15 de diciembre 2002

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SOLO FRENTE AL DESTINO
Ruta a la soledad

El FMLN fracasó en su intento de crear “una amplia coalición” para la candidatura a la Alcaldía de San Salvador. El único partido político que le acompaña es el CDU, que no es ni la sombra de la alianza que en 1999 logró el tercer lugar en la votación presidencial. Hasta una parte de la Iniciativa Ciudadana ha partido en desbandada y ha abierto pláticas con partidos de centro izquierda.

Luis Laínez/Wilfredo Moreno
vertice@elsalvador.com

Las últimas dos semanas han sido realmente frustrantes para la dirigencia del FMLN.
El grupo de negociadores del partido de izquierda intentó conservar la “amplia coalición” que sostendría la maltrecha candidatura a alcalde de San Salvador. Pero no pudo.
Acción Popular (AP), la vieja guardia de la Democracia Cristiana de los 80, decidió replegarse.
Tomó el portafolio donde estaba la candidatura del coronel David Munguía Payés y se incorporó de lleno a la coalición formada por el PDC, los renovadores y el PSD.
Es más, un miembro de AP, Ricardo Perdomo, es el candidato a alcalde capitalino de la coalición. Eso no es casualidad. Es el fruto del entendimiento construido durante varias semanas, paralelamente a las negociaciones con el FMLN.
El Frente sólo tendrá la bandera del Centro Democrático Unido (CDU) al lado de la suya en la papeleta de votación.
El CDU se ha convertido en el aliado incondicional de la ortodoxia que domina el FMLN, a pesar que, como su nombre lo indica, propugnaba por la creación de una opción política de centro.
Sin embargo, el vasallaje del CDU no es de mucha ayuda.
El CDU actual no es ni la sombra del CDU que en 1999 quedó en el tercer lugar en la votación presidencial, con lo que logró obtener una magistratura en el Tribunal Supremo Electoral (TSE).
En ese entonces, el CDU era una coalición integrada por la Convergencia Democrática (CD), Partido Demócrata (PD) y el Partido Popular Laborista (PPL).
Además, participaban en la alianza dos movimientos disidentes del PDC: Fuerza y Esperanza (FE, dirigida por Carlos Castillo Claramount) y el Movimiento de Unificación Cristiana Democrática (MUDC, la vieja guardia del PDC, dirigida por Alejandro Duarte y otros veteranos).
Pasadas las elecciones, el MUDC decidió convertirse en partido político y se alejó del CDU.
Fue inscrito en el TSE con el nombre de Unión Cristiana Democrática (UCD), con una bandera muy parecida a la del CDU, amén que las siglas eran las mismas.
Este año, la UCD cambió de nombre y bandera y se transformó en Acción Popular (AP).
Incorporó en sus filas al coronel retirado David Munguía Payés, protagonista de un altercado con el ex Presidente Armando Calderón Sol, quien se negó a ascenderlo a general.
FE no logró convertirse en partido político. Antes de retirarse del CDU denunció que Rubén Zamora intentaba apropiarse el esfuerzo de las cinco agrupaciones en provecho propio.
Más tarde, Ernesto Vilanova, presidente del PPL, intentó robarse la bandera y el nombre del CDU.
Sin consultar con los otros dos socios, envió al TSE una reforma de estatutos por la cual cambiaba de nombre y bandera por el verde amarillo del CDU.
El TSE no aceptó el cambio y Convergencia y PD expulsaron al PPL de la alianza.
El CDU, reducido a una coalición de nada más que Convergencia y PD, tuvo un fracaso en las elecciones legislativas de 2000.
A pesar de ganar tres diputados, no obtuvo el seis por ciento de los votos válidos exigidos por el Código Electoral a las coaliciones de dos partidos, y Convergencia y PD fueron cancelados.
Rafael Arévalo se pasó a la bancada arenera. Juan Ramón Medrano se declaró diputado del Partido Social Demócrata (PSD, quien obtuvo la membresía electoral gracias a un oscuro negocio con el partido PODER).
Lo que se conoció como Convergencia, con Rubén Zamora a la cabeza, se quedó con la bandera y el nombre del CDU.
Su único diputado es Jorge Villacorta, compañero de Zamora cuando se separaron en los 80s del PDC para formar el Movimiento Popular Social Cristiano (MPSC), el germen de la Convergencia.
En resumidas cuentas, el partido con el cual el Frente ha logrado mantener la coalición en San Salvador no es nada más que la misma gente que lo acompañó en las elecciones presidenciales de 1994 y de facto en las municipales de 2000.

sin apoyo “ciudadano”

El Frente publicitó hasta la saciedad, desde 1997, que el gobierno municipal de San Salvador no sólo incluía a políticos partidistas.


