6 de octubre de 2002

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REPORTAJE

Una terapia llamada arte

A casi dos años de los pasados terremotos, las huellas emocionales y psicológicas siguen siendo devastadoras en las comunidades más sufridas. Muchos niños apagaron su sonrisa, tras la falda de un mundo adulto que no supo dar explicaciones. Ahora, entre zancos, malabares y títeres, la promesa de una esperanza aún respira entre la desgracia, y la alegría de vivir aflora como necesidad imperativa.

Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com

Francisco tiene tres años. Vive en Guadalupe, San Vicente, y tiene miedo. No lo dice, pero su pequeña mano busca aferrarse rápidamente a alguien, cuando el ruido de aquel extraño desfile pasa frente a sus ojos.
Los hombres con “pies de palo”, saltando al ritmo de batucada, lo asustan. Y las mujeres con la cara pintada y trajes llamativos lo desconciertan. Al fin y al cabo, es una de las pocas veces que la pacífica rutina se rompe en un pueblo como Guadalupe, uno de los más dañados en los pasados terremotos.
La localidad, situada a 60 kilómetros de San Salvador, reportó un total de 1,333 casas destruidas y similar número de familias damnificadas, según el alcalde municipal, Pedro Pablo Maldonado. Dedicada por completo al rubro del café, su economía sufre, al igual que otros zonas cafetaleras del país, la depresión más grande en toda su historia. Tanto, que las pérdidas en cultivo y viviendas se acercan a los 300 millones de colones.
Guadalupe es una de las seis comunidades que fueron seleccionadas para desarrollar el “Proyecto de rehabilitación psicosocial por medio del arte escénico”, realizado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia,UNICEF, y Non Fase Producciones.
El objetivo fundamental del proyecto es desarrollar un trabajo sistemático de atención a las necesidades psicoafectivas y psíquicas presentes en la población infanto juvenil, a partir de los terremotos ocurridos en 2001.
Raquel Lozano, encargada del área de violencia y rehabilitación social, de UNICEF, destaca que el proyecto pretende ayudar en la rehabilitación de los problemas psicológicos y emocionales surgidos a partir de los terremotos y proporcionar herramientas para enfrentar futuros desastres.
“Como a los muertos no los podemos resucitar, damos armas de recuperación a los que los sobreviven”, señala.
Los criterios de selección de los escenarios de acción se fundamentaron en un análisis que realizó UNICEF en las zonas más afectadas por los seísmos, tomando en cuenta aspectos como la prestación de servicios básicos, índice de educación, nivel mínimo de organización comunitaria, presencia de asociaciones civiles y ONG´s, entre otras. También fue importante que UNICEF hubiese tenido una intervención anterior en el lugar, para propiciar un seguimiento. Así, junto a las respectivas alcaldías de las municipalidades seleccionadas, se decidió que Verapaz, Guadalupe, Tecoluca y Caserío La Primavera, en San Vicente; Izalco, en Sonsonate; y Distrito Italia, en Tonacatepeque, serían las zonas atendidas. La Fundación María Escalón de Núñez, por su parte, apoyó en la gestión financiera.

“El círculo de la vida”

La idea es original y atractiva: Una comparsa, o desfile alegórico, pasea por las principales calles de la comunidad, para narrar la historia de la creación del mundo, los desastres naturales y la esperanza de surgir de nuevo. El desfile lo conforman cinco percusionistas de batucada, cuatro personajes de zancos, cuatro de piso, representando a los cuatro elementos de la naturaleza, y un malabarista.
En el trayecto del desfile se presenta el proceso circular y perfecto de la naturaleza, desde el principio de los tiempos, con la creación del fuego, tierra, aire y agua, hasta la conformación del mundo que conocemos. Y cómo los fenómenos naturales pueden causar destrucción y muerte. Asimismo, se destaca la virtud que tiene el ser humano de superar las malas experiencias.
Un narrador, con altoparlante en mano, guía la historia, escenificada simultáneamente por todos los actores del desfile que, poco a poco, van estableciendo contacto con los pobladores.
Además, la comparsa pretende ser una alegre convocatoria a la presentación de un espectáculo de títeres, que es la experiencia más interactiva de la jornada.
La obra presentada es “La historia de un huevo perdido”, del grupo “Ocelot Teatro”. Con un argumento sencillo, los niños del público ayudan a la protagonista a encontrar una solución a su problema.
Se aprovecha para transmitir derechos y deberes de niños y adultos, y valores como la no violencia, justicia, unión familiar y protección al medio ambiente. En las frases, ideas y manifestaciones físicas mostradas por los pequeños se evidencian problemas psicoemocionales que no necesariamente fueron originados por los terremotos, pero sí desencadenados por éstos.
“En La Primavera, por ejemplo, los niños le tiraron piedras a los títeres y, en Izalco, la resistencia a participar fue muy fuerte, explicada quizá, entre otras cosas, por la raíz indígena que aún existe en el lugar”, recuerda Lozano.

