1 de diciembre 2002

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PODER QUE MATA Y ENCUBRE
Operativo vapuleada

Lo mataron en un minuto. Los puños y botas policiales impactaron con crudeza en el débil corazón de Nelson Lara. Posteriormente, una coartada digna de un guión cinematográfico intentó ser el escudo evasor de un grupo de agentes que aseguró “cumplir con su deber”. Ha pasado un año y dos de ellos están prófugos. Pese a que hay fuertes indicios en su contra, autoridades policiales dejan abierta la puerta a una eventual “amnistía” para los imputados.

Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com

La orden estaba dada. En la madrugada del 4 de octubre de 2001, un contingente de 24 agentes de seguridad pública se desplazó hacia la hacienda San José Buena Vista, del cantón La Joya, jurisdicción de San Gerardo, en San Miguel. La misión había sido encomendada por el sargento Edwin Antonio Martínez Rodríguez, jefe de la delegación PNC de San Luis de la Reina.
Según instrucciones del sargento Martínez, existían rumores de que un hombre había disparado contra agentes policiales, al negarse obedecer una señal de alto.
Se trataba de Nelson Lara, de 43 años, quien, según la versión policial que consta en el proceso judicial, “portaba armas de grueso calibre, de uso privativo de la Fuerza Armada y tenía atemorizados a los vecinos del lugar”.
El sargento Martínez aseguraba que una orden de allanamiento y registro le daba la potestad para ingresar a la hacienda en la que sospechaba se había parapetado Lara.
Eran las tres de la madrugada cuando los agentes dispusieron acordonar el área. Se distribuyeron en subgrupos de cuatro miembros cada uno. El grupo más cercano a la puerta de salida de la propiedad se ubicó a unos treinta metros de distancia, detrás de un bordo.
Sin embargo, para el sargento Martínez el dispositivo montado no era suficiente, porque pensaba que había más personas armadas en la vivienda. Solicitó, entonces, personal de refuerzo a la Unidad Táctica Operativa, UTO, de San Miguel.
Su petición fue escuchada y, dos horas más tarde, llegaron a la hacienda cuatro miembros de dicha unidad élite de la Policía: “Dumbo”, “Profesor”, “Agresivito” y “Robocop”.
Los testigos claves del caso aseguran que, cerca de las 5:30 de la mañana, salió una persona de la vivienda e iba caminando hacia la dirección en la que ellos se encontraban. La poca claridad de la madrugada, unida a la fuerte neblina que había, impidió que precisaran mayores detalles de quien se acercaba.
Cuando la silueta estaba a poca distancia, salieron de detrás del muro y le ordenaron se detuviera. A la sazón, ya habían identificado que se trataba de un hombre joven, que portaba un fusil M16 y un chaleco con municiones.

“Nosotros nos encargamos”
Según los testigos, Lara obedeció a la tercera señal de alto. Bajó su fusil y levantó las manos. Nunca opuso resistencia. Le ordenaron se tumbara en el suelo, boca abajo, con las manos atrás, para colocarle las esposas.

Al momento de ponerle la primera esposa en la mano izquierda, los agentes fueron interrumpidos por el sargento Martínez.
Él se acercó, junto a “Dumbo” y “Profesor”, al área de captura. “Váyanse a registrar la casa, déjennos aquí con ellos. Nosotros nos encargamos”, les dijo. Casi de inmediato, uno de los agentes de la UTO alzó su bota con fuerza, presionando el cuello de Lara.
Uno de los testigos destaca que, cuando habían avanzado pocos metros hacia la casa, se giró para ver lo que pasaba, pues se escuchaban gemidos.
“Ya lo habían parado. Uno lo tenía por la espalda, con las manos atrás. Le había metido la rodilla en la espalda, para que sacara el pecho. Mientras, el otro le daba puñetazos en el pecho y patadas en el abdomen. El sargento sólo miraba...”, relata.
Cuando los agentes ingresaron en la vivienda, notaron que todo estaba “patas arriba”. Observaron documentos tirados en el piso, dos pistolas calibre 9 milímetros, dos cargadores vacíos, dos pantalones y un sombrero camuflageados, dos camisetas militares, un bolso verde olivo, un tanque de oxígeno con mascarillas y diversos medicamentos.
No habían pasado ni cinco minutos cuando el sargento Martínez regresó con los dos miembros de la UTO. El “Dumbo” les informó que Nelson Lara “no había aguantado la ‘vergueada’” y que había muerto. El sargento los convocó a todos a una reunión para acordar cuál sería la versión que se mantendría oficialmente. El hallazgo del tanque de oxígeno permitió idear una coartada que, según los policías, sería bastante creíble (ver recuadro “Todos en la cama o todos en el suelo”).

