15 de diciembre de 2002

Portada
Columna
Cartas
Tema de Portada
Internacional
Especial
Reportaje
Analisis
Opinión
Colofón
Archivo

REPORTAJE

Menores en riesgo

La noche tiene muchas sorpresas en las calles capitalinas. Para muchos, estos “trips”, no son nada comunes. Este mundo de riesgo es protagonizado por algunos jovencitos quienes apenas han alcanzado el primer peldaño de su vida. Protegidos por la penumbra de la noche, deambulan por las zonas vivas, donde ofrecen servicios sexuales. Las causas de su prostitución o entrega sexual fortuita, alimenta la depravación de adultos, hombres o mujeres.

Equipo Vértice
vertice@elsalvador.com

Una investigación realizada por el equipo Vértice, a lo largo del último mes, revela no solo la presencia de casas de citas dentro de zonas habitacionales -a plena luz del día-, sino la exposición de prostitución masculina a medida va cayendo la noche. Al interior de los sitios “legalmente” establecidos se ofertan cuerpos de jóvenes adultos, esculturales. Los chicos en la vía pública son menores de edad, cuyas edades oscilan entre los 14 y los 17 años.
En recorridos por diversas zonas vivas de la capital, pueden encontrarse variadas manifestaciones o formas de cómo los jóvenes ofrecen sus servicios, quienes son más apetecidos cuando menor edad aparentan.
El siguiente, es un relato que engloba las visitas realizadas tras la pista de los menores en riesgo.
...Cuando el servicio colectivo deja de contaminar la ciudad, cerca de algunas paradas de buses se apostan otro tipo de pasajeros. Pero, en este caso, prefieren que sean abordados por vehículos livianos.
Es cuestión de esperar y los “ruleteros” bajarán la velocidad y pasarán cerca de ellos. El lenguaje se descifra a señas, gestos y breves comentarios sobre la ventana del conductor.
Si se logró fraternizar, el vehículo liviano se perderá, con el ‘nuevo’ acompañante a bordo.
Dos horas más tarde, esa misma persona estará, de nuevo, en la parada de buses atento de otro trasnochado conductor.
Este ambiente discreto es el que se observa todos los días y en mayores proporciones los fines de semana, después de las nueve de la noche.
Entre las zonas de mayor frecuencia se encuentran boulevar de Los Héroes, alameda Juan Pablo II y 49 avenida sur, alameda Roosvelt cerca del monumento a El Salvador del Mundo y la Calle Arce.
José se mantiene a la salida vehicular de una gasolinera del bulevar de los Héroes.
Parece esperar a alguien, pues constantemente se pone de pie y se ajusta su estrecho pantalón negro, como de cuero. Su también apretada camisa oscura y sin mangas, no logra engañar por más escotada que esté, que sus músculos son de un adolescente que no llega a los 15 años. Es claro que su intención de mantenerse sólo en el lugar es debido a que espera la llegada de algún cliente.
Sin temor a equivocarse, el joven atiende el llamado que le proporcione cualquier motorista, su rutina diaria es esperar a que aparezca un cliente y dar una “vuelta”. El paseo tiene un precio de 20 dólares como mínimo y al mismo tiempo el cliente tendrá el derecho de realizar cual fantasía crea conveniente.

