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INTERNACIONAL
El
regreso de Tutankamón
Desde
que se descubrió su tumba, hace ochenta años, la hipótesis
de su asesinato ha sido la que más se ha sostenido; pero, tras
los últimos hallazgos, crece la posibilidad de que el joven gobernante
haya fallecido por causas naturales.
Redacción
Vértice/Agencias
vertice@elsalvador.com
Tutankamón,
el célebre faraón que llegó al trono a los nueve
años de edad, y cuya muerte ha sido fascinación de científicos
y detectives durante décadas, vuelve a causar polémica.
Luego de que el arqueólogo británico Howard Carter descubriera
su tumba el 4 de noviembre de 1922, toda suerte de teorías se
ciernen sobre su muerte. La posibilidad de un asesinato de parte de
su primer ministro y posterior sucesor, llamado Ay, es la que más
fuerza ha cobrado con el paso del tiempo.
Sin embargo, recientemente salió a la luz un libro en España
titulado Tutankamón, vida y muerte de un rey niño,
escrito por la egiptóloga Christine El Mahdy, que recobra la
hipótesis de que el faraón falleció a causa de
un tumor en la cabeza, a los 17 años.
El Mahdy sostiene su teoría destacando la existencia de un adelgazamiento
de la pared del cráneo de Tutankamón, detrás de
la oreja izquierda, que habría sido provocado por la presión
interna en el hueso. Según ella, el joven faraón habría
sufrido fuertes dolores y su movilidad se habría visto afectada.
Finalmente, caería inconsciente y moriría poco después,
ante la impotencia de los médicos de la época.
La
autora no descarta que el adelgazamiento del cráneo pudiera haberse
desarrollado a raíz de un accidente, quizá con un palo
de caza, como los sorprendentes bumeranes encontrados en la tumba. En
todo caso, asegura que el lugar de la lesión del hueso del cráneo
no es el lógico para un golpe criminal. En 1992, la teoría
del accidente fortuito fue también sostenida por Dennis C. Forbes
en un sugerente escenario: Tutankamón habría muerto aplastado
en un accidente de carro, vehículo que parecía gustarle
especialmente, ya que en su tumba había seis desmontados. Otra
novela publicada en 1997, por la francesa Daniele Calvo Platero, llamada
Tutankamón, el faraón maldito, juntaba la
tesis del asesinato y el accidente: al rey le sierran el eje de las
ruedas.
Tutankamón o Nebkheprura, que significa Señorial
manifestación de Ra, fue el duodécimo faraón
de la dinastía XVIII del Imperio Nuevo egipcio. La mayoría
de los egiptólogos creen hoy que fue hijo de Akenatón,
el faraón herético, y de una esposa secundaria,
Kiya.
El hecho de que Tutankamón muriera joven, viviera en tiempos
turbulentos y fuera el último rey de su linaje, los tutmósidas
(además de las características extrañas de su tumba,
a todas luces improvisada, y su ajuar, en gran parte reaprovechado de
otros entierros), ha dado alas tradicionalmente a la hipótesis
del magnicidio; aunque la autopsia a la momia en 1925 no reveló
la causa de la muerte.
¿Claves de la muerte?
De hecho, El Mahdy considera que el trato que recibió la momia
de parte de Carter y su equipo de investigadores pudieron borrar muchas
claves sobre la muerte, pues se produjeron desperfectos en el cadáver.
Incluso se incluyó el uso de hornillos bajo el sarcófago
de oro para despegar el cuerpo al haber quedado medio soldado, en una
pasta infame, con el fondo del ataúd. Con semejante trato, es
lógico que los análisis de los ajados restos permitan
montar casi cualquier hipótesis.
Desde 1968, dos detectives de Utah, Greg Cooper, miembro del FBI, y
Mike King, investigador criminal y un inspector de Scotland Yard, mantienen
la hipótesis de que Ay, entonces, de 67 años, fue el asesino.
Sin embargo, muchos egiptólogos dudan de que un hombre que había
profesado veneración a la familia fuera capaz de tal crimen;
sin contar, además, con que el asesinato de un faraón
simplemente era un acto que no cabía por lo general en la mentalidad
egipcia.
Alrededor del misterio de la muerte del rey niño,
lo que más polémica ha creado es la llamada Maldición
de Tutankamón. Cerca de quince muertes de científicos,
arqueólogos, técnicos y funcionarios egipcios han sido
reportadas, sin que aún se haya logrado determinar una relación
directa y científica con el hecho de haber visitado la tumba.
Hoy, Tutankamón sigue durmiendo el sueño eterno en su
tumba del Valle de los Reyes, mas despojado de todo su sorprendente
ajuar, depositado en su inmensa mayoría en el Museo Egipcio de
El Cairo. Su misterio, al contrario que su momia, desnudada y escarnecida,
sigue aún intacto.
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