2 de marzo de 2003

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ANALISIS

Irak post-Saddam Hussein
Lo que dejó Pablo Escobar

El futuro de Irak depende de la forma en que Saddam Hussein se retire del escenario político. ¿El pueblo iraquí se hará justicia propia o depositará en fuerzas externas la recomposición de su país?

Carmen Gallardo *
vertice@elsalvador.com

La legitimidad del régimen post-Saddam Hussein dependerá del reconocimiento de la comunidad internacional y la aceptación de Irak en los organismos interrnacionales.
El régimen de Bagdad representa una amenaza estratégica para la primera potencia mundial que posee fuertes intereses económicos en la región. Tener que recurrir a la guerra para desarmar a Saddam Hussein equivale a un fracaso para la comunidad internacional; visualizar la transición política sin contar con las realidades internas es arriesgado para EEUU. Desarticular las redes terroristas internacionales y convencer a los aliados de compartir el costoso proyecto de reconstrucción nacional de Irak, son dos preocupaciones de la Administración Bush.
Para entender los posibles escenarios en el nuevo Irak bajo ocupación estadounidense o mandato internacional, es preciso remontar unos ochenta años en la historia de ese país. El régimen de Saddam Hussein hereda las estructuras gubernamentales dejadas por los Británicos, en el momento de la Independencia. En la medida en que los E.U. traten de organizar a Irak, después de la salida de Hussein, se enfrentará probablemente, con una situación similar a la de los Británicos en 1920.
En 1914 Gran Bretaña se adueña de los territorios de Mesopotamia correspondientes al actual Irak. Se constituye un régimen copiado del modelo de las Indias Británicas con una administración directa y una indirecta. Los ministerios que deciden están en Bagdad con funcionarios británicos. El proyecto imperial se ve debilitado a partir de 1918, debido a consideraciones prácticas. Gran Bretaña buscaba en Bagdad, un gobierno competente capaz de defender los intereses estratégicos británicos. Nace así el estado de Irak.
En 1929 el concepto de autodeterminación de los pueblos, defendido por la Sociedad de Naciones –precursora de la ONU– sustenta la revuelta interna surgida en Irak en 1920-. Esta termina convenciendo a los británicos del alto costo de un plan de reconstrucción nacional.
Para administrar el estado moderno los británicos recurren a las élites administrativas y militares otomanes hasta entonces descartadas. Los líderes de la mayoría chiíta y la minoría kurda son vistos como rebeldes en potencia y por consiguiente, indeseables para gobernar.

La reorganización

Londres zanja poniendo en el poder durante la primera guerra mundial al emir Faycal heredero del cherif Husein de la Meca. El núcleo de la nueva administración y de las filas armadas se constituye entonces con funcionarios otomanes en su mayoría, sunítas árabes.
La corona británica le concede la independencia a Irak en 1932. Gran Bretaña sentó las bases de lo que sería la administración moderna caracterizada por una clase autoritaria e imbuida de prejuicios ante las distintas comunidades.
Una vez derrocado en términos militares el régimen de Bagdad, E.U. tendrá que tomar decisiones difíciles. Optar ya sea por cambiar la forma de gobierno invirtiendo tiempo y recursos o bien, instalar una administración defensora de sus intereses estratégicos y, además,capaz de mantener el orden,lo cual le permitirá retirar sus tropas. Este escenario pondría fin a las estructuras gubernamentales actualmente en el poder.
Washington según ha declarado, desea convertir Irak en un “foco de la democracia” en el Medio Oriente. Queda por determinar cuál sera el precio y, si los ciudadanos estadounidenses están dispuestos a pagar con vidas e impuestos el proyecto de reconstrucción nacional en Irak.
Para EEUU hoy, al igual que para Gran Bretaña hace ochenta años, lo que cuenta son las ventajas y los costos a corto plazo. Pretender transformar en profundidad a la sociedad iraquí, para integrarla al mundo libre de la democracia y del respeto de los derechos humanos, es harina de otro costal.
Visiones diferentes
El Departamento de Estado propicia actualmente una serie de encuentros de políticos y expertos, con el fin de formular posibles perspectivas de cara al futuro de Irak después de Hussein. Los temas son complejos desde la estructura del gobierno de transición pasando por asuntos relacionados con el petróleo y la economía, sin olvidar el papel de los medios de comunicación y de las asociaciones religiosas y civiles. El esfuerzo desplegado por la administración Bush para acercar –por ahora en un dialogo civilizado–, iraquíes de origen y convicciones muy diferentes, refleja la necesidad política de resolver el dilema post- Hussein.
En este proceso de consultas a puertas cerradas se filtran las ya conocidas diferencias entre el Departamento de Estado y la CIA, por un lado, con el Vice Presidente Cheney y los neoconservadores del Pentágono y del Congreso del otro lado.
Lo que se debate y se trata de planificar en realidad, va más allá de la designación de los nuevos mandatarios de Irak y del nuevo sistema político. EEUU tiene que asegurar sus intereses estratégicos en la región después del ataque militar. El tema no es nuevo, lo nuevo es la coyuntura.
El Departamento de Estado y la CIA visualizan el cambio de régimen en Bagdad como la vuelta a la estabilidad de la región perturbada durante los años de Saddam Hussein. La otra visión de las cosas defendida por el Pentágono, con el apoyo de influyentes congresistas, el Vice Presidente Cheney y el Consejo Nacional de Seguridad, adoptan por el contrario, una posición de carácter ideológico. El cambio en Irak no es mas según ellos, que el inicio de una gran ola de implantación democrática en la región, transformada, en un oasis liberal en defensa de los intereses estadounidenses.
Acaso conviene pensar en eliminar políticamente al dictador iraquí y su circulo de poder,conservando elementos esenciales del régimen que pudieran contribuir a la transición?