“No sabemos nada”
El teléfono de Cristabel Portillo Lara, hermana de Nelson y jueza de Paz de Chapeltique, sonó a las siete de la mañana. Le hablaba una de sus hermanas que había escuchado un rumor: A Nelson lo habían matado o al menos estaba detenido.


Cristabel llamó de inmediato a la Policía de San Miguel para pedir información. El jefe de puesto le notificó que se habían realizado varios operativos la noche anterior, que no sabían nada de su hermano.
“Mi hermana me llamó otra vez asegurándome que Nelson estaba muerto. Marqué de nuevo a la Policía y me seguían diciendo que no sabían nada. En la UDIC me dijeron que estaba detenido y lo traían para San Miguel”, recuerda.
A las diez de la mañana la certeza de la muerte llegó por medio de una llamada de Andrés, el colono de la hacienda: “Don Nelsito está muerto en el potrero”, anunció.
A los pocos minutos, Cristabel se comunicó con el fiscal Hernández, quien permanecía en la escena del crimen. Hernández le informó que se llevaría de inmediato a su hermano a Medicina Legal, para que le realizaran una autopsia. Al fiscal le intrigaba el hecho de que Nelson lucía muy golpeado y no tenía ninguna herida de bala. Los policías insistían en que se había dado un fuego cruzado, cuando él los atacó.
Mientras los resultados de la autopsia llegaban, Cristabel solicitó los antecedentes de su hermano en la Fiscalía y UDIC de San Miguel, para saber si tenía acumuladas denuncias. En ningún lugar las encontró. Además, se le informó que nadie había girado orden de allanamiento y registro en la vivienda de Nelson.
A las once de la noche de ese mismo día, los resultados de la autopsia revelaron una conducta policial excesivamente abusiva: Moretones en pómulos, mandíbula y ojos, seis costillas quebradas, laceración del pulmón izquierdo, perforación de pleura superior, hemorragia interna, vesícula, páncreas y bazo dañados, entre otros. Además el corazón le había aumentado de tamaño casi en una tercera parte, a raíz de los golpes.
El informe legal determinó que la golpiza tuvo una duración corta, de cerca de un minuto, y que la muerte había vencido rápidamente a Nelson porque ya tenía problemas cardíacos (ver infográfico)
Al día siguiente, Cristabel interpuso la denuncia en la sección de Asuntos Internos de la PNC de San Salvador, “porque ya en San Miguel no me daban ninguna confianza”, dice.
(descanso) ¿Quién los protege?
Desde su despacho en la delegación PNC migueleña, Mauricio Ernesto Ramírez Landaverde, autoridad máxima en la zona oriental, admite que, en lo que va del año han tenido tres casos en los que ha habido muertes y la UTO se ha visto relacionada (ver recuadro “Las huellas de la UTO) Sin embargo, asegura sentirse tranquilo, porque, aunque tiene menos de un año de estar en el puesto, considera que ha hecho lo posible para mejorar la imagen de sus cuadros policiales.
Él también es el jefe de la UTO, de la que dice se trata de una unidad a cuyos miembros “no se le permite más que a un agente de seguridad normal”.
Es decir que, a pesar de poseer un adiestramiento en tácticas operativas y usos de armas de fuego, siempre respetan un código disciplinario. Y que las exigencias para ingresar a la UTO son muy altas.
Paradójicamente, no sabe dar explicaciones cuando se le pregunta por qué ciertos miembros con antecedentes penales han continuado en la Unidad.
“Yo tengo poco tiempo de estar aquí fíjese. No los ubico todavía a todos. No sé bien de quiénes me está hablando”, se excusa.
En el proceso judicial consta que desde el 15 de noviembre de 2001 se solicitó formalmente a la delegación de la PNC San Miguel protección policial para los testigos y aún no se ha concedido.
“Como el comisionado Chávez Valiente era el que estaba antes que yo, no sé si con él lo solicitaron”, señala Ramírez Landaverde.
El Comisionado destaca que, si bien dos agentes de la UTO están prófugos y hay fuertes indicios que apuntan a que son los asesinos de Nelson Lara, es posible que regresen a la UTO.
“Ellos tienen a un defensor en el Tribunal Disciplinario. Si el Tribunal lo acepta, ellos pueden ingresar de nuevo”, explica.

