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ANALISIS
Irak
post-Saddam Hussein
Lo que dejó Pablo Escobar
El
futuro de Irak depende de la forma en que Saddam Hussein se retire del
escenario político. ¿El pueblo iraquí se hará
justicia propia o depositará en fuerzas externas la recomposición
de su país?
Carmen
Gallardo *
vertice@elsalvador.com
La
legitimidad del régimen post-Saddam Hussein dependerá
del reconocimiento de la comunidad internacional y la aceptación
de Irak en los organismos interrnacionales.
El régimen de Bagdad representa una amenaza estratégica
para la primera potencia mundial que posee fuertes intereses económicos
en la región. Tener que recurrir a la guerra para desarmar a
Saddam Hussein equivale a un fracaso para la comunidad internacional;
visualizar la transición política sin contar con las realidades
internas es arriesgado para EEUU. Desarticular las redes terroristas
internacionales y convencer a los aliados de compartir el costoso proyecto
de reconstrucción nacional de Irak, son dos preocupaciones de
la Administración Bush.
Para entender los posibles escenarios en el nuevo Irak bajo ocupación
estadounidense o mandato internacional, es preciso remontar unos ochenta
años en la historia de ese país. El régimen de
Saddam Hussein hereda las estructuras gubernamentales dejadas por los
Británicos, en el momento de la Independencia. En la medida en
que los E.U. traten de organizar a Irak, después de la salida
de Hussein, se enfrentará probablemente, con una situación
similar a la de los Británicos en 1920.
En 1914 Gran Bretaña se adueña de los territorios de Mesopotamia
correspondientes al actual Irak. Se constituye un régimen copiado
del modelo de las Indias Británicas con una administración
directa y una indirecta. Los ministerios que deciden están en
Bagdad con funcionarios británicos. El proyecto imperial se ve
debilitado a partir de 1918, debido a consideraciones prácticas.
Gran Bretaña buscaba en Bagdad, un gobierno competente capaz
de defender los intereses estratégicos británicos. Nace
así el estado de Irak.
En 1929 el concepto de autodeterminación de los pueblos, defendido
por la Sociedad de Naciones precursora de la ONU sustenta
la revuelta interna surgida en Irak en 1920-. Esta termina convenciendo
a los británicos del alto costo de un plan de reconstrucción
nacional.
Para administrar el estado moderno los británicos recurren a
las élites administrativas y militares otomanes hasta entonces
descartadas. Los líderes de la mayoría chiíta y
la minoría kurda son vistos como rebeldes en potencia y por consiguiente,
indeseables para gobernar.
La reorganización
Londres
zanja poniendo en el poder durante la primera guerra mundial al emir
Faycal heredero del cherif Husein de la Meca. El núcleo de la
nueva administración y de las filas armadas se constituye entonces
con funcionarios otomanes en su mayoría, sunítas árabes.
La corona británica le concede la independencia a Irak en 1932.
Gran Bretaña sentó las bases de lo que sería la
administración moderna caracterizada por una clase autoritaria
e imbuida de prejuicios ante las distintas comunidades.
Una vez derrocado en términos militares el régimen de
Bagdad, E.U. tendrá que tomar decisiones difíciles. Optar
ya sea por cambiar la forma de gobierno invirtiendo tiempo y recursos
o bien, instalar una administración defensora de sus intereses
estratégicos y, además,capaz de mantener el orden,lo cual
le permitirá retirar sus tropas. Este escenario pondría
fin a las estructuras gubernamentales actualmente en el poder.
Washington según ha declarado, desea convertir Irak en un foco
de la democracia en el Medio Oriente. Queda por determinar cuál
sera el precio y, si los ciudadanos estadounidenses están dispuestos
a pagar con vidas e impuestos el proyecto de reconstrucción nacional
en Irak.
Para EEUU hoy, al igual que para Gran Bretaña hace ochenta años,
lo que cuenta son las ventajas y los costos a corto plazo. Pretender
transformar en profundidad a la sociedad iraquí, para integrarla
al mundo libre de la democracia y del respeto de los derechos humanos,
es harina de otro costal.
Visiones diferentes
El Departamento de Estado propicia actualmente una serie de encuentros
de políticos y expertos, con el fin de formular posibles perspectivas
de cara al futuro de Irak después de Hussein. Los temas son complejos
desde la estructura del gobierno de transición pasando por asuntos
relacionados con el petróleo y la economía, sin olvidar
el papel de los medios de comunicación y de las asociaciones
religiosas y civiles. El esfuerzo desplegado por la administración
Bush para acercar por ahora en un dialogo civilizado, iraquíes
de origen y convicciones muy diferentes, refleja la necesidad política
de resolver el dilema post- Hussein.
En este proceso de consultas a puertas cerradas se filtran las ya conocidas
diferencias entre el Departamento de Estado y la CIA, por un lado, con
el Vice Presidente Cheney y los neoconservadores del Pentágono
y del Congreso del otro lado.
Lo que se debate y se trata de planificar en realidad, va más
allá de la designación de los nuevos mandatarios de Irak
y del nuevo sistema político. EEUU tiene que asegurar sus intereses
estratégicos en la región después del ataque militar.
El tema no es nuevo, lo nuevo es la coyuntura.
El Departamento de Estado y la CIA visualizan el cambio de régimen
en Bagdad como la vuelta a la estabilidad de la región perturbada
durante los años de Saddam Hussein. La otra visión de
las cosas defendida por el Pentágono, con el apoyo de influyentes
congresistas, el Vice Presidente Cheney y el Consejo Nacional de Seguridad,
adoptan por el contrario, una posición de carácter ideológico.
