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PODER
QUE MATA Y ENCUBRE
Operativo vapuleada
Lo
mataron en un minuto. Los puños y botas policiales impactaron
con crudeza en el débil corazón de Nelson Lara. Posteriormente,
una coartada digna de un guión cinematográfico intentó
ser el escudo evasor de un grupo de agentes que aseguró cumplir
con su deber. Ha pasado un año y dos de ellos están
prófugos. Pese a que hay fuertes indicios en su contra, autoridades
policiales dejan abierta la puerta a una eventual amnistía
para los imputados.
Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com
La orden estaba dada. En la madrugada del 4 de octubre de 2001, un
contingente de 24 agentes de seguridad pública se desplazó
hacia la hacienda San José Buena Vista, del cantón La
Joya, jurisdicción de San Gerardo, en San Miguel. La misión
había sido encomendada por el sargento Edwin Antonio Martínez
Rodríguez, jefe de la delegación PNC de San Luis de la
Reina.
Según instrucciones del sargento Martínez, existían
rumores de que un hombre había disparado contra agentes policiales,
al negarse obedecer una señal de alto.
Se trataba de Nelson Lara, de 43 años, quien, según la
versión policial que consta en el proceso judicial, portaba
armas de grueso calibre, de uso privativo de la Fuerza Armada y tenía
atemorizados a los vecinos del lugar.
El sargento Martínez aseguraba que una orden de allanamiento
y registro le daba la potestad para ingresar a la hacienda en la que
sospechaba se había parapetado Lara.
Eran las tres de la madrugada cuando los agentes dispusieron acordonar
el área. Se distribuyeron en subgrupos de cuatro miembros cada
uno. El grupo más cercano a la puerta de salida de la propiedad
se ubicó a unos treinta metros de distancia, detrás de
un bordo.
Sin embargo, para el sargento Martínez el dispositivo montado
no era suficiente, porque pensaba que había más personas
armadas en la vivienda. Solicitó, entonces, personal de refuerzo
a la Unidad Táctica Operativa, UTO, de San Miguel.
Su petición fue escuchada y, dos horas más tarde, llegaron
a la hacienda cuatro miembros de dicha unidad élite de la Policía:
Dumbo, Profesor, Agresivito y Robocop.
Los testigos claves del caso aseguran que, cerca de las 5:30 de la mañana,
salió una persona de la vivienda e iba caminando hacia la dirección
en la que ellos se encontraban. La poca claridad de la madrugada, unida
a la fuerte neblina que había, impidió que precisaran
mayores detalles de quien se acercaba.
Cuando la silueta estaba a poca distancia, salieron de detrás
del muro y le ordenaron se detuviera. A la sazón, ya habían
identificado que se trataba de un hombre joven, que portaba un fusil
M16 y un chaleco con municiones.
Nosotros
nos encargamos
Según los testigos, Lara obedeció a la tercera señal
de alto. Bajó su fusil y levantó las manos. Nunca opuso
resistencia. Le ordenaron se tumbara en el suelo, boca abajo, con las
manos atrás, para colocarle las esposas.
Al
momento de ponerle la primera esposa en la mano izquierda, los agentes
fueron interrumpidos por el sargento Martínez.
Él se acercó, junto a Dumbo y Profesor,
al área de captura. Váyanse a registrar la casa,
déjennos aquí con ellos. Nosotros nos encargamos,
les dijo. Casi de inmediato, uno de los agentes de la UTO alzó
su bota con fuerza, presionando el cuello de Lara.
Uno de los testigos destaca que, cuando habían avanzado pocos
metros hacia la casa, se giró para ver lo que pasaba, pues se
escuchaban gemidos.
Ya lo habían parado. Uno lo tenía por la espalda,
con las manos atrás. Le había metido la rodilla en la
espalda, para que sacara el pecho. Mientras, el otro le daba puñetazos
en el pecho y patadas en el abdomen. El sargento sólo miraba...,
relata.
