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¿CUANTO
CUESTA EL VOTO?
Un sufragio costoso
Cada
elección significa un desembolso millonario para el Estado. Los
próximos comicios nos costarán más de 11 millones
de dólares que incluyen los gastos de operación en que
incurre el Tribunal Supremo Electoral. Si todos pagamos tal inversión
¿de qué manera afecta el bolsillo de una familia con un
ingreso mínimo?
Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com
Votar
o no votar. Esta puede ser la inquietud que ronde en la mente de muchos
salvadoreños, pero hacerlo o no siempre tendrá un mismo
costo económico e igual destino: elegir gobernantes.
El próximo 16 de marzo, El Salvador se prepara para celebrar
una fiesta cívica que costará 11 millones 553 mil 510
dólares, entre gastos de organización y el anticipo otorgado
hasta la fecha a ocho de los once partidos políticos en contienda.
El origen de los fondos: el erario público. Esto significa que
usted y yo ponemos el dinero.
Directa o indirectamente pagamos los millonarios costos, pero pocas
veces reflexionamos sobre el impacto que causa en el bolsillo de cada
salvadoreño.
Yo no he sido partidario de ir a votar. En mis 45 años
quizá he ido unas dos veces. Es que yo no creo en los políticos,
ni deberían hacer elecciones, de todos modos siempre ganan los
mismos, aquí no gana la voluntad del pueblo, dice Fabián
Martínez, mientras se conduce en autobús desde Ilopango
hasta el centro capitalino, donde se dedica a la venta informal.
Este chalateco de nacimiento, que emigró a San Bartolo a causa
del conflicto armado, aún no está convencido de emitir
el sufragio ni que las elecciones le asegurarán algún
beneficio.
¿Y usted cree que las elecciones son un gasto innecesario? le
pregunto.Yo no sé cuánto gastan en eso, pero imagínese
que un día estaba leyendo que en un periódico la millonada
que le dan a los partidos sólo para que hagan bulla y cuando
estén sentados en el poder ni se acuerden de nosotros,
dice Fabián.
Y es que, aunque no queramos, parte de la democracia significa costear
-entre otras cosas- las promesas, muchas irrealizables y asistir a las
urnas.
Si dividiéramos el costo total de estas elecciones, entre los
más de seis millones de salvadoreños, nos correspondería
pagar a cada uno aproximadamente $1.80.
Pero si, por ejemplo, excluyéramos a los niños y los desocupados
de la totalidad poblacional y consideráramos sólo a los
que perciben un ingreso económico, la cifra aumenta. Según
datos del Ministerio de Economía, hasta 2001 la población
económicamente activa (PEA) la constituían 2,634,595 personas.
Sobre cada uno de los que componen este sector, caería una carga
fiscal aproximada de $4.38.
Quizá para un empleado que devenga un salario mensual arriba
del mínimo establecido (¢1,260), el valor económico
del sufragio no represente mayor inversión; pero para un hogar
promedio que tiene un sólo ingreso mínimo o abajo de éste
casi es un sacrificio.
Realidad económica
Según el último Informe de Desarrollo Humano del PNUD,
el ingreso diario por salario mínimo en la rama de la industria
y servicios era de 42 colones.
Nohemy de Portillo es una de esas empleadas promedios. Ella es operaria
en una maquila de San Marcos y con su salario debe sostener a dos hijos
y a su madre.
El papá de mis hijos no me ayuda y yo sola debo rebuscarme
para que me alcance y con todo tan caro uno se priva de muchas cosas
o se va endeudando, afirma esta menuda mujer, quien no parece
advertir si las elecciones de marzo, en las que participará,
son caras o si el financiamiento sale de su propio bolsillo.
Un pequeño sondeo entre vendedoras del sector informal en el
mercado San Miguelito y Ex-Cuartel reveló cierta conciencia sobre
la importancia de unas elecciones, pero ni una había reparado
que ellas fueran parte de sus financiadores y, mucho menos, a cuánto
asciende su aporte.
No me lo está preguntando, pero en todo el día solo
he vendido un dólar, y aquí venda o no venda debo pagar
impuestos a la alcaldía. ¿Y para la comida? Ya no alcanza,
se lamentaba una vendedora del San Miguelito.
La queja de esta señora refleja la difícil situación
que vive el país y que parece agudizarse en los últimos
años.
Una encuesta de la CID Gallup de octubre del año pasado expresa
que un 75% de los encuestados consideraba que el costo de la vida había
incrementado, mientras que un 44% veía en el desempleo el principal
problema del país.
Ante esta situación ¿es válido que en el país
se invierta tanto dinero en cada evento electoral?
¿Procesos costosos?
