22 de diciembre de 2002

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El triunfo de Nicaragua

La noticia de que los diputados habían logrado los votos necesarios para quitarle el fuero legislativo al ex presidente Arnoldo Alemán encendió los ánimos del pueblo nicaragüense. El escritor y analista político, Sergio Ramírez, comparte su visión sobre el suceso, y las perspectivas que su país puede tener cuando el combate contra la corrupción ha dado ya sus primeros frutos.

Ciro Granados
vertice@elsalvador.com

Si alguien busca analizar la situación política que vive Nicaragua, no podrá evadir el antes y el después del desafuero aplicado al ex presidente Arnoldo Alemán. Porque, mientras el funcionario perdía la coraza legal que lo inmunizaba ante los tribunales, Nicaragua escribía una nueva página en su rumbo como nación.
Lo que ahora impera es, más bien, un sentimiento de esperanza; una luz al final del túnel que resucita la posibilidad de volver a creer en la institucionalidad.
Y eso, los nicaragüenses pueden agradecérselo a un trabajo tesonero de los medios de comunicación, a las denuncias de algunos ciudadanos y al hecho que Alemán jamás tuvo la preocupación por ocultar sus riquezas, ganadas –según las denuncias– con el desvío de fondos públicos.
Aunque la gran mayoría de nicaragüenses están de acuerdo con que se haya quitado el fuero parlamentario a Alemán, ese entusiasmo no se percibe a menos que se converse con ellos; porque no exudan su algarabía en las plazas aunque tengan bien clara su postura al respecto.
Es por ello que cuando se escucha a Sergio Ramírez hablar sobre la situación política que vive Nicaragua, uno se da cuenta de que está frente a una visión amplia, un prisma político cuyo espectro no se conforma con eventos aislados.
Dice, con voz pausada, que antes del desafuero su país vivía un deterioro ético ocasionado por los actos de corrupción que los medios denunciaban una y otra vez.
Porque los medios, añade, tomaron el papel que deberían haber asumido los partidos de oposición.
El rol de criticar los actos gubernamentales no fue punta de lanza (como habría sido lo normal) de los sandinistas. Ramírez acusa este silencio al famoso pacto del 2000, cuando ambos partidos se repartieron las instituciones y se creó una especie de protección mutua.

Licencia para matar

– ¿Qué ha ganado Nicaragua con el desafuero? –pregunto al escritor y ex vicepresidente sandinista.
– Se ha demostrado que es posible revertir el deterioro moral, porque con la corrupción tan descarada, medio mundo estaba embarrado, entonces mucha gente tenía la percepción que robar era algo lícito.
Este fenómeno que Ramírez llama “licencia para matar” era un efecto inmediato de la crisis moral que vivía el país.
La llegada del desafuero cambió las cosas. A juicio del analista, esto debe servir para formar la conciencia de que nadie es impune. Sin embargo, la alegría social que desborda el hecho no debe estar arraigada en el sentimiento de venganza; más bien, esta conciencia debería ayudar a reconstruir el tejido ético de la sociedad.
– Ahora, la confianza es diferente; hay un renacimiento ético. El presidente (Enrique) Bolaños ha apelado a la decencia... y eso, aquí y ahora, es revolucionario –enfatiza.
La generación de un mayor optimismo, hace que Ramírez prevea una reactivación económica en Nicaragua.
Porque, demostrarle al mundo que ni el mismísimo caudillo de los liberales puede escapar de los tribunales, podría servirle a Nicaragua como un exitoso trampolín para que arribe la inversión extranjera. Si a esto se suma la condonación de 406 millones de dólares que el Club de París le hizo la semana antepasada, el panorama pinta mejor.
Los retos, empero, no han hecho sino empezar.
El triunfo del presidente Bolaños en contra de la corrupción es sólo el primer paso.
A juicio de Sergio Ramírez, las instituciones deben “regresar a Nicaragua”; esto es despolitizarlas para romper con el pacto liberal-sandinista.
– Estos puestos deben ser ocupados por gente proba –expresa en referencia a que muchos funcionarios eran nombrados por la mera afinidad política con uno u otro caudillo (Alemán por los liberales, Daniel Ortega por los sandinistas).
El desafuero, por lo consiguiente, abre la oportunidad para crear una gran agenda nacional, donde la recuperación institucional sea una ineludible prioridad.
Mas ese esfuerzo –acepta– podría durar largos años. “Tomará varios gobiernos y generaciones”, añade.
Por otro lado, la senda bipartidista que el país ha seguido los últimos años ha propiciado el desarrollo de un caudillismo que Ramírez considera problemático.
No obstante, la desprotección de Alemán presenta otra gran oportunidad: que los acuerdos políticos ya no estén amparados bajo la sombra del ex presidente.
En escritor analiza que la salida de la palestra activa de Alemán deja expuesto a su contrincante, Daniel Ortega ante la opinión pública. “Lo vuelve vulnerable a largo plazo”, comenta.