Los talleres

Luego de la convocatoria realizada durante la comparsa, se desarrolla la segunda fase del proyecto, que consiste en impartir talleres de zancos, títeres y malabares, los elementos y técnicas que se apreciaron durante el desfile alegórico.
En esta etapa es donde se concretiza más el trabajo coordinado con las escuelas y alcaldías de las comunidades.
La idea es que un grupo de 35 niños, que incluye cada taller, aprendan a elaborar y manejar lo que vieron en la comparsa.
También se requiere de la participación y aprendizaje de un líder comunitario, para asegurarse del efecto multiplicador de los conocimientos aprendidos.
Los profesores encargados de impartir los talleres, a su vez, han sido capacitados para llenar unas fichas con los datos de niños a quienes se les detecte algún problema de conducta, como excesiva agresividad o timidez extrema. El objetivo de este ejercicio es remitir el caso del menor a un centro de salud psicológica, para darle el respectivo seguimiento.
Este es, quizá, uno de los aspectos más importantes y delicados de todo el proyecto. “Es necesario aclarar que se trata de observar la conducta de los niños para remitir, no para diagnosticar”, destaca Lozano.
Hermis Cruz, productor del proyecto, explica que, pese a que el año pasado se desarrolló una experiencia similar, “esta es la primera vez que se hace todo completamente a través del arte”.
Quizá sea una de las razones por las cuales algunos alcaldes de las comunidades visitadas no definen fácilmente la importancia de la actividad (ver recuadro)
Los resultados finales del trabajo, con sus respectivas estadísticas sobre niños con problemas psicológicos y emocionales, se complementarán en el mes de noviembre. Pero la experiencia positiva vivida hasta ahora apunta a pensar que incluso es posible que se reproduzca exitosamente la metodología en otros países, también afectados por los desastres naturales.

“Para algunos alcaldes no es prioridad”

El proyecto exige un trabajo coordinado entre alcaldías, escuelas, personal de UNICEF y Non Fase. Sin embargo, no todas las municipalidades lo priorizan.

“Es lamentable, pero no todos los alcaldes colaboran. Se comprometen, sí, pero a la hora de la comparsa no encontramos nada de lo hablado”, reconoce Lozano.
El trabajo de las alcaldías es clave, pues ellos deben proporcionar el local que servirá como camerino para los artistas, realizar una amplia convocatoria días antes de la comparsa, informar sobre los talleres posteriores y, junto a las escuelas, conformar los grupos de niños y líderes comunales que se capacitarán en ellos.
El hecho de que sea una experiencia nueva explica algunas incomprensiones o confusiones. “Yo pensé que después del desfile iban a repartir ropita o ayuda, pero no... dicen que van a dar unos talleres para que los bichos aprendan a hacer muñecos”, opina Carmen García, del caserío La Primavera.
Pero las voluntades también cuentan. Inmersos todavía en la desgracia provocada por los terremotos, quizá pocos entienden el verdadero potencial terapéutico que tiene la expresión artística. “A lo mejor uno a veces prioriza más la ayuda material que este tipo de actividades. Pero son igualmente importantes para nuestra recuperación”, admite Pedro Pablo Maldonado, alcalde de Guadalupe.


Las más afectadas
Entre todas las zonas dañadas por los terremotos de 2001, hay unas que, por la magnitud de los daños, necesitaron ser atendidas en este proyecto

630
San Vicente

Las viviendas destruidas sobrepasaron las 600. El COEN reportó un total de 18,748 damnificados

2,827
Tecoluca

Cerca de 3 mil casas resultaron destruidas, mientras que 18,699 quedaron damnificados

142
Verapaz

Las viviendas dañadas fueron 142 en total. Y las personas damnificadas se contabilizaron en
2,966

1,298
Izalco

El COEN reportó 1,298 viviendas destruidas y 27,810 damnificados en esta localidad

447
Dist. Italia

Resultaron 547 viviendas destruidas y 5,666 damnificados, en esta comunidad de Tonacatepeque



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