Desde
1994 se han realizado cuatro eventos electorales y se ha gastado más
de 30 mil dólares sólo en concepto de organización
según el TSE.
En la contienda que se avecina la Asamblea Legislativa aprobó
al Tribunal Supremo Electoral un presupuesto extraordinario de 8 millones
571 mil 430 dólares.
La organización de la elecciones de marzo obligará al
TSE a contratar unas 200 personas y movilizar en total a unas 1400 personas.
El magistrado Julio Hernández, quien fue designado para hablar
sobre el tema, dice que han considerado un ahorro en ciertos rubros.
El funcionario especialmente el de publicidad donde esperan gastar aproximadamente
la mitad de lo presupuestado que ascendía a millón y medio
de dólares. Además, heredarían a la organización
de las elecciones presidenciales de 2004, ciertas infraestructuras como
en el área de informática.
El escaso margen entre períodos electorales en nuestro país
ha sido un punto de debate en este tiempo porque es cuando se entiende
cuan caro resulta el deber ciudadano de votar. Julio Hernández
ve la probabilidad de realizar los comicios de 2004 con menos dinero
y lograr, como en las celebradas en 2000, un ahorro neto de 14 millones
de colones.
Pero, aparte de la necesidad de modernizar el sistema electoral, valiéndose
del DUI y minimizar costos en estos procesos, Hernández cree
que también se debe eliminar la desconfianza.
Y en el debate también está si es necesario prolongar
los períodos electorales o unificar en uno solo las elecciones
presidenciales, legislativas y municipales.
Hugo Martínez, jefe de campaña del FMLN, reconoce que
los comicios resultan caros si se comparan con la situación económica
del país; pero a la vez justifica que esto es parte de la democracia.
Seríamos irresponsables si dijéramos que no hubieran
elecciones porque hay crisis económica en el país... en
circunstancias excepcionales deberían revisarse ciertas cosas
del presupuesto para ver si se puede prescindir de ellas o rebajar (su
costo), afirma.
Lamentablemente fue imposible obtener la opinión de los representantes
del PCN y ARENA debido a que sus jefes de prensa no pudieron gestionar
las entrevistas que solicitamos para hablar sobre el tema.
El catedrático universitario, Alvaro Artiga cree que los comicios
representan una especie de inversión democrática.
Por muy caras que sean, el efecto peor o mejor vendrá con
el comportamiento de los elegidos porque de ellos dependerá que
la vida se vuelva más cara o que los salarios se incrementen,
afirma.
Lo cierto es que el ejercicio del voto también es una fiesta
democrática onerosa.
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El
TSE: Demasiado oneroso e ineficiente
Con un presupuesto anual de 75 millones de colones y 1200 empleados,
el TSE resulta demasiado caro para un país como el nuestro,
según el mismo magistrado Julio Hernández.
La entidad que nació en la década de los ochenta
bajo el nombre de Concejo Central de Elecciones no sólo
ha venido aumentando en infraestructura y en número de
empleados, sino también encareciéndose cada vez
más.
Se hizo del tamaño que es por la desconfianza,
refiere Julio Hernández, quien reconoce el exceso en que
ha caído la institución, ya que en sus orígenes
la filosofía era que sólo los diablitos se
cuidan ellos mismos.
Esta hecho dio pie a nombramientos sin fin de personas para ejecutar
actividades que no demandaban más que una persona o empleaban
a activistas de los partidos a fin de fortalecer a los partidos
políticos que le dieran legitimidad al régimen
de gobierno.
Eran tiempos de la guerra parece justificar Hernández,
pero, a la vez, reconoce que todo aquello dejó como herencia
una especie de monstruo con más de un millar de empleados
cuyo volumen de trabajo podría hacerlo con una sexta parte
de esa masa de trabajadores que están distribuidos en casi
todo el país.
El millonario presupuesto anual y el largo y tortuoso camino que
deben recorrer los que desean inscribirse en el padrón
electoral, encarece no sólo el sostenimiento de un sistema
electoral permanente, sino que, además, lo vuelven demasiado
ineficiente, de acuerdo al mismo Hernández.
Pero el nuevo Registro Nacional de Personas Naturales (el DUI)
ofrece una luz para minimizar esos costos porque la inscripción
sería automática y de alguna manera materializaría
la visión de Hernández: que el país tenga
una modesta infraestructura y un equipo experto en organizar fiestas
electorales que emplee a poco más de 200 personas, ya que
el ritmo de trabajo para el TSE sólo se intensifica un
año antes de cada período de elecciones.
Un signo positivo que el sistema se volverá más
confiable y económico es que, según el magistrado,se
estaría pasando de un período de transición,
es decir, de un sistema obsoleto a uno más moderno, cuando
en 2004, se establezca el voto residencial mediante el DUI.
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