Héctor Silva llegó a su primer período como alcalde capitalino gracias al respaldo que le dieron al FMLN la Convergencia (su partido de origen) y el Movimiento Nacional Revolucionario (MNR, que antes de ser cancelado se fusionó con la Expresión Renovadora del Pueblo -ERP- y la Resistencia Nacional -RN-, dos agrupaciones guerrilleras, para fundar el PD).
Sin embargo, lo que más resaltó el Frente fue la participación de una organización denominada Iniciativa Ciudadana (IC).
Se les presentó como capitalinos sin vínculos partidistas, pero con preocupación por el manejo de la comuna.
Al principio, casi todo esto era cierto. Ahí se encontraban pedecistas de viejo cuño, como el actual concejal Héctor Dada Hirezi, revueltos con otros personajes provenientes de organizaciones relacionadas con el FMLN y otros realmente sin relación partidaria alguna.
Con el paso del tiempo, la IC se fue convirtiendo en una especie de “club de amigos de Héctor Silva”.
Ahí empezaron las deserciones y la Iniciativa Ciudadana quedó copada por ex cuadros medios de la Resistencia Nacional, como Morena Herrera, Alberto Arene y Roberto Cañas.
Al interior de esta reducida IC se formaron dos bandos después de la intempestiva renuncia de Héctor Silva, a finales de octubre pasado.
Una de las facciones propugnó por lograr acuerdos con un bloque de partidos de centro izquierda, formado originalmente por el PDC, Movimiento Renovador y PSD y al cual se incluiría AP.
Durante las negociaciones entabladas por el FMLN, CDU, AP y la IC para resucitar la coalición por la alcaldía capitalina salieron a la luz nuevas diferencias al interior de la IC.
La organización ha debido realizar varias “asambleas extraordinarias” para definir si continuaban plegados al FMLN o si, en cambio, decidían apostarle a un proyecto de centro izquierda.
Al final, un grupo de miembros de la IC inició conversaciones con el Movimiento Renovador, con el fin de apoyar otra candidatura a alcalde de San Salvador.
El otro grupo se plegó al Frente, a pesar de que los ortodoxos nunca desistieron de mantener, además del alcalde, al síndico y un número suficiente de regidores para mantener la mayoría en el concejo.
Los detractores de la alianza con el FMLN cuestionaban la incorporación de “concejales independientes”, ya que los consideraban ligados a la ortodoxia efemelenista.
De hecho, una estrategia de última hora del FMLN era incorporar “otras agrupaciones de la sociedad civil” o “barriales” para suplir la insuficiencia de aliados sin vínculos partidarios.
La idea era lograr un esquema similar al instituido en Antiguo Cuscatlán, donde, además del FMLN, CDU y AP, se incorporó a otra “iniciativa ciudadana” y a una gremial de microempresarios.
No obstante, para un sector de la IC, eso no era garantía de que se tratase de personas relacionadas con el Frente.

Silva y la huelga

E l golpe más mortífero contra el FMLN, y que determinó en buen grado su grado de aislamiento es, sin dudas, la renuncia de Héctor Silva como candidato de la coalición.


El 31 de octubre, Silva sorprendió a la dirigencia de su partido, el FMLN.
A espaldas de la cúpula ortodoxa, lanzó una propuesta de diálogo para solucionar la huelga de los médicos y trabajadores del Seguro Social, quienes habían paralizado labores desde el 19 de septiembre.
El Presidente Francisco Flores acepta el ofrecimiento y anuncia que retirará la polémica reforma del Seguro Social.
Además, anuncia que no vetaría el Decreto de Garantía Estatal de la Salud y la Previsión Social (el famoso “1024”), una de las exigencias de los sindicalistas para levantar la huelga en el Seguro.
La cúpula del FMLN desconoció las acciones de Silva y lo calificó de “maniobrero”.
Silva dijo desde el principio que se ofrecía para ser el mediador entre el Gobierno y los médicos y que, incluso, estaba dispuesto a sacrificar su candidatura con tal de solucionar la crisis médica.
Cumplió su ofrecimiento el 2 de noviembre. En el Cementerio General “La Bermeja”, Silva renunció a la candidatura de la coalición.
CDU, AP y la IC declararon muertos los acuerdos de coalición logrados con el FMLN alrededor de la figura de Silva.
Anunciaron que buscarían un acuerdo con los partidos de centro izquierda.
Fue en ese momento que el FMLN estuvo totalmente solo. Perdió a sus aliados.
Sin embargo, se dedicó a reconquistarlos en reuniones de emergencia en su sede nacional, el 1316, y en el local de AP.
Hasta formaron una comisión negociadora.
No obstante, el daño ya estaba hecho. Sin Silva, el FMLN perdió la confianza de los electores moderados de la capital y toda el aura de amplitud. Se mostró tal cual era: una prolongación del Partido Comunista.

