3 de agosto de 2003


LA COLUMNA

Por: Wilfredo Hernández
vertice@elsalvador.com

Políticas con madurez

No es cuestión de “coyunturas”. Los planes de gobierno no se elaboran chantajeando la emotividad de los ciudadanos, ni actuando partidariamente, ni lanzando conjeturas irresponsables.

Estoy de acuerdo con que el combate a las maras es prioritario. De eso no hay duda. Y que requiere de “mano dura”, también.

Pero venirnos a decir que la aprobación de un incremento presupuestario a las alcaldías pondrá “en riesgo la vida de
muchos salvadoreños, de esas madres cuyos hijos los mareros los han ajusticiado. Significa quitarles a las comunidades la posibilidad de que vivan en tranquilidad…”, me parece demasiado retórico.

Y con esto no estoy defendiendo a estos grupos de antisociales, lacras de la sociedad, ni tampoco abogo por el incremento presupuestario, esto último requiere un estudio más responsable. Sin embargo, conozco de comunas que han aplicado programas de readaptación de mareros y les ha ido bien, con o sin incremento. Cuestión de voluntad. Apaneca es un ejemplo de ello.

Lo que sí defiendo es el respeto a los derechos de los ciudadanos. Porque no vamos a negar que con el proyecto de ley -o con algunos artículos de ésta- se pueden dar peligrosos abusos de autoridad. Porque quién va a determinar qué tatuaje es propio de maras y qué otro no. Quién decidirá qué grupo reunido en “x” lugar sea de mareros y cuál no. Para mientras eso sucede, el detenido parmanecerá en una bartolina para que luego le salgan con un “perdón, pero es que nos equivocamos”. Porque no todo tatuado es marero, no todo grupo reunido en una esquina es de mara. Pensar así, es caer en un sistema de excepción. Ni más ni menos.

Las fotografías e imágenes que mostraron los medios de comunicación esta pasada semana sólo traen a la mente recuerdos que urge borrar de las mentes de los salvadoreños. Vehículos militares, con ametralladoras incluidas,
mientras pasajeros de autobuses recostados en la carrocería del vehículo esperando ser registrados por las autoridades sólo traen recuerdos dolorosos de una época en la que lastimosamente perdimos mucho.

Y total. El esfuerzo parece ser infructuoso. Los pandilleros sólo van de paseo a las bartolinas porque a las 72 horas salen libres por “falta de pruebas”. Eso no es éxito, perdónenme. Pero si se lograra ser exitoso en el plan, permítanme la pregunta ¿dónde meter a los 17 mil mareros que dicen las autoridades hay en nuestro país?

¿Quien ganará? ¿Quién tendrá la razón? Ojalá el único beneficiado de todo esto sea el pueblo. Hay que pedirle tiempo al tiempo para que éste se encargue de poner a cada uno en su verdad.


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