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REPORTAJE
Menores
en riesgo
La
noche tiene muchas sorpresas en las calles capitalinas. Para muchos,
estos trips, no son nada comunes. Este mundo de riesgo es
protagonizado por algunos jovencitos quienes apenas han alcanzado el
primer peldaño de su vida. Protegidos por la penumbra de la noche,
deambulan por las zonas vivas, donde ofrecen servicios sexuales. Las
causas de su prostitución o entrega sexual fortuita, alimenta
la depravación de adultos, hombres o mujeres.
Equipo
Vértice
vertice@elsalvador.com
Una investigación realizada por el equipo Vértice, a
lo largo del último mes, revela no solo la presencia de casas
de citas dentro de zonas habitacionales -a plena luz del día-,
sino la exposición de prostitución masculina a medida
va cayendo la noche. Al interior de los sitios legalmente
establecidos se ofertan cuerpos de jóvenes adultos, esculturales.
Los chicos en la vía pública son menores de edad, cuyas
edades oscilan entre los 14 y los 17 años.
En recorridos por diversas zonas vivas de la capital, pueden encontrarse
variadas manifestaciones o formas de cómo los jóvenes
ofrecen sus servicios, quienes son más apetecidos cuando menor
edad aparentan.
El siguiente, es un relato que engloba las visitas realizadas tras la
pista de los menores en riesgo.
...Cuando el servicio colectivo deja de contaminar la ciudad, cerca
de algunas paradas de buses se apostan otro tipo de pasajeros. Pero,
en este caso, prefieren que sean abordados por vehículos livianos.
Es cuestión de esperar y los ruleteros bajarán
la velocidad y pasarán cerca de ellos. El lenguaje se descifra
a señas, gestos y breves comentarios sobre la ventana del conductor.
Si se logró fraternizar, el vehículo liviano se perderá,
con el nuevo acompañante a bordo.
Dos horas más tarde, esa misma persona estará, de nuevo,
en la parada de buses atento de otro trasnochado conductor.
Este ambiente discreto es el que se observa todos los días y
en mayores proporciones los fines de semana, después de las nueve
de la noche.
Entre las zonas de mayor frecuencia se encuentran boulevar de Los Héroes,
alameda Juan Pablo II y 49 avenida sur, alameda Roosvelt cerca del monumento
a El Salvador del Mundo y la Calle Arce.
José se mantiene a la salida vehicular de una gasolinera del
bulevar de los Héroes.
Parece esperar a alguien, pues constantemente se pone de pie y se ajusta
su estrecho pantalón negro, como de cuero. Su también
apretada camisa oscura y sin mangas, no logra engañar por más
escotada que esté, que sus músculos son de un adolescente
que no llega a los 15 años. Es claro que su intención
de mantenerse sólo en el lugar es debido a que espera la llegada
de algún cliente.
Sin temor a equivocarse, el joven atiende el llamado que le proporcione
cualquier motorista, su rutina diaria es esperar a que aparezca un cliente
y dar una vuelta. El paseo tiene un precio de 20 dólares
como mínimo y al mismo tiempo el cliente tendrá el derecho
de realizar cual fantasía crea conveniente.
Siempre a la espera
Una
de las tantas noches de fin de semana, Luis, de apenas 14 años,
se había quedado sólo ya que sus dos amigos de conquistas,
de 16 años, prefirieron encontrar suerte en una de las discotecas
ubicadas en la Escalón.
Aunque no le ha salido bigote, ha logrado -con un poco de ejercicio-
aparentar los 16.
Su vida nocturna empieza a eso de las 10 de la noche y finaliza, dependiendo
si tiene clientes, a eso de las tres de la madrugada. Vive en la colonia
Zacamil y está en el oficio desde hace casi un año.
Lo que importa es conseguir algo de dinero y así ayudar
a mi familia, sostiene. Aunque a su mamá le ha dicho que
trabaja en un restaurante de la misma zona.
Para Jorge Escoto, de la fundación Olof Palme, la mayoría
de los adolescentes que se prostituyen, no cuentan con medidas de protección,
por lo que están expuestos al contagio de cualquier enfermedad.