Los pasos siguientes

– Ya que se logró esto, ¿cuáles son las medidas que deben tomarse en adelante?
Ramírez sugiere el reconcilio del presidente Bolaños con la bancada liberal (liderada por Alemán) que considera al mandatario como un traidor.
De otra manera, el presidente no podrá tener una gobernabilidad aceptable.
Otro gran reto del Ejecutivo nicaragüense, para no debilitar el incipiente triunfo “es no quitar el dedo del renglón, para que no parezca que el desafuero era algo político contra Alemán”, razona.
Porque los defensores del ex mandatario creen que este hecho es una mera conspiración de la ultraderecha, con el visto bueno de Bolaños, para “tomarse” al partido liberal.
Uno de ellos, entrevistado por El Diario de Hoy, aseveró que lo anterior se demuestra porque no existen leyes que, por ejemplo, quiten el uso discrecional de fondos en algunos funcionarios.
Pero Ramírez es de la opinión que sí hay leyes que ataquen a la corrupción en general.
La receta que el analista da para mantener viva esa esperanza de la población es, de nuevo, independizar a las instituciones; que ya no sigan funcionando bajo las directrices o caprichos de los partidos.
“Se ha dado que la Corte Suprema de Justicia funcionaba como bancada legislativa”, añade. Esto implicaría que decisiones judiciales no estén dominadas tanto por los cánones del Derecho como por los políticos.
En otras entidades, como la Contraloría General de la República –añade–, estaba gente escogida por su fidelidad personal hacia uno u otro caudillo político.
Aunque la esperanza nicaragüense aún vive una luna de miel, Ramírez destaca que podrían existir ciertos riesgos. – ¿Qué es lo peor que podría pasarle a Nicaragua? – indago al entrevistado.
– Que Alemán sobreviviera al juicio y siguiera como caudillo. Eso sería una regresión y sembraría desesperanza entre la población.
– Y ¿qué es lo mejor que podría pasar?
– Que se logre una modernización del país aunque yo no creo que haya un gran “boom” económico. Además, las instituciones deben tener mayor estabilidad.
Las conclusiones de Sergio Ramírez sobre la situación política nicaragüense estriban en que se logró recuperar la decencia.
– Se pudo; el país ha demostrado que puede enfrentar la corrupción. Hasta hace una semana, Nicaragua estaba desmoralizada –concluye.
El triunfo en la lucha contra la corrupción es, pues, sólo una batalla ganada. La guerra deberá continuar, no sólo para evitar un retroceso democrático, sino para que los “nicas” vuelvan a creer en su país... para que los desmanes de dictadores y corruptos sean sólo parte de un pasado que deban olvidar.

El poder de las denuncias

Tal vez, la historia habría sido diferente si las denuncias sobre la corrupción de Arnoldo Alemán no hubieran tenido fuerza y los medios de comunicación no hubieran desarrollado grandes investigaciones periodísticas que evidenciaran el incorrecto uso de los fondos públicos.
Para los opositores de Alemán, el papel de los medios fue vital. Sergio Ramírez va más allá: atribuye a lo comunicadores un rol que, en cualquier democracia normal, asumirían los partidos de oposición.
La población nicaragüense tuvo entonces vasta información sobre los desmanes del ex presidente, y eso le ayudó a formarse una opinión.
“No sé qué habría pasado si no hubiéramos tenido el apoyo de los medios”, dijo a este diario Rafael Córdova, uno de los más férreos luchadores por lograr quitarle el fuero a Alemán. Él, también, fue uno de los primeros que se lanzaron a realizar denunciar ante los tribunales.
Un taxista de Managua hizo el siguiente análisis: “El gran error de Alemán fue pelearse con los medios; una vez hasta golpeó a una periodista porque le preguntaba cosas que a él no le gustaban. Ahora los tribunales deben actuar correctamente, porque aquí se da una situación y es que el pueblo ya condenó a Alemán”.
Estos comentarios, como la mayoría de los que se escuchan en las calles de la capital nicaragüense, sólo pueden generarse después de una profunda convicción. Y esta conciencia, a su vez, depende en gran manera de la información mediática.


Voto 47: ¿jugada magistral?

Para poder lograr el desafuero parlamentario del ex presidente Arnoldo Alemán, el Congreso nicaragüense necesitaba 47 votos, es decir la mitad más uno de los diputados. Antes del 12 de diciembre, las matemáticas legislativas estaban empatadas. Pero un suceso fortuito cambió las cosas de manera radical.

La sustitución que llevó a Mariano hacia el estrellato.
Por reglamento interno, en el Congreso nicaragüens un diputado puede ser sancionado con suspensión de sus labores durante 45 días si no se ha presentado a trabajar –sin justificación– durante los últimos 21 días. Eso sucedió con la diputada Delia Arellano, del partido Camino Cristiano, que apoyaba al ex presidente Alemán. Alguien se dio cuenta de la ausencia y entonces se nombró al suplente, Mariano Suárez para que se presentara a la plenaria. Como los afines a Alemán sabían de las intenciones de Suárez para dar su voto en favor del desafuero, de acuerdo con diarios nicaragüenses, trataron de hacerlo cambiar de opinión. Un día antes de la plenaria (el 11 de diciembre) el diputado suplente se marchó a casa y no habló con nadie; apagó su celular y ninguno de los “arnoldistas” pudo contactarle para hacerle cambiar de opinión. A eso de las tres y media de la tarde del 12 de diciembre, su voto mandó al ex presidente al banquillo de los acusados.
Cualquiera se pregunta si lo de controlar los días de ausencia de la diputada Arellano fue una jugada magistral de quienes defendían el desafuero, o si se trató de una gran suerte. Sergio Ramírez es de la idea que todo fue producto del azar porque todo sucedió de forma precaria

 


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