10 de noviembre de 2002

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El regreso de Tutankamón

Desde que se descubrió su tumba, hace ochenta años, la hipótesis de su asesinato ha sido la que más se ha sostenido; pero, tras los últimos hallazgos, crece la posibilidad de que el joven gobernante haya fallecido por causas naturales.

Redacción Vértice/Agencias
vertice@elsalvador.com

Tutankamón, el célebre faraón que llegó al trono a los nueve años de edad, y cuya muerte ha sido fascinación de científicos y detectives durante décadas, vuelve a causar polémica.

Luego de que el arqueólogo británico Howard Carter descubriera su tumba el 4 de noviembre de 1922, toda suerte de teorías se ciernen sobre su muerte. La posibilidad de un asesinato de parte de su primer ministro y posterior sucesor, llamado Ay, es la que más fuerza ha cobrado con el paso del tiempo.

Sin embargo, recientemente salió a la luz un libro en España titulado “Tutankamón, vida y muerte de un rey niño”, escrito por la egiptóloga Christine El Mahdy, que recobra la hipótesis de que el faraón falleció a causa de un tumor en la cabeza, a los 17 años.

El Mahdy sostiene su teoría destacando la existencia de un adelgazamiento de la pared del cráneo de Tutankamón, detrás de la oreja izquierda, que habría sido provocado por la presión interna en el hueso. Según ella, el joven faraón habría sufrido fuertes dolores y su movilidad se habría visto afectada. Finalmente, caería inconsciente y moriría poco después, ante la impotencia de los médicos de la época.

La autora no descarta que el adelgazamiento del cráneo pudiera haberse desarrollado a raíz de un accidente, quizá con un palo de caza, como los sorprendentes bumeranes encontrados en la tumba. En todo caso, asegura que el lugar de la lesión del hueso del cráneo no es el lógico para un golpe criminal. En 1992, la teoría del accidente fortuito fue también sostenida por Dennis C. Forbes en un sugerente escenario: Tutankamón habría muerto aplastado en un accidente de carro, vehículo que parecía gustarle especialmente, ya que en su tumba había seis desmontados. Otra novela publicada en 1997, por la francesa Daniele Calvo Platero, llamada “Tutankamón, el faraón maldito”, juntaba la tesis del asesinato y el accidente: al rey le sierran el eje de las ruedas.

Tutankamón o Nebkheprura, que significa “Señorial manifestación de Ra”, fue el duodécimo faraón de la dinastía XVIII del Imperio Nuevo egipcio. La mayoría de los egiptólogos creen hoy que fue hijo de Akenatón, el faraón “herético”, y de una esposa secundaria, Kiya.

El hecho de que Tutankamón muriera joven, viviera en tiempos turbulentos y fuera el último rey de su linaje, los tutmósidas (además de las características extrañas de su tumba, a todas luces improvisada, y su ajuar, en gran parte reaprovechado de otros entierros), ha dado alas tradicionalmente a la hipótesis del magnicidio; aunque la autopsia a la momia en 1925 no reveló la causa de la muerte.

¿Claves de la muerte?

De hecho, El Mahdy considera que el trato que recibió la momia de parte de Carter y su equipo de investigadores pudieron borrar muchas claves sobre la muerte, pues se produjeron desperfectos en el cadáver. Incluso se incluyó el uso de hornillos bajo el sarcófago de oro para despegar el cuerpo al haber quedado medio soldado, en una pasta infame, con el fondo del ataúd. Con semejante trato, es lógico que los análisis de los ajados restos permitan montar casi cualquier hipótesis.

Desde 1968, dos detectives de Utah, Greg Cooper, miembro del FBI, y Mike King, investigador criminal y un inspector de Scotland Yard, mantienen la hipótesis de que Ay, entonces, de 67 años, fue el asesino. Sin embargo, muchos egiptólogos dudan de que un hombre que había profesado veneración a la familia fuera capaz de tal crimen; sin contar, además, con que el asesinato de un faraón simplemente era un acto que no cabía por lo general en la mentalidad egipcia.

Alrededor del misterio de la muerte del “rey niño”, lo que más polémica ha creado es la llamada “Maldición de Tutankamón”. Cerca de quince muertes de científicos, arqueólogos, técnicos y funcionarios egipcios han sido reportadas, sin que aún se haya logrado determinar una relación directa y científica con el hecho de haber visitado la tumba.

Hoy, Tutankamón sigue durmiendo el sueño eterno en su tumba del Valle de los Reyes, mas despojado de todo su sorprendente ajuar, depositado en su inmensa mayoría en el Museo Egipcio de El Cairo. Su misterio, al contrario que su momia, desnudada y escarnecida, sigue aún intacto.


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