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REPORTAJE
Una
terapia llamada arte
A
casi dos años de los pasados terremotos, las huellas emocionales
y psicológicas siguen siendo devastadoras en las comunidades
más sufridas. Muchos niños apagaron su sonrisa, tras la
falda de un mundo adulto que no supo dar explicaciones. Ahora, entre
zancos, malabares y títeres, la promesa de una esperanza aún
respira entre la desgracia, y la alegría de vivir aflora como
necesidad imperativa.
Claudia
Zavala
vertice@elsalvador.com
Francisco
tiene tres años. Vive en Guadalupe, San Vicente, y tiene miedo.
No lo dice, pero su pequeña mano busca aferrarse rápidamente
a alguien, cuando el ruido de aquel extraño desfile pasa frente
a sus ojos.
Los hombres con pies de palo, saltando al ritmo de batucada,
lo asustan. Y las mujeres con la cara pintada y trajes llamativos lo
desconciertan. Al fin y al cabo, es una de las pocas veces que la pacífica
rutina se rompe en un pueblo como Guadalupe, uno de los más dañados
en los pasados terremotos.
La localidad, situada a 60 kilómetros de San Salvador, reportó
un total de 1,333 casas destruidas y similar número de familias
damnificadas, según el alcalde municipal, Pedro Pablo Maldonado.
Dedicada por completo al rubro del café, su economía sufre,
al igual que otros zonas cafetaleras del país, la depresión
más grande en toda su historia. Tanto, que las pérdidas
en cultivo y viviendas se acercan a los 300 millones de colones.
Guadalupe es una de las seis comunidades que fueron seleccionadas para
desarrollar el Proyecto de rehabilitación psicosocial por
medio del arte escénico, realizado por el Fondo de las
Naciones Unidas para la Infancia,UNICEF, y Non Fase Producciones.
El objetivo fundamental del proyecto es desarrollar un trabajo sistemático
de atención a las necesidades psicoafectivas y psíquicas
presentes en la población infanto juvenil, a partir de los terremotos
ocurridos en 2001.
Raquel
Lozano, encargada del área de violencia y rehabilitación
social, de UNICEF, destaca que el proyecto pretende ayudar en la rehabilitación
de los problemas psicológicos y emocionales surgidos a partir
de los terremotos y proporcionar herramientas para enfrentar futuros
desastres.
Como a los muertos no los podemos resucitar, damos armas de recuperación
a los que los sobreviven, señala.
Los criterios de selección de los escenarios de acción
se fundamentaron en un análisis que realizó UNICEF en
las zonas más afectadas por los seísmos, tomando en cuenta
aspectos como la prestación de servicios básicos, índice
de educación, nivel mínimo de organización comunitaria,
presencia de asociaciones civiles y ONG´s, entre otras. También
fue importante que UNICEF hubiese tenido una intervención anterior
en el lugar, para propiciar un seguimiento. Así, junto a las
respectivas alcaldías de las municipalidades seleccionadas, se
decidió que Verapaz, Guadalupe, Tecoluca y Caserío La
Primavera, en San Vicente; Izalco, en Sonsonate; y Distrito Italia,
en Tonacatepeque, serían las zonas atendidas. La Fundación
María Escalón de Núñez, por su parte, apoyó
en la gestión financiera.
El círculo de la vida
La idea es original y atractiva: Una comparsa, o desfile alegórico,
pasea por las principales calles de la comunidad, para narrar la historia
de la creación del mundo, los desastres naturales y la esperanza
de surgir de nuevo. El desfile lo conforman cinco percusionistas de
batucada, cuatro personajes de zancos, cuatro de piso, representando
a los cuatro elementos de la naturaleza, y un malabarista.
En
el trayecto del desfile se presenta el proceso circular y perfecto de
la naturaleza, desde el principio de los tiempos, con la creación
del fuego, tierra, aire y agua, hasta la conformación del mundo
que conocemos. Y cómo los fenómenos naturales pueden causar
destrucción y muerte. Asimismo, se destaca la virtud que tiene
el ser humano de superar las malas experiencias.
Un narrador, con altoparlante en mano, guía la historia, escenificada
simultáneamente por todos los actores del desfile que, poco a
poco, van estableciendo contacto con los pobladores.
Además, la comparsa pretende ser una alegre convocatoria a la
presentación de un espectáculo de títeres, que
es la experiencia más interactiva de la jornada.
La obra presentada es La historia de un huevo perdido, del
grupo Ocelot Teatro. Con un argumento sencillo, los niños
del público ayudan a la protagonista a encontrar una solución
a su problema.
