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EN
LAS MANOS DE DIOS
La fe no basta
La
necesidad de combatir la grave situación del consumo de drogas
en el país ha generado una proliferación de centros de
tratamiento para toxicómanos, sin embargo, estos funcionan sin
que haya una entidad que supervise y regule el trabajo que realizan
El
problema del abuso de las drogas se le ha escapado de las manos a las
autoridades salvadoreñas.
Cada día crece más el número de adictos no sólo
en las calles de las ciudades, sino en el propio seno familiar.
Datos oficiales indican que, ahora, el inicio en el consumo de drogas
ha experimentado un preocupante descenso de los 16 años a los
13 años de edad. Más dramático aún es el
hecho de que la mayoría de los drogadictos practican la poliadicción,
es decir, consumen de dos a diez drogas simultáneamente.
Es un problema que se ha subdimensionado y nos está quebrando
la columna vertebral, advierte Alexandra Hill, directora ejecutiva
de la Fundación Salvadoreña Antidrogas (FUNDASALVA).
Además, todos los involucrados en la problemática están
conscientes de que no es un fenómeno aislado, sino que carcome
sin piedad las estructuras sociales más importantes.
Tanto, que el 85 por ciento de los casos de violencia social que se
reportan en el país está relacionado, de alguna manera,
con el consumo de droga, según datos oficiales.
Debido a eso es que se hace urgente una política integral que
no sólo abarque el combate de la oferta, sino también
de la demanda de la droga.
Sin embargo, ésta debe ser bien orientada y supervisada para
brindar un mejor tratamiento a las personas afectadas por el problema,
sostiene la mayoría de consultados por Vértice.
En los últimos años, la segunda parte de esa política
ha recaído en las manos de una cantidad no especificada por las
autoridades de centros de tratamiento y rehabilitación de fármacodependientes.
La mayoría actúa al amparo de una denominación
religiosa, sin que haya, hasta estos días, una entidad gubernamental
que se haga responsable de supervisar y regular su funcionamiento como
clínicas médicas, que, en última instancia, es
lo que son.
Es como una clínica, aunque directamente, hablando de medicina,
nosotros no tenemos esa facultad. Sí sabemos poner sueros y primeros
auxilios; pero cuando se trata de hospital y todo eso, los llevamos,
aceptó Salvador Fierro, de Alcance Victoria.
A simple vista, el papel regulador y supervisor recae en la Comisión
Salvadoreña Antidrogas (COSA), como lo acepta su directora ejecutiva,
Ana Margarita Chávez Escobar. La Comisión tiene
que coordinar todas las actividades que se refieran tanto a la reducción
de la oferta de droga, como a la reducción de la demanda, que
es el consumo, dijo Chávez Escobar.
Compartido
Pero la funcionaria hace una salvedad y también traslada parte
de la responsabilidad a otra instancia: el Ministerio de Salud.
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Todos estos organismos que dan tratamiento y rehabilitación
tendrían que estar supervisados y acreditados para ejercer sus
funciones por el Ministerio de Salud Pública, porque estamos
viendo al drogodependiente como un enfermo, señaló
Chávez.
¿Por qué no se hace? Las respuestas de unos pueden sonar
demagógicas. Falta de recursos, de personal, de dimensión
sobre la importancia del problema, tabú, etc. Otros, como la
cartera de Salud, no contestó a las llamadas mientras duró
la investigación.
Lo que sí es cierto es que cada día se arriesga a muchas
personas a ser tratadas por personal con poca idoneidad profesional
en el campo de la rehabilitación de pacientes afectados por la
adicción a cualquier tipo de droga.
Muchas de estas personas pueden ser víctimas de las buenas intenciones
o del relativo desconocimiento en la materia de quienes ofrecen el servicio;
aunque sea gratuito. O, en el peor de los casos, por personas inescrupulosas
que sólo buscan lucrarse de la problemática, que por desgracia
existen.
Lo demuestran los allanamientos a algunos centros después
de ser denunciados por maltrato físico y sicológico a
los internos.
Uno de ellos ocurrió en junio pasado. La Policía Nacional
Civil (PNC) allanó un centro dirigido por la iglesia evangélica
Príncipe de Paz, en Apopa, tras ser denunciado por uno de los
pacientes por maltrato.
Lamentablemente, esta práctica se puede seguir dando, pues no
hay un proceso de supervisión que garantice de que ya no existan
otros centros similares, ni que la institución denunciada haya
abierto otra casa en otro lugar.