Cuando los agentes ingresaron en la vivienda, notaron que todo estaba
patas arriba. Observaron documentos tirados en el piso,
dos pistolas calibre 9 milímetros, dos cargadores vacíos,
dos pantalones y un sombrero camuflageados, dos camisetas militares,
un bolso verde olivo, un tanque de oxígeno con mascarillas y
diversos medicamentos.
No habían pasado ni cinco minutos cuando el sargento Martínez
regresó con los dos miembros de la UTO. El Dumbo
les informó que Nelson Lara no había aguantado la
vergueada y que había muerto. El sargento los
convocó a todos a una reunión para acordar cuál
sería la versión que se mantendría oficialmente.
El hallazgo del tanque de oxígeno permitió idear una coartada
que, según los policías, sería bastante creíble
(ver recuadro Todos en la cama o todos en el suelo).
No
sabemos nada
El teléfono de Cristabel Portillo Lara, hermana de Nelson y jueza
de Paz de Chapeltique, sonó a las siete de la mañana.
Le hablaba una de sus hermanas que había escuchado un rumor:
A Nelson lo habían matado o al menos estaba detenido.
Cristabel
llamó de inmediato a la Policía de San Miguel para pedir
información. El jefe de puesto le notificó que se habían
realizado varios operativos la noche anterior, que no sabían
nada de su hermano.
Mi hermana me llamó otra vez asegurándome que Nelson
estaba muerto. Marqué de nuevo a la Policía y me seguían
diciendo que no sabían nada. En la UDIC me dijeron que estaba
detenido y lo traían para San Miguel, recuerda.
A las diez de la mañana la certeza de la muerte llegó
por medio de una llamada de Andrés, el colono de la hacienda:
Don Nelsito está muerto en el potrero, anunció.
A los pocos minutos, Cristabel se comunicó con el fiscal Hernández,
quien permanecía en la escena del crimen. Hernández le
informó que se llevaría de inmediato a su hermano a Medicina
Legal, para que le realizaran una autopsia. Al fiscal le intrigaba el
hecho de que Nelson lucía muy golpeado y no tenía ninguna
herida de bala. Los policías insistían en que se había
dado un fuego cruzado, cuando él los atacó.
Mientras los resultados de la autopsia llegaban, Cristabel solicitó
los antecedentes de su hermano en la Fiscalía y UDIC de San Miguel,
para saber si tenía acumuladas denuncias. En ningún lugar
las encontró. Además, se le informó que nadie había
girado orden de allanamiento y registro en la vivienda de Nelson.
A las once de la noche de ese mismo día, los resultados de la
autopsia revelaron una conducta policial excesivamente abusiva: Moretones
en pómulos, mandíbula y ojos, seis costillas quebradas,
laceración del pulmón izquierdo, perforación de
pleura superior, hemorragia interna, vesícula, páncreas
y bazo dañados, entre otros. Además el corazón
le había aumentado de tamaño casi en una tercera parte,
a raíz de los golpes.
El informe legal determinó que la golpiza tuvo una duración
corta, de cerca de un minuto, y que la muerte había vencido rápidamente
a Nelson porque ya tenía problemas cardíacos (ver infográfico)
Al día siguiente, Cristabel interpuso la denuncia en la sección
de Asuntos Internos de la PNC de San Salvador, porque ya en San
Miguel no me daban ninguna confianza, dice.
(descanso) ¿Quién los protege?
Desde su despacho en la delegación PNC migueleña, Mauricio
Ernesto Ramírez Landaverde, autoridad máxima en la zona
oriental, admite que, en lo que va del año han tenido tres casos
en los que ha habido muertes y la UTO se ha visto relacionada (ver recuadro
Las huellas de la UTO) Sin embargo, asegura sentirse tranquilo,
porque, aunque tiene menos de un año de estar en el puesto, considera
que ha hecho lo posible para mejorar la imagen de sus cuadros policiales.
Él también es el jefe de la UTO, de la que dice se trata
de una unidad a cuyos miembros no se le permite más que
a un agente de seguridad normal.
Es decir que, a pesar de poseer un adiestramiento en tácticas
operativas y usos de armas de fuego, siempre respetan un código
disciplinario. Y que las exigencias para ingresar a la UTO son muy altas.
