27 de octubre de 2002

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MONTEBELLO: PRESAGIO DE UNA AMENAZA

Peligro desde la cumbre

Los deslaves son una amenaza constante en nuestro país. En los últimos 100 años, 27 de ellos, como el de Montebello en 1982, han cobrado centenares de vidas. Para mitigar su efecto, el Servicio Nacional de Estudios Territoriales, apoyado por una investigación de una universidad privada, ha logrado establecer mapas de riesgo en los volcanes de San Salvador y Usulután

Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com

El pasado miércoles, en el municipio de Santo Tomás, un deslave mató a 5 trabajadores. La víctimas se suman a los estragos que los derrumbes ocasionan en el país.
Hasta hace poco, este tipo de eventos eran impredecibles, aunque cada año en temporada de lluvias existe la probabilidad que se desencadene un deslizamiento. Pero a partir del año pasado y gracias a avanzada tecnología, se ha logrado establecer virtuales zonas de amenazas por derrumbe en dos volcanes de El Salvador.

Después de los terremotos de enero y febrero de 2001, un grupo de especialistas del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) elaboró un Mapa de Amenaza por Lahar (término técnico para deslave) en los volcanes de San Salvador y Usulután.
Para delimitar las áreas de riesgo, los geólogos utilizaron un moderno programa llamado Lahar ‘z’. Este se alimenta de la información sobre las curvas a desnivel de un mapa digital en tres dimensiones de una elevación. El programa genera las líneas naturales de drenaje o quebradas del volcán, para que bajen los modelos de virtuales deslaves.

El siguiente paso es suministrar a la computadora un volumen de determinado material que provocaría el derrumbe. Al correr el programa con toda la información, se tiene como resultado un mapa de las posibles zonas que serían afectadas en caso de ocurrir un deslave.

Sin embargo, las ecuaciones matemáticas de la herramienta de Lahar ‘z’ están calibradas con datos estadísticos y geológicos de todo el mundo por lo que su resultado en los ejemplos salvadoreños no fue muy realista de acuerdo al punto de vista de algunos geólogos.

Carlos Pullinger, vulcanólogo del Servicio Nacional de Estudios Territoriales de El Salvador (SNET), advirtió las limitaciones del estudio realizado por el USGS. “Ellos tomaron como ejemplo 20 volcanes del mundo. Muchos de ellos tienen conos de nieve y los lahares que provocaron fueron grandísimos”, afirma.

Para Pullinger, el estudio preliminar planteó un reto para los investigadores locales: aplicar la herramienta Lahar ‘z’ con el suministro de información local.

Deslaves en C.A.
El SNET desarrolló la investigación incorporando a la sociedad civil, por medio de una universidad, al proyecto de mapa de amenazas.


Haz clic e imprimePara la realización de la investigación buscaron apoyo en el Departamento de Ingeniería de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). Ahí un grupo de estudiantes dirigidos por el ingeniero José Cepeda, coordinador de la carrera de Ingeniería Civil, y asesorados por Pullinger retomaron el proyecto como trabajo de graduación.

Los estudiantes Antonio Blanco, Antonio Burgos y Milton Mejía realizaron una recopilación histórica de los lahares sucedidos en la región centroamericana, para formar un catálogo de inundaciones.
El documento era inexistente hasta entonces y aportó la base de datos para la ejecución del proyecto.

A partir de la información obtenida, realizaron la calibración de las ecuaciones de Lahar ‘z’. El programa fue corrido en el mapa digital en tres dimensiones de los volcanes de San Salvador y Usulután.

Para verificar la precisión de la herramienta calibrada, la corrieron con los datos del deslave que sucedió en Montebello, en 1982.
Aunque no fueron exactos, los resultados se acercaron mucho más al deslave real que el de los estudios realizados por el USGS, el año pasado.

La investigación también delimitó aún más las áreas propensas a deslave en el volcán de San Salvador. En el mapa del USGS se determinaron al menos 29 puntos vulnerables.Con la nueva zonificación, las áreas susceptibles se redujeron a 12 (ver gráfico).

Esto, según Pullinger, porque no se tomaron en cuenta los conocimientos empíricos de la zona.
“Tomamos las pendientes de más de 45 grados de inclinación como las zonas de mayor potencial de deslave y eliminamos las de menor inclinación porque la historia nos dice que no ha habido deslaves ahí”, explica.

Otro aspecto que el estudio consideró es el material geológico del volcán.
“El USGS corrió el modelo en la parte norte de El Boquerón y sabemos muy bien que esas son lavas y lo más seguro es que esas lavas no se van a mover, porque no acumulan agua”, afirma.
Para Pullinger, los resultados de la investigación han aportado un mapa más realista.

Este se incorporará a un mapa de distintas amenazas para San Salvador y servirá como una guía para el desarrollo de la ciudad. No obstante, según el vulcanólogo no se puede decidir, con base en el mapa, en qué zonas construir o no, pero los constructores deben tomar en cuenta las amenazas y tomar las precauciones necesarias.

El mapa de amenaza poco puede hacer con las construcciones terminadas, muchas de ellas en la zona donde ocurrió la tragedia de Montebello, en 1982.

“La triste realidad es que vas a visitar la quebrada donde ocurrió el deslave de Montebello y está cubierta de casas... El drenaje natural del volcán son casas. No existe obra de mitigación que proteja eso, en caso de un deslave”.



Cuando la muerte bajó del volcán

El 19 de septiembre de 1982, un lahar (deslave) descendió del volcán de San Salvador y sepultó, bajo toneladas de lodo y escombros, a más de 300 personas de una populosa zona de Mejicanos. 20 años después, aquella tragedia desapareció de la memoria colectiva del país, a pesar de que la amenaza de otro evento similar está mucho más cerca de lo que se cree.