¿Justicia ciega?
A principios de noviembre de 2001, cuando se hizo efectiva la orden de captura hacia el “Dumbo”, el sargento Martínez, el cabo Jorge Alberto Robles Quintanilla, el cabo Manuel de Jesús Argueta y el “Profesor” hubo esperanza de que se aclararan las causas del crimen.


Aunque el “Profesor” nunca ha estado presente en las diligencias del proceso -ha sido declarado reo ausente- se esperaba que los otros tres implicados al menos quedaran detenidos. Sin embargo, el 18 de noviembre, la decisión del juez de Paz de San Gerardo, Jorge Alberto Majano, durante la audiencia inicial, cayó como un balde de agua fría para la Fiscalía y la familia Lara.
Majano consideró que no existía riesgo de fuga en los imputados y decretó medidas sustitutivas a la detención. Éstos debían presentarse periódicamente al Juzgado, no salir del país, no ingerir bebidas alcohólicas ni drogas y no visitar lugares de dudosa reputación.
Eso, pese a que el artículo 294 del Código Procesal Penal prohíbe la sustitución de medidas en delitos graves como el homicidio agravado.
Aunque se muestra decepcionada con el hecho, Cristabel Lara, en su calidad de jueza, insiste en que es respetuosa de las decisiones que toman sus colegas. “Yo no puedo opinar en eso. Tampoco puedo dejar de confiar en el sistema judicial, porque yo formo parte de él”, reflexiona.
La decisión de Majano no fue acertada. Días después se supo que también el “Dumbo” estaba prófugo, y que el sargento Martínez no era localizado en la dirección que había dejado en el Juzgado.
En la audiencia preliminar realizada un mes y medio después, se procesó al cabo Robles Quintanilla, acusado de fraude procesal y encubrimiento. Fue absuelto.
Posteriormente, se localizó al sargento Martínez, en Usulután, muy lejos de Santo Domingo, San Vicente, donde había asegurado su localización ante el Juez.
Se ordenó apertura de juicio y la vista pública se extendió por tres días. Es el único que ha sido condenado por el delito de homicidio agravado por comisión por omisión porque, al ser el que dirigió el operativo, era el responsable de todo lo que sucediera. Le decretaron diez años y ocho meses de cárcel.
Sin embargo, “Dumbo” y “Profesor”, después de un año, continúan prófugos. El fiscal del caso, Federico Portillo, asegura que es muy probable que hayan partido a Estados Unidos. Aunque algunos dicen que han visto al “Dumbo” en San Miguel.
Por ahora, la Policía dice estar haciendo lo posible para capturar a los imputados. Algunos esperan que, con el tiempo, el cierre de este caso demuestre si la vocación de purga realmente existe en el cuerpo policial.

ANTECEDENTE

Las huellas de la UTO
La Unidad Táctica Operativa es la unidad de choque de la Policía. Según fuentes fiscales, el grupo tiene un récord delictivo considerable en la zona oriental.


