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CARTAS
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Recuerdos
de N.Y.
Tras leer la excelente relación comparativa que hizo un
lector sobre cómo se manejó la idea y la decisión
que tomarían las autoridades para reconstruir la zona cero
de la Gran Manzana, me vinieron a mi mente aquellos recuerdos
cuando -dos días después de la catástrofe-
estuve parado allá.
No sé si por casualidad o por destino, el 11 de septiembre
me encontraba a dos horas de donde se suscitaron los acontecimientos;
quise llegar de inmediato al lugar pero no pude. Mis ansias de
querer estar en el sitio adecuado y -como fotoperiodista- lograr
unas imágenes se atascaron en los vagones del Antrax.
Pude llegar a la zona dos días después, sin credenciales
de prensa; pero pasé inadvertido como cualquier turista
del cuarto o quinto mundo. Lo que si pude observar, a parte del
drama humano, el dolor, los daños y la desesperación,
es que aquel pueblo, que por las calles de Manhattan pareciera
frío y sin conciencia, se había convertido en solidario.
Pero, por otra casualidad de mi vida, este 11 de septiembre, fecha
en que se cumplía un año del hecho, estuve allí
cerca, y una de las cosas que hicieron trasladar todo mi pensamiento
hacia mi patria fue escuchar que uno de los familiares de las
víctimas leyera públicamente los nombres de todas
y cada una de las personas que aquella mañana negra agonizaron
en el pleno corazón de New York.
Los nombres se leyeron ininterrumpidamente por bastante tiempo.
En la lista, no importaba si el muerto o el desaparecido era negro,
hispano, hindú, árabe, judío, rico o pobre.
Ese día solo importaba reconciliarse.
En ese instante, en que aquella enorme lista pasaba por mi cabeza,
me pregunté ¿cuántas veces los salvadoreños
hemos escuchado los nombres de nuestras víctimas? ¿nos
estaremos reconciliando realmente con aquellos que por una lucha
justa e injusta dejaron sus familias, desaparecieron, murieron
en los bombardeos, masacres y tragedias naturales?
Los muertos de los gringos son sus muertos. Basta pasar cualquier
día frente al monumento a los caídos en Vietnam;
día y noche hay flores, los nombres de los caídos
figuran por todas partes y se puede ver familiares encendiendo
velas con niños jugando y no necesariamente es el día
del veterano.
Armando
Reyes
jareyes70@hotmail.com
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Sin
verguenza
Todo parecía indicar que la huelga del sector salud llegaría
a su fin, cuando los dirigentes de los gremios se reunieron con el Presidente.
Lastimosamente eso no sucedió ya que estos señores anteponen
un sin fin de peticiones para levantar dicha huelga. Todas son tan descabelladas
como la huelga misma: 1) Quieren que se les pague por un servicio no
prestado. 2) Que recontraten a los malos trabajadores y 3) Que las autoridades
no tomen represalias contra ellos.
Solo falta que pidan un premio por abandonar a los enfermos, por obstruir
la vía pública, etc. No sé cómo es posible
que el gobierno se deje chantajear por médicos y trabajadores
inhumanos, que solo ven por sus propios intereses. Mientras tanto, los
pacientes seguirán mendigando atención.
José
V. Ortíz
DUI 00254629-8
¿Facilito
para quién?
No es nada extraordinario, pero sí totalmente irónico
lo que pude ver y escuchar en una de las prestigiosas casas comerciales.
Y es que el caso es que estaba una pareja, al parecer muy contenta porque
estaban pagando la última cuota del crédito. El muchacho
le pregunta a la cajera ¿nos van a reintegrar la garantía
que no utilizamos en estos dos años, verdad?
La cajera les respondió no, señor. Él,
indignado, agregó: investigaremos más a fondo con
alguien que sepa al respecto. En ese momento, dos señoritas
que estaban al lado de la otra, dijeron: desde el 98 ese tipo
de garantías ya no se da, y que el vendedor no se lo diga al
cliente, es otra cosa. Y, ustedes, ¿cuándo adquirieron
su crédito?. La pareja respondió en el 2000.
Se quedaron sorprendidos. Así que pongale cuidado a eso de los
combos y los cheques de garantías fantasmas.
Penélope
Moreno
penelopemoreno@yahoo.com
Ya
vienen las elecciones
Desde hace varios días con mucha preocupación, he observado
las publicaciones de la Corte Suprema de Justicia y el MOP, en
diferentes periódicos y televisión.
¿Por qué ese alarde publicitario? Se entiende que un gobierno
que actúa con honradez, consciente de su deber y responsabilidad
ante el pueblo que lo eligió, que invierte adecuadamente
los ingresos proveniente de los impuestos que pagan los ciudadanos,
no tiene por qué estar alabándose y enumerando con gran
publicidad todo lo que hace, cuando está cumpliendo
con su obligación de impartir justicia para todos, mejorar carreteras
y otras obligaciones que le corresponden.
La Corte Suprema de Justicia gasta sumas astronómicas en tratar
de levantar una imagen que no tiene y si la tuviera deja
mucho que desear, porque todos sabemos cómo es la justicia en
nuestro país. En cuanto al MOP, hace una gran propaganda por
una carretera que está reinaugurando, pero... qué
pasa con las demás calles de nuestro país? ¿Acaso
su obligación no es esa? ¿A que viene tanta propaganda?
¿Es acaso porque está próximo el período
de elecciones?
María
Teresa de Navas
8850938@telemovil.com
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