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ESPECIAL
El
triunfo de Nicaragua
La
noticia de que los diputados habían logrado los votos necesarios
para quitarle el fuero legislativo al ex presidente Arnoldo Alemán
encendió los ánimos del pueblo nicaragüense. El escritor
y analista político, Sergio Ramírez, comparte su visión
sobre el suceso, y las perspectivas que su país puede tener cuando
el combate contra la corrupción ha dado ya sus primeros frutos.
Ciro
Granados
vertice@elsalvador.com
Si
alguien busca analizar la situación política que vive
Nicaragua, no podrá evadir el antes y el después del desafuero
aplicado al ex presidente Arnoldo Alemán. Porque, mientras el
funcionario perdía la coraza legal que lo inmunizaba ante los
tribunales, Nicaragua escribía una nueva página en su
rumbo como nación.
Lo que ahora impera es, más bien, un sentimiento de esperanza;
una luz al final del túnel que resucita la posibilidad de volver
a creer en la institucionalidad.
Y eso, los nicaragüenses pueden agradecérselo a un trabajo
tesonero de los medios de comunicación, a las denuncias de algunos
ciudadanos y al hecho que Alemán jamás tuvo la preocupación
por ocultar sus riquezas, ganadas según las denuncias
con el desvío de fondos públicos.
Aunque la gran mayoría de nicaragüenses están de
acuerdo con que se haya quitado el fuero parlamentario a Alemán,
ese entusiasmo no se percibe a menos que se converse con ellos; porque
no exudan su algarabía en las plazas aunque tengan bien clara
su postura al respecto.
Es por ello que cuando se escucha a Sergio Ramírez hablar sobre
la situación política que vive Nicaragua, uno se da cuenta
de que está frente a una visión amplia, un prisma político
cuyo espectro no se conforma con eventos aislados.
Dice, con voz pausada, que antes del desafuero su país vivía
un deterioro ético ocasionado por los actos de corrupción
que los medios denunciaban una y otra vez.
Porque los medios, añade, tomaron el papel que deberían
haber asumido los partidos de oposición.
El rol de criticar los actos gubernamentales no fue punta de lanza (como
habría sido lo normal) de los sandinistas. Ramírez acusa
este silencio al famoso pacto del 2000, cuando ambos partidos se repartieron
las instituciones y se creó una especie de protección
mutua.
Licencia para matar
¿Qué ha ganado Nicaragua con el desafuero? pregunto
al escritor y ex vicepresidente sandinista.
Se ha demostrado que es posible revertir el deterioro moral,
porque con la corrupción tan descarada, medio mundo estaba embarrado,
entonces mucha gente tenía la percepción que robar era
algo lícito.
Este fenómeno que Ramírez llama licencia para matar
era un efecto inmediato de la crisis moral que vivía el país.
La llegada del desafuero cambió las cosas. A juicio del analista,
esto debe servir para formar la conciencia de que nadie es impune. Sin
embargo, la alegría social que desborda el hecho no debe estar
arraigada en el sentimiento de venganza; más bien, esta conciencia
debería ayudar a reconstruir el tejido ético de la sociedad.
Ahora, la confianza es diferente; hay un renacimiento ético.
El presidente (Enrique) Bolaños ha apelado a la decencia... y
eso, aquí y ahora, es revolucionario enfatiza.
La generación de un mayor optimismo, hace que Ramírez
prevea una reactivación económica en Nicaragua.
Porque, demostrarle al mundo que ni el mismísimo caudillo de
los liberales puede escapar de los tribunales, podría servirle
a Nicaragua como un exitoso trampolín para que arribe la inversión
extranjera. Si a esto se suma la condonación de 406 millones
de dólares que el Club de París le hizo la semana antepasada,
el panorama pinta mejor.
Los retos, empero, no han hecho sino empezar.
El triunfo del presidente Bolaños en contra de la corrupción
es sólo el primer paso.
A juicio de Sergio Ramírez, las instituciones deben regresar
a Nicaragua; esto es despolitizarlas para romper con el pacto
liberal-sandinista.
Estos puestos deben ser ocupados por gente proba expresa
en referencia a que muchos funcionarios eran nombrados por la mera afinidad
política con uno u otro caudillo (Alemán por los liberales,
Daniel Ortega por los sandinistas).
El desafuero, por lo consiguiente, abre la oportunidad para crear una
gran agenda nacional, donde la recuperación institucional sea
una ineludible prioridad.
Mas ese esfuerzo acepta podría durar largos años.
Tomará varios gobiernos y generaciones, añade.
Por otro lado, la senda bipartidista que el país ha seguido los
últimos años ha propiciado el desarrollo de un caudillismo
que Ramírez considera problemático.
No obstante, la desprotección de Alemán presenta otra
gran oportunidad: que los acuerdos políticos ya no estén
amparados bajo la sombra del ex presidente.
En escritor analiza que la salida de la palestra activa de Alemán
deja expuesto a su contrincante, Daniel Ortega ante la opinión
pública. Lo vuelve vulnerable a largo plazo, comenta.
Los pasos siguientes
Ya que se logró esto, ¿cuáles son las medidas
que deben tomarse en adelante?
Ramírez sugiere el reconcilio del presidente Bolaños con
la bancada liberal (liderada por Alemán) que considera al mandatario
como un traidor.
De otra manera, el presidente no podrá tener una gobernabilidad
aceptable.