Siempre a la espera

Una de las tantas noches de fin de semana, Luis, de apenas 14 años, se había quedado sólo ya que sus dos amigos de “conquistas”, de 16 años, prefirieron encontrar suerte en una de las discotecas ubicadas en la Escalón.
Aunque no le ha salido bigote, ha logrado -con un poco de ejercicio- aparentar los 16.
Su vida nocturna empieza a eso de las 10 de la noche y finaliza, dependiendo si tiene clientes, a eso de las tres de la madrugada. Vive en la colonia Zacamil y está en el oficio desde hace casi un año.
“Lo que importa es conseguir algo de dinero y así ayudar a mi familia”, sostiene. Aunque a su mamá le ha dicho que trabaja en un restaurante de la misma zona.
Para Jorge Escoto, de la fundación Olof Palme, la mayoría de los adolescentes que se prostituyen, no cuentan con medidas de protección, por lo que están expuestos al contagio de cualquier enfermedad.
A este tipo de riesgo se ha sometido Luis. Cuenta que en una ocasión, en su afán de hacer dinero se montó en un vehículo con tres jóvenes económicamente pudientes, lo llevaron a un motel y fue violado.
“Me hicieron de todo... Luego, tras amenazas, me regresaron al lugar. Sólo me dieron cinco dólares. Me dejaron fregado. Por un momento llegué a arrepentirme”, se lamenta.
Desde esa fecha, Luis no se monta a vehículos con varias personas. “Prefiero la gente mayor, ellos no le hacen nada malo”, señala el adolescente, quien afirma que ese tipo de personas son los que más lo buscan.
A eso de la una y media de la madrugaba y con dirección al centro, tres travestis caminan lentamente sobre la avenida Roosvelt. Sus escandalosos tacones y sus vestidos de colores encendidos, llaman la atención de cualquiera.
Un par de metros más abajo y semi escondidos en un árbol, hay dos muchachos. Visten de forma casual y discreta.
Cuando los vehículos pasan frente a ellos silban para llamar la atención. Por su apariencia no sobrepasan los 15 años.
Otro muchachito, vestido con suéter, recorre una de las calles aledañas a la Universidad Tecnológica.
Por su contoneo y forma de mover las manos, parece una mujer en el cuerpo de un hombre.
Un vehículo a varios metros tras de él, levanta las luces en dos o tres ocasiones. El jovencito vuelve a ver y sin pensarlo se detiene y espera.
El vehículo se orilla, con las luces intermitentes encendidas. El joven ríe y extiende la mano al interior del automotor. Luego de unos minutos, el jovencito se retira. No hubo trato. El vehículo polarizado se pierde en un cruce.
Tiempo más tarde, el mismo joven y el mismo auto se reencuentran. Esta vez, si hubo acuerdo.
Sobre el bulevar Los Héroes, en las cercanías de “las tres torres”, un joven moreno está sentado en un arriate.
Cuando algún vehículo se detiene por la señal roja del semáforo, el joven camina hasta el conductor.
Saludo de forma cortés y dice haber sido víctima de un asalto, por lo que necesita ayuda.
Resulta curioso que denote tanta serenidad y sonría de forma coqueta, mientras relata su historia.
Al no conseguir ayuda, de nuevo a sentarse al arriate y a esperar otro conductor, que le ayude a sobrellevar el incidente sufrido.

Servicio variado

Para aquellos clientes exigentes que prefieren la privacidad y rechazan exponer en la vía pública, existe la carta abierta de presentación en el mundo de los anuncios clasificados.
Aquí basta marcar siete dígitos, de teléfonos fijos o móviles, para enterarse del menú de opciones. Aunque la mayoría ofrece ‘estimulantes masajes’.
“Masajes de hombres exclusivamente para hombres”, expresan algunos anuncios.
Por teléfono es posible saber qué edades tienen los masajistas. Puede contratarse a muchachitos de 16 ó 17 años, dependiendo del precio.
En ese mundo sexual, no falta quien haga de proxeneta de hombres. Es decir, un rufián que ofrece los servicios sexuales de adolescentes y jóvenes adultos.
Los teléfonos para los contratos son de aparatos móviles, por aquello de identificar las llamadas.
Si existe interés de conocer al masajista, se contacta una reunión en un sitio público. En el lugar, el cliente decide si acepta el trato o no.
En otras ocasiones, los jóvenes llegan hasta los domicilios de los clientes.
Se desconoce, hasta ahora, el número de jóvenes prostitutos que deambula en las calles capitalinas.
Pueden ser varias decenas que lo hacen por cuenta propia, sin incluirse los que son ofrecidos, ya sea por anuncios o vía teléfono.
El comercio sexual masculino ha existido durante décadas.
Hoy, sin embargo, los servicios se ofrecen de manera explícita, a la vista de todas las personas que acuden a algún establecimiento que abra sus puertas en horas de la noche o mientras las familias se conducen hacia sus hogares, después de la faena diaria.
Algunos locales, con espectáculos de hombres, aseguran que no se permite la prostitución, aunque los primeros contactos entre cliente y prostituto se realizan dentro del local. Afuera, en casas particulares, hoteles, moteles, se consuman los hechos. Con los prostitutos ocurre lo mismo que con las mujeres, a menor edad son más preciados y en ocasiones les pagan más para practicar sexo sin protección. El Ministerio de Salud contabiliza una tasa alta de menores contagiados con el VIH.

