciones de seguridad industrial y aquellas mujeres que tuvieron tres minutos de fama y estrellato en la televisión ahora ya no son noticia.
El sistema penitenciario es otro escenario extraño. No es un secreto que las cárceles apestan a corrupción y crimen organizado desde siempre, pero ¿quién se ha puesto a pensar en cómo eliminarlo a parte del uso de la fuerza? ¿Por qué no hay un programa de readaptación que funcione? o ¿acaso no existe? En realidad, creo que eso es lo que pasa, pero ¿a quién le importa?
El último telón es la privatización del sector salud. El ingreso de la policía a los hospitales, que me produjo la lúdica imagen de Mauricio Sandoval con estetoscopio, es el símbolo más claro. Aunque no les guste, el Seguro Social se va a privatizar tarde o temprano porque hay muchas utilidades de por medio y el discurso político va a marcar 2003. No será un año fácil.


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