Se aprovecha para transmitir derechos y deberes de niños y adultos,
y valores como la no violencia, justicia, unión familiar y protección
al medio ambiente. En las frases, ideas y manifestaciones físicas
mostradas por los pequeños se evidencian problemas psicoemocionales
que no necesariamente fueron originados por los terremotos, pero sí
desencadenados por éstos.
En La Primavera, por ejemplo, los niños le tiraron piedras
a los títeres y, en Izalco, la resistencia a participar fue muy
fuerte, explicada quizá, entre otras cosas, por la raíz
indígena que aún existe en el lugar, recuerda Lozano.
Los talleres
Luego de la convocatoria realizada durante la comparsa, se desarrolla
la segunda fase del proyecto, que consiste en impartir talleres de zancos,
títeres y malabares, los elementos y técnicas que se apreciaron
durante el desfile alegórico.
En esta etapa es donde se concretiza más el trabajo coordinado
con las escuelas y alcaldías de las comunidades.
La idea es que un grupo de 35 niños, que incluye cada taller,
aprendan a elaborar y manejar lo que vieron en la comparsa.
También se requiere de la participación y aprendizaje
de un líder comunitario, para asegurarse del efecto multiplicador
de los conocimientos aprendidos.
Los profesores encargados de impartir los talleres, a su vez, han sido
capacitados para llenar unas fichas con los datos de niños a
quienes se les detecte algún problema de conducta, como excesiva
agresividad o timidez extrema. El objetivo de este ejercicio es remitir
el caso del menor a un centro de salud psicológica, para darle
el respectivo seguimiento.
Este es, quizá, uno de los aspectos más importantes y
delicados de todo el proyecto. Es necesario aclarar que se trata
de observar la conducta de los niños para remitir, no para diagnosticar,
destaca Lozano.
Hermis Cruz, productor del proyecto, explica que, pese a que el año
pasado se desarrolló una experiencia similar, esta es la
primera vez que se hace todo completamente a través del arte.
Quizá sea una de las razones por las cuales algunos alcaldes
de las comunidades visitadas no definen fácilmente la importancia
de la actividad (ver recuadro)
Los resultados finales del trabajo, con sus respectivas estadísticas
sobre niños con problemas psicológicos y emocionales,
se complementarán en el mes de noviembre. Pero la experiencia
positiva vivida hasta ahora apunta a pensar que incluso es posible que
se reproduzca exitosamente la metodología en otros países,
también afectados por los desastres naturales.
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Para
algunos alcaldes no es prioridad
El proyecto exige un trabajo coordinado entre alcaldías,
escuelas, personal de UNICEF y Non Fase. Sin embargo, no todas
las municipalidades lo priorizan.
Es lamentable, pero no todos los alcaldes colaboran. Se
comprometen, sí, pero a la hora de la comparsa no encontramos
nada de lo hablado, reconoce Lozano.
El trabajo de las alcaldías es clave, pues ellos deben
proporcionar el local que servirá como camerino para los
artistas, realizar una amplia convocatoria días antes de
la comparsa, informar sobre los talleres posteriores y, junto
a las escuelas, conformar los grupos de niños y líderes
comunales que se capacitarán en ellos.
El hecho de que sea una experiencia nueva explica algunas incomprensiones
o confusiones. Yo pensé que después del desfile
iban a repartir ropita o ayuda, pero no... dicen que van a dar
unos talleres para que los bichos aprendan a hacer muñecos,
opina Carmen García, del caserío La Primavera.
Pero las voluntades también cuentan. Inmersos todavía
en la desgracia provocada por los terremotos, quizá pocos
entienden el verdadero potencial terapéutico que tiene
la expresión artística. A lo mejor uno a veces
prioriza más la ayuda material que este tipo de actividades.
Pero son igualmente importantes para nuestra recuperación,
admite Pedro Pablo Maldonado, alcalde de Guadalupe.
Las
más afectadas
Entre todas las zonas dañadas por los terremotos de 2001,
hay unas que, por la magnitud de los daños, necesitaron
ser atendidas en este proyecto
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630
San Vicente
Las viviendas destruidas sobrepasaron las
600. El COEN reportó un total de 18,748 damnificados
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2,827
Tecoluca
Cerca de 3 mil casas resultaron destruidas,
mientras que 18,699 quedaron damnificados
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142
Verapaz
Las viviendas dañadas fueron 142
en total. Y las personas damnificadas se contabilizaron
en
2,966
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1,298
Izalco
El COEN reportó 1,298 viviendas destruidas
y 27,810 damnificados en esta localidad
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447
Dist. Italia
Resultaron 547 viviendas destruidas y 5,666
damnificados, en esta comunidad de Tonacatepeque
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