Por fortuna, los centros con este tipo de problemas son la minoría.
Los otros tratan de hacer un buen trabajo, según las posibilidades
se lo permitan, con serios problemas de hacinamiento y falta de insumos
médicos o personal que lo aplique, lo que dificulta su funcionamiento.
Pero no bastan las buenas intenciones en esto del tratamiento y rehabilitación
al drogodependiente. Como dice un viejo adagio el camino al infierno
está sembrado de buenas intenciones.
No se trata de dañar o empañar el buen trabajo que hacen
estos centros. Sencillamente se trata de que estos realicen tan importante
labor con los recursos adecuados y con la capacidad y responsabilidad
que amerita el caso. La idea es potenciar lo que se está haciendo,
no dañar.
De esto están conscientes todos los encargados de los centros,
quienes aceptan una supervisión, siempre y cuando ésta
sea para ayudar, no para perjudicar.
Esta organización (la COSA) puede hacer una directiva con
un miembro de cada centro y ver sus necesidades y ayudarle para que
pueda salir adelante, acepta Ricardo Zelaya, director nacional
de Teen Challenge, un centro de rehabilitación de drogadictos.
José Sotuela, de Ministerio Remar, también está
de acuerdo con la supervisión y regulación. Sería
bueno porque de la misma forma que se pueden marcar pautas de rehabilitación,
también va a haber apoyo económico para los centros,
agregó.
Hill es más crítica ante la supuesta apatía de
las autoridades. Ética y moralmente es inadmisible que
esté pasando esto en el país y que nadie haga nada por
solventar este problema de que cualquiera pueda poner un centro de tratamiento,
amenazó.
¿Retraso?
Chávez se defiende de los señalamientos y asegura que
se está elaborando un protocolo de atención al drogodependiente,
pero todavía falta validarlo
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Para ello recibió siete mil dólares de
la Comisión Interamericana para el Control de Abuso de Drogas
de la OEA (CICAD).
En un principio, como lo aseguró a Vértice, la aprobación
de la validación estaba programada para el 8 de abril. Sin embargo,
inexplicablemente, se le dio largas al asunto y se trasladó para
el 26 de junio, el Día Internacional de la Lucha contra las Drogas.
El proceso de validación tendría que incluir a todos los
involucrados en el combate del flagelo social.
Al menos así lo aceptó Chávez.
Lo curioso es que todas las instituciones consultadas por Vértice,
hasta la semana pasada, no habían recibido aún una invitación
formal por parte de la COSA.
Lo anterior se podría deber porque el ente gubernamental desconoce
el número exacto de casas de rehabilitación que funcionan
en el país, a pesar de que el Plan Nacional Antidrogas 2001-2008
establece en un apartado la realización de estudios sobre
la situación de la oferta y la demanda; programas generales institucionales
para la prevención del uso indebido de drogas, para el tratamiento
y reinserción del fármacodependiente, entre otras
cosas.
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Inicio de adicción
13 años
Datos oficiales indican que los salvadoreños se introducen
al mundo de las drogas cuando apenas han cruzado la pubertad
Embargos $508 mil
La Unidad de Investigación de Delitos Financieros de la
FGR reportó en 2001 el embargo de $508 mil relacionados
con casos de lavado
Rehabilitados 35%
Datos no oficiales de los centros de rehabilitación estiman
que un 35 por ciento de los pacientes atendidos se logra rehabilitar
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Para mientras llega la hora de la validación
del documento, cada centro ejecuta su propio tratamiento con lo que
está a su alcance, o lo que quiere o puede, a falta de un modelo
unificado de atención al adicto que le dicte la manera adecuada
y óptima para asistir a cada persona según sus propias
características.
Si bien es cierto hasta el momento el tratamiento que dan estos centros,
basado en la religión fundamentalmente, ha dado buenos resultados,
en cierta medida, todavía falta mucha capacitación por
parte del personal que asiste a los pacientes y de una mejor infraestructuras
de las clínicas.
Documentación especializada consultada en la Internet, indica
que la parte espiritual es particularmente importante y necesaria en
la rehabilitación; pero hay que tener en cuenta que, en lo fundamental,
el tratamiento consiste en diferentes formas de psicoterapias, en psicofármacos,
en movilización de la familia y del entorno del paciente para
que este logre salir del problema.
