2 de febrero 2003

Portada
La Columna
Cartas
Tema de Portada
Reportaje
Entrevista
Cronica
Internacional
Opinión
Colofón
Archivo

¿CUANTO CUESTA EL VOTO?
Un sufragio costoso

Cada elección significa un desembolso millonario para el Estado. Los próximos comicios nos costarán más de 11 millones de dólares que incluyen los gastos de operación en que incurre el Tribunal Supremo Electoral. Si todos pagamos tal inversión ¿de qué manera afecta el bolsillo de una familia con un ingreso mínimo?

Mirella Cáceres
vertice@elsalvador.com

Votar o no votar. Esta puede ser la inquietud que ronde en la mente de muchos salvadoreños, pero hacerlo o no siempre tendrá un mismo costo económico e igual destino: elegir gobernantes.
El próximo 16 de marzo, El Salvador se prepara para celebrar una fiesta cívica que costará 11 millones 553 mil 510 dólares, entre gastos de organización y el anticipo otorgado hasta la fecha a ocho de los once partidos políticos en contienda.
El origen de los fondos: el erario público. Esto significa que usted y yo ponemos el dinero.
Directa o indirectamente pagamos los millonarios costos, pero pocas veces reflexionamos sobre el impacto que causa en el bolsillo de cada salvadoreño.
“Yo no he sido partidario de ir a votar. En mis 45 años quizá he ido unas dos veces. Es que yo no creo en los políticos, ni deberían hacer elecciones, de todos modos siempre ganan los mismos, aquí no gana la voluntad del pueblo”, dice Fabián Martínez, mientras se conduce en autobús desde Ilopango hasta el centro capitalino, donde se dedica a la venta informal.
Este chalateco de nacimiento, que emigró a San Bartolo a causa del conflicto armado, aún no está convencido de emitir el sufragio ni que las elecciones le asegurarán algún beneficio.
¿Y usted cree que las elecciones son un gasto innecesario? le pregunto.“Yo no sé cuánto gastan en eso, pero imagínese que un día estaba leyendo que en un periódico la millonada que le dan a los partidos sólo para que hagan bulla y cuando estén sentados en el poder ni se acuerden de nosotros”, dice Fabián.
Y es que, aunque no queramos, parte de la democracia significa costear -entre otras cosas- las promesas, muchas irrealizables y asistir a las urnas.
Si dividiéramos el costo total de estas elecciones, entre los más de seis millones de salvadoreños, nos correspondería pagar a cada uno aproximadamente $1.80.
Pero si, por ejemplo, excluyéramos a los niños y los desocupados de la totalidad poblacional y consideráramos sólo a los que perciben un ingreso económico, la cifra aumenta. Según datos del Ministerio de Economía, hasta 2001 la población económicamente activa (PEA) la constituían 2,634,595 personas. Sobre cada uno de los que componen este sector, caería una carga fiscal aproximada de $4.38.
Quizá para un empleado que devenga un salario mensual arriba del mínimo establecido (¢1,260), el valor económico del sufragio no represente mayor inversión; pero para un hogar promedio que tiene un sólo ingreso mínimo o abajo de éste casi es un sacrificio.

Realidad económica

Según el último Informe de Desarrollo Humano del PNUD, el ingreso diario por salario mínimo en la rama de la industria y servicios era de 42 colones.
Nohemy de Portillo es una de esas empleadas promedios. Ella es operaria en una maquila de San Marcos y con su salario debe sostener a dos hijos y a su madre.
“El papá de mis hijos no me ayuda y yo sola debo rebuscarme para que me alcance y con todo tan caro uno se priva de muchas cosas o se va endeudando”, afirma esta menuda mujer, quien no parece advertir si las elecciones de marzo, en las que participará, son caras o si el financiamiento sale de su propio bolsillo.
Un pequeño sondeo entre vendedoras del sector informal en el mercado San Miguelito y Ex-Cuartel reveló cierta conciencia sobre la importancia de unas elecciones, pero ni una había reparado que ellas fueran parte de sus financiadores y, mucho menos, a cuánto asciende su aporte.
“No me lo está preguntando, pero en todo el día solo he vendido un dólar, y aquí venda o no venda debo pagar impuestos a la alcaldía. ¿Y para la comida? Ya no alcanza”, se lamentaba una vendedora del San Miguelito.
La queja de esta señora refleja la difícil situación que vive el país y que parece agudizarse en los últimos años.
Una encuesta de la CID Gallup de octubre del año pasado expresa que un 75% de los encuestados consideraba que el costo de la vida había incrementado, mientras que un 44% veía en el desempleo el principal problema del país.
Ante esta situación ¿es válido que en el país se invierta tanto dinero en cada evento electoral?