El cambio en Irak no es mas según ellos, que el inicio de una
gran ola de implantación democrática en la región,
transformada, en un oasis liberal en defensa de los intereses estadounidenses.
Acaso conviene pensar en eliminar políticamente al dictador iraquí
y su circulo de poder,conservando elementos esenciales del régimen
que pudieran contribuir a la transición?
Diferencias en Irak
En
Irak se perfilan a su vez, dos tendencias mayoritarias en búsqueda
de un nuevo futuro para el país.
El ala pragmática se apoya en el Movimiento del Acuerdo Nacional
(Iraquí National Accord ), integrado por bases de tendencias
baasistas,que abogan por un golpe de estado controlado. Los ideólogos
neoconservadores respaldan al Congreso nacional iraquí
Iraquí National Congres con inspiración liberal
y prooccidental.
El Congreso Nacional Iraquí esta integrado por individuos cuyo
ascenso económico, social y político se origina en los
gobiernos pre repúblicanos es decir, previo a la caída
de la monarquía. en 1958. En cambio,las filas del Movimiento
del Acuerdo Nacional cuenta con elementos que crecieron durante los
regímenes republicanos ,pertenecientes en su mayoría al
régimen Baasista.
Otra de las interrogantes consiste en saber en qué medida un
gobierno de transición contará con la lealtad de las fuerzas
armadas.
Después de treinta años de endoctrinamiento y de aislamiento
con el resto del mundo libre, la comunicación entre funcionarios
de la nueva administración y los militares será sin duda,
difícil. La caída repentina del régimen del terror,
abrirá espacios los cuales de no ser controlados por el gobierno
de transición, serán tomados por fuerzas pertenecientes
a las tribus familiares, con ansia de poder.
Los miembros de la oposición iraquí apoyada por
EEUU-se inclinan por un cambios suave que respete
las normas culturales y las estructuras existentes. El contexto turbulento
de la región y la herencia baasista dificulta planificar una
transformación democrática genuina.
Priorizar la estabilidad de Irak, implica menos presencia extranjera.
En este contexto se les concederá poder a los grandes jefes tribales
en asuntos nacionales y se mantendrá el orden en el sur del país,
recurriendo a las milicias de la oposición islamistas chiítas,
bajo la dirección de la Asamblea Suprema de la Revolución
Islámica en Irak Los defensores de esta tesis sostienen que se
preservará así, las estructuras del régimen baasista,
manteniendo en el poder a la mayoría de los actuales dirigentes.
Recomposición política
En Consejo Nacional estima por el contrario, que el sistema baasista
recuerda regímenes de orientación nazi y es necesario
por consiguiente, desmantelar la infraestructura del régimen´de
Saddam Hussein. En esta perspectiva se va a requerir ayuda y presencia
de EEUU por largo tiempo. Las fuerzas armadas estarán integradas
por exiliados. Este esquema recuerda en cierta forma el modelo de Japón
después de la guerra.
Convertir Irak en el Japón del Cercano Oriente, pacifista y democrático
tiene por objetivo facilitarle al país incrementar su producción
de petróleo de 3 a 10 millones de barriles diarios. El riesgo
consiste en volver a crear un país omnipotente, cuya excesiva
producción provoque el desplome de los precios internacionales
del petróleo amenazando a los demás productores.
La historia ha demostrado que un proyecto político de transformación
hacia la democracia no debe descuidar las estructuras sociales,las cuales
tienen su propio ritmo de adaptación. Quien impulse la modernización
debilitando las culturas tradicionales corre el riesgo de despertar
agresión.
Irak es un país desprovisto de estructuras legales y de tradición
de representación democrática. Las milicias armadas pueden
alterar el deseado proceso electoral.
El orden público y la autoridad del Estado podrá restituirse
en manos de las fuerzas militares y políticas recompuestas .
En cuanto al Ejercito y la Policía tienen que recuperar credibilidad,
identificándose con las instituciones propias de un estado dotado
de legitimidad.
En el Irak moderno la legitimidad raras veces ha procedido de una Constitución
adoptada por vía democrática.Han sido los grupos de poder
los que han otorgado legitimidad a determinados líderes, protectores
de sus intereses.
El reconocimiento del nuevo régimen iraquí depende de
un delicado equilibrio entre los individuos representativos de diversos
sectores, con reconocidas cualidades morales y políticas, susceptibles
de generar confianza y respeto.
Se avecina una transición conflictiva. Muchos de los posibles
dirigentes en la fase post Saddam Hussein, desconocen el teje y maneje
de las estructuras gubernamentales.
Es poco probable en caso estalle una revolución interna, después
del derrocamiento de Saddam Hussein que surjan en forma inmediata nuevos
lideres y nuevas instituciones.
No hay que olvidar el empobrecimiento de la cultura política
la cual después de diez años de sanciones devastadoras
y tres decenios de un régimen autoritario,ha debilitado a la
clase instruida ,de donde pudiera surgir una nueva generación
de líderes políticos para el futuro Irak.
No habrá que extrañarse si algunos férreos seguidores
de Saddam terminan defendiendo ideas del liberalismo,el libre intercambio
y el pro americanismo, con tal de no ser descartados en la transición
por las fuerzas externas las cuales pondrán sus condiciones para
invertir en la reconstrucción de Irak.
* Colaboradora
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