Entonces estamos hablando de una atención especializada brindada
por un equipo multidisciplinario, el que no existe en estos centros,
a excepción de FUNDASALVA.
Pero si no existe no es por falta de voluntad, como dicen los directores,
sino de recursos económicos o de subsidios que les permitan desarrollar
un mejor trabajo.
En estos centros de rehabilitación cristianos, el equipo de atención
está conformado por otros rehabilitados, quienes se encargan
de guiar y tratar a los pacientes mientras están internos, de
una manera empírica.
Si bien es cierto también es importante la participación
de rehabilitados, sostienen especialistas, se necesitan especialistas
en diferentes áreas para poder responder a situaciones de ansiedad,
agresividad, baja estima, propias del paciente en rehabilitación.
Aquí no tenemos sicólogos, lo que nosotros hacemos
es canalizarlos a las unidades de salud y hospitales, confirmó
Fierro.
Si se acepta que la drogadicción es una enfermedad, entonces
la rehabilitación, obligatoriamente, tiene que estar dirigida
por un especialista, en este caso un siquiatra, quien previo diagnóstico
tiene que determinar el tipo de tratamiento a brindar.
Hay distintos tipos de programas, porque no todas las personas
que consumen drogas tienen la necesidad de ir a encerrarse, dice
la directora ejecutiva de FUNDASALVA.
En conjunto
Debe haber una política integral de prevención y reinserción
acorde a las necesidades de cada uno.
La política debe estar en función de la personas para
medio superar un problema que ya sacó carta de ciudadanía
en nuestro país.
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En ella deben involucrase de manera activa todas las
entidades pertinentes, con recursos que garanticen la efectividad en
el trabajo.
Una de esas entidades tendría que ser la PNC, con programas de
prevención y combate a la demanda, que ya lo tiene. La División
Antinarcóticos combate en desventaja el tráfico tanto
callejero como a gran escala, aun consciente que la represión
no es la cura definitiva.
Sus estadísticas reflejan como el número de decomisos
se incrementa, cada año, a una velocidad paralela al crecimiento
de la demanda.
Sólo el año pasado, el valor comercial de la droga decomisada
ascendió a más de $53 millones, mientras que en 2001 sólo
alcanzó algo más que los $2 millones.
Aún así, los programas de prevención que desarrolla
la PNC en escuelas, colegios y comunidades tampoco están validados
por la COSA, como lo afirmó Chávez Escobar.
Esto, a pesar de que igualmente importante a los esfuerzos que
hace la PNC son los esfuerzos de prevención de otras instituciones,
espeta Hill, de esa manera, el trabajo policial se vería fortalecido
a la par de la labor de los centros de rehabilitación.
La necesidad de una política eficaz para la rehabilitación
de toxicómanos es hoy más urgente que nunca porque el
alcance del problema es enorme. Pero también se requiere de un
efectivo ordenamiento en cuanto a capacitación, recursos e infraestructura
para hacer de estos centros verdaderas clínicas de rehabilitación.
Pero no se trata de regular y nada más. Como dicen los directores
de los centros se trata de dar y recibir. De exigir y ofrecer,
ese es el reto que tiene la Comisión Salvadoreña Antidrogas.
UNA
SEGUNDA OPORTUNIDAD
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El
día que me prendí
Atraído
por la necesidad de olvidar su realidad, Daniel se adentró
al mundo de la droga del que nunca logró salir. Hoy comparte
su historia a Vértice.
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El espeso humo del crack pasa velozmente a través
de la pipilla hasta el organismo de Daniel (nombre ficticio) después
de que él exhala con fuerza, luego contiene la respiración
por unos escasos segundos, la suelta con suavidad, ve hacia el
cielo mientras frota la pipa con sus manos para que se enfríe.
Lo que acabo de fumar no es el crack. El verdadero es lo
que queda en el interior (de la pipa), dice.
Se trata de un líquido aceitoso de color amarillento que
se mezcla con lo negro que deja el calor del fuego en la pipa.
Aún guarda en la memoria el día que decidió
consumir drogas de forma consuetudinaria.
La primera vez que fumó, cuando tenía 19 años,
fue por curiosidad. Después sólo lo hacía
los fines de semana.
La debacle llegó con olor a desintegración familiar.
Ese día entró a su casa después de una jornada
de trabajo y sólo encontró un ventilador, un sillón
y una pequeña cama. Era lo único que le dejó
su ex esposa, con quien procreó un hijo.
