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ESPECIAL
El
periodismo de los valientes
Guillermo
Fernández, periodista costarricense que reside hace 4 años
en Guatemala y labora en los periódicos Siglo XXI y Al Día,
narra para Vértice cómo se hace periodismo en un país
envuelto por el caos, la ingobernabilidad y la violencia.
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muerte de Héctor ramírez fue captada fotográficamente.
Su deceso provocó dolor e indignación. |
La turba de encapuchados arranca su ataque de terror.
Al grito de periodista visto, periodista muerto, la horda
emerge tras la infernal cortina de fuego y humo que en pocos minutos
creó.
Corren blandiendo revólveres, rifles, machetes y garrotes. Lanzan
gasolina, piedras y palos mientras que de sus bocas salen insultos y
amenazas.
Quítenles las cámaras y a quemarlas, ordenan
sus organizadores, dejando claro que los periodistas habían caído
en una trampa: iban tras la noticia cuando en realidad los esperaban
para convertirlos en actores de sus propios relatos, entrevistas y comentarios.
Es la segunda arremetida y por ello no sorprenden al atrevido grupo
de reporteros, de todos los medios informativos, que, a unos treinta
metros, observan y registran en sus cámaras las acciones y hasta
el rostro de algunos de los vándalos y sus dirigentes.
Sobre el concreto de la tercera avenida, en la mismísima capitalina
Zona 10, los periodistas inician un sprint por su vida.
Sólo que para don Héctor Ramírez, el mayor y más
experimentado de todos, fue una carrera hacia la muerte.
A sus 65 años de edad, el gran esfuerzo físico y saber
que quienes lo persiguen le quieren matar, don Héctor debió
sentir muy fuerte y cercano el paso de los agresores y muy débil
y cansado su corazón.
A media cuadra se desprende del grupo de colegas y busca ayuda en el
vecindario.
Doña Carmen Flores, al ver en su mano el micrófono de
Noti-Siete y su rostro atrapado por el horror y el cansancio, abre el
portón de su casa y le da protección.
La asustada señora le sugiere que descanse mientras le trae agua.
Al regresar, doña Carmen no logra que El reportero equis
como le llaman sus amigos y compañeros reciba el
vaso que trae en sus manos. Fallece recostado al portón de hierro
que lo esconde de la turba criminal.
Cuando los bomberos logran llegar hasta él, lo encuentran aún
con el micrófono en su mano.
Afuera, en las calles, sus colegas continuaban perseguidos por la turba
sin que la policía hiciera nada por evitarlo.
Los agresores no esconden ser seguidores del ex dictador y militar en
retiro, general Efraín Ríos Montt, presidente del Congreso
de la República y caudillo del Frente Republicano Guatemalteco
(FRG).
Ríos Montt lucha en las Cortes en procura de su inscripción
legal como candidato presidencial, pese a existir una prohibición
constitucional para quienes hayan participado en un golpe de estado.
Horas antes salían de la nada y desde todas partes. Eran como
zombis teledirigidos que ordenadamente desafiaban el helado
viento que en las primeras horas del 24 de julio pasado golpeaba la
ciudad.
Máscaras, pasamontañas y hasta pañuelos, como en
el viejo oeste hollywoodense, apenas dejaban medio ver sus ojos y bocas.
Rápidamente se concentraron en el Obelisco, elevado punto de
referencia que también separa los rumbos hacia la
Carretera a El Salvador, la Roosevelt ruta interamericana
que conduce hasta México las avenidas La Reforma y Las
Américas.
Hacia apenas 48 horas, el oficialista aspirante presidencial, general
Efraín Ríos Montt, había advertido la posibilidad
de que seguidores eferregistas salieran de su control y actuaran violentamente.
Todo porque dos magistrados lograban impedir que la Corte Constitucional
no violentara la Carta Magna y decidiera autorizar su candidatura,
pese a estar integrada mayoritariamente por magistrados nombrados en
este su gobierno y con evidente y comprobada afinidad y cercanía
a su agrupación política.