Paradójicamente, no sabe dar explicaciones cuando se le pregunta
por qué ciertos miembros con antecedentes penales han continuado
en la Unidad.
Yo tengo poco tiempo de estar aquí fíjese. No los
ubico todavía a todos. No sé bien de quiénes me
está hablando, se excusa.
En el proceso judicial consta que desde el 15 de noviembre de 2001 se
solicitó formalmente a la delegación de la PNC San Miguel
protección policial para los testigos y aún no se ha concedido.
Como el comisionado Chávez Valiente era el que estaba antes
que yo, no sé si con él lo solicitaron, señala
Ramírez Landaverde.
El Comisionado destaca que, si bien dos agentes de la UTO están
prófugos y hay fuertes indicios que apuntan a que son los asesinos
de Nelson Lara, es posible que regresen a la UTO.
Ellos tienen a un defensor en el Tribunal Disciplinario. Si el
Tribunal lo acepta, ellos pueden ingresar de nuevo, explica.
¿Justicia
ciega?
A principios de noviembre de 2001, cuando se hizo efectiva la orden
de captura hacia el Dumbo, el sargento Martínez,
el cabo Jorge Alberto Robles Quintanilla, el cabo Manuel de Jesús
Argueta y el Profesor hubo esperanza de que se aclararan
las causas del crimen.
Aunque el Profesor nunca ha estado presente en las diligencias
del proceso -ha sido declarado reo ausente- se esperaba que los otros
tres implicados al menos quedaran detenidos. Sin embargo, el 18 de noviembre,
la decisión del juez de Paz de San Gerardo, Jorge Alberto Majano,
durante la audiencia inicial, cayó como un balde de agua fría
para la Fiscalía y la familia Lara.
Majano consideró que no existía riesgo de fuga en los
imputados y decretó medidas sustitutivas a la detención.
Éstos debían presentarse periódicamente al Juzgado,
no salir del país, no ingerir bebidas alcohólicas ni drogas
y no visitar lugares de dudosa reputación.
Eso, pese a que el artículo 294 del Código Procesal Penal
prohíbe la sustitución de medidas en delitos graves como
el homicidio agravado.
Aunque se muestra decepcionada con el hecho, Cristabel Lara, en su calidad
de jueza, insiste en que es respetuosa de las decisiones que toman sus
colegas. Yo no puedo opinar en eso. Tampoco puedo dejar de confiar
en el sistema judicial, porque yo formo parte de él, reflexiona.
La decisión de Majano no fue acertada. Días después
se supo que también el Dumbo estaba prófugo,
y que el sargento Martínez no era localizado en la dirección
que había dejado en el Juzgado.
En la audiencia preliminar realizada un mes y medio después,
se procesó al cabo Robles Quintanilla, acusado de fraude procesal
y encubrimiento. Fue absuelto.
Posteriormente, se localizó al sargento Martínez, en Usulután,
muy lejos de Santo Domingo, San Vicente, donde había asegurado
su localización ante el Juez.
Se ordenó apertura de juicio y la vista pública se extendió
por tres días. Es el único que ha sido condenado por el
delito de homicidio agravado por comisión por omisión
porque, al ser el que dirigió el operativo, era el responsable
de todo lo que sucediera. Le decretaron diez años y ocho meses
de cárcel.
Sin embargo, Dumbo y Profesor, después
de un año, continúan prófugos. El fiscal del caso,
Federico Portillo, asegura que es muy probable que hayan partido a Estados
Unidos. Aunque algunos dicen que han visto al Dumbo en San
Miguel.
Por ahora, la Policía dice estar haciendo lo posible para capturar
a los imputados. Algunos esperan que, con el tiempo, el cierre de este
caso demuestre si la vocación de purga realmente existe en el
cuerpo policial.
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ANTECEDENTE
Las
huellas de la UTO
La Unidad Táctica Operativa es la unidad de choque de la
Policía. Según fuentes fiscales, el grupo tiene
un récord delictivo considerable en la zona oriental.