A este tipo de riesgo se ha sometido Luis. Cuenta que en una ocasión,
en su afán de hacer dinero se montó en un vehículo
con tres jóvenes económicamente pudientes, lo llevaron
a un motel y fue violado.
Me hicieron de todo... Luego, tras amenazas, me regresaron al
lugar. Sólo me dieron cinco dólares. Me dejaron fregado.
Por un momento llegué a arrepentirme, se lamenta.
Desde esa fecha, Luis no se monta a vehículos con varias personas.
Prefiero la gente mayor, ellos no le hacen nada malo, señala
el adolescente, quien afirma que ese tipo de personas son los que más
lo buscan.
A eso de la una y media de la madrugaba y con dirección al centro,
tres travestis caminan lentamente sobre la avenida Roosvelt. Sus escandalosos
tacones y sus vestidos de colores encendidos, llaman la atención
de cualquiera.
Un par de metros más abajo y semi escondidos en un árbol,
hay dos muchachos. Visten de forma casual y discreta.
Cuando los vehículos pasan frente a ellos silban para llamar
la atención. Por su apariencia no sobrepasan los 15 años.
Otro muchachito, vestido con suéter, recorre una de las calles
aledañas a la Universidad Tecnológica.
Por su contoneo y forma de mover las manos, parece una mujer en el cuerpo
de un hombre.
Un vehículo a varios metros tras de él, levanta las luces
en dos o tres ocasiones. El jovencito vuelve a ver y sin pensarlo se
detiene y espera.
El vehículo se orilla, con las luces intermitentes encendidas.
El joven ríe y extiende la mano al interior del automotor. Luego
de unos minutos, el jovencito se retira. No hubo trato. El vehículo
polarizado se pierde en un cruce.
Tiempo más tarde, el mismo joven y el mismo auto se reencuentran.
Esta vez, si hubo acuerdo.
Sobre el bulevar Los Héroes, en las cercanías de las
tres torres, un joven moreno está sentado en un arriate.
Cuando algún vehículo se detiene por la señal roja
del semáforo, el joven camina hasta el conductor.
Saludo de forma cortés y dice haber sido víctima de un
asalto, por lo que necesita ayuda.
Resulta curioso que denote tanta serenidad y sonría de forma
coqueta, mientras relata su historia.
Al no conseguir ayuda, de nuevo a sentarse al arriate y a esperar otro
conductor, que le ayude a sobrellevar el incidente sufrido.
Servicio variado
Para aquellos clientes exigentes que prefieren la privacidad y rechazan
exponer en la vía pública, existe la carta abierta de
presentación en el mundo de los anuncios clasificados.
Aquí basta marcar siete dígitos, de teléfonos fijos
o móviles, para enterarse del menú de opciones. Aunque
la mayoría ofrece estimulantes masajes.
Masajes de hombres exclusivamente para hombres, expresan
algunos anuncios.
Por teléfono es posible saber qué edades tienen los masajistas.
Puede contratarse a muchachitos de 16 ó 17 años, dependiendo
del precio.
En ese mundo sexual, no falta quien haga de proxeneta de hombres. Es
decir, un rufián que ofrece los servicios sexuales de adolescentes
y jóvenes adultos.
Los teléfonos para los contratos son de aparatos móviles,
por aquello de identificar las llamadas.
Si existe interés de conocer al masajista, se contacta una reunión
en un sitio público. En el lugar, el cliente decide si acepta
el trato o no.
En otras ocasiones, los jóvenes llegan hasta los domicilios de
los clientes.
Se desconoce, hasta ahora, el número de jóvenes prostitutos
que deambula en las calles capitalinas.
Pueden ser varias decenas que lo hacen por cuenta propia, sin incluirse
los que son ofrecidos, ya sea por anuncios o vía teléfono.
El comercio sexual masculino ha existido durante décadas.
Hoy, sin embargo, los servicios se ofrecen de manera explícita,
a la vista de todas las personas que acuden a algún establecimiento
que abra sus puertas en horas de la noche o mientras las familias se
conducen hacia sus hogares, después de la faena diaria.
