1 de diciembre de 2002

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CARTAS

Recuerdos de N.Y.

Tras leer la excelente relación comparativa que hizo un lector sobre cómo se manejó la idea y la decisión que tomarían las autoridades para reconstruir la zona cero de la Gran Manzana, me vinieron a mi mente aquellos recuerdos cuando -dos días después de la catástrofe- estuve parado allá.
No sé si por casualidad o por destino, el 11 de septiembre me encontraba a dos horas de donde se suscitaron los acontecimientos; quise llegar de inmediato al lugar pero no pude. Mis ansias de querer estar en el sitio adecuado y -como fotoperiodista- lograr unas imágenes se atascaron en los vagones del Antrax.
Pude llegar a la zona dos días después, sin credenciales de prensa; pero pasé inadvertido como cualquier turista del cuarto o quinto mundo. Lo que si pude observar, a parte del drama humano, el dolor, los daños y la desesperación, es que aquel pueblo, que por las calles de Manhattan pareciera frío y sin conciencia, se había convertido en solidario.
Pero, por otra casualidad de mi vida, este 11 de septiembre, fecha en que se cumplía un año del hecho, estuve allí cerca, y una de las cosas que hicieron trasladar todo mi pensamiento hacia mi patria fue escuchar que uno de los familiares de las víctimas leyera públicamente los nombres de todas y cada una de las personas que aquella mañana negra agonizaron en el pleno corazón de New York.
Los nombres se leyeron ininterrumpidamente por bastante tiempo. En la lista, no importaba si el muerto o el desaparecido era negro, hispano, hindú, árabe, judío, rico o pobre. Ese día solo importaba reconciliarse.
En ese instante, en que aquella enorme lista pasaba por mi cabeza, me pregunté ¿cuántas veces los salvadoreños hemos escuchado los nombres de nuestras víctimas? ¿nos estaremos reconciliando realmente con aquellos que por una lucha justa e injusta dejaron sus familias, desaparecieron, murieron en los bombardeos, masacres y tragedias naturales?
Los muertos de los gringos son sus muertos. Basta pasar cualquier día frente al monumento a los caídos en Vietnam; día y noche hay flores, los nombres de los caídos figuran por todas partes y se puede ver familiares encendiendo velas con niños jugando y no necesariamente es el día del veterano.

Armando Reyes
jareyes70@hotmail.com

Sin verguenza
Todo parecía indicar que la huelga del sector salud llegaría a su fin, cuando los dirigentes de los gremios se reunieron con el Presidente.
Lastimosamente eso no sucedió ya que estos señores anteponen un sin fin de peticiones para levantar dicha huelga. Todas son tan descabelladas como la huelga misma: 1) Quieren que se les pague por un servicio no prestado. 2) Que recontraten a los malos trabajadores y 3) Que las autoridades no tomen represalias contra ellos.
Solo falta que pidan un premio por abandonar a los enfermos, por obstruir la vía pública, etc. No sé cómo es posible que el gobierno se deje chantajear por médicos y trabajadores inhumanos, que solo ven por sus propios intereses. Mientras tanto, los pacientes seguirán mendigando atención.

José V. Ortíz
DUI 00254629-8


¿Facilito para quién?
No es nada extraordinario, pero sí totalmente “irónico” lo que pude ver y escuchar en una de las prestigiosas casas comerciales.
Y es que el caso es que estaba una pareja, al parecer muy contenta porque estaban pagando la última cuota del crédito. El muchacho le pregunta a la cajera ¿nos van a reintegrar la garantía que no utilizamos en estos dos años, verdad?
La cajera les respondió “no, señor”. Él, indignado, agregó: “investigaremos más a fondo con alguien que sepa al respecto”. En ese momento, dos señoritas que estaban al lado de la otra, dijeron: “desde el 98 ese tipo de garantías ya no se da, y que el vendedor no se lo diga al cliente, es otra cosa. Y, ustedes, ¿cuándo adquirieron su crédito?”. La pareja respondió “en el 2000”. Se quedaron sorprendidos. Así que pongale cuidado a eso de los combos y los cheques de garantías fantasmas.

Penélope Moreno
penelopemoreno@yahoo.com


Ya vienen las elecciones
Desde hace varios días con mucha preocupación, he observado  las publicaciones de la  Corte Suprema de Justicia y el MOP, en diferentes periódicos y televisión.
¿Por qué ese alarde publicitario? Se entiende que un gobierno que actúa con honradez, consciente de su deber y responsabilidad ante el pueblo que lo eligió, que invierte adecuadamente los ingresos proveniente de los impuestos que pagan los ciudadanos, no tiene por qué estar alabándose y enumerando con gran publicidad todo lo que hace, cuando “está cumpliendo” con su obligación de impartir justicia para todos, mejorar carreteras y otras obligaciones que le corresponden.
La Corte Suprema de Justicia gasta sumas astronómicas en tratar de “levantar” una imagen que no tiene y si la tuviera deja mucho que desear, porque todos sabemos cómo es la justicia en nuestro país. En cuanto al MOP, hace una gran propaganda por una carretera que está “reinaugurando”, pero... qué pasa con las demás calles de nuestro país? ¿Acaso su obligación no es esa? ¿A que viene tanta propaganda? ¿Es acaso porque está próximo el período de elecciones?

María Teresa de Navas
8850938@telemovil.com


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