En pocos minutos y durante todo el día jueves y la mañana
del viernes, los bochincheros tomaron control de la ciudad
bajo la mirada cómplice de la policía y del ejército.
La turba se ocupó rápidamente de sitiar edificios y residencias
de magistrados, políticos de oposición, entre ellas la
del ex presidente Álvaro Arzú.
Tierra de nadie
Las autoridades no movieron un dedo. Casi más bien parecían
protectores de la muchedumbre enfurecida. La capital fue tierra de nadie.
Los ciudadanos quedaron expuestos a su suerte.
Pese a que 48 horas después fue destituido el director general
de la Policía Nacional Civil (PNC), acusado de negligencia por
el Presidente Alfonso Portillo quien ganó la silla presidencial
como candidato del FRG.
La opinión generalizada es que el jefe policial recibió
órdenes muy superiores de no actuar y que tras los
sucesos el gobierno se ha enfrascado en una serie de contradicciones,
desmentidos y mentiras abiertas.
Portillo ni sus ministros, explican aún lo que ocurrió
ni quienes fueron los que permitieron la toma capitalina y con ello
se secuestrara a unas 700 personas al mantenerlas asediadas durante
10 horas en un complejo de dos edificios capitalino, se agrediera y
amenazara a muchos periodistas, se causaran múltiples destrozos,
se tomaran las sedes de la Corte Suprema de Justicia, de la Corte Constitucional
y del Tribunal Supremo de Elecciones, edificios dispersos por la ciudad.
Solo
hacía mi trabajo
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Una
credencial de Héctor Ramírez atestigua su joven
incursión al ejercicio periodístico en Guatemala.
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Omar
Martínez, jefe de Fotografía de Siglo XXI, relata su experiencia
durante los disturbios.
Me informaron de la quema de llantas en la 15
calle y 4a avenida, zona 10. Fui al Lugar, saqué mi cámara
y empecé a realizar mi trabajo. Había tomado una fotografía
cuando unas 20 personas se me acercaron, me arrancaron el carné
de periodista que tenía al cuello e intentaron quitarme la cámara.
Yo me opuse y empezaron a gritar que los periodistas son unos
hijos de la gran puta...los vamos a matar .Me asusté mucho cuando
uno de los que me rodeaban me pegó en la pierna con su macheteun
planazo. Salí corriendo y me persiguieron, el piloto del
picop que me llevó al lugar se dio cuenta que me corrían
y al ver que me tiré en la palangana arrancó y nos fuimos,
aunque todavía me tiraron un pedazo de hierro, que por suerte
pude esquivar. Aún tomé dos fotos, pero me asustaron,
ahí lo pensé dos veces y reflexioné que no vale
la pena...
Violencia
en Guatemala
Tasa de homicidios.
- 32.3 por cada cien mil habitantes.
- En el año 2002 hubo
5.618 muertes violentas
3.631 con armas de fuego
2.744 con arma blanca
21 por linchamientos.
- De 57 casos de linchamiento contra 139 personas, fallecieron 21.
- En el país hay 2 millones de armas sin registro en poder
de particulares.
- Hay 12 mil policías privados y 20 mil policías
estatales.
- Oficialmente se calcula en 200 mil los jóvenes enrolados
en las maras. |
Peor aún, los ministros de Gobernación
y el Jefe del Estado Mayor del Ejército, el general Enrique Ríos
Sosa, hijo del presidenciable y líder del FRG, llegan a contradecirse
abiertamente ante una comisión de diputados opositores que investiga
los hechos.
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Decenas
de guatemaltecos acompañaron el Sepelio de Héctor
Ramírez.