Algunos locales, con espectáculos de hombres, aseguran que no
se permite la prostitución, aunque los primeros contactos entre
cliente y prostituto se realizan dentro del local. Afuera, en casas
particulares, hoteles, moteles, se consuman los hechos. Con los prostitutos
ocurre lo mismo que con las mujeres, a menor edad son más preciados
y en ocasiones les pagan más para practicar sexo sin protección.
El Ministerio de Salud contabiliza una tasa alta de menores contagiados
con el VIH.
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La
prostitución infantil a la vista de todos
Los niños de la calle son los más vulnerables para
ser usados para el servicio sexual. Eso no significa que cualquier
menor sea contratado para vender su integridad y su cuerpo.
Actualmente no existen estudios específicos que aborden
el tema sobre sexo infantil, sin embargo diferentes instituciones
trabajan en el el marco de la prevención y la denuncia.
Los estudios elaborados en el país por el Fondo de las
Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señalan que dentro
de las actividades de alto riesgo laboral que realizan los niños
y niñas se encuentran la explotación sexual comercial.
Este tipo de trabajo, que es manejado por adultos se concentra
en menores entre las edades de 15 a 17 años.
Según los datos de UNICEF, al año 2000 existen un
total de 225 mil niños trabajadores que incluyen labores
remuneradas y no remuneradas.
A partir del año pasado, en el plan de combate de las peores
formas de trabajo infantil en El Salvador, ha atendido a más
de cinco mil quinientos infantes que trabajan en lugares como
terminales de buses, mercados, fincas de café y en la costa.
Por su estilo de vida son vulnerables a hacer presa de abuso sexual.
Actualmente la Fundación Olof Palme trabaja en una investigación
en donde se relaciona la explotación sexual en menores,
específicamente en niños de la calle. Para Jorge
Escoto esta tendencia tiende a crecer debido a la aparente facilidad
con que los niños tienden a obtener dinero fácil.
No existen medidas eficaces para detenerlo, sostiene
y agrega que cualquier relación de carácter
sexual contra un menor es un delito por lo que tiene que ser penado.
Por su parte, la Asociación de Mujeres por la Dignidad
y la Vida (Las Dignas) mantienen desde noviembre una campaña
de condena y rechazo a la violencia sexual contra las niñas.
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LEY
14 son los años propuestos en la reforma para los
que faciliten, promuevan o favorezcan la prostitución
de menores
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TRABAJO
13% de la población de 10 a 14 años que trabajan
en labores de alto riesgo como pirotecnia, trabajo urbano
y explotación sexual
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IMPUNIDAD
80% De las personas que buscan en las calles a adolescentes
son mayores de edad y de posición económica
estable
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Oferta
de ¿empleo?
Los
anuncios clasificados son el punto de partida y los barrios residenciales
la meta de llegada. Las casas de citas existen desde siempre en San
Salvador, pero nadie descarta que hay un aumento de la oferta sexual
en el país. Una miembro de esta revista se aproximó a
este mundo subterráneo para describir los contratos.
Equipo
Vértice
vertice@elsalvador.com
La sobriedad de la fachada de la casa, ubicada en una de las zonas
residenciales conocidas del país, escapaba a la atención
de transeúntes.
Se solicitan bellas señoritas, muy finas, de 18 a 25 años,
buena presentación, educadas, con deseos de superación,
rezaba el anuncio en el periódico.
El timbre sonó y, a los pocos segundos, apareció una atractiva
muchacha de unos 25 años, embutida en unos jeans tronconeros.
- Buenas, vengo por el anuncio. Yo soy la que habló por
teléfono.
- Ah, Ana María, pasá, te estaba esperando. Yo soy Cristina.
El beso de presentación dejó una estela de perfume francés
caro, aunque su fineza disminuía por la exagerada cantidad que
usaba.
- Disculpá, es que me acabo de bañar, dijo.
La decoración de la casa era lo más cercana a un ambiente
casero, acogedor. Nada de tonos chillantes ni detalles obscenos que
recordaran que estábamos en una casa de citas.
