2 de marzo de 2003

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Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

Época de ‘populismo’

Se acabó el show del diputado busero. Ya no podrá representar la obra que durante semanas conquistó los corazones de su selecto público: los motoconductores (la nueva forma de llamar a motoristas de buses y microbuses) y los propietarios de unidades del transporte público.
Después de semanas de presentación exclusiva en la Asamblea Legislativa, el “padre de la patria” dio por terminado el papel de ‘negociante de votos’ en una obra de su propia autoría.

El populismo pre electoral y las artimañas utilizadas por un hombrecillo, de abdomen pronunciado, bigote espeso e irregular y un rostro marcado por el paso del tiempo, dominaron de principio a fin la representación, convirtiéndose en los hilos conductores de la trama.

La obra emulaba la época en que un funcionario público deseoso de permanecer en el cargo, lanzaba una camándula de promesas que terminaba por abandonar, cuando la verdadera realidad le abofeteaba la cara.
Por ejemplo, el hombrecillo había prometido exonerar del pago de millones de dólares ($100 millones aproximadamente) a infractores viales, conductores de buses y microbuses o propietarios de los vehículos.

Pretendía librar de culpa a quienes incumplían los altos, se pasaban lo semáforos en rojo, maltrataban a los usuarios, se apropiaban descaradamente de los vueltos, hacían paradas indebidas o permanecían largo tiempo estacionados, sin importarles el retraso que esto significaba para los usuarios.

Intentaba, además, desestimar las multas impuestas por las malas condiciones de las unidades: vidrios rotos o sin ellos, asientos rotos o sin ellos, luces rotas, inservibles o sin ellas.
Lo peor, pretendía que se perdonara a quienes habían sido sorprendidos con tarjetas de circulación y / o licencias vencidas.

La moraleja es grande: el populismo puede convencer y arrastrar a muchos, sobre todo cuando estos ‘muchos’ se convierten en seguidores ciegos, o quizá desbordan en emoción por los grandes -por no decir millonarios- beneficios que recibirán de su ‘hombrecillo salvador’.
Sobre todo, debe tenerse cuidado sobre escoger bien a la persona en quien se deposita la confianza y anhelos.

La obra del diputado busero termina, además, con una reflexión histórica: se aclara que si bien el hombrecillo regordete recurrió al populismo prostituido, ya que la palabra como tal tiene otros orígenes, el populismo fue un movimiento político ruso de finales del siglo XIX, que aspiraba a la formación de un estado socialista de tipo campesino, todo lo contrario a la industrialización occidental.

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