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El primero afirmó que sí pidieron apoyo
del ejército desde temprano, mientras el militar dijo que los
convocaron pero muy tarde, casi al anochecer, por lo que cuando patrullaron
las calles los eferregistas se habían concentrado en una plaza
frente a la Corte Suprema de Justicia, donde pasaron la noche.
Al día siguiente, no obstante, la vocera y coronel del ejército,
Edith Vargas, desmiente a Ríos Sosa en conferencia de prensa.
El ejército no salió en ningún momento,
sentenció la voz oficial castrense.
Jorge Palmieri, columnista del diario El Periódico, escribió
dos días después: Con lo costoso que es para Guatemala
sostener un ejército que siempre ha disparado hacia adentro y
nunca hacia fuera... éste se mantuvo en sus cuarteles, tranquilamente,
sin cumplir lo que ordena el artículo 244 la Constitución,
de mantener la integridad del territorio, la paz y la seguridad
interior y exterior, mientras en varias zonas de la capital se
desarrollaban violentos disturbios callejeros de tipo fascista.
Terror de Estado
En realidad todo fue planificado, dirigido y ejecutado desde y con todo
el apoyo de los máximos Poderes institucionales guatemaltecos.
Fue terror de Estado. Desde las oficinas presidenciales de los poderes
Ejecutivo y Legislativo se fraguó y condujo todo.
Así lo manifiesta la denuncia planteada ante los tribunales por
un numeroso grupo de periodistas y que obligó al Ministerio Público
a tramitar la solicitud de antejuicio para Alfonso Portillo y Efraín
Ríos Montt como presuntos responsables de los trágicos
sucesos.
En el Congreso se concentra la fuerza riosmontista encabezada por el
general Ríos Montt y su hija, la también diputada Zury
Ríos, secretaria del directorio del Congreso, Jefa del Comando
de Campaña de su padre Efraín.
A la legisladora Zury Ríos, el diario Siglo Veintiuno la califica
como el cerebro de los disturbios y que cuenta con el apoyo
de familiares, por parte de padre y madre, también activista
política y ex diputada eferregista.
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La
comunidad internacional evaluó los incidentes ocurridos.
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Entre los bochincheros que han logrado identificar
plenamente los diarios y la televisión, destacan, por ejemplo,
tres diputados del FRG actuaban como mariscales de campo,
guardaespaldas y choferes de congresistas, dirigentes departamentales
eferregistas, la secretaria principal de la diputada Zury Ríos
y una periodista prima hermana suya.
La comunicadora y la diputada se encargaron de coordinar la entrega
de suministros: garrotes torneados para que los usaran como arma de
ataque las turbas, alimentos, gasolina, cohetillos y bombetas de feria
que elevaban y hacían explotar a unos 250 metros de altura a
fin de evitar el vuelo de helicópteros sobre los sitios y edificios
que controlaban y así impedir fugas aéreas de personas
secuestradas y anular el monitoreo y reporteo de los periodistas.
Conforme transcurrieron las primeras horas de la mañana quedó
bien claro el objetivo principal del enorme y aterrador operativo delincuencial:
los periodistas y los medios de prensa escritos.
Primero se apostaron desde muy temprano frente al complejo de dos edificios
denominado Centro Empresarial.
Allí tiene su oficinas Dionisio Gutiérrez, el empresario
y líder opositor que dirige Libre Encuentro, programa de entrevistas
y comentarios que divulga la televisión local.
Gutiérrez es vicepresidente del importante grupo de empresas
de la familia Gutiérrez Bosch, del cual forma parte también
Felipe Bosch, presidente de la Cámara de Industrias y dirigente
destacado de la cópula empresarial guatemalteca.
La prensa en la mira
En sus planes estaba atacar luego las instalaciones de los diarios Siglo
Veintiuno y Al Día, en la Zona 9; Prensa Libre, en la Zona 1
y Nuestro Diario y El Periódico, en la zona 14.
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Ramírez
(derecha), mientras ejercía su profesión.
