2 de febrero de 2003

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REPORTAJE

Huizúcar:
Con el futuro en la calle

La mayoría de los municipios tiene problemas latentes que afectan a su población y Huizúcar no es la excepción. Las dificultades para lograr la prosperidad se tienen que ver con el mal estado de sus calles.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

En el puesto de guardia policial de Huizúcar se recibe a la hora de la siesta, una llamada de emergencia, que a diferencias de otras delegaciones, no se trata de un hecho delincuencial, pues afortunadamente estos casos se dan aisladamente.
Más bien, es el de socorrer un accidente doméstico ocurrido dos horas antes, en el caserío El Cajón del cantón Nazaret.
Es necesario utilizar el único vehículo policial para trasladar a una persona herida al hospital San Rafael de Santa Tecla.
A este tipo de asistencia se le denomina, “ayuda a la comunidad”. Y son de las emergencias que mayormente se presentan en el aparente solitario municipio, legado del trabajo cafetero y que ahora se ha convertido en una de las denominadas “ciudad dormitorio”. Casi la mayoría de la población urbana, trabaja en Santa Tecla o la capital.
En Huizúcar apenas hay destacados diez agentes policiales para una población de 25 mil habitantes distribuidos en sus seis escabrosos cantones y 13 caseríos.
A diario, al menos cinco policías se encontrarán de licencia u otras ocupaciones, por lo que no es raro que en más de alguna ocasión, se haye cerrado el puesto policial. Mientras las emergencias se presentan en la zona urbana.
Por suerte en esta ocasión, habían los suficientes elementos para cumplir con el llamado de auxilio.
El cacareo de una de las pocas gallinas que tiene doña Ángela Flores le intuye que ha dado un nuevo producto. Ante el temor que otro animal se almuerce la producción, la anciana de 81 años, se apresura a bajar en el quebrado terreno de su solar, típico de todo el municipio.
El suelo desnivelado propicia un accidente de la viejecilla, que le deja fracturas en uno de sus delgados brazos y lesiones en partes del rostro.

Paciencia

En la vivienda de bahareque sólo se encuentra su nieto Alonso quien deja a un lado su plato de frijoles, con un par de tortillas tostadas, y con fuerza de adolescente recorre el camino de tierra cuesta arriba, cuatro kilómetros a punta de pedal hasta llegar al cantón Nazaret para llamar por teléfono a la delegación policial.
Minutos más tarde, el encargado de guardia, avisa al carro patrulla que en ese momento se encuentra en la hacienda El Porvenir, ubicada sobre la carretera hacia San Salvador, unos once kilómetros de distancia.
Dos horas han trascurrido desde el accidente. La recién proporcionada patrulla, regalo de navidad y que fue entregada en mal estado mecánico y reparada gracias al apoyo de la población, transporta a la anciana hacia Santa Tecla.
Durante su dolorosa espera, doña Ángela no tuvo más medicina que el agua y jabón.

Todo en común

Ángela es atendida en el Hospital San Rafael a eso de las cuatro y media de la tarde. Presenta fractura en el brazo derecho y hematoma (golpe) en la frente. Por suerte no necesita hospitalización.
A eso de las ocho de la noche, la anciana se encuentra de regreso en casa en compañía de su familia, integrada por once miembros, seis de ellos menores de edad.
“Imagínese, cuanto tiempo pasó para poder llegar al hospital, todo por no tener una buena calle”, se lamenta Natalia, hija de la anciana, quien al momento del percance andaba en busca de agua y leña.
Este es uno de los muchos casos que con frecuencia se registran en el Municipio de Huizúcar, en donde todos los problemas giran, según la misma población, en torno a las pésimas condiciones de las calles.
Aunque el área urbana tiene la suerte de contar con 14 unidades del transporte colectivo, las que se atestan a buena mañana debido a la gran cantidad de la población que se dirige a la capital, la zona rural no tiene la misma suerte.
Es el caso de Nazaret, en donde dos buses hacen su recorrido dos veces al día con dirección a Santa Tecla a un precio de tres colones con ochenta centavos durante la semana, mientras que sábados y domingos la tarifa es de cuatro. Las personas que viven en los caseríos del cantón, tienen que caminar hasta media hora para lograr transportase.
“Si la calle estuviera buena, habrían más buses y hasta el precio fuera más barato. ¿Quién se va a arriesgar por estas calles?”, se lamenta la anciana, quien tendrá que buscar alternativas cuando tenga que ir a curación. Para este caso se trasladará a la Unidad de Salud de Huizúcar, la que se encuentra a unos ocho kilómetros de distancia.
Sin embargo este tipo de vida ya cuenta con 25 años de experiencia.