El inadecuado proceder de la UTO salió a flote después de este impactante caso. Sin embargo, ya anteriormente habían tenido problemas con la justicia.
El comisionado Ramírez Landaverde, jefe de la delegación San Miguel y autoridad máxima de la UTO, acepta que, en lo que va del año, tres operativos diferentes de dicha unidad han desembocado en muertes de ciudadanos. Estos han sucedido en Corinto, Intipucá y cantón Candelaria. “Pero siempre han sido sobreseídos, porque lo han hecho en cumplimiento de su deber y en legítima defensa. Sólo en este caso y en el de Intipucá es que están prófugos”, sostiene.
Los que conforman la unidad son expertos en armas especializadas y estrategias de choque. Además de ser los sobresalientes en tiro de la PNC. Actualmente, está conformada por 32 elementos, que actúan en ocho grupos de cuatro miembros.
Ramírez Landaverde asegura que este año se hizo una renovación de los miembros. Los que ingresaron debieron superar estrictas pruebas psicológicas, físicas, médicas, de resistencia, armamento y tiro. De hecho, la unidad se distingue “por el alto nivel de disciplina”, según el comisionado.
El fiscal Federico Portillo explica que la UTO, es una unidad de “doble filo”, ya que la preparación que poseen los vuelve bastante peligrosos. Detalla que, por principio, no le dan cumplimiento al régimen de conducta y de intervención policial, porque no usan comandos verbales, ni armas no letales. “Es la unidad más jodida que hay”, dice.


COARTADA

“Todos en la cama o todos en el suelo”
Luego de consumado el crimen, el sargento Martínez reunió a todos los agentes para acordar qué versión mantendrían de los hechos. Dos coartadas fueron ideadas en cuestión de minutos. Un acta, con firmas falsas, sería el respaldo que exculparía a los autores.

“El hijo de p... no aguantó la ‘verguiada’”, fue el anuncio del “Dumbo” y el “Profesor” al resto de agentes que formaban parte del operativo. El sargento Martínez se unió a los dos miembros de la UTO, diciendo que “el problema ya estaba hecho y tenían que buscar entre todos una solución y mantener la misma coartada”.
La creatividad abundó en las propuestas. La primera versión sostenía que Lara era perseguido por los policías, desde la noche del 3 de octubre, luego de que él hiciera disparos al aire en el parque de San Gerardo, mientras se celebraban las fiestas patronales del pueblo. Para unir este elemento con el hecho ocurrido en la casa de Lara, el sargento Martínez mandó acordonar la escena que, efectivamente, había ocurrido en el parque la noche anterior, pero en la que Lara no había tenido participación alguna. Es decir, unió dos casos que no tenían ninguna relación entre sí.
La Policía aseguró que cuando Lara supo que lo llegaron a buscar a su casa, se opuso y disparó contra los agentes. Luego, habría corrido y tropezado con un borde de piedra, lesionándose gravemente. La caída lo habría hecho convulsionar, y luego un paro cardíaco le provocó la muerte. El hallazgo de un tanque de oxígeno en el interior de la vivienda los hizo pensar que el hombre tenía problemas de salud.
Además, para hacer coherente la versión, los agentes percutaron el fusil de Lara, dejando vainillas dispersas por todo el terreno.
La segunda coartada era similar. Sólo que incluía la “bondad” de los policías al querer brindarle primeros auxilios cuando Lara convulsionó. Incluso aseguraban que habían llamado vía radio transmisor a cuerpos de socorro de San Miguel, pero el esfuerzo había sido inútil.
En el acta que el sargento Martínez redactó figuró la primera versión. Varios agentes cuyos testimonios fueron recopilados posteriormente por la Fiscalía durante la investigación del caso, aseguran que nunca leyeron lo que contenía el acta, pero aceptaron firmar por temor a represalias de parte de su superior.
Sin embargo, hubo tres agentes que abiertamente se negaron a firmarla, por miedo a que la verdad saliera a la luz y los involucraran injustamente.
Dicha actitud no fue inconveniente para el sargento Martínez, quien falsificó las rúbricas de los tres. Eso lo demostró un análisis grafotécnico realizado por el Laboratorio Técnico y Científico de la PNC, que formó parte de las pruebas que la Fiscalía presentó ante el Juez de Paz de San Gerardo. Se concluyó, además, que la orden de allanamiento fue conseguida después, con fecha 4 de octubre.
Asimismo, un análisis físico químico evidenció que Lara nunca disparó fusil, ya que las palmas de sus manos no contenían residuos de plomo, como es lo normal después de percutar. Además, por la dirección en la que fue encontrado el cuerpo y la trayectoria de las balas era imposible que fuera el autor de los disparos.


