![]() 29 de diciembre de 2002 |
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LA ARISTA AFILADA Sangre y Petróleo Carlos Alberto Montaner La estrecha relación entre los Círculos bolivarianos y las Brigadas de respuesta rápida no debe pasarse por alto. Es muy importante. Muchos de los cuadros bolivarianos han sido adiestrados en La Habana. El verdadero aporte del gobierno de Castro al gobierno de Hugo Chávez consiste exactamente en eso: en la ingeniería represiva. Como el imperio romano transmitía acueductos, basílicas y anfiteatros a sus colonias, el imperio ruso reproducía en ellas sus calabozos, paredones y sistemas de control. El principal legado del comunismo soviético a la revolución cubana fue el Ministerio del Interior, con sus técnicas de espionaje, sus Comités de defensa de la revolución y su inmenso, eficaz y prácticamente inexpugnable aparato policiaco. Los rusos o los alemanes del Este carecían de saberes técnicos y científicos comparables a los de Occidente. No eran capaces de organizar un servicio público con la pericia con que podía aprenderse en cualquier nación desarrollada del Mundo Libre, pero eran imbatibles en el terreno de la represión. Lenin fue el gran maestro, Stalin el discípulo aventajado, luego los alemanes aportaron el rigor de su cultura metódica y paciente. Finalmente, lo que los camaradas del Este llevaron a Cuba en 1959, además de un subsidio que crecía en la misma medida que aumentaba la torpeza económica del sistema, fueron la KGB y la Stasi. Ése es el fenómeno que ahora se reproduce en las relaciones entre Cuba y Venezuela, sólo que el subsidio va en la otra dirección: quien sostiene a la metrópoli cubana es su colonia venezolana. Deudas sin pagar Chávez le paga a Castro su asistencia policiaca con 53 000 barriles
diarios de petróleo. La suma anual rápida, a 25 dólares
el barril, arroja la cifra de 483 millones largos de dólares.
Un monto superior al del valor total de las exportaciones de azúcar
de la Isla. Claro que la transacción se consigna como una compra-venta,
pero si alguna inquebrantable convicción anida en el corazón
de Castro, es que los revolucionarios (y menos entre revolucionarios)
no incurren en esa ordinariez burguesa de pagar las deudas. Por eso
a los rusos les dejaron de abonar veintitrés mil millones de
dólares, y a españoles, argentinos y japoneses les deben,
a cada país, más de mil millones de incobrables dólares. Pero este pavoroso cuadro económico tiene unas graves consecuencias
políticas y morales en la convulsa Venezuela de hoy. El gobierno
de La Habana, que sabe que la salida de Chávez del poder le traerá
inmediatamente el fin del subsidio petrolero, es quien le aconseja al
abrumado coronel que opte por profundizar la revolución
y liquide de una vez a sus enemigos burgueses. ¿Cómo se
logra ese milagro? Mediante un enfrentamiento militar que
se salde con una victoria revolucionaria que traiga la ocupación
de los medios de comunicación y el inicio de una dictadura estatista,
vecina del modelo cubano o del libio, que tanto le gusta invocar a Chávez
cuando le da por citar el Libro verde de Gadaffi.
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