Otro gran reto del Ejecutivo nicaragüense, para no debilitar el
incipiente triunfo es no quitar el dedo del renglón, para
que no parezca que el desafuero era algo político contra Alemán,
razona.
Porque los defensores del ex mandatario creen que este hecho es una
mera conspiración de la ultraderecha, con el visto bueno de Bolaños,
para tomarse al partido liberal.
Uno de ellos, entrevistado por El Diario de Hoy, aseveró que
lo anterior se demuestra porque no existen leyes que, por ejemplo, quiten
el uso discrecional de fondos en algunos funcionarios.
Pero Ramírez es de la opinión que sí hay leyes
que ataquen a la corrupción en general.
La receta que el analista da para mantener viva esa esperanza de la
población es, de nuevo, independizar a las instituciones; que
ya no sigan funcionando bajo las directrices o caprichos de los partidos.
Se ha dado que la Corte Suprema de Justicia funcionaba como bancada
legislativa, añade. Esto implicaría que decisiones
judiciales no estén dominadas tanto por los cánones del
Derecho como por los políticos.
En otras entidades, como la Contraloría General de la República
añade, estaba gente escogida por su fidelidad personal
hacia uno u otro caudillo político.
Aunque la esperanza nicaragüense aún vive una luna de miel,
Ramírez destaca que podrían existir ciertos riesgos.
¿Qué es lo peor que podría pasarle a Nicaragua?
indago al entrevistado.
Que Alemán sobreviviera al juicio y siguiera como caudillo.
Eso sería una regresión y sembraría desesperanza
entre la población.
Y ¿qué es lo mejor que podría pasar?
Que se logre una modernización del país aunque
yo no creo que haya un gran boom económico. Además,
las instituciones deben tener mayor estabilidad.
Las conclusiones de Sergio Ramírez sobre la situación
política nicaragüense estriban en que se logró recuperar
la decencia.
Se pudo; el país ha demostrado que puede enfrentar la
corrupción. Hasta hace una semana, Nicaragua estaba desmoralizada
concluye.
El triunfo en la lucha contra la corrupción es, pues, sólo
una batalla ganada. La guerra deberá continuar, no sólo
para evitar un retroceso democrático, sino para que los nicas
vuelvan a creer en su país... para que los desmanes de dictadores
y corruptos sean sólo parte de un pasado que deban olvidar.
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El
poder de las denuncias
Tal vez, la historia habría sido diferente si las denuncias
sobre la corrupción de Arnoldo Alemán no hubieran
tenido fuerza y los medios de comunicación no hubieran
desarrollado grandes investigaciones periodísticas que
evidenciaran el incorrecto uso de los fondos públicos.
Para los opositores de Alemán, el papel de los medios fue
vital. Sergio Ramírez va más allá: atribuye
a lo comunicadores un rol que, en cualquier democracia normal,
asumirían los partidos de oposición.
La población nicaragüense tuvo entonces vasta información
sobre los desmanes del ex presidente, y eso le ayudó a
formarse una opinión.
No sé qué habría pasado si no hubiéramos
tenido el apoyo de los medios, dijo a este diario Rafael
Córdova, uno de los más férreos luchadores
por lograr quitarle el fuero a Alemán. Él, también,
fue uno de los primeros que se lanzaron a realizar denunciar ante
los tribunales.
Un taxista de Managua hizo el siguiente análisis: El
gran error de Alemán fue pelearse con los medios; una vez
hasta golpeó a una periodista porque le preguntaba cosas
que a él no le gustaban. Ahora los tribunales deben actuar
correctamente, porque aquí se da una situación y
es que el pueblo ya condenó a Alemán.
Estos comentarios, como la mayoría de los que se escuchan
en las calles de la capital nicaragüense, sólo pueden
generarse después de una profunda convicción. Y
esta conciencia, a su vez, depende en gran manera de la información
mediática.
Voto 47: ¿jugada magistral?
Para poder lograr el desafuero parlamentario del ex presidente
Arnoldo Alemán, el Congreso nicaragüense necesitaba
47 votos, es decir la mitad más uno de los diputados. Antes
del 12 de diciembre, las matemáticas legislativas estaban
empatadas. Pero un suceso fortuito cambió las cosas de
manera radical.
La sustitución que llevó a Mariano hacia el estrellato.
Por reglamento interno, en el Congreso nicaragüens un diputado
puede ser sancionado con suspensión de sus labores durante
45 días si no se ha presentado a trabajar sin justificación
durante los últimos 21 días. Eso sucedió
con la diputada Delia Arellano, del partido Camino Cristiano,
que apoyaba al ex presidente Alemán. Alguien se dio cuenta
de la ausencia y entonces se nombró al suplente, Mariano
Suárez para que se presentara a la plenaria. Como los afines
a Alemán sabían de las intenciones de Suárez
para dar su voto en favor del desafuero, de acuerdo con diarios
nicaragüenses, trataron de hacerlo cambiar de opinión.
Un día antes de la plenaria (el 11 de diciembre) el diputado
suplente se marchó a casa y no habló con nadie;
apagó su celular y ninguno de los arnoldistas
pudo contactarle para hacerle cambiar de opinión. A eso
de las tres y media de la tarde del 12 de diciembre, su voto mandó
al ex presidente al banquillo de los acusados.
Cualquiera se pregunta si lo de controlar los días de ausencia
de la diputada Arellano fue una jugada magistral de quienes defendían
el desafuero, o si se trató de una gran suerte. Sergio
Ramírez es de la idea que todo fue producto del azar porque
todo sucedió de forma precaria
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