La prostitución infantil a la vista de todos
Los niños de la calle son los más vulnerables para ser usados para el servicio sexual. Eso no significa que cualquier menor sea contratado para vender su integridad y su cuerpo.

Actualmente no existen estudios específicos que aborden el tema sobre sexo infantil, sin embargo diferentes instituciones trabajan en el el marco de la prevención y la denuncia.
Los estudios elaborados en el país por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) señalan que dentro de las actividades de alto riesgo laboral que realizan los niños y niñas se encuentran la explotación sexual comercial. Este tipo de trabajo, que es manejado por adultos se concentra en menores entre las edades de 15 a 17 años.
Según los datos de UNICEF, al año 2000 existen un total de 225 mil niños trabajadores que incluyen labores remuneradas y no remuneradas.
A partir del año pasado, en el plan de combate de las peores formas de trabajo infantil en El Salvador, ha atendido a más de cinco mil quinientos infantes que trabajan en lugares como terminales de buses, mercados, fincas de café y en la costa. Por su estilo de vida son vulnerables a hacer presa de abuso sexual.
Actualmente la Fundación Olof Palme trabaja en una investigación en donde se relaciona la explotación sexual en menores, específicamente en niños de la calle. Para Jorge Escoto esta tendencia tiende a crecer debido a la aparente facilidad con que los niños tienden a obtener dinero fácil.
“No existen medidas eficaces para detenerlo”, sostiene y agrega que cualquier “relación de carácter sexual contra un menor es un delito por lo que tiene que ser penado”.
Por su parte, la Asociación de Mujeres por la Dignidad y la Vida (Las Dignas) mantienen desde noviembre una campaña de condena y rechazo a la violencia sexual contra las niñas.

LEY
14 son los años propuestos en la reforma para los que faciliten, promuevan o favorezcan la prostitución de menores

 

TRABAJO
13% de la población de 10 a 14 años que trabajan en labores de alto riesgo como pirotecnia, trabajo urbano y explotación sexual

 

IMPUNIDAD
80% De las personas que buscan en las calles a adolescentes son mayores de edad y de posición económica estable




Oferta de ¿empleo?

Los anuncios clasificados son el punto de partida y los barrios residenciales la meta de llegada. Las casas de citas existen desde siempre en San Salvador, pero nadie descarta que hay un aumento de la oferta sexual en el país. Una miembro de esta revista se aproximó a este mundo subterráneo para describir los contratos.

Equipo Vértice
vertice@elsalvador.com

La sobriedad de la fachada de la casa, ubicada en una de las zonas residenciales conocidas del país, escapaba a la atención de transeúntes.
“Se solicitan bellas señoritas, muy finas, de 18 a 25 años, buena presentación, educadas, con deseos de superación”, rezaba el anuncio en el periódico.
El timbre sonó y, a los pocos segundos, apareció una atractiva muchacha de unos 25 años, embutida en unos jeans tronconeros.
- “Buenas, vengo por el anuncio. Yo soy la que habló por teléfono”.
- Ah, Ana María, pasá, te estaba esperando. Yo soy Cristina.
El beso de presentación dejó una estela de perfume francés caro, aunque su fineza disminuía por la exagerada cantidad que usaba.
- Disculpá, es que me acabo de bañar, dijo.
La decoración de la casa era lo más cercana a un ambiente casero, acogedor. Nada de tonos chillantes ni detalles obscenos que recordaran que estábamos en una casa de citas.
La sala, decorada con enormes muebles de cuero negro, emulaba el carácter familiar de cualquier residencia del Boulevard Constitución.
Cristina caminaba delante de mí, moviendo las caderas con un contoneo perfectamente ensayado, y abrió la puerta del cuarto principal, habilitado para operar como oficina, con un pequeño escritorio de madera en su interior y un par de sillas reclinables.
- ¿Te ofrezco café, té, soda?
- Agua, por favor
Sus inmensas uñas acrílicas marcaron con delicadeza el número 9 de un moderno teléfono. Luego, con mucha consideración pidió dos vasos con agua, mientras acomodaba el cabello de largas mechas rubias, al compás del ritmo sonoro de sus pulseras de metal plateado.