Ernesto Villalobos
vertice@elsalvador.com

Ese año, el país atravesaba una de las etapas más críticas de su historia. La Asamblea Constituyente, presidida por el mayor Roberto d’Aubuisson, discutía las bases para crear una nueva Constitución y el presidente provisional Alvaro Magaña anunciaba las elecciones a realizarse dos años más tarde.

El noveno mes es, según los metereólogos, el mes más copioso del año. Aquel septiembre de 1982, azotado también por una tormenta política, no fue la excepción. Los espacios noticiosos ocupados, en su mayoría, por figuras políticas serían inundados por la cara de la tragedia.
La madrugada del domingo 19 de septiembre, los pobladores de las colonias de Mejicanos, ubicados en la ladera del volcán de San Salvador, dormían en sus casas.

Un temporal había azotado el país por tres días y sus efectos ya se hacían sentir. Pero a 1,900 metros de altura, lejos del área urbana, en El Picacho, se gestaba una tragedia mayor: la lluvia acumulada de tres días se había filtrado en el terreno inestable del Volcán.

El río de lodo

Todavía era de madrugada cuando los habitantes escucharon un crujido que se originaba en el volcán y, de pronto, el estruendo se convirtió en un sonido cada vez más cercano.

250 mil metros cúbicos de agua acumulada hicieron que parte de la cima se desprendiera y ocasionara un lahar que bajó a una velocidad de varios kilómetros por hora. El río de lodo encontró en la quebrada El Níspero el canal para llegar hasta la parte baja, no sin antes arrasar todo a su paso e inundar las colonias de las faldas del volcán.

Los sobrevivientes se apresuraron a buscar a sus familiares con la esperanza de hallarlos con vida.
Ninguno de ellos se imaginaba una catástrofe de esa magnitud.

Las Colonias Lorena, Reparto Montebello Poniente, San Mauricio, Santa Margarita, El Triunfo y San Luis fueron cubiertas con una capa de lodo de metro y medio de espesor.

Cuando el sol, opacado por las nubes del temporal, salió, se pudo apreciar la magnitud de la tragedia. El deslave bajó desde El Picacho y recorrió todo el volcán de San Salvador dejando un canal de varios metros de ancho y otros tantos de profundidad.

La marca del canal, que inició en la cumbre, se dividió y volvió a unirse pocos metros más adelante dejando en medio de la ladera una especie de isla que no sufrió daños. Las marcas del lahar se podían apreciar a kilómetros de distancia desde todos los puntos de la ciudad capital.

Las posibles causas

Despachos noticiosos de la época reportaron en un principio que la tragedia fue causada por el rompimiento de dos diques en la cumbre de la elevación. Según la información publicada en ese entonces, las dos estructuras habrían sido construidas por el Ministerio de Obras Públicas y por una empresa constructora privada.

Días después, otra publicación denunció que las colonias afectadas estaban construidas en áreas protegidas por decreto ejecutivo emitido en 1974.

El 27 de septiembre de ese año, el ingeniero Pío Arnulfo Ayala, ministro de Obras Públicas de aquella época, aclaró que la cartera de Estado no había instalado diques en la zona, también aseguró que las edificaciones se habían instalado en zonas que no se incluían entre las áreas protegidas.

Esa misma semana, un movimiento ecologista aseguró que el deslave se debió a la deforestación de la que era víctima el volcán. Su argumentos no fueron respaldados por estudios técnicos.
Pasaron los años, y la marca del deslave fue cubierta por maleza nueva hasta hacerla desaparecer. De igual forma, la tragedia se borró de la mente de los salvadoreños. Los mayoría de habitantes del lugar abandonó sus propiedades por miedo a otra desgracia similar.

Sin embargo, las zonas no tardaron mucho en ser repobladas a tal grado que las construcciones han cubierto nuevamente la zona de la catástrofe.

Investigación

No obstante, después de 20 años, la olvidada tragedia adquirió nuevas dimensiones para un grupo de estudiantes de ingeniería civil de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA).
Los egresados de la carrera Fidel Antonio Blanco, Erick Antonio Burgos y Milton Mejía realizaron el “Estudio de Amenazas por Lahar en El Salvador”. El grupo de estudiantes fue guiado por el ingeniero José Zepeda y apoyado por el Servicio Nacional de Estudios Territoriales (SNET).

El trabajo tuvo como objetivo analizar la amenaza del lahar para nuestro país y consistió en recopilar casos históricos de deslaves, analizar las causas que los originan y, además, en adaptar, a nuestra realidad, las herramientas internacionales que sirven para elaborar mapas de amenaza por inundación por lahar. Los resultados de la investigación delimitaron las zonas del volcán más propensas a sufrir este tipo de eventos.

Los estragos de Montebello
Según cifras oficiales, el temporal que azotó en septiembre de 1982 habría causado pérdidas de más de 70 millones de colones. Las lluvias afectaron la red vial, las cosechas y, en varios puntos del país como en Montebello, las inundaciones cobraron centenares de vidas y dejaron millares de damnificados.

250 mil
Metros cúbicos de agua acumulada habrían causado el deslave en el volcán de San Salvador.

  300 muertos
No hubo un recuento oficial de las víctimas. Los reportes periodísticos señalaron un aproximado.
  150 casas
Al menos, 5 urbanizaciones fueron afectadas por el deslave. Nuevos proyectos han repoblado la zona.

 


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