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Pero cuando se produjo la muerte del periodista Ramírez
las cosas cambiaron.
Don Héctor laboraba para el monopolio de la televisión
abierta, propiedad del mexicano, radicado en Estados Unidos, Ángel
González, quien abiertamente ha apoyado al partido FRG y ha dispuesto
que sus noticiarios favorezcan la imagen del gobierno portillista y
los candidatos eferregistas, como ocurre con su cuñado, ex Ministro
de Comunicaciones del actual gobierno y aspirante a la alcaldía
capitalina, Luis Rabbe.
¿Por qué tanta saña contra la prensa?,
se pregunta el periodista y columnista de Siglo Veintiuno, Édgar
Rosales.
En el régimen encabezado por Alfonso Portillo y Ríos
Montt responde el mismo Rosales, los escándalos de
corrupción han ocupado extensos espacios en los diarios. Se estima
que sus funcionarios se han apropiado ilícitamente de un promedio
de unos $300 mil diarios, durante los tres años y medio que llevan
de gestión.
Y es que, para empezar, el diario Siglo Veintiuno, en un trabajo coordinado
con el matutino La Prensa de Panamá, realizó una extensa
investigación de las operaciones ejecutadas por una red mafiosa
conocida como la Conexión Panamá.
Por medio de la investigación, el Presidente Portillo, su cuñado;
el Vicepresidente de la República, Francisco Reyes López
y el hijo de éste, así como el Secretario Privado de la
Presidencia y otros testaferros, habrían sacado millonarias sumas
con destino hacia el paraíso de la impunidad, como se conoce
en Guatemala al país canalero; ahí reside el depuesto
mandatario de esta nación, Jorge Serrano Elías, donde
debió exiliarse tras numerosas acusaciones de corrupción.
Pero son al menos diez los casos de enorme cuantía, de cifras
multimillonarias en dólares o en quetzales robados al fisco,
los que la prensa independiente guatemalteca ha denunciado en los años
del régimen portillista.
Hay dos ex ministros y dos viceministros uno de ellos en fuga
cuatro diputados y 10 alcaldes eferregistas, procesados penalmente.
Además de un diputado eferregista del departamento de Izabal,
quien es procesado como presunto autor intelectual del crimen de un
periodista de Puerto Barrios, por denunciar acciones corruptas del político.
Crimen y gobierno
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Ciudad
de Guatemala quedó en poder de los enardecidos seguidores
de Ríos Montt.
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El propio gobierno de los Estados Unidos, que en el
último año ha ordenado retirar la visa a no menos de una
docena de funcionarios, militares en retiro y a varias personas más
involucradas en los ilícitos cometidos con fondos estatales.
Estados Unidos emitió el año pasado una declaración
en la que expresa su preocupación tras constatar que dirigentes
del crimen organizado y del narcotráfico tuvieran vínculos
estrechos con el gobierno del Presidente Portillo y que coadyuvaran
en la toma de decisiones.
Por otra parte, esta nación de 12 millones de habitantes, que
recién salió de una guerra de 36 años que dejó
150 mil muertes, se mueve sobre una plataforma de arbitrariedad, en
la que constantemente se niega el derecho como legalidad.
Es normal la conducta antijurídica de los Órganos del
Estado, especialmente ante los periodistas. Con harta frecuencia no
se les respeta. El secreto y la mentira son de curso ordinario en la
actual administración gubernamental.
Hace 18 meses, el actual director de la Superintendencia de Administración
Tributaria (SAT), Carlos Antonio Abadio,
entonces Contralor General de la República, sacó un arma
para amenazar a un periodista de Siglo Veintiuno que lo cuestionaba
sobre la inoperancia de la entidad contralora en torno a múltiples
casos de corrupción denunciados por la prensa.