El inadecuado proceder de la UTO salió a flote después
de este impactante caso. Sin embargo, ya anteriormente habían
tenido problemas con la justicia.
El comisionado Ramírez Landaverde, jefe de la delegación
San Miguel y autoridad máxima de la UTO, acepta que, en
lo que va del año, tres operativos diferentes de dicha
unidad han desembocado en muertes de ciudadanos. Estos han sucedido
en Corinto, Intipucá y cantón Candelaria. Pero
siempre han sido sobreseídos, porque lo han hecho en cumplimiento
de su deber y en legítima defensa. Sólo en este
caso y en el de Intipucá es que están prófugos,
sostiene.
Los que conforman la unidad son expertos en armas especializadas
y estrategias de choque. Además de ser los sobresalientes
en tiro de la PNC. Actualmente, está conformada por 32
elementos, que actúan en ocho grupos de cuatro miembros.
Ramírez Landaverde asegura que este año se hizo
una renovación de los miembros. Los que ingresaron debieron
superar estrictas pruebas psicológicas, físicas,
médicas, de resistencia, armamento y tiro. De hecho, la
unidad se distingue por el alto nivel de disciplina,
según el comisionado.
El fiscal Federico Portillo explica que la UTO, es una unidad
de doble filo, ya que la preparación que poseen
los vuelve bastante peligrosos. Detalla que, por principio, no
le dan cumplimiento al régimen de conducta y de intervención
policial, porque no usan comandos verbales, ni armas no letales.
Es la unidad más jodida que hay, dice.
COARTADA
Todos
en la cama o todos en el suelo
Luego de consumado el crimen, el sargento Martínez
reunió a todos los agentes para acordar qué versión
mantendrían de los hechos. Dos coartadas fueron ideadas
en cuestión de minutos. Un acta, con firmas falsas, sería
el respaldo que exculparía a los autores.
El hijo de p... no aguantó la verguiada,
fue el anuncio del Dumbo y el Profesor
al resto de agentes que formaban parte del operativo. El sargento
Martínez se unió a los dos miembros de la UTO, diciendo
que el problema ya estaba hecho y tenían que buscar
entre todos una solución y mantener la misma coartada.
La creatividad abundó en las propuestas. La primera versión
sostenía que Lara era perseguido por los policías,
desde la noche del 3 de octubre, luego de que él hiciera
disparos al aire en el parque de San Gerardo, mientras se celebraban
las fiestas patronales del pueblo. Para unir este elemento con
el hecho ocurrido en la casa de Lara, el sargento Martínez
mandó acordonar la escena que, efectivamente, había
ocurrido en el parque la noche anterior, pero en la que Lara no
había tenido participación alguna. Es decir, unió
dos casos que no tenían ninguna relación entre sí.
La Policía aseguró que cuando Lara supo que lo llegaron
a buscar a su casa, se opuso y disparó contra los agentes.
Luego, habría corrido y tropezado con un borde de piedra,
lesionándose gravemente. La caída lo habría
hecho convulsionar, y luego un paro cardíaco le provocó
la muerte. El hallazgo de un tanque de oxígeno en el interior
de la vivienda los hizo pensar que el hombre tenía problemas
de salud.
Además, para hacer coherente la versión, los agentes
percutaron el fusil de Lara, dejando vainillas dispersas por todo
el terreno.
La segunda coartada era similar. Sólo que incluía
la bondad de los policías al querer brindarle
primeros auxilios cuando Lara convulsionó. Incluso aseguraban
que habían llamado vía radio transmisor a cuerpos
de socorro de San Miguel, pero el esfuerzo había sido inútil.
En el acta que el sargento Martínez redactó figuró
la primera versión. Varios agentes cuyos testimonios fueron
recopilados posteriormente por la Fiscalía durante la investigación
del caso, aseguran que nunca leyeron lo que contenía el
acta, pero aceptaron firmar por temor a represalias de parte de
su superior.
Sin embargo, hubo tres agentes que abiertamente se negaron a firmarla,
por miedo a que la verdad saliera a la luz y los involucraran
injustamente.
