23 de noviembre de 2002

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REPORTAJE

Negligencia de adultos
Cicatrices de por vida

Más de mil consultas por quemaduras son atendidas al año en el hospital de niños Benjamín Bloom. La mayoría de las víctimas tienen que ver con líquidos hirviendo. De estos casos, el 80% son menores de cinco años. Las tragedias ocurren dentro del hogar. Lo más grave, es que lo que puede cambiar la vida a un niño en un instante, pudo prevenirse.

lIván Gómez
vertice@elsalvador.com

Desde el siete de noviembre, Yéssica se encuentra interna en la sala de quemados del hospital “Benjamín Bloom”. La habitación es compartida por más de una decena de infantes quienes mantienen continuamente un llanto silencioso, ya sea porque es hora de realizarles la hidroterapia, les molestan los vendajes –que en algunos casos les cubren casi todo su cuerpo–, o como Benjamín, quien no aleja sus mojados ojos de la puerta principal a la espera de su mamá.
Benjamín, como la mayoría de los niños, ha logrado calcular la hora de las visitas. Ese día, su madre tendrá que compensar su atraso en acompañarle durante toda la noche.
Para estar pendiente del cuidado de su hija, Delmi ha tenido que trasladarse desde el cantón Copinol de Chinameca, hacia la casa de una cuñada ubicada en la colonia Luz.
Y por las noches descansa su cuerpo en una silla de plástico junto a su tierna, quien permanece en una de las 21 camas de la habitación del sexto piso del centro asistencial.
La menor de 14 meses apenas logra jugar a malabares para no perder el equilibrio e impresionar la algarabía de la familia que espera que muy pronto la niña dé brincos por toda la casa.
Sin embargo, el día de la tragedia, mientras Delmi buscaba en el patio de su vivienda unas hojas de huerta para un remedio,Yéssica curiosamente avanzaba hacia una improvisada cocina hecha de ladrillos de barro, cuya medida tiene un poco más de un metro de alto.
Una pequeña olla con agua hirviendo, que serviría para el sahumerio, terminó en pocos segundos en ser el verdugo de la niña.
El descuido causó a la infante quemaduras de tercer grado, prácticamente graves, en ambas manos, tórax, glúteos y hasta en sus zona genitales. Sencillamente lamentable.
“Me confié que gateaba y que era difícil que a la distancia que la había dejado del fuego, ella podría alcanzar el agua. A veces uno no piensa”, sostiene Delmi, quien igualmente no atinó para restregarle tomate en las heridas, con la idea que el vegetal aparentemente le refrescaría la zona quemada. Fue hasta más tarde que buscó el centro asistencial.

Puro descuido

Si bien toda persona está expuesta a maltratarse con el contacto de algún elemento caliente, son los niños menores de quince años uno de los grupos más propensos a quemarse.
Estadísticas del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social de Venezuela señalan, que en los últimos años, del universo de pacientes quemados el 40.6% eran niños y adolescentes.
En México la principal causa de muerte por accidentes de niños son las quemaduras. A pesar de ello, este país no cuenta con una unidad especializada en la atención de quemados.
Nicaragua inauguró esta semana la primera clínica de rehabilitación para niños quemados de Centroamérica.
El doctor Willcox Ruffin, representante de la Asociación Médicos por la Paz, dijo que Nicaragua es el único país del continente donde los pacientes que sufren de quemaduras pueden obtener en un solo sitio todo lo necesario para su rehabilitación, sin ningún costo o con una contribución voluntaria.
Para el director del hospital Bloom, Sergio Parada, las causas principales de quemaduras se deben a líquidos hirvientes cuyos accidentes generalmente se dan en el interior del hogar, en donde interviene el descuido de los padres o de quienes les han dejado el cuidado a menores.
“Tenemos más quemados durante todo el año por líquidos hirviendo, aunque en diciembre tenemos un incremento por quemaduras por pólvora. En tercer lugar están las quemaduras por electricidad donde son afectados aquellos niños que están encumbrando las piscuchas y por bajarla se electrocutan”, explica el médico. De estos casos se registran al año unos cinco o siete, aunque sólo un 25% tiende a sobrevivir.
No obstante, según Manuel Antonio Bonilla, médico de cirugía plástica del hospital de niños y presidente de la recién fundada Asociación Pro Niños Quemados de El Salvador (APROQUEMES) las estadísticas trabajadas en los últimos dos meses, indican que aproximadamente unos mil pacientes consultan anualmente en ese nosocomio por quemaduras.
De los niños quemados, por su gravedad requieren ser hospitalizados la mitad. Con esos datos se podría afirmar, que el año pasado, aproximadamente 500 niños estuvieron hospitalizados con un promedio de 10 a 15 días.
Prácticamente ocho de cada diez niños sufrieron lesiones provocadas por líquidos hirviendo como son agua, chocolate, café.
“Hay personas que cocinan el maíz y luego lo bajan al piso. El niño que anda jugando, se tropieza y cae dentro de la olla donde han cocido el maíz. Es una quemadura mezclada porque también contiene cal y esta es una quemadura química”, señala Bonilla.
Los galenos sostienen que existe un problema, que es la no prevención por parte de las personas mayores. Pese a los casos presentados, no se ha logrado cambiar y buscar otras alternativas como mantener el cocimiento en una área más segura.
En la mayoría de los casos, las víctimas provienen del cinturón de pobreza de las zonas urbanas.
“Para efectos prácticos, diríamos que son rurales”, sostiene.
Y aunque hay en América Latina una mayor conciencia sobre la necesidad de prevenir quemaduras, las condiciones de pobreza de muchos hogares mantienen el riesgo latente. En Venezuela se ha logrado identificar como la primera causa de muerte en niños de 5 a 9 años, los accidentes producidos en el hogar.
Sin embargo, no significa que no ocurra en colonias residenciales. Para Bonilla es más un factor cultural y de educación.
Debido a que las estadísticas se mantienen y se enrutan a incrementarse, el doctor Bonilla considera que una de las soluciones para disminuir los casos podría ser el de insistir de forma continua al padre de familia, sobre los riesgos de que su hijo puede sufrir una quemadura.
“La mayoría de los casos los menores están al cuido de una persona mayor”, sostiene el profesional. “Yo prefiero que el niño llore en el corralito a que se vaya a llorar al sufrir una quemadura”, insiste.

