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MONTEBELLO:
PRESAGIO DE UNA AMENAZA
Peligro
desde la cumbre
Los
deslaves son una amenaza constante en nuestro país. En los últimos
100 años, 27 de ellos, como el de Montebello en 1982, han cobrado
centenares de vidas. Para mitigar su efecto, el Servicio Nacional de
Estudios Territoriales, apoyado por una investigación de una
universidad privada, ha logrado establecer mapas de riesgo en los volcanes
de San Salvador y Usulután
Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com
El
pasado miércoles, en el municipio de Santo Tomás, un deslave
mató a 5 trabajadores. La víctimas se suman a los estragos
que los derrumbes ocasionan en el país.
Hasta hace poco, este tipo de eventos eran impredecibles, aunque cada
año en temporada de lluvias existe la probabilidad que se desencadene
un deslizamiento. Pero a partir del año pasado y gracias a avanzada
tecnología, se ha logrado establecer virtuales zonas de amenazas
por derrumbe en dos volcanes de El Salvador.
Después de los terremotos de enero y febrero de 2001, un grupo
de especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS,
por sus siglas en inglés) elaboró un Mapa de Amenaza por
Lahar (término técnico para deslave) en los volcanes de
San Salvador y Usulután.
Para delimitar las áreas de riesgo, los geólogos utilizaron
un moderno programa llamado Lahar z. Este se alimenta de
la información sobre las curvas a desnivel de un mapa digital
en tres dimensiones de una elevación. El programa genera las
líneas naturales de drenaje o quebradas del volcán, para
que bajen los modelos de virtuales deslaves.
El siguiente paso es suministrar a la computadora un volumen de determinado
material que provocaría el derrumbe. Al correr el programa con
toda la información, se tiene como resultado un mapa de las posibles
zonas que serían afectadas en caso de ocurrir un deslave.
Sin embargo, las ecuaciones matemáticas de la herramienta de
Lahar z están calibradas con datos estadísticos
y geológicos de todo el mundo por lo que su resultado en los
ejemplos salvadoreños no fue muy realista de acuerdo al punto
de vista de algunos geólogos.
Carlos Pullinger, vulcanólogo del Servicio Nacional de Estudios
Territoriales de El Salvador (SNET), advirtió las limitaciones
del estudio realizado por el USGS. Ellos tomaron como ejemplo
20 volcanes del mundo. Muchos de ellos tienen conos de nieve y los lahares
que provocaron fueron grandísimos, afirma.
Para Pullinger, el estudio preliminar planteó un reto para los
investigadores locales: aplicar la herramienta Lahar z con
el suministro de información local.
Deslaves
en C.A.
El SNET desarrolló la investigación incorporando a la
sociedad civil, por medio de una universidad, al proyecto de mapa de
amenazas.
Para
la realización de la investigación buscaron apoyo en el
Departamento de Ingeniería de la Universidad Centroamericana
José Simeón Cañas (UCA). Ahí
un grupo de estudiantes dirigidos por el ingeniero José Cepeda,
coordinador de la carrera de Ingeniería Civil, y asesorados por
Pullinger retomaron el proyecto como trabajo de graduación.
Los estudiantes Antonio Blanco, Antonio Burgos y Milton Mejía
realizaron una recopilación histórica de los lahares sucedidos
en la región centroamericana, para formar un catálogo
de inundaciones.
El documento era inexistente hasta entonces y aportó la base
de datos para la ejecución del proyecto.
A partir de la información obtenida, realizaron la calibración
de las ecuaciones de Lahar z. El programa fue corrido en
el mapa digital en tres dimensiones de los volcanes de San Salvador
y Usulután.
Para verificar la precisión de la herramienta calibrada, la corrieron
con los datos del deslave que sucedió en Montebello, en 1982.
Aunque no fueron exactos, los resultados se acercaron mucho más
al deslave real que el de los estudios realizados por el USGS, el año
pasado.
La investigación también delimitó aún más
las áreas propensas a deslave en el volcán de San Salvador.
En el mapa del USGS se determinaron al menos 29 puntos vulnerables.Con
la nueva zonificación, las áreas susceptibles se redujeron
a 12 (ver gráfico).
Esto, según Pullinger, porque no se tomaron en cuenta los conocimientos
empíricos de la zona.
Tomamos las pendientes de más de 45 grados de inclinación
como las zonas de mayor potencial de deslave y eliminamos las de menor
inclinación porque la historia nos dice que no ha habido deslaves
ahí, explica.
Otro aspecto que el estudio consideró es el material geológico
del volcán.
El USGS corrió el modelo en la parte norte de El Boquerón
y sabemos muy bien que esas son lavas y lo más seguro es que
esas lavas no se van a mover, porque no acumulan agua, afirma.
Para Pullinger, los resultados de la investigación han aportado
un mapa más realista.
Este se incorporará a un mapa de distintas amenazas para San
Salvador y servirá como una guía para el desarrollo de
la ciudad. No obstante, según el vulcanólogo no se puede
decidir, con base en el mapa, en qué zonas construir o no, pero
los constructores deben tomar en cuenta las amenazas y tomar las precauciones
necesarias.
El mapa de amenaza poco puede hacer con las construcciones terminadas,
muchas de ellas en la zona donde ocurrió la tragedia de Montebello,
en 1982.
La triste realidad es que vas a visitar la quebrada donde ocurrió
el deslave de Montebello y está cubierta de casas... El drenaje
natural del volcán son casas. No existe obra de mitigación
que proteja eso, en caso de un deslave.
Cuando
la muerte bajó del volcán
El
19 de septiembre de 1982, un lahar (deslave) descendió del volcán
de San Salvador y sepultó, bajo toneladas de lodo y escombros,
a más de 300 personas de una populosa zona de Mejicanos. 20 años
después, aquella tragedia desapareció de la memoria colectiva
del país, a pesar de que la amenaza de otro evento similar está
mucho más cerca de lo que se cree.
Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com
Ese año, el país atravesaba una de las etapas más
críticas de su historia. La Asamblea Constituyente, presidida
por el mayor Roberto dAubuisson, discutía las bases para
crear una nueva Constitución y el presidente provisional Alvaro
Magaña anunciaba las elecciones a realizarse dos años
más tarde.
El noveno mes es, según los metereólogos, el mes más
copioso del año. Aquel septiembre de 1982, azotado también
por una tormenta política, no fue la excepción. Los espacios
noticiosos ocupados, en su mayoría, por figuras políticas
serían inundados por la cara de la tragedia.
La madrugada del domingo 19 de septiembre, los pobladores de las colonias
de Mejicanos, ubicados en la ladera del volcán de San Salvador,
dormían en sus casas.
Un temporal había azotado el país por tres días
y sus efectos ya se hacían sentir. Pero a 1,900 metros de altura,
lejos del área urbana, en El Picacho, se gestaba una tragedia
mayor: la lluvia acumulada de tres días se había filtrado
en el terreno inestable del Volcán.
El río de lodo
Todavía
era de madrugada cuando los habitantes escucharon un crujido que se
originaba en el volcán y, de pronto, el estruendo se convirtió
en un sonido cada vez más cercano.
250 mil metros cúbicos de agua acumulada hicieron que parte de
la cima se desprendiera y ocasionara un lahar que bajó a una
velocidad de varios kilómetros por hora. El río de lodo
encontró en la quebrada El Níspero el canal para llegar
hasta la parte baja, no sin antes arrasar todo a su paso e inundar las
colonias de las faldas del volcán.
Los sobrevivientes se apresuraron a buscar a sus familiares con la esperanza
de hallarlos con vida.
Ninguno de ellos se imaginaba una catástrofe de esa magnitud.
Las Colonias Lorena, Reparto Montebello Poniente, San Mauricio, Santa
Margarita, El Triunfo y San Luis fueron cubiertas con una capa de lodo
de metro y medio de espesor.
Cuando el sol, opacado por las nubes del temporal, salió, se
pudo apreciar la magnitud de la tragedia. El deslave bajó desde
El Picacho y recorrió todo el volcán de San Salvador dejando
un canal de varios metros de ancho y otros tantos de profundidad.
La marca del canal, que inició en la cumbre, se dividió
y volvió a unirse pocos metros más adelante dejando en
medio de la ladera una especie de isla que no sufrió daños.
Las marcas del lahar se podían apreciar a kilómetros de
distancia desde todos los puntos de la ciudad capital.
Las posibles causas
Despachos
noticiosos de la época reportaron en un principio que la tragedia
fue causada por el rompimiento de dos diques en la cumbre de la elevación.
Según la información publicada en ese entonces, las dos
estructuras habrían sido construidas por el Ministerio de Obras
Públicas y por una empresa constructora privada.
Días después, otra publicación denunció
que las colonias afectadas estaban construidas en áreas protegidas
por decreto ejecutivo emitido en 1974.
El 27 de septiembre de ese año, el ingeniero Pío Arnulfo
Ayala, ministro de Obras Públicas de aquella época, aclaró
que la cartera de Estado no había instalado diques en la zona,
también aseguró que las edificaciones se habían
instalado en zonas que no se incluían entre las áreas
protegidas.
Esa misma semana, un movimiento ecologista aseguró que el deslave
se debió a la deforestación de la que era víctima
el volcán. Su argumentos no fueron respaldados por estudios técnicos.
Pasaron los años, y la marca del deslave fue cubierta por maleza
nueva hasta hacerla desaparecer. De igual forma, la tragedia se borró
de la mente de los salvadoreños. Los mayoría de habitantes
del lugar abandonó sus propiedades por miedo a otra desgracia
similar.
Sin embargo, las zonas no tardaron mucho en ser repobladas a tal grado
que las construcciones han cubierto nuevamente la zona de la catástrofe.
Investigación
No obstante, después de 20 años, la olvidada tragedia
adquirió nuevas dimensiones para un grupo de estudiantes de ingeniería
civil de la Universidad Centroamericana José Simeón
Cañas (UCA).
Los egresados de la carrera Fidel Antonio Blanco, Erick Antonio Burgos
y Milton Mejía realizaron el Estudio de Amenazas por Lahar
en El Salvador. El grupo de estudiantes fue guiado por el ingeniero
José Zepeda y apoyado por el Servicio Nacional de Estudios Territoriales
(SNET).
El trabajo tuvo como objetivo analizar la amenaza del lahar para nuestro
país y consistió en recopilar casos históricos
de deslaves, analizar las causas que los originan y, además,
en adaptar, a nuestra realidad, las herramientas internacionales que
sirven para elaborar mapas de amenaza por inundación por lahar.
Los resultados de la investigación delimitaron las zonas del
volcán más propensas a sufrir este tipo de eventos.
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Los
estragos de Montebello
Según cifras oficiales, el temporal que azotó en
septiembre de 1982 habría causado pérdidas de más
de 70 millones de colones. Las lluvias afectaron la red vial,
las cosechas y, en varios puntos del país como en Montebello,
las inundaciones cobraron centenares de vidas y dejaron millares
de damnificados.
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250 mil
Metros cúbicos de agua acumulada habrían causado
el deslave en el volcán de San Salvador.
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300
muertos
No hubo un recuento oficial de las víctimas. Los reportes
periodísticos señalaron un aproximado. |
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150
casas
Al menos, 5 urbanizaciones fueron afectadas por el deslave.
Nuevos proyectos han repoblado la zona. |
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