¿A qué viene?

En la pared del fondo, dos cuadros de un Guernica partido a la mitad imprimían un toque “artístico” y curioso al rostro de la joven. Ella era guapa. Al hacer un ejercicio mental, barriendo las capas de rímel, sombra oscura, cejas retocadas, mejillas demasiado empolvadas y labios excesivamente brillosos, quedaba un limpio rostro de bonitas y facciones casi adolescentes.
Sobre el escritorio, una docena de rosas amarillas aún perfumaban con su frescura. Cristina las acomodaba con una mano, mientras colgaba el teléfono con la otra.
- Pues sí, niña, contame...
- Bueno, vengo a ver cómo es el negocio aquí, dije, nerviosa.
- Pero no te asustés, mujer. Si no es para estresarse, sino todo lo contrario... Lo que yo te puedo asegurar aquí es total discreción, como dice nuestro anuncio en el periódico, y un ambiente muy sano y bonito.
- Pero es de pasar aquí todo el día ¿verdad? De diez de la mañana a siete de la noche, como dice el anuncio.
- Bueno, si tenés problema con el horario, te lo podemos adecuar a tus necesidades. ¿Vos estudiás?
- Ahora no. Dejé de estudiar por problemas económicos, pero hice dos años de Fisioterapia.
- O sea que sabés dar masajes. Pues eso aquí les va a gustar. Yo te voy a hablar claro, para que entendás cómo son las cosas, lo pensés bien y tomés tu decisión.

Las condiciones

Lo que me explicó me dejó impresionada. No tanto por la excelente elocuencia y claridad con que me habló como por lo bien pensada y organizada que está la “empresa”.
Se trataba básicamente de dar “compañía” a empresarios y ejecutivos importantes. Nacionales y extranjeros. Habló de dos casas más, ubicadas en las colonias Escalón y San Benito, respectivamente. Ahí van las muchachas “de mejor nivel” y éstas, obviamente, ganan más dinero. En la casa de la Constitución quedan las “pasaderas”. Aseguró que de entrada yo podía aplicar a la “sucursal” de la Escalón por mis estudios e imagen, y que para ingresar a la de la San Benito hacía falta “ganar puntos” en una entrevista.
- Yo te recomiendo que apuntés a lo más alto. Hablá con el jefe.
- ¿Y quién es él?
- Un ingeniero. Lo vas a conocer
- Pero imagino que en la San Benito serán muy exigentes
- Es básicamente lo mismo: hablar con ellos, ser muy amable, desestresarlos más que todo. En la San Benito la casa tiene más distractores y salas de estar ¿Podés jugar billar?
- Poquito. Pero boliche, sí
- No, niña. A los empresarios les gusta jugar billar.
Su soltura y naturalidad disminuyeron cuando se refirió al aspecto sexual específicamente: “En lo íntimo ahí la chera se arregla con el señor”, dijo escuetamente. “A nosotros sólo nos quedan los veinte dólares que pagan por entrar a la casa. Aunque en las otras dos residencias es más caro”, agregó.
La despedida fue cordial. Antes de cerrar la puerta, recalcó uno de los beneficios del empleo: “¡El maquillaje y el peinado corre por cuenta nuestra! Pensalo bien”.


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.