Seguridad

Pese a la poca cantidad de efectivos policiales, la zona de Huizúcar no es considerada de alto riesgo, según el sargento José Roberto Martínez jefe de la delegación, los casos de asaltos se dan de forma aislada, principalmente en la zona del cantón Ojo de Agua ubicado en el desvío de la calle que conduce a Santa Tecla y San Salvador.
Debido al estado de la calle, los automotores tienen que bajar la velocidad y eso facilita a que sean interceptados por grupos pequeños de las denominadas maras quienes, generalmente exigen el “peaje” a los conductores.
“Este tipo de hechos se presentan entre los días jueves, viernes y sábado, ya que es cuando a la gente les han pagado”, sostiene Martínez.
Para contrarrestar estos casos, la policía ha puesto en marcha un plan de seguridad ciudadana, con la colaboración de las directivas comunales de todo Huizúcar.
Parte de la estrategia está en el de brindar charlas a los alumnos de las once escuelas que existen en el municipio, entre ellas, el Instituto Nacional que desde hace dos años cuenta con bachillerato.
Otra de las tácticas que se desarrollan desde el año pasado, consiste en el de identificar a aquellos jóvenes que no van a la escuela ni trabajan.
Se les reúne y se les persuade sobre las limitantes sociales que pueden tener si llegan a integrar una pandilla.
Aunque la mayoría de jóvenes una vez finalizan sus estudios tienden a emigrar en busca de mejores oportunidades debido a que la agricultura es poco rentable.
Pese al poco personal policial y que se cuenta con un sólo vehículo, se ha establecido el compromiso de asegurar una mayor presencia en la zona rural.
Desde que fue asignado al carro patrulla, en diciembre pasado, se ha logrado detener a unas 24 personas acusadas por diferentes delitos. Aunque en estas estas emergencias se incluyen zonas las cuáles no pertenecen al municipio, sino a San Marcos, sin embargo, se ha acudido al lugar debido al llamado de la población o de otras delegaciones cercanas. “Todo el trabajo lo hemos hecho gracias al vehículo, el que fue asignado el año pasado chocado, con la condición que se reparara. La población se preocupó por él y aquí andamos”, señala agradecido el jefe policial.

Políticas

Pero el mayor esfuerzo o la lucha por resolver los problemas de su comunidad, está basada en las directivas de los diferentes cantones y caseríos del municipio.
Es el caso de Juan Gómez, quien junto a otros cuatro representantes del caserío Los Gómez, esperan pacientemente la llegada del alcalde Carlos Vásquez para que estampe su firma en un proyecto de agua potable cuyo costo en su mayoría ha sido gracias al esfuerzo de la comunidad compuesta por unas 600 familias, curiosamente de apellido Gómez.
“Nosotros les hemos puesto así para que nos distingan y se nos tome en cuenta”, sostiene Gómez.
La directiva, formada desde hace nueve años, ha logrado establecer la energía eléctrica en la mayoría de las viviendas y resolver otro tipo de problemas. No obstante y aunque exista un interés común, el histórico estado de la carretera ha quedado sólo en buenas intenciones y en el burocrático legado a otras instituciones.
Hace tres años, las máquinas pesadas comenzaron a arreglar la calle, la población pensó que sería el final de su eterno problema, sin embargo, la obra sólo consistió en la terracería y el “aplacamiento” de la arteria de seis kilómetros. La obra tuvo un tiempo de vida de menos de seis meses.
“No nos han dicho nada sobre la reparación de la calle, siempre se dice que se arreglará”, sostiene Jesús Gómez Guzmán residente del cantón Ojo de Agua.
El alcalde de Huizúcar argumenta que una de las dificultades presentadas en sus dos administraciones ha sido la falta de presupuesto. Así mismo aclaró que nunca prometió la reconstrucción de la calle. “Lo que se hizo fue remover la tierra, sacar las piedras grandes y echar un material especial para fijar el suelo, con un tiempo de vida de tres años”.
Aunque el jefe edilicio, por el partido oficial, no buscará una nueva reelección señaló que se ha gestionado un préstamo con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) por unos cinco millones 900 mil colones para construir seis kilómetros con material de concreto. Los trabajos iniciarán en este trimestre.
Mientras tanto, durante la semana pasada empleados del Fondo Vial (FOVIAL) realizaron trabajos de conformación y balastreo.