¿Por qué mataron a Nelson?

(entradilla) Nelson Lara estaba a pocos días de ser intervenido en Estados Unidos, cuando la muerte lo alcanzó. Tras la imagen de hombre sano y fuerte, latía un corazón hipertrofiado. Luego de vivir durante años fuera del país, había regresado para trabajar en el campo.


Nelson era el mayor de los siete hijos del matrimonio Lara. En sus años de juventud ingresó a la facultad de Ingeniería de la Universidad de El Salvador, regional San Miguel. Pero su vocación dio un importante giro cuando decidió ingresar al seminario de Santiago de María, Usulután. Sin embargo, tiempo después, partió hacia Estados Unidos, debido a la situación de inseguridad que había generado la guerra, sobre todo, en el interior del país. Tenía, entonces, 22 años. Luego, regresó por un tiempo, pero partió nuevamente, al no encontrar una situación propicia para trabajar.
Según su hermana Cristabel, Nelson había procreado dos hijos,Jorge y Delmy, junto a una salvadoreña. Al poco tiempo de emigrar, la relación culminó en divorcio, por lo que Nelson inició, en Tenesse, una relación con una norteamericana llamada Melissa.
Las huellas físicas que le dejó el intenso trabajo, durante casi veinte años en Estados Unidos, se reflejaron en la salud del corazón.
Según una constancia médica, firmada por la cardióloga María del Tránsito de Garay, Nelson padecía de “miocardiopatía dilatada, insuficiencia aórtica grave y dilatación aneurismática de raíz aórtica”.
De hecho, cuando regresó al país, en el año 2000, ingresó dos veces al hospital, para aminorar las crisis. La cardióloga había sugerido a Nelson intervenirse en Estados Unidos, ya que la condición de su corazón eracada vez más delicada. Tanto así, que Nelson había adquirido un tanque de oxígeno con mascarillas, para tratarse él mismo, en caso de sufrir ataques de asfixia, que eran recurrentes por su condición.
Su idea era auxiliarse personalmente, mientras se trasladaba de San Gerardo hasta el municipio de San Miguel, un trayecto de casi tres horas. Se conducía siempre en una cuadrimoto, porque consideraba que le implicaba menos esfuerzo que manejar un vehículo de doble tracción.
Cristabel asegura que Nelson tenía un especial gusto por las armas, producto, quizá, de la influencia de parientes cercanos que han sido miembros de la Fuerza Armada. Nelson había adquirido cuatro en total, cuando decidió instalarse en la hacienda, “porque esa es una zona peligrosa y desolada”. De hecho, algunos aseguran que posiblemente ese sea el flanco por el cual la Policía habría tenido algún problema con él, aunque su hermana lo niega.
“Tenía las cuatro armas registradas. No eran de uso privativo de la Fuerza Armada, como quisieron hacer creer. No tenía ningún antecedente policial, ni penal. Ninguna denuncia de los pobladores de San Gerardo. No le digo que era un santo, pero no era una persona problemática”, enfatiza.
Otra hipótesis surge ante el eminente despunte económico que Nelson estaba teniendo en la hacienda. Un amplísimo terreno con diversos tipos de cultivos y mucho ganado. Algunos se atreven a suponer que el fallecido pudo generar envidias que, de alguna manera, se extendieron hasta la Policía, porque, prácticamente, era el acomodado del cantón, que recién llegaba de Estados Unidos, con ideas y dinero para invertir. Pero la Fiscalía tampoco logró comprobar esta posibilidad. También su hermana asegura que esta teoría no es posible, ya que, si bien Nelson manejaba dinero, nunca han sido personas ricas. Federico Portillo, fiscal del caso, concluye en que se trató de un “claro abuso policial”, porque, según los resultados de las investigaciones,no existía ninguna razón para matar a Nelson Lara. “No hay que olvidar que los agentes que participaron en el hecho ya tenían trayectoria de ‘matones’. Todos los de la UTO son así”, asegura.