Las amenazas y la intimidación contra los periodistas son casi
cotidianas en este país. Especialmente cuando incursionan en
historias peligrosas o investigaciones en las que resultan
involucrados ciertos militares retirados, muy vinculados a círculos
de poder ocultos, y en especial a fuerzas de inteligencia militar o
al Estado Mayor Presidencial.
El 15 de mayo del 2000, El Periódico publicó un artículo
en el que afirma que el Estado Mayor Presidencial manejaba una agencia
secreta de inteligencia bajo la dirección de un general retirado.
La noche antes de que saliera en el diario la información, el
reportero que la escribió fue seguido por un vehículo
sin placas y recibió amenazas de muerte por medio del teléfono.
Chalecos antibalas
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Efraín
Ríos Montt es señalado responsable de los desórdenes.
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Algo similar ocurrió con tres periodistas de
Siglo Veintiuno el 23 de mayo de ese mismo año.
Un mes antes, el 27 de abril, mientras cubría una protesta callejera
contra el alza en la tarifas de los autobuses de la capital, el fotógrafo
de Prensa Libre, Roberto Martínez, fue asesinado por un policía
privado, pese a que Martínez portaba una cámara fotográfica
y estaba claramente identificado como periodista.
Tras los sucesos de la semana anterior, este diario decidió entregar
y exigir el uso de chalecos antibalas a todos sus fotógrafos
y tener en disposición para los periodistas que vayan a reportar
sobre sucesos callejeros.
Apenas arrancando la administración portillista, el diario Prensa
Libre puso al descubierto que varios legisladores habían conspirado
secretamente para reducir un nuevo impuesto sobre bebidas alcohólicas.
Entre los implicados en el escándalo Guarogate esta
el presidente del Congreso, el ex dictador Ríos Montt.
Hace un año, el 7 de junio, cuatro periodistas: Abner Guoz, de
El Periódico; Marielos Monzón, de Emisoras Unidas; Ronaldo
Robles, de Emisoras Unidas, y Rosa María Bolaños, de Siglo
Veintiuno, recibieron amenazas de muerte de un grupo que aparentemente
está vinculado a una organización de extrema derecha.
Quizás por todo lo anterior el Procurador de los Derechos Humanos,
Dr. Carlos Morales, expresa su preocupación por la prensa.
En este momento no hay ninguna disposición que obligue
al Ministro de Gobernación y a la Policía Nacional a proteger
el derecho a la libertad de informar.
Este mismo funcionario, quien ha advertido que dos magistrados de la
Corte Constitucional tienen temor de asistir solos a las sesiones de
ese cuerpo colegiado, cuenta a un periodista que el jueves anterior,
cuando comenzamos a oír los gritos de desesperación
de la gente, que se habían comenzado a intoxicar (con el humo
de las llantas que quemaban sus captores ), llamé a Monseñor
(Rodolfo) Quezada Toruño y presentamos una exhibición
personal y decidimos ir al Centro Empresarial.
Llame al Ministro ( de Gobernación ) y le dije que había
tomado la determinación de ir con Monseñor a este edificio
a rescatar a las personas que estaban allí y lo responsabilicé
a él y al Presidente de lo que nos pudiera pasar.
Además, le dije que había avisado a la comunidad internacional.
A los 5 minutos comenzaron a avisar que estaban desalojando y en 15
minutos estaba evacuado.
Ya para entonces el cuerpo de Héctor Ramírez estaba siendo
retirado de la morgue por sus familiares, entre ellos dos hijos que
heredaron la profesión de su padre y deberán seguir, junto
a todos sus colegas, ejerciendo el periodismo ante la impunidad, la
corrupción, la violencia, la arbitrariedad y el temor.
Entre los bochincheros que han logrado
identificar plenamente los diarios y la televisión, destacan,
tres diputados del Frente Revolucionario Guatemalteco (FRG).
Las amenazas y la intimidación contra los periodistas son casi
a diario en Guatemala. Especialmente cuando incursionan en historias
peligrosas o investigaciones.
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