La desesperación hizo que recurriera a las drogas. Llamó
a un amigo para que le comprara 300 colones de crack, un encendedor,
una cajetilla de cigarros y una botella de licor. Ese día
me prendí, exclamó.
A partir de ese momento su vida cambió para siempre. Perdió
su trabajo en una embotelladora de bebidas gaseosas y se tiró
a las calles.
La falta de ingresos para satisfacer su necesidad de droga lo
obligó muchas veces a robar. Unas logró salir indemne;
otras, sacó la peor parte.
Hoy no robo, me calmé, porque entre más robaba,
más fumaba y eso estaba acabando con mi vida de manera
rápida, reflexiona.
La oportunidad de rehabilitarse apareció cuando fue internado
en un centro de atención para drogadictos, pero no soportó
el aislamiento al que fue sometido.
He aprendido a dominarlo, eso está en la mente de
uno, dice convencido. Hoy se droga cada vez que consigue
unas monedas después de hacer algunos mandados o que alguien
le regala unas monedas.
Las drogas le marcan la vida cada día y él lo sabe.
Por eso se niega a darle drogas a otros que se lo piden. No
quiero ser el causante de la drogadicción de otros,
asegura.
Ahora es uno más de los muchos drogadictos que deambulan
por las calles de una populosa comunidad capitalina, consciente
de que puede ser el último día de su vida.
Los problemas familiares arrojaron a Daniel al oscuro foso de
las drogas.
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De
aquí no me voy
El
mundo de las drogas fue su mundo. Drogadicto durante toda su vida
hasta que conoció a Dios, según él, quien
lo salvó. Este es su testimonio.
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Mi vida no ha sido como la de las otras personas,
como esos niños que han tenido todo, nada, sino que siempre
anduve en la calle, desde pequeño anduve vagando en la
calle.
A los 9 años probé por primera vez el alcohol...
Esa vez la fondié; fue un 31 de diciembre.
Según pasó el tiempo me fui metiendo más
en otras cosas. A los 12 años, estaba en sexto grado en
la Daniel Hernández, empecé a probar las pastas.
Empecé con Diazepan, me las tomaba con gaseosa, yo era
el mero loco del grado.
A los 15 años ya bebía y todo. Empecé a probar
la marihuana. La primera vez sentía como que era resorte
cuando iba caminando, sentía bien diferente a andar empastado.
Después de la marihuana empecé a oler pega. Luego
crack, pero una vez por poco me muero mientras estaba fumando;
por eso me calmé y me quedé solo con el guaro.
Todo el día tomaba.
Llegué a Alcance Victoria por una amiga que tenía
un primo interno. Al principio no quería hasta que un día
decidí venirme.
Cuando entré al centro me dieron mi vaso de suero, comida
y me acosté hasta que amaneció al día siguiente.
Llegué destrozado, me sentía hecho trizas.
Al día siguiente de estar aquí, el director me dio
una pastilla para que durmiera porque no había podido dormir
la noche anterior. Me dormí, pero cuando amaneció
ya no me pude levantar. Como pude me levanté apoyado solo
con las manos y me fui a acostar debajo de una mesa. Temblando,
con fiebre y dolor de huesos. Un líder me preguntó
qué me pasaba y me dio unas pastillas.
Ya llevo varios meses en la casa y ahora me siento bien, todavía
me duele el cuerpo, pero no como antes, ya puedo caminar más,
no como antes, pero poco a poco me voy sintiendo mejor.
Todavía no me siento rehabilitado, todavía me falta.
Ya rehabilitado es cuando ya me sienta poderoso como era antes.
Aunque no queda lo mismo uno, pero de que yo voy a volver en lo
que andaba, no.
Mi pensamiento y lo que le pido a mi Señor es que de aquí
no me voy yo. Quiero rehabilitarme y servirle a Dios y ayudar
a otros a rehabilitarse para que ya no anden en el mundo de las
drogas y el alcohol. Que vean los ejemplos que hay en las calles,
porque ahí hay bastantes ejemplos, pero uno no quiere hacer
caso.
Ese es mi pensamiento, quedarme aquí y predicar la palabra
de Dios y llevársela a otros para que se rehabiliten y
sigan el camino de Dios.
No morí porque Dios es grande y todavía me quiere,
tiene un propósito para mí, por eso es que me tiene
todavía aquí. Yo soy un milagro de Dios, muchas
veces he sentido la muerte. Ahora tengo 31 años.
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