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REPORTAJE
La
batalla continúa
En
noviembre de 2000, Vértice publicó un reportaje sobre
las irregularidades detectadas en la licitación de Revisión
Técnica Vehicular, realizada durante la gestión de Ana
María Majano. Dos años después, la sombra de la
duda continúa sobre las empresas ganadoras del concurso. Las
razones parecen sobrar. Tanto, que el nuevo Ministro de Medio Ambiente
habla de realizar modificaciones al contrato que firmó su antecesora.
Claudia
Zavala
vertice@elsalvador.com
Simplemente, desconfían de su solvencia técnica y financiera
para otorgarles el banderillazo de salida e iniciar la Revisión
Técnica Vehicular en nuestro país. Para Inceysa Vallisoletana
S.L. e Icasur S.A. el momento de exprimir el jugoso contrato millonario,
firmado en el año 2000, todavía debe esperar. El Gobierno
justifica su negativa a dejarlas operar amparado en una supuesta escasa
solidez financiera y técnica, lo elemental para otorgarles la
tarea de avalar la circulación de 500 mil vehículos, durante
diez años prorrogables.
Las empresas, por su parte, no han escatimado en recursos para hacer
valer lo firmado. De hecho, el pasado 29 de octubre, demandaron al Gobierno
salvadoreño ante un Tribunal de arbitraje internacional, por
incumplimiento del contrato de Revisión Técnica Vehicular
y por violación al acuerdo de inversión recíproca
que existe entre El Salvador y España.
Los señalamientos hacia Inceysa Vallisoletana e Icasur han provenido,
además, de dos empresas que participaron en la licitación
y que, descontentas con los resultados de la misma, acudieron a la Corte
Suprema de Justicia, en noviembre de 2000, para interponer sendos recursos
de revocatoria.
Se trata de Supervisión y Control S.A. y Mustang El Salvador.
Dichas entidades señalaban a la ex ministra de Medio Ambiente,
Ana María Majano, de haberles violado el derecho de concurrencia
y de haber realizado irregularmente un procedimiento de licitación.
Pese a los argumentos y pruebas presentados, la Corte emitió
su veredicto en favor de las empresas españolas, en ambas demandas.
La resolución se conoció a finales del mes pasado, cerrando,
de momento, la posibilidad de dar un giro legal a la suerte de las ganadoras.
Pero la polémica tejida alrededor de estas empresas no es nueva.
Hace dos años, Vértice realizó una investigación
sobre la licitación para el control de emisión de gases.
Una avalancha de irregularidades salieron a flote, entre las que destacaba
la relación administrativa y económica que ambas empresas
seleccionadas, Inceysa Vallisoletana e Icasur, tenían en España.
Algunos incluso se adelantaron en señalar que, de mantenerse
la decisión ministerial de nombrarlas ganadoras, se estaría
autorizando oficialmente un posible monopolio en el país.
advertencias previas
Antes
de que se abriera la oferta económica de las empresas finalistas,
las cartas comenzaron a moverse, y documentos comprometedores llegaron
hasta el escritorio de Majano.
El 2 de octubre de 2000, Supervisión y Control le envió
una carta en la que externaba su preocupación por diversos puntos
concernientes a la legalidad e idoneidad de Icasur e Inceysa. Además,
la funcionaria recibió un dossier completo sobre los antecedentes
financieros y técnicos de las empresas en España. La información
estaba fundamentada en datos proporcionados por Dun & Bradstreet,
una firma norteamericana de referencia comercial y financiera, y por
registro públicos mercantiles de España.
Los documentos detallaban aspectos relevantes, tales como el estado
de quiebra en el que estaba sumergida Inceysa Vallisoletana en el momento
del concurso. Dato que parecía alarmante, sobre todo, tomando
en cuenta que para la ejecución del proyecto de RTV se requería
una inversión inicial de seis millones de dólares.
Además, se refería a los drásticos cambios en las
exigencias de las segundas bases de licitación. Según
Supervisión y Control, en las segundas bases, se habían
suprimido ciertos requisitos que ayudarían a garantizar la idoneidad
técnica y económica de las empresas participantes (ver
recuadro).
Supervisión y Control solicitaba que se suspendiera la adjudicación
de la licitación, mientras no se hiciera un análisis exhaustivo
de las propuestas y que todas las ofertas se pusieran a disposición
de los concursantes, por ser ese el espíritu de una licitación
pública.
Contradicciones
Además, la empresa invitaba al MARN a que investigara la veracidad
de los datos incluidos en el dossier, por medio de la Embajada de El
Salvador en España. Así Majano comprobaría si los
documentos eran verdaderos, o simplemente se trataba del último
recurso de un perdedor.
Sin embargo, el revelador paquete no hizo tambalear la decisión
de la Ministra. El 23 de octubre de 2000, su respuesta para Supervisión
y Control se afincó en un rotundo No ha lugar, refiriéndose
a las peticiones hechas.
En la documentación presentada por las sociedades ofertantes
Icasur S.A. e Inceysa Vallisoletana S.L., no se ha detectado ninguna
vinculación judicial o administrativa entre ambas, rezaba
la misiva.
Cuando Vértice tuvo acceso a la información recavada por
Dun & Bradstreet, otro listado de irregularidades salió a
la luz.
De entrada, había una delicada contradicción, pues los
documentos presentados por las empresas que ofrecerían el respaldo
técnico a Icasur e Inceysa eran confusos.
Por un lado, el administrador gerente de la Estación ITV Vega
Baja, Ramón Lidón Vegara, que aportaría soporte
técnico a Icasur, afirmaba que su empresa no mantenía
ningún tipo de acuerdo comercial o de colaboración tecnológica
con Icasur.