Candidatos

Aunque la campaña política comienza a intensificarse en otras zonas del país, en Huizúcar se mantiene a paso lento.
El trabajo de pinta y pega ha sido menor, todos los afiches de los partidos políticos presentan fotografías de candidatos a diputados que las población no conoce, como los efemelenistas Irma Amaya y Calixto Mejía. Sus rostros comienzan a verse desde la entrada del municipio.
Durante el día, las casas de campaña de los partidos ARENA, FMLN y PCN se mantienen cerradas, pese a que son quienes están más en disputa.
El movimiento político se realiza en horas de la noche y los fines de semana.
“Lo que la población quiere es que se le tome en cuenta. el alcalde prometió un mercado, resolver el problema del agua y estamos igual, sólo cae en zonas bajas”, se queja Andrés Gómez, miembro de una de las directivas.
Para el representante de la comunidad uno de los problemas que ha existido en el municipio es el poco contacto entre las autoridades municipales y la población.
En todo caso, priman los intereses partidistas que el comunitario.
A pesar del distanciamiento burocrático, Huizúcar ha demostrado por propia iniciativa, que se puede alcanzar sus retos. Todo depende del apoyo comunal a iniciativas concretas.

El habitante del quiosco
Desde hace siete años, Julián Rivas ha utilizado el quiosco del parque central de Huizúcar como su casa.


Todas las personas desde niños a adultos le conocen como el cuto Julián, quien asegura tener 81 años. Durante gran parte de su vida, trabajó en decenas de haciendas cafetaleras del municipio. Pero el arraigo a las bebidas embriagantes le obligó hace unos diez años, a dejar su hogar y buscar refugio en el quiosco del céntrico parque, teniendo como única compañía un par de trapos viejos.
Desde hace seis meses ya no deambula por el parque. Un accidente le obliga a mantenerse acostado, a la suerte de la buena voluntad de vecinos, quienes le llevan comida.
“Cómo es la vida en cuanto somos y no somos”, susurra el anciano, quien según cuenta perdió parte de su brazo izquierdo años atrás, cuando buscaba leña. Aunque otras personas de su edad, sostienen que fue durante una riña, al calor de los tragos.
Tanto la alcaldía como la policía han buscado a su familia para que se ocupe de él. Sin embargo, argumentan que es don Julián el que quiere quedarse a morir en el parque.
Al preguntársele ¿qué quiere?, el anciano argumenta que se le lleve a otro lugar.
Hace unos cinco años, Julián se quedó dormido a la entrada de una casa vecina al parque.
La familia le dió albergue. Buscaron a sus hijos y antes que llegaran por él, decidió retornar a su eterno aposento.
“Aquí estaré hasta que se me llegue el día”, sostiene el octogenario.



La calle afecta a niños y adultos
Las enfermedades más comunes que se atienden en la Unidad de Salud de Huizúcar están relacionadas a las infecciones respiratorias


Desde las ocho de la mañana, al centro asistencia, se presentan decenas de padres de familia con sus hijos en brazos. La atención general está relacionada con la gripe.
Uno de los casos es el de Josefina, quien por tercera vez en menos de dos meses, ha buscado asistencia médica para su hija Claudia, de dos años. “Desde diciembre se ha mantenido con catarro y no se le quita, debido a que vivimos con el polvo. Por más que estoy pendiente a que su pacha no se le llene de tierra, es casi imposible y más ahora con estos vientos”, sostiene la madre quien debió caminar unos dos kilómetros desde su casa hasta el centro de salud.
A diario son atendidas unas 80 personas, en su mayoría niños menores de 12 años.
La Unidad cuenta con cinco promotores de salud. El tema de salud preocupa más que el de seguridad ciudadana.
La directora del centro asistencial Tamara Gogoy sostiene que uno de los factores que ha facilitado las enfermedades respiratorias agudas es el constante contacto con el polvo, que soportan las familias residentes a la carretera en mal estado.
“El problema es que el medio ambiente favorece a que se presente cuadros de bronquitis”, sostiene.
Aunque la Unidad no cuenta con laboratorio clínico, los casos son remitidos al Hospital San Rafael. En ese sentido existe un seguimiento con el paciente a nivel médico.
Otras de las enfermedades que se presentan, son las diarreas y las de transmisión sexual, por lo que los promotores de salud trabajan con mayor esfuerzo junto a los líderes de las comunidades.



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