¿Procesos costosos?


Desde 1994 se han realizado cuatro eventos electorales y se ha gastado más de 30 mil dólares sólo en concepto de organización según el TSE.
En la contienda que se avecina la Asamblea Legislativa aprobó al Tribunal Supremo Electoral un presupuesto extraordinario de 8 millones 571 mil 430 dólares.
La organización de la elecciones de marzo obligará al TSE a contratar unas 200 personas y movilizar en total a unas 1400 personas.
El magistrado Julio Hernández, quien fue designado para hablar sobre el tema, dice que han considerado un ahorro en ciertos rubros.
El funcionario especialmente el de publicidad donde esperan gastar aproximadamente la mitad de lo presupuestado que ascendía a millón y medio de dólares. Además, heredarían a la organización de las elecciones presidenciales de 2004, ciertas infraestructuras como en el área de informática.
El escaso margen entre períodos electorales en nuestro país ha sido un punto de debate en este tiempo porque es cuando se entiende cuan caro resulta el deber ciudadano de votar. Julio Hernández ve la probabilidad de realizar los comicios de 2004 con menos dinero y lograr, como en las celebradas en 2000, un ahorro neto de 14 millones de colones.
Pero, aparte de la necesidad de modernizar el sistema electoral, valiéndose del DUI y minimizar costos en estos procesos, Hernández cree que también se debe eliminar la desconfianza.
Y en el debate también está si es necesario prolongar los períodos electorales o unificar en uno solo las elecciones presidenciales, legislativas y municipales.
Hugo Martínez, jefe de campaña del FMLN, reconoce que los comicios resultan caros si se comparan con la situación económica del país; pero a la vez justifica que esto es parte de la democracia. “Seríamos irresponsables si dijéramos que no hubieran elecciones porque hay crisis económica en el país... en circunstancias excepcionales deberían revisarse ciertas cosas del presupuesto para ver si se puede prescindir de ellas o rebajar (su costo)”, afirma.
Lamentablemente fue imposible obtener la opinión de los representantes del PCN y ARENA debido a que sus jefes de prensa no pudieron gestionar las entrevistas que solicitamos para hablar sobre el tema.
El catedrático universitario, Alvaro Artiga cree que los comicios representan una especie de “inversión democrática”.
“Por muy caras que sean, el efecto peor o mejor vendrá con el comportamiento de los elegidos porque de ellos dependerá que la vida se vuelva más cara o que los salarios se incrementen”, afirma.
Lo cierto es que el ejercicio del voto también es una fiesta democrática onerosa.

El TSE: “Demasiado oneroso e ineficiente”

Con un presupuesto anual de 75 millones de colones y 1200 empleados, el TSE resulta demasiado caro para un país como el nuestro, según el mismo magistrado Julio Hernández.

La entidad que nació en la década de los ochenta bajo el nombre de Concejo Central de Elecciones no sólo ha venido aumentando en infraestructura y en número de empleados, sino también encareciéndose cada vez más.
“Se hizo del tamaño que es por la desconfianza“, refiere Julio Hernández, quien reconoce el exceso en que ha caído la institución, ya que en sus orígenes “la filosofía era que sólo los diablitos se cuidan ellos mismos”.
Esta hecho dio pie a nombramientos sin fin de personas para ejecutar actividades que no demandaban más que una persona o empleaban a activistas de los partidos a fin de fortalecer a los partidos políticos que “le dieran legitimidad al régimen” de gobierno.
Eran tiempos de la guerra parece justificar Hernández, pero, a la vez, reconoce que todo aquello dejó como herencia una especie de monstruo con más de un millar de empleados cuyo volumen de trabajo podría hacerlo con una sexta parte de esa masa de trabajadores que están distribuidos en casi todo el país.
El millonario presupuesto anual y el largo y tortuoso camino que deben recorrer los que desean inscribirse en el padrón electoral, encarece no sólo el sostenimiento de un sistema electoral permanente, sino que, además, lo vuelven “demasiado ineficiente“, de acuerdo al mismo Hernández.
Pero el nuevo Registro Nacional de Personas Naturales (el DUI) ofrece una luz para minimizar esos costos porque la inscripción sería automática y de alguna manera materializaría la visión de Hernández: que el país tenga una modesta infraestructura y un equipo experto en organizar fiestas electorales que emplee a poco más de 200 personas, ya que el ritmo de trabajo para el TSE sólo se intensifica un año antes de cada período de elecciones.
Un signo positivo que el sistema se volverá más confiable y económico es que, según el magistrado,se estaría pasando de un período de transición, es decir, de un sistema obsoleto a uno más moderno, cuando en 2004, se establezca el voto residencial mediante el DUI.



Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.