Dicha actitud no fue inconveniente para el sargento Martínez,
quien falsificó las rúbricas de los tres. Eso lo
demostró un análisis grafotécnico realizado
por el Laboratorio Técnico y Científico de la PNC,
que formó parte de las pruebas que la Fiscalía presentó
ante el Juez de Paz de San Gerardo. Se concluyó, además,
que la orden de allanamiento fue conseguida después, con
fecha 4 de octubre.
Asimismo, un análisis físico químico evidenció
que Lara nunca disparó fusil, ya que las palmas de sus
manos no contenían residuos de plomo, como es lo normal
después de percutar. Además, por la dirección
en la que fue encontrado el cuerpo y la trayectoria de las balas
era imposible que fuera el autor de los disparos.
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¿Por
qué mataron a Nelson?
(entradilla) Nelson Lara estaba a pocos días de ser intervenido
en Estados Unidos, cuando la muerte lo alcanzó. Tras la imagen
de hombre sano y fuerte, latía un corazón hipertrofiado.
Luego de vivir durante años fuera del país, había
regresado para trabajar en el campo.
Nelson era el mayor de los siete hijos del matrimonio Lara. En sus años
de juventud ingresó a la facultad de Ingeniería de la
Universidad de El Salvador, regional San Miguel. Pero su vocación
dio un importante giro cuando decidió ingresar al seminario de
Santiago de María, Usulután. Sin embargo, tiempo después,
partió hacia Estados Unidos, debido a la situación de
inseguridad que había generado la guerra, sobre todo, en el interior
del país. Tenía, entonces, 22 años. Luego, regresó
por un tiempo, pero partió nuevamente, al no encontrar una situación
propicia para trabajar.
Según su hermana Cristabel, Nelson había procreado dos
hijos,Jorge y Delmy, junto a una salvadoreña. Al poco tiempo
de emigrar, la relación culminó en divorcio, por lo que
Nelson inició, en Tenesse, una relación con una norteamericana
llamada Melissa.
Las huellas físicas que le dejó el intenso trabajo, durante
casi veinte años en Estados Unidos, se reflejaron en la salud
del corazón.
Según una constancia médica, firmada por la cardióloga
María del Tránsito de Garay, Nelson padecía de
miocardiopatía dilatada, insuficiencia aórtica grave
y dilatación aneurismática de raíz aórtica.
De hecho, cuando regresó al país, en el año 2000,
ingresó dos veces al hospital, para aminorar las crisis. La cardióloga
había sugerido a Nelson intervenirse en Estados Unidos, ya que
la condición de su corazón eracada vez más delicada.
Tanto así, que Nelson había adquirido un tanque de oxígeno
con mascarillas, para tratarse él mismo, en caso de sufrir ataques
de asfixia, que eran recurrentes por su condición.
Su idea era auxiliarse personalmente, mientras se trasladaba de San
Gerardo hasta el municipio de San Miguel, un trayecto de casi tres horas.
Se conducía siempre en una cuadrimoto, porque consideraba que
le implicaba menos esfuerzo que manejar un vehículo de doble
tracción.
Cristabel asegura que Nelson tenía un especial gusto por las
armas, producto, quizá, de la influencia de parientes cercanos
que han sido miembros de la Fuerza Armada. Nelson había adquirido
cuatro en total, cuando decidió instalarse en la hacienda, porque
esa es una zona peligrosa y desolada. De hecho, algunos aseguran
que posiblemente ese sea el flanco por el cual la Policía habría
tenido algún problema con él, aunque su hermana lo niega.
Tenía las cuatro armas registradas. No eran de uso privativo
de la Fuerza Armada, como quisieron hacer creer. No tenía ningún
antecedente policial, ni penal. Ninguna denuncia de los pobladores de
San Gerardo. No le digo que era un santo, pero no era una persona problemática,
enfatiza.
