23 de noviembre de 2002

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CRÓNICA

El Paisnal: Tierra sin ley

En San Francisco Dos Cerros, el cantón más remoto de El Paisnal, el fantasma de la delincuencia acecha a las familias. En un año han muerto seis personas y muchos han sido heridos o asaltados

Oscar Girón
vertice@elsalvador.com

Juan Carlos Villanueva era antes del 17 de febrero pasado el mejor alumno y portero de la selección de fútbol del cantón San Francisco Dos Cerros en El Paisnal. Ahora ha engrosado la lista de las víctimas de violencia que existe en este poblado.
“Me mataron a mi hijo. No sé por qué. Era un buen estudiante, muy obediente y dado con la gente. Su único vicio... el amor al juego de pelota”, dice doña Rosa Núñez, a quien se le cristalizaron los ojos al recordar el incidente.
Antonio Villanueva, padre del adolescente, también se unió al dolor de su esposa, sus ojos y nariz se enrojecieron y con palabras entrecortadas, dijo “sólo tenía 19 años. Era el último de mis nueve hijos y el único que estaba en la casa. Él me ayudaba a trabajar la tierra; era muy bueno para la cuma”.
Ambos padres, además, lamentan que su hijo no conociera a Karla Beatríz, su primogénita, quien nació prematura y estaba ingresada en cuidados intensivos en el hospital de Maternidad, cuando lo asesinaron.
A Juan Carlos lo asesinaron junto al mejor de sus amigos, Francisco Contreras.
Santos Estrada, presidente de la vigilancia de la comunidad, relató que Juan Carlos y Francisco siempre andaban juntos. Aquél día fatal, iban rumbo al caserío El Tamarindo a reforzar un equipo de fútbol, cuando unos desconocidos los interceptaron en la entrada del pueblo para robarles. Se presumen que los jóvenes se rehusaron a entregar sus prendas por lo que los ladrones no vacilaron en dispararles a quemarropa.
Juan Carlos y Francisco son las primeras víctimas del hampa en este año; sin embargo, hay muchas más que sobrevivieron a asaltos.
La gente de El Paisnal no esconde su temor, ya que ante estos incidentes están sobrecogida por el pánico de ser la próxima en la lista.

Temor, el enemigo mayor

Aunque el número de muertos no es significativo y no refleja los altos índices de violencia, en San Francisco Dos Cerros es el temor a morir en cualquier momento lo que se ha apoderado de cada uno de los pobladores. Narcisa Contreras, madre de Francisco (el segundo joven fallecidos), prefirió irse de este recóndito cantón ubicado a 62 kilómetros de la capital porque la muerte rondaba a los cinco hijos que le quedan.
Arnulfo Alfaro, director del centro escolar del cantón, recuerda que la última vez que la muerte los visitó fue el 8 de septiembre pasado, cuando unos sujetos asesinaron a una mujer y sus tres hijos en el caserío El Verdío, que también pertenece a esta jurisdicción. Alfaro sostiene que todos los días asaltan en la zona o hay más de algún herido; pero la población tiene miedo a denunciarlo.
Es más, se atreve a decir que el 80% de los vándalos pertenecen a la comunidad y sus alrededores.
Él afirma que, en el caso de los dos estudiantes asesinados, un miembro de la comunidad sería el responsable del doble crimen. Los asesinatos se unen a otros hechos de violencia en este polvoriento cantón y sus caseríos, donde algunos residentes calculan que el maltrato ha provocado que un 70% de los hogares sufran desintegración y un 15% el abandono de hogar por parte del hombre.
A estos índices de violencia se añade el alto consumo de alcohol, casi exclusivamente por hombres, a quienes se acusa de disparar al aire noche a noche. Al parecer, la falta de seguridad policial también influye en el empeoramiento del problema.

No hay denuncia

Entre San Francisco Dos Cerros y la delegación policial más cercana existen 23 kilómetros de calle polvorienta y solitaria.
La distancia preocupa a las 142 familias del cantón y sus alrededores por que la vía es estrecha, silenciosa y bordeada por extensos cañales, algo que resulta ideal para que se cometan atracos.
El subdirector de la escuela, German Orellana, fue una víctima hace nueve meses.
“ Tres enmascarados me asaltaron una semana después del asesinato de los estudiantes, lo reporté a la policía, pero como la delegación está muy lejos, los agentes tardaron y los ladrones se fueron”, comenta.
German, junto a algunos amigos, se lanzaron a la búsqueda de los asaltantes. Al toparse con éstos, fueron atacados con armas hechizas.
“No son profesionales, si lo fueran nos hubieran terminado”, dice.
La comunidad se autodefiende y una de las medidas para hacerlo es habilitar la comunicación, con ayuda de tres teléfonos móviles.
Aunque la señal de los teléfonos no falla, algunos vecinos se quejan del tardado auxilio que les brinda la policía.
Según el cabo David Rauda, jefe de la delegación de la Policía Nacional Civil de El Paisnal, ellos hacen dos rondas a la semana y atienden todas las llamadas que provienen de ese sector, de las cuales tres al mes son por casos de violencia o para trasladar a enfermos.
Para el jefe policial, estos lugareños no tiene cultura de denuncia, casi todos conocen a los delincuentes, pero por temor se quedan callados.
San Francisco Dos Cerros es, según la PNC, uno de los cantones más pasivos del municipio, en donde los que perturban la paz son jóvenes delincuentes de Atiocoyo, La Libertad.
Para el cabo Rauda, la zona más conflictiva y temida es el Cantón Cabaña porque allí se comercializa droga y es escenario donde han operado grupos de asaltantes como la famosa banda “El Sapo”, que ya fue capturada. Pero los vecinos de San Francisco Dos Cerros siguen atemorizados y sufriendo en carne propia la violencia.


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