El infiltrado
El FMLN consideró de vital importancia que para mantener votos para diputados en San Salvador era necesario aíslar el proyecto de centro izquierda.


El 28 de julio, la XIX Convención Nacional del Frente decidió prohibir las coaliciones con el Movimiento Renovador, a quienes consideran traidores, e incluso intentó que sus aliados electorales excluyeran de sus acuerdos a los renovadores.
Después de la partida de Silva, el aislamiento de los renovadores se convirtió en tarea primordial.
El Partido Comunista encontró en Mario Aguiñada Carranza, dirigente del CDU, un aliado clave.
Aguiñada Carranza, proveniente de la Unión Democrática Nacional (UDN, el brazo legal del Partido Comunista durante la década de los 80), era una opción natural.
La UDN fue uno de los cinco partidos que integraron, a principios de los 90, la Convergencia Democrática, y que ahora se llama CDU.
Aguiñada Carranza propugnó en el CDU las alianzas con el FMLN, en lugar de hacerlo con el bloque formado por PDC, renovadores y PSD.
Aguiñada Carranza aprovechó la ausencia de Zamora para lograr que el Consejo Nacional del CDU proscribiera una coalición en San Salvador con los partidos de centro izquierda, con el argumento de que era un proyecto que favorecía a la derecha.
Criticó la reciente incorporación de Ana Guadalupe Martínez a la cúpula del PDC y la interpretó como una estrategia para debilitar a la izquierda.
Pero no se contentó con eso. Trabajó arduamente para romper las coaliciones con los partidos de centro en otros municipios, como Apopa y Soyapango.
El acuerdo final de coalición entre FMLN y CDU fue delegado por Zamora en Aguiñada Carranza.
El resultado es evidente. Carlos Rivas Zamora no es nada más que el candidato solitario de los comunistas.

La necesidad de sobrevivir del CDU

Rubén Zamora es un peculiar líder político. En medio del fragor de la negociación para integrar la coalición para la alcaldía de San Salvador decidió mantener sus compromisos fuera del país en lugar de lograr acuerdos coherentes con su ideología de centro.
No estuvo presente en la reunión del Consejo Nacional que prohibió coaliciones con el PDC y sus aliados en San Salvador.
Tampoco ha estado en las últimas negociaciones con el FMLN. Su hombre de confianza, el diputado Jorge Villacorta, tampoco participó en esas dos jornadas.
El verdadero negociador del CDU ha sido Mario Aguiñada Carranza, un hombre ligado orgánicamente al FMLN desde que era el principal dirigente de la UDN, un partido político que surgió en la década de los 80 para servir de plataforma legal del proscrito Partido Comunista, una organización del FMLN.
Es más, personas allegadas a Aguiñada Carranza en el CDU lo describen como un admirador del líder comunista del Frente, Schafik Handal.
En el fondo, lo que siempre le interesó al CDU no era el proyecto político o el candidato a alcalde, sino las cuotas de poder en el concejo capitalino.
Actualmente, el CDU tiene concejales propietarios y varios gerentes, además de decenas de activistas entre los empleados de la alcaldía.
Viendo así las cosas, no es de extrañar que Zamora haya preferido que otro se desgastara por él y negociara sus intereses. El acuerdo preliminar otorgaría cuatro concejales propietarios para el CDU.

El aislamiento
Estos son los cuatro principales momentos que han desencadenado el aislamiento electoral del FMLN. Haberse incorporado y tratado de apropiarse de la huelga de los médicos del Seguro Social los aisló a nivel político.

Exclusión de renovadores. El 28 de julio, la Convención Nacional del FMLN prohibió entablar alianzas o coaliciones con el partido Movimiento Renovador.

 

 

La renuncia de héctor Silva. La imposición y ortodoxia de la dirigencia del FMLN obligaron a Héctor Silva a renunciar como candidato a la Alcaldía de San Salvador. Con su salida se desbarató la coalición que se había formado.

 

El apoyo a la huelga. Schafik Handal, Salvador Sánchez Cerén y el resto de la dirigencia del FMLN se ha incorporado y apoyado la huelga de médicos del Seguro Social.

 

 

 

Coaliciones incompletas. La salida de Silva rompió la coalición con CDU, AP y la Iniciativa Ciudadana. Al final, AP desistió y se retiró para formar bloque con PDC, renovadores y PSD.

 



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