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REPORTAJE
Negligencia
de adultos
Cicatrices de por vida
Más
de mil consultas por quemaduras son atendidas al año en el hospital
de niños Benjamín Bloom. La mayoría de las víctimas
tienen que ver con líquidos hirviendo. De estos casos, el 80%
son menores de cinco años. Las tragedias ocurren dentro del hogar.
Lo más grave, es que lo que puede cambiar la vida a un niño
en un instante, pudo prevenirse.
lIván
Gómez
vertice@elsalvador.com
Desde el siete de noviembre, Yéssica se encuentra interna en
la sala de quemados del hospital Benjamín Bloom.
La habitación es compartida por más de una decena de infantes
quienes mantienen continuamente un llanto silencioso, ya sea porque
es hora de realizarles la hidroterapia, les molestan los vendajes que
en algunos casos les cubren casi todo su cuerpo, o como Benjamín,
quien no aleja sus mojados ojos de la puerta principal a la espera de
su mamá.
Benjamín, como la mayoría de los niños, ha logrado
calcular la hora de las visitas. Ese día, su madre tendrá
que compensar su atraso en acompañarle durante toda la noche.
Para estar pendiente del cuidado de su hija, Delmi ha tenido que trasladarse
desde el cantón Copinol de Chinameca, hacia la casa de una cuñada
ubicada en la colonia Luz.
Y por las noches descansa su cuerpo en una silla de plástico
junto a su tierna, quien permanece en una de las 21 camas de la habitación
del sexto piso del centro asistencial.
La menor de 14 meses apenas logra jugar a malabares para no perder el
equilibrio e impresionar la algarabía de la familia que espera
que muy pronto la niña dé brincos por toda la casa.
Sin embargo, el día de la tragedia, mientras Delmi buscaba en
el patio de su vivienda unas hojas de huerta para un remedio,Yéssica
curiosamente avanzaba hacia una improvisada cocina hecha de ladrillos
de barro, cuya medida tiene un poco más de un metro de alto.
Una pequeña olla con agua hirviendo, que serviría para
el sahumerio, terminó en pocos segundos en ser el verdugo de
la niña.
El descuido causó a la infante quemaduras de tercer grado, prácticamente
graves, en ambas manos, tórax, glúteos y hasta en sus
zona genitales. Sencillamente lamentable.
Me confié que gateaba y que era difícil que a la
distancia que la había dejado del fuego, ella podría alcanzar
el agua. A veces uno no piensa, sostiene Delmi, quien igualmente
no atinó para restregarle tomate en las heridas, con la idea
que el vegetal aparentemente le refrescaría la zona quemada.
Fue hasta más tarde que buscó el centro asistencial.
Puro descuido
Si
bien toda persona está expuesta a maltratarse con el contacto
de algún elemento caliente, son los niños menores de quince
años uno de los grupos más propensos a quemarse.
Estadísticas del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social de
Venezuela señalan, que en los últimos años, del
universo de pacientes quemados el 40.6% eran niños y adolescentes.
En México la principal causa de muerte por accidentes de niños
son las quemaduras. A pesar de ello, este país no cuenta con
una unidad especializada en la atención de quemados.
Nicaragua inauguró esta semana la primera clínica de rehabilitación
para niños quemados de Centroamérica.
El doctor Willcox Ruffin, representante de la Asociación Médicos
por la Paz, dijo que Nicaragua es el único país del continente
donde los pacientes que sufren de quemaduras pueden obtener en un solo
sitio todo lo necesario para su rehabilitación, sin ningún
costo o con una contribución voluntaria.
Para el director del hospital Bloom, Sergio Parada, las causas principales
de quemaduras se deben a líquidos hirvientes cuyos accidentes
generalmente se dan en el interior del hogar, en donde interviene el
descuido de los padres o de quienes les han dejado el cuidado a menores.
Tenemos más quemados durante todo el año por líquidos
hirviendo, aunque en diciembre tenemos un incremento por quemaduras
por pólvora. En tercer lugar están las quemaduras por
electricidad donde son afectados aquellos niños que están
encumbrando las piscuchas y por bajarla se electrocutan, explica
el médico. De estos casos se registran al año unos cinco
o siete, aunque sólo un 25% tiende a sobrevivir.
No obstante, según Manuel Antonio Bonilla, médico de cirugía
plástica del hospital de niños y presidente de la recién
fundada Asociación Pro Niños Quemados de El Salvador (APROQUEMES)
las estadísticas trabajadas en los últimos dos meses,
indican que aproximadamente unos mil pacientes consultan anualmente
en ese nosocomio por quemaduras.
De los niños quemados, por su gravedad requieren ser hospitalizados
la mitad. Con esos datos se podría afirmar, que el año
pasado, aproximadamente 500 niños estuvieron hospitalizados con
un promedio de 10 a 15 días.
Prácticamente ocho de cada diez niños sufrieron lesiones
provocadas por líquidos hirviendo como son agua, chocolate, café.
Hay personas que cocinan el maíz y luego lo bajan al piso.
El niño que anda jugando, se tropieza y cae dentro de la olla
donde han cocido el maíz. Es una quemadura mezclada porque también
contiene cal y esta es una quemadura química, señala
Bonilla.
Los galenos sostienen que existe un problema, que es la no prevención
por parte de las personas mayores. Pese a los casos presentados, no
se ha logrado cambiar y buscar otras alternativas como mantener el cocimiento
en una área más segura.