Diferencias en Irak

En Irak se perfilan a su vez, dos tendencias mayoritarias en búsqueda de un nuevo futuro para el país.
El ala pragmática se apoya en el Movimiento del Acuerdo Nacional (Iraquí National Accord ), integrado por bases de tendencias baasistas,que abogan por un golpe de estado controlado. Los ideólogos neoconservadores respaldan al Congreso nacional iraquí – Iraquí National Congres – con inspiración liberal y prooccidental.
El Congreso Nacional Iraquí esta integrado por individuos cuyo ascenso económico, social y político se origina en los gobiernos pre repúblicanos es decir, previo a la caída de la monarquía. en 1958. En cambio,las filas del Movimiento del Acuerdo Nacional cuenta con elementos que crecieron durante los regímenes republicanos ,pertenecientes en su mayoría al régimen Baasista.
Otra de las interrogantes consiste en saber en qué medida un gobierno de transición contará con la lealtad de las fuerzas armadas.
Después de treinta años de endoctrinamiento y de aislamiento con el resto del mundo libre, la comunicación entre funcionarios de la nueva administración y los militares será sin duda, difícil. La caída repentina del régimen del terror, abrirá espacios los cuales de no ser controlados por el gobierno de transición, serán tomados por fuerzas pertenecientes a las tribus familiares, con ansia de poder.
Los miembros de la oposición iraquí –apoyada por EEUU-se inclinan por un cambios ‘’suave’’ que respete las normas culturales y las estructuras existentes. El contexto turbulento de la región y la herencia baasista dificulta planificar una transformación democrática genuina.
Priorizar la estabilidad de Irak, implica menos presencia extranjera. En este contexto se les concederá poder a los grandes jefes tribales en asuntos nacionales y se mantendrá el orden en el sur del país, recurriendo a las milicias de la oposición islamistas chiítas, bajo la dirección de la Asamblea Suprema de la Revolución Islámica en Irak Los defensores de esta tesis sostienen que se preservará así, las estructuras del régimen baasista, manteniendo en el poder a la mayoría de los actuales dirigentes.

Recomposición política

En Consejo Nacional estima por el contrario, que el sistema baasista recuerda regímenes de orientación nazi y es necesario por consiguiente, desmantelar la infraestructura del régimen´de Saddam Hussein. En esta perspectiva se va a requerir ayuda y presencia de EEUU por largo tiempo. Las fuerzas armadas estarán integradas por exiliados. Este esquema recuerda en cierta forma el modelo de Japón después de la guerra.
Convertir Irak en el Japón del Cercano Oriente, pacifista y democrático tiene por objetivo facilitarle al país incrementar su producción de petróleo de 3 a 10 millones de barriles diarios. El riesgo consiste en volver a crear un país omnipotente, cuya excesiva producción provoque el desplome de los precios internacionales del petróleo amenazando a los demás productores.
La historia ha demostrado que un proyecto político de transformación hacia la democracia no debe descuidar las estructuras sociales,las cuales tienen su propio ritmo de adaptación. Quien impulse la modernización debilitando las culturas tradicionales corre el riesgo de despertar agresión.
Irak es un país desprovisto de estructuras legales y de tradición de representación democrática. Las milicias armadas pueden alterar el deseado proceso electoral.
El orden público y la autoridad del Estado podrá restituirse en manos de las fuerzas militares y políticas recompuestas . En cuanto al Ejercito y la Policía tienen que recuperar credibilidad, identificándose con las instituciones propias de un estado dotado de legitimidad.
En el Irak moderno la legitimidad raras veces ha procedido de una Constitución adoptada por vía democrática.Han sido los grupos de poder los que han otorgado legitimidad a determinados líderes, protectores de sus intereses.
El reconocimiento del nuevo régimen iraquí depende de un delicado equilibrio entre los individuos representativos de diversos sectores, con reconocidas cualidades morales y políticas, susceptibles de generar confianza y respeto.
Se avecina una transición conflictiva. Muchos de los posibles dirigentes en la fase post Saddam Hussein, desconocen el teje y maneje de las estructuras gubernamentales.
Es poco probable en caso estalle una revolución interna, después del derrocamiento de Saddam Hussein que surjan en forma inmediata nuevos lideres y nuevas instituciones.
No hay que olvidar el empobrecimiento de la cultura política la cual después de diez años de sanciones devastadoras y tres decenios de un régimen autoritario,ha debilitado a la clase instruida ,de donde pudiera surgir una nueva generación de líderes políticos para el futuro Irak.
No habrá que extrañarse si algunos férreos seguidores de Saddam terminan defendiendo ideas del liberalismo,el libre intercambio y el pro americanismo, con tal de no ser descartados en la transición por las fuerzas externas las cuales pondrán sus condiciones para invertir en la reconstrucción de Irak.

* Colaboradora


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