Mientras, su representante legal, Ramón Pérez Cases, se
encargaba de sostener lo contrario y garantizó, vía fax
enviado al MARN, el apoyo técnico para Icasur
Al ser consultado vía telefónica en España, Lidón
Vegara tildó de mentiroso a Pérez Cases, asegurando
que ni siquiera era el representante legal de ITV vega Baja.
Por otro lado, la ITV Alcantarilla, empresa que daría apoyo técnico
a Inceysa Vallisoletana, presentaba el mismo problema. El representante
legal, Juan Navarro Pérez, aseguraba que sí había
contrato de respaldo. Mientras que Francisco González Cubero,
jefe de Servicios Legales de la ITV daba crédito de lo contrario.
Sostenía que por ser una institución estatal, la ITV Alcantarilla
no podía hacer contratos con una empresa privada.
Cuando Majano fue consultada sobre las evidentes contradicciones en
los documentos que ella recibió, no se inmutó. Señalaba,
más que nunca, estar segura de que Icasur e Inceysa Vallisoletana
eran las empresas que llevarían a cabo el proyecto de medición
de gases en el país, a un costo de 235 colones por vehículo,
una vez por año.
Hemos hecho lo necesario para asegurarnos de que todo está
bien. No es nuestra potestad legal investigar más de lo que la
ley nos faculta. No soy detective, acotó.
No están en el país
El entonces principal asesor de la Ministra, Edgar Hasbún, defendía
la postura de la funcionaria sobre un argumento claro: No creo
que estas empresas se arriesguen tanto y mientan, porque tendrían
que pagar la fianza de fiel cumplimiento después de firmar el
contrato. Nosotros no perdemos, porque siempre cobraríamos la
fianza, que es el 10% del valor del contrato por el primer año.
Sin embargo, labor de detective es la que ahora está haciendo
el Ministerio de Medio Ambiente. A dos años de firmado el contrato,
los ocho centros de operación no han comenzado a funcionar. La
confianza hacia las empresas ha disminuido todavía más
al conocer que han sido demandadas por algunos de sus proveedores.
Uno de ellos es A&T, cuyo representante, Rolando García,
asegura que ha demandado a Icasur e Inceysa por 21 mil 600 y 22 mil
dólares, respectivamente, por incumplimiento de pago del trabajo
realizado en los centros de operación ubicados en Quezaltepeque
y el Sitio del Niño.
Mientras tanto, Joaquín Alviz Victorio, administrador único
de Icasur y Antonio Martínez Lavado, administrador de Inceysa,
no quieren dar la cara. De hecho, nadie de Icasur acudió al citatorio
hecho por el Juzgado Segundo de lo Mercantil, el miércoles 13
de noviembre.
Vértice se contactó a las oficinas y en ambos lugares
dijeron que los señores estaban fuera del país y
no se sabe cuándo regresarán.
Mientras, Juan Luis Molines, de la Unión Transitoria de Empresas,
UTE, consorcio del cual también Icasur formaba parte para el
trabajo de Ampliación y mejoras de una planta de tratamiento
de aguas en El Salvador, no da razón de Victorio.
Molines aclara escuetamente que ya no tienen nada que ver con
Icasur, porque el proyectó se concluyó en mayo y ya no
han tenido relación.
El Ministro de Medio Ambiente, Walter Jokisch, había prometido
una entrevista con Vértice desde la semana anterior, por medio
del encargado de prensa Angel Iraheta.
Sin embargo, luego de más de una semana de espera dijeron que
todavía están preparando la información que
se tiene que dar a conocer.
Por el momento, sólo se sabe que el Jokisch tiene serias intenciones
de hacer cambios en el contrato, de comprobarse las irregularidades
que su antecesora obvió. Habrá que esperar los resultados
de las diligencias gubernamentales y el proceso que seguirá la
demanda interpuesta en España, en contra de El Salvador.
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¿Por
qué disminuyeron las exigencias?
Una primera licitación, realizada en 1999, fue declarada
desierta porque sólo dos empresas resultaron ser competentes
y no ofrecían la medición de óxido de nitrógeno.
Cuando se lanzó el segundo concurso, en 2000, había
claras modificaciones en las exigencias
¿Qué pudo haber motivado a la ex ministra Ana María
Majano y a su equipo de asesores a cambiar con tanta radicalidad
las bases del segundo concurso?
Algunos presumen que por la supresión de ciertos requisitos
clave fue posible que empresas como Inceysa Vallisoletana S.L.
pudiera concursar. Icasur S.A. había participado en la
primera convocatoria, sin embargo, no logró despuntar entre
las dos finalistas.
Los cambios de las segundas bases, hechas en el año 2000,
con respecto de las primeras, hechas en 1999, son los siguientes:
a) Eliminación del requerimiento de notas explicativas
de los estados financieros y el informe de auditores independientes.
b)Eliminación de comprobación de experiencia mediante
la certificación de una autoridad competente. c) Eliminación
de la exigencia de la infraestructura de la firma. d) Eliminación
del proyecto de Certificación ISO 9002 y su
compromiso de puesta en marcha. e) Eliminación del requisito
de presentar referencias crediticias de los últimos tres
años. f) Supresión del párrafo: Sólo
se podrá presentar una oferta económica, no pudiendo
rehacerla, modificarla o enmendarla una vez presentada.
Este cambio generaba duda, en el sentido de que se abría
la posibilidad de hacer aportes a las ofertas, una vez entregadas
al MARN. La cuota fue acordada finalmente en 235 colones.
La respuesta de Majano cuando se le cuestionó sobre el
porqué del cambio fue simple: No tiene ninguna trascendencia
el comparar las primeras bases con las segundas. Si hubo alguna
modificación, no tiene relevancia, pues las mismas bases
rigieron para todos los ofertantes, en igualdad de condiciones
y oportunidades.
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