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CARTAS
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Fuera
los zapatos
Voy presuroso a una parada de buses sobre la Juan Pablo II, justo
frente al ISSS de especialidades, casi debajo de la pasarela,
cuando siento una presencia a mi espalda: volteo y es un pick
up de la PNC.
Me hacen señal de detenerme. Yo, que llevo prisa, me detengo.
Se bajan y me piden mis documentos. Se los doy. Me registran como
ellos acostumbran. No encuentran nada ilegal o anormal. Yo, con
el afán de ejercer mis derechos ciudadanos, les pregunto
el motivo de la detención-registro.
El agente 18510 pone a funcionar los músculos de su entrecejo
y me contesta con una pregunta: «¿Por qué
venís corriendo? Te venimos siguiendo». Yo cometí
el error de repreguntar: «¿Es delito correr?».
A don 18510 parece que no le gustó que imitara su estilo
y repreguntó a su vez: «¿Qué venís
de hacer de ahí?», y señaló hacia la
famosa colonia Tutunichapa. «No vengo de ahí, pasaba
por ahí. ¿Acaso es ilegal caminar por las calles?».
La observación no le pareció agradable al señor
18510, por lo que ordenó a otro agente, cuyo número
lamentablemente no pude leer: «Que se quite los zapatos».
Bien. Accedí. Me quité un zapato. «¡También
el calcetín! ¿También? Sí. No me lo
quiero quitar. Querés que te lo quite yo. Yo no quiero
nada. ¡Quitate esa mierda!».
Era obvio, los modales del 18510 habían sucumbido. Finalmente,
decidí mostrar mis calcetines impares a los agentes. Les
di vuelta a los susodichos, ante la mirada iracunda de don 18510
y compañeros.
Es impactante como este ridículo espectáculo pudo
resolver el problema.
En el fondo sentí un poco de temor. Aunque no había
violado ninguna ley primaria ni de las otras (que yo sepa no es
prohibido correr sobre todo hoy, en época deportiva-),
algo en mi subconsciente me trasladó a aquellos registros
de la Guardia y los demás cuerpos que la PNC sustituyó.
Recordando estaba, cuando recordé que los policías
no me habían regresado mis documentos. Los pedí.
Entonces, el 18510 le ordenó al otro que anotara mis datos.
Parece que les caí muy mal. Lo grave, delicado y, a mi
juicio, peligroso, es que se llevaron mis datos. ¿Con qué
intenciones? ¿Para qué necesitan mi nombre, mi dirección?
En estos tiempos, no se puede confiar. Espero que la PNC tenga
el nombre de don 18510 y sus compañeros. Espero que ni
yo ni mis familiares suframos un extraño accidente en la
calle.
Otoniel
Guevara
C.I.P. 4-2-005169
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El
empleo perfecto
Encuentro muy interesante y anhelable poder obtener una plaza de trabajo
como diputado, busero o empleado público.
Vale la pena aclarar que las características descritas a continuación
no se refieren a todos los integrantes del ramo, sino a aquellas personas
que abusan de sus privilegios.
El diputado es el éxtasis de cualquier persona asalariada. No
solo tendría vehículo del año (con chofer incluido),
sino que también me llevarían la comida a la oficina;
me lustrarían los zapatos mientras platico con mis colegas, viajaría
hasta el aburrimiento, pasaría por lo menos tres años
dándole vueltas a un mismo tema sin resolverlo.
Todo esto y mucho más a cambio de decirle si a unos, no a otros
y poder levantar la mano un día a la semana. El único
inconveniente es que podría llegar a caerle mal a un pueblo completo.
Busero. Creo que es lo mejor que me podría pasar. No tendría
que pagar las nuevas placas de circulación porque no me da la
gana, no tendría que pagar las multas de tránsito porque
tampoco me da la gana, contaminaría al medio ambiente con todos
los caballos de fuerza que tenga a la mano, podría vivir mi propio
video-juego pasándole encima al que se me ponga enfrente y, entre
otras cosas, tendría a un colega en la honorable Asamblea Legislativa
que vele por mis intereses.
Y si fuera un empleado público podría entrar a trabajar
a las 8 a.m.; aunque, en realidad, mis labores comiencen a las 9:30
a.m.
Podría leer el periódico durante la hora del café
con semita alta, a las 3:15 p.m. ya podría estar guardando mis
cosas para irme cabal a la hora.
Y a las 5:05 pm ya estaría camino a casa. Esto sin contar los
muchos días feriados y, con suerte, talvez me dan hasta vehículo
para poder ir al mar con toda mi familia y vecinos el fin de semana.
Juan Canjura
jcroo@hotmail.com
Líos
en la colonia Atlacatl
Vivo en la Colonia Atlacatl, que hasta hace unos tres años fue
una colonia bonita y limpia; pero hay unas personas que hurgan entre
la basura, no más llega uno a botarla. Ellos se lanzan ferozmente
y destrozan las bolsas esparciendo su contenido.
Estos señores no trabajan, tienen apariencia joven, defecan en
las aceras, orinan, ya les hemos hecho llamados a la Alcaldía
para que tome cartas en el asunto, pero no lo hacen.
Duermen en el día y en la noche crean desórdenes; otra
cosa es el ladronismo desatado por el abandono del edificio F, que les
sirve de cueva. El edificio deberían demolerlo, dicen que la
policía municipal cuida; pero jamas los he visto.
Ya es hora que en el país se respete, pero que no se proteja
al delincuente.
Angel
Arturo Coreas
DUI 01409856-0
Morir
por falta de documento
Lo que les quiero comentar es hasta cierto punto ridículo, pero
son cosas que nos afectan a todos los salvadoreños.
Mi hermana llevó al médico a nuestra madre y después
de examinarla le recetó una medicina de las controladas;
pero, debido a la poca eficiencia con que se ha estado realizando la
extensión del DUI, ni mi hermana ni mi madre portan a la fecha
ese documento, por lo cual se hizo imposible que ellas pudieran obtener
la receta para comprar el medicamento.
Fue imposible a pesar de haberse identificado plenamente con su cédula
y/o su licencia de conducir, pues según les explicó el
médico, las farmacias solo venden la medicina contra la presentación
del DUI.
Incluso se le presentó al médico el acta que les fue extendida
en el Duicentro donde se le programó la cita para fechas posteriores,
pero ni así quiso extender la receta.
¿Será posible que en nuestro país la gente muera
sin más ni más por no tener el famoso DUI?
José
Ricardo Mejía
C.I.P. 2-1-045141
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