Secuelas inevitables

Aunque de los casos registrados en el país, la tasa de mortalidad es mínima (1%), eso no significa que el paciente tienda a presentar una mejoría con facilidad. Eso dependerá de la gravedad de la quemadura, así como la extensión afectada.
Un niño menor de cinco años que presente quemaduras en un 15 por % de su cuerpo, en zonas afectadas como tórax y abdomen, así como miembros superiores, se le puede considerar como grave.
La mayoría de los padres de familia argumentan desconocer de algunas medidas preventivas para evitar este tipo de tragedia. Manifiestan que solamente han incurrido al regaño y a la posible amenaza de peligro.
Esta actitud es más graves cuando existe la automedicación como aplicar hielo, pasta dental, tomate, cal, papa, pomadas. Todos estos enceres lo que provocan es una dificultad para los médicos el retirar y remover de las quemadas esas sustancias. El colmo es que no aplican agua ante el temor de provocar ampollas en las zonas dañadas.
Bonilla sostiene que basta con aplicar agua para disminuir la temperatura alta, cubrir a la víctima con una sábana y acudir al centro asistencial más inmediato.
“El agua con 39 ó 40 grados ya provoca una quemadura, al contrario de lo que se piensa que el líquido tiene que estar hirviendo”, dice el especialista.
Delmi cometió la imprudencia de aplicar a su hija recomendaciones caseras. Pero una vez que a Yéssica se le dé el alta y regrese a Chinameca, el trabajo de recuperación de las secuelas dejadas por las quemaduras, dependerá del mismo interés de su propia familia. A excepción de las campañas durante la navidad, en el país no existe un trabajo preventivo con relación a los accidentes por quemaduras y las cifras revelan que el problema es permanente

Primer paso de un niño afectado

La finalidad de la fundación es trabajar en la prevención de las tragedias, así como ayudar a las personas de las secuelas tras sufrir quemaduras.

Con la idea de buscar una participación global en donde participen distintos sectores de la sociedad, un grupo de médicos, enfermeras, profesionales y padres de familia, así como víctimas por quemaduras decidió fundar, a principios de este mes, la Asociación Pro Niños Quemados de El Salvador (APROQUEMES).
Así se ponía en práctica los sueños del galeno Manuel Antonio Bonilla, pues la experiencia profesional acumulada en el hospital de niños “Benjamín Bloom” al tratar a diario a pacientes que llegan con quemaduras provocadas con la olla de agua, café, chocolate o en el cocimiento del maíz, le hizo tomar la iniciativa y formar la fundación APROQUEMES.
Fue esa cotidianidad de ver tanto caso de personas quemadas con líquidos o que corren ese tipo de riesgos humanos, lo que le invitó a unirse a otros profesionales de la medicina, a exhortar a una sociedad que se dedique específicamente al tratamiento de las víctimas por quemaduras.
“La inquietud nace al ver que sólo somos observadores de algo que podemos cambiar. Todos los días vemos casos como cuando el niño se quemó porque la madre puso la olla hirviente en el piso y nadie le dijo lo peligroso”, sostiene Bonilla, cuya experiencia le llevó a que ahora sea el presidente de APROQUEMES.
Los miembros de la nueva fundación están conscientes de que no lograrán evitar que estos casos sigan presentándose; sin embargo, con el trabajo preventivo se busca reducir el número de víctimas.
El peligro que representa estar frente a la cocina con el niño en brazos, o se crea que no existe mayor peligro al dejar al menor solo por un instante, es lo que la población no toma en consideración, acota Bonilla.
“Basta en un par de segundos y la vida de la criatura cambiará para toda la vida”, señala.
Dentro de APROQUEMES se ha designado a un grupo de personas, quienes laborarán en conjunto con otras asociaciones para conocer el trabajo de campañas que se tienen y que se puedan aplicar en el país.
Otra de las realidades que se han visto es que, una vez el paciente deja el hospital, la familia, al encarar las secuelas dejadas por la quemaduras y el posible trauma psicológico, desisten de asistir al hospital para continuar con el tratamiento de recuperación, por lo que el daño físico de las víctimas puede ser mayor. Entra en juego la responsabilidad.


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