La sala, decorada con enormes muebles de cuero negro, emulaba el carácter
familiar de cualquier residencia del Boulevard Constitución.
Cristina caminaba delante de mí, moviendo las caderas con un
contoneo perfectamente ensayado, y abrió la puerta del cuarto
principal, habilitado para operar como oficina, con un pequeño
escritorio de madera en su interior y un par de sillas reclinables.
- ¿Te ofrezco café, té, soda?
- Agua, por favor
Sus inmensas uñas acrílicas marcaron con delicadeza el
número 9 de un moderno teléfono. Luego, con mucha consideración
pidió dos vasos con agua, mientras acomodaba el cabello de largas
mechas rubias, al compás del ritmo sonoro de sus pulseras de
metal plateado.
¿A qué viene?
En la pared del fondo, dos cuadros de un Guernica partido a la mitad
imprimían un toque artístico y curioso al
rostro de la joven. Ella era guapa. Al hacer un ejercicio mental, barriendo
las capas de rímel, sombra oscura, cejas retocadas, mejillas
demasiado empolvadas y labios excesivamente brillosos, quedaba un limpio
rostro de bonitas y facciones casi adolescentes.
Sobre el escritorio, una docena de rosas amarillas aún perfumaban
con su frescura. Cristina las acomodaba con una mano, mientras colgaba
el teléfono con la otra.
- Pues sí, niña, contame...
- Bueno, vengo a ver cómo es el negocio aquí, dije, nerviosa.
- Pero no te asustés, mujer. Si no es para estresarse, sino todo
lo contrario... Lo que yo te puedo asegurar aquí es total discreción,
como dice nuestro anuncio en el periódico, y un ambiente muy
sano y bonito.
- Pero es de pasar aquí todo el día ¿verdad? De
diez de la mañana a siete de la noche, como dice el anuncio.
- Bueno, si tenés problema con el horario, te lo podemos adecuar
a tus necesidades. ¿Vos estudiás?
- Ahora no. Dejé de estudiar por problemas económicos,
pero hice dos años de Fisioterapia.
- O sea que sabés dar masajes. Pues eso aquí les va a
gustar. Yo te voy a hablar claro, para que entendás cómo
son las cosas, lo pensés bien y tomés tu decisión.
Las condiciones
Lo que me explicó me dejó impresionada. No tanto por
la excelente elocuencia y claridad con que me habló como por
lo bien pensada y organizada que está la empresa.
Se trataba básicamente de dar compañía
a empresarios y ejecutivos importantes. Nacionales y extranjeros. Habló
de dos casas más, ubicadas en las colonias Escalón y San
Benito, respectivamente. Ahí van las muchachas de mejor
nivel y éstas, obviamente, ganan más dinero. En
la casa de la Constitución quedan las pasaderas.
Aseguró que de entrada yo podía aplicar a la sucursal
de la Escalón por mis estudios e imagen, y que para ingresar
a la de la San Benito hacía falta ganar puntos en
una entrevista.
- Yo te recomiendo que apuntés a lo más alto. Hablá
con el jefe.
- ¿Y quién es él?
- Un ingeniero. Lo vas a conocer
- Pero imagino que en la San Benito serán muy exigentes
- Es básicamente lo mismo: hablar con ellos, ser muy amable,
desestresarlos más que todo. En la San Benito la casa tiene más
distractores y salas de estar ¿Podés jugar billar?
- Poquito. Pero boliche, sí
- No, niña. A los empresarios les gusta jugar billar.
Su soltura y naturalidad disminuyeron cuando se refirió al aspecto
sexual específicamente: En lo íntimo ahí
la chera se arregla con el señor, dijo escuetamente. A
nosotros sólo nos quedan los veinte dólares que pagan
por entrar a la casa. Aunque en las otras dos residencias es más
caro, agregó.
La despedida fue cordial. Antes de cerrar la puerta, recalcó
uno de los beneficios del empleo: ¡El maquillaje y el peinado
corre por cuenta nuestra! Pensalo bien.
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