PROFUGO

CONDENADO

FICHAS IMPUTADOS

Las huellas de la UTO
La Unidad Táctica Operativa es la unidad de choque de la Policía. Según fuentes fiscales, el grupo tiene un récord delictivo considerable en la zona oriental.


Nombre: José Ulises Amaya
Alias: “Profesor”
ONI: 14745
Cargo: Miembro de la UTO
Edad: 29 años
Estado civil: Casado
Origen: Jiquilisco
Delito: Homicidio Agravado
Historial: Nunca ha estado presente en las audiencias. Se le declaró reo ausente. Fue uno de los que golpeó a Nelson Lara hasta ocasionarle la muerte. El comisionado Ramírez Landaverde se negó a dar los expedientes para conocer con mayor detalle su trayectoria en el interior de la institución, por estar en poder del Tribunal Disciplinario.Nombre: Santiago Antonio

Nombre: López Alvarado
Alias: “Dumbo”
ONI: 08985
Cargo: Miembro de la UTO
Edad: 24 años
Estado civil: Acompañado
Origen: Santiago Nonuhalco
Delito: Homicidio agravado
Historial: Fue procesado en San Miguel por homicidio simple en grado tentativa. El hecho ocurrió hace dos años en la colonia Milagro de la Paz. Una familia iba a bordo de un taxi, cuando él disparó, porque supuestamente no obedecieron una señal de alto, resultando con graves lesiones una menor de edad. Sin embargo, la familia aceptó conciliar con él. También fue procesado por el delito de lesiones en un fiscal y fraude. En ese caso se le sobreseyó provisionalmente.

Nombre: Edwin Antonio Martínez Rodríguez
ONI: 01796
Cargo: Jefe delegación PNC de San Luis de la Reina, San Miguel
Edad: 29 años
Estado civil: Casado
Origen: San Vicente
Delito: Homicidio agravado por comisión por omisión
Historial: Fue condenado a 10 años 8 meses de cárcel. Es el único que guarda prisión de los cuatro acusados. Aunque no reportaba antecedentes penales, sí existían denuncias de parte de los pobladores de San Luis de la Reina, que lo acusaban de prepotencia en su actuar. De hecho, el sacerdote de la localidad estaba reuniendo a varios representantes de la comunidad para denunciarlo ante una instancia superior, para que fuera removido.Nombre: Jorge Alberto

Nombre: Robles Quintanilla
ONI: 01222
Cargo: Cabo PNC San Luis de la Reina
Edad: 32 añ os
Estado civil: Acompañado
Origen: Nueva Guadalupe
Delito: Fraude procesal y encubrimiento
Historial: De él no se conocen detalles sobre una conducta irregular en el pasado. Fue absuelto de los cargos que se le imputaban en la vista pública

Nombre: Manuel de Jesús Argueta Medina
ONI: 10182
Cargo: Agente PNC San Luis de la Reina
Edad: 26 años
Estado civil: Acompañado
Origen: Chapeltique
Delito: Fraude procesal y encubrimiento
Historial: No se conocen antecedentes negativos en su conducta policial. Fue beneficiado con criterio de oportunidad y luego sobreseído.


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