En la mayoría de los casos, las víctimas provienen del
cinturón de pobreza de las zonas urbanas.
Para efectos prácticos, diríamos que son rurales,
sostiene.
Y aunque hay en América Latina una mayor conciencia sobre la
necesidad de prevenir quemaduras, las condiciones de pobreza de muchos
hogares mantienen el riesgo latente. En Venezuela se ha logrado identificar
como la primera causa de muerte en niños de 5 a 9 años,
los accidentes producidos en el hogar.
Sin embargo, no significa que no ocurra en colonias residenciales. Para
Bonilla es más un factor cultural y de educación.
Debido a que las estadísticas se mantienen y se enrutan a incrementarse,
el doctor Bonilla considera que una de las soluciones para disminuir
los casos podría ser el de insistir de forma continua al padre
de familia, sobre los riesgos de que su hijo puede sufrir una quemadura.
La mayoría de los casos los menores están al cuido
de una persona mayor, sostiene el profesional. Yo prefiero
que el niño llore en el corralito a que se vaya a llorar al sufrir
una quemadura, insiste.
Secuelas inevitables
Aunque
de los casos registrados en el país, la tasa de mortalidad es
mínima (1%), eso no significa que el paciente tienda a presentar
una mejoría con facilidad. Eso dependerá de la gravedad
de la quemadura, así como la extensión afectada.
Un niño menor de cinco años que presente quemaduras en
un 15 por % de su cuerpo, en zonas afectadas como tórax y abdomen,
así como miembros superiores, se le puede considerar como grave.
La mayoría de los padres de familia argumentan desconocer de
algunas medidas preventivas para evitar este tipo de tragedia. Manifiestan
que solamente han incurrido al regaño y a la posible amenaza
de peligro.
Esta actitud es más graves cuando existe la automedicación
como aplicar hielo, pasta dental, tomate, cal, papa, pomadas. Todos
estos enceres lo que provocan es una dificultad para los médicos
el retirar y remover de las quemadas esas sustancias. El colmo es que
no aplican agua ante el temor de provocar ampollas en las zonas dañadas.
Bonilla sostiene que basta con aplicar agua para disminuir la temperatura
alta, cubrir a la víctima con una sábana y acudir al centro
asistencial más inmediato.
El agua con 39 ó 40 grados ya provoca una quemadura, al
contrario de lo que se piensa que el líquido tiene que estar
hirviendo, dice el especialista.
Delmi cometió la imprudencia de aplicar a su hija recomendaciones
caseras. Pero una vez que a Yéssica se le dé el alta y
regrese a Chinameca, el trabajo de recuperación de las secuelas
dejadas por las quemaduras, dependerá del mismo interés
de su propia familia. A excepción de las campañas durante
la navidad, en el país no existe un trabajo preventivo con relación
a los accidentes por quemaduras y las cifras revelan que el problema
es permanente
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Primer
paso de un niño afectado
La finalidad de la fundación es trabajar en la prevención
de las tragedias, así como ayudar a las personas de las
secuelas tras sufrir quemaduras.
Con la idea de buscar una participación global en donde
participen distintos sectores de la sociedad, un grupo de médicos,
enfermeras, profesionales y padres de familia, así como
víctimas por quemaduras decidió fundar, a principios
de este mes, la Asociación Pro Niños Quemados de
El Salvador (APROQUEMES).
Así se ponía en práctica los sueños
del galeno Manuel Antonio Bonilla, pues la experiencia profesional
acumulada en el hospital de niños Benjamín
Bloom al tratar a diario a pacientes que llegan con quemaduras
provocadas con la olla de agua, café, chocolate o en el
cocimiento del maíz, le hizo tomar la iniciativa y formar
la fundación APROQUEMES.
Fue esa cotidianidad de ver tanto caso de personas quemadas con
líquidos o que corren ese tipo de riesgos humanos, lo que
le invitó a unirse a otros profesionales de la medicina,
a exhortar a una sociedad que se dedique específicamente
al tratamiento de las víctimas por quemaduras.
La
inquietud nace al ver que sólo somos observadores de algo
que podemos cambiar. Todos los días vemos casos como cuando
el niño se quemó porque la madre puso la olla hirviente
en el piso y nadie le dijo lo peligroso, sostiene Bonilla,
cuya experiencia le llevó a que ahora sea el presidente
de APROQUEMES.
Los miembros de la nueva fundación están conscientes
de que no lograrán evitar que estos casos sigan presentándose;
sin embargo, con el trabajo preventivo se busca reducir el número
de víctimas.
El peligro que representa estar frente a la cocina con el niño
en brazos, o se crea que no existe mayor peligro al dejar al menor
solo por un instante, es lo que la población no toma en
consideración, acota Bonilla.
Basta en un par de segundos y la vida de la criatura cambiará
para toda la vida, señala.
Dentro de APROQUEMES se ha designado a un grupo de personas, quienes
laborarán en conjunto con otras asociaciones para conocer
el trabajo de campañas que se tienen y que se puedan aplicar
en el país.
Otra de las realidades que se han visto es que, una vez el paciente
deja el hospital, la familia, al encarar las secuelas dejadas
por la quemaduras y el posible trauma psicológico, desisten
de asistir al hospital para continuar con el tratamiento de recuperación,
por lo que el daño físico de las víctimas
puede ser mayor. Entra en juego la responsabilidad.
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