Otra hipótesis surge ante el eminente despunte económico
que Nelson estaba teniendo en la hacienda. Un amplísimo terreno
con diversos tipos de cultivos y mucho ganado. Algunos se atreven a
suponer que el fallecido pudo generar envidias que, de alguna manera,
se extendieron hasta la Policía, porque, prácticamente,
era el acomodado del cantón, que recién llegaba de Estados
Unidos, con ideas y dinero para invertir. Pero la Fiscalía tampoco
logró comprobar esta posibilidad. También su hermana asegura
que esta teoría no es posible, ya que, si bien Nelson manejaba
dinero, nunca han sido personas ricas. Federico Portillo, fiscal del
caso, concluye en que se trató de un claro abuso policial,
porque, según los resultados de las investigaciones,no existía
ninguna razón para matar a Nelson Lara. No hay que olvidar
que los agentes que participaron en el hecho ya tenían trayectoria
de matones. Todos los de la UTO son así, asegura.
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PROFUGO
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CONDENADO
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FICHAS IMPUTADOS
Las
huellas de la UTO
La Unidad Táctica Operativa es la unidad de choque de la
Policía. Según fuentes fiscales, el grupo tiene
un récord delictivo considerable en la zona oriental.
Nombre: José Ulises Amaya
Alias: Profesor
ONI: 14745
Cargo: Miembro de la UTO
Edad: 29 años
Estado civil: Casado
Origen: Jiquilisco
Delito: Homicidio Agravado
Historial: Nunca ha estado presente en las audiencias.
Se le declaró reo ausente. Fue uno de los que golpeó
a Nelson Lara hasta ocasionarle la muerte. El comisionado Ramírez
Landaverde se negó a dar los expedientes para conocer con
mayor detalle su trayectoria en el interior de la institución,
por estar en poder del Tribunal Disciplinario.Nombre: Santiago
Antonio
Nombre: López Alvarado
Alias: Dumbo
ONI: 08985
Cargo: Miembro de la UTO
Edad: 24 años
Estado civil: Acompañado
Origen: Santiago Nonuhalco
Delito: Homicidio agravado
Historial: Fue procesado en San Miguel por homicidio simple
en grado tentativa. El hecho ocurrió hace dos años
en la colonia Milagro de la Paz. Una familia iba a bordo de un
taxi, cuando él disparó, porque supuestamente no
obedecieron una señal de alto, resultando con graves lesiones
una menor de edad. Sin embargo, la familia aceptó conciliar
con él. También fue procesado por el delito de lesiones
en un fiscal y fraude. En ese caso se le sobreseyó provisionalmente.
Nombre: Edwin Antonio Martínez Rodríguez
ONI: 01796
Cargo: Jefe delegación PNC de San Luis de la Reina,
San Miguel
Edad: 29 años
Estado civil: Casado
Origen: San Vicente
Delito: Homicidio agravado por comisión por omisión
Historial: Fue condenado a 10 años 8 meses de cárcel.
Es el único que guarda prisión de los cuatro acusados.
Aunque no reportaba antecedentes penales, sí existían
denuncias de parte de los pobladores de San Luis de la Reina,
que lo acusaban de prepotencia en su actuar. De hecho, el sacerdote
de la localidad estaba reuniendo a varios representantes de la
comunidad para denunciarlo ante una instancia superior, para que
fuera removido.Nombre: Jorge Alberto
Nombre: Robles Quintanilla
ONI: 01222
Cargo: Cabo PNC San Luis de la Reina
Edad: 32 añ os
Estado civil: Acompañado
Origen: Nueva Guadalupe
Delito: Fraude procesal y encubrimiento
Historial: De él no se conocen detalles sobre una
conducta irregular en el pasado. Fue absuelto de los cargos que
se le imputaban en la vista pública
Nombre: Manuel de Jesús Argueta Medina
ONI: 10182
Cargo: Agente PNC San Luis de la Reina
Edad: 26 años
Estado civil: Acompañado
Origen: Chapeltique
Delito: Fraude procesal y encubrimiento
Historial: No se conocen antecedentes negativos en su conducta
policial. Fue beneficiado con criterio de oportunidad y luego
sobreseído.
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