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ANALISIS
Una
guerra unilateral por...
¿El petróleo de Irak?
Atacar
en forma unilateral para prevenir el uso indebido de armas de destrucción
masiva plantea nuevas consideraciones al derecho de autodefensa
contemplado en la Carta de las Naciones Unidas.
Carmen
Gallardo *
vertice@elsalvador.com
En el mundo unipolar en el que vivimos se plantea diferentes formas
para llevar una nación a la guerra. A Sadam Hussein le basta
con permitirle a la guardia presidencial invadir un país vecino,
tal como sucedió hace doce años en el caso de Kuwait.
El presidente George W. Bush para lanzar una acción militar contra
Irak ha tenido que dialogar con el Congreso, prestarle atención
a las expresiones de cautela por parte de su alto mando, a evaluar la
capacidad de la economía estadounidense para sostener una guerra
prolongada y convencer a su propio pueblo. No es igual. En el plano
internacional ha desplegado una extensa campaña tratando de convencer
a sus aliados y miembros del Consejo de Seguridad de la ONU.
Sus advertencias y aseveraciones -ampliamente apoyadas por Gran Bretaña-
no han logrado convencer ni a los países aliados de la Unión
Europea ni al resto de miembros permanentes del Consejo de Seguridad
(Francia, Rusia y China). Unos y otros se han unido a la alianza contra
el terrorismo internacional. Pero ello no implica que estén dispuestos
a sacrificar sus intereses políticos con el mundo islámico
ni sus fuertes intereses económicos, industriales y estratégicos
en la región del Golfo.
Esta realidad, quizás desestimada en su inicio por algunos políticos
en Washington, le dificulta ciertamente, hoy en día, al Presidente
Bush lograr el respaldo deseado. Los países aliados no parecen
dispuestos a sacrificarlo todo por seguir a Estados Unidos en esta aventura
militar.
Para Francia, China y Rusia la reanudación de la misión
de los inspectores debe constituir un paso previo al eventual ataque
militar. La presencia de armas de destrucción masiva (nucleares,
biológicas y químicas) debe, además, quedar evidenciada.
Para Francia China y Rusia las decisiones deben tomarse en dos tiempos;
para E.U. el tiempo se acorta y se impacienta ante la prolongación
de los debates en la ONU. Entre los cinco miembros permanentes se juega
el destino del mundo en cierta forma y no es la primera vez.
El presidente francés Jacques Chirac afirma que debe prevalecer
la lógica del derecho internacional, descartando las iniciativas
unilaterales. Y el representante de México, miembro no
permanente del Consejo, estima que no se debe aceptar a priori
una guerra unilateral porque no hay peor mal para la humanidad
que una guerra.
Entre los miembros del Consejo de Seguridad la visión con respecto
a Irak y sobretodo sus relaciones bilaterales con este país son
diferentes. Ello explica en gran parte, en este momento, la fractura
del pensamiento único entre los aliados.
El petróleo es prioridad
Lo subyacente a las posturas políticas lo encontramos en el plano
de la geoeconomía y el petróleo. Sadam Hussein ha utilizado
desde hace años el petróleo como arma de guerra. Y los
aliados, incluyendo a China, necesitan del crudo del Golfo.
Rusia se opone a la guerra en la medida en que está elaborando
un programa de cooperación comercial científica e industrial
por un periodo de diez años con Irak cuyo monto se estima en
40.000 millones de dólares. Abarca unos 70 proyectos en el área
del petroleo, transporte, comunicaciones y agricultura.
Irak, por su parte, le debe aproximadamente 8.000 millones de dólares
a Rusia actualmente.
En cuanto a China, quedó evidenciada su posición con respecto
a Irak cuando el Viceprimer Ministro Qian Qiochen afirmó que
las relaciones chinas-iraquíes siguen siendo extremadamente
amistosas. Ya en agosto de 2000 el Consejero del Estado Chino
señalaba Irak tiene ricos recursos naturales y existen
amplias perspectivas de desarrollar la cooperación amistosa
entre ambas naciones.
Alemania, país que ha expresado por diversas vías diplomáticas
su desacuerdo con la política unilateral del presidente Bush,
no duda en afirmar -en palabras de su ministro de Finanzas- Hans Eichel
que un ataque estadounidense podría poner en peligro el
objetivo de crecimiento del 2.5% para el próximo año y
nuestro esfuerzos de alcanzar el déficit cero en 2004.
En tanto, el Canciller alemán Gerhard Schroeder opina que la
invasión estadounidense puede destruir la alianza internacional
contra el terrorismo. Para entender tal posición hemos
de recordar que el poderío alemán se sustenta ante todo
en su economía más que en su capacidad armamentista; además,
es un fuerte competidor de los E.U. por la supremacía comercial
en el Este de Europa. Schroeder desea encabezar la tendencia del multilateralismo
para evitar el caos que pudiera causar la supremacía de una sola
potencia.
Otra realidad que ayuda a entender las diferencias entre aliados se
sitúa en el plano de las las rivalidades económicas en
torno al petróleo del Golfo Pérsico. Washington tiene
por principales adversarios en este campo a Alemania y a Japón.
Solo en la medida en que E.U. logre controlar esa región, podrá
imponer cierto dominio a sus competidores. La sumisión económica
de Europa hacia Estados Unidos pasa necesariamente en este momento por
Bagdad.
La amenaza de una próxima guerra entre E.U. e Irak enfrenta en
el campo financiero a Wall Street y al complejo militar industrial.
Para los primeros se avecina un derrumbe del sistema financiero global
en tanto los segundos esperan incrementar sus ganancias, en caso estalle
la guerra.
Queda asi planteado para el mundo si Sadam Hussein representa en este
momento el principal peligro para la humanidad y si justifica atacar
en forma unilateral a Irak para desarmarlo y derrocar a su gobierno.
O si el mundo no está más bien amenazado a muerte por
la radicalización de las ideas que sigue enfrentando a Occidente
con el Islam, y no tanto por tratarse de culturas diferentes; sino,
más bien, porque unos tienen lo que otros no.
Se nutre así el odio en forma irracional y despiadada por
encima de las fronteras entre las naciones y del respeto a la vida humana.
* Analista política internacional
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