6 de octubre de 2002

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Los nuevos Arce

María Luz Camacho de Koehn y Héctor Mauricio Arce representan la quinta generación desde el General Manuel José Arce. Ambos conservan documentos valiosos e historias sobre los descendientes del prócer. Las dos líneas familiares complementan de manera significativa el árbol genealógico de la familia procedente de la vieja España

Víctor Hugo Dueñas
vertice@elsalvador.com

A155 años de fallecido Manuel José Arce, una treintena de salvadoreños y salvadoreñas conservan viva su memoria y descendencia. Todos provienen de dos líneas directas de los primeros parientes del prócer.
Revista VÉRTICE, en su edición del domingo 29 de septiembre, reveló la herencia de Arce a partir de José Bernardo Nicolás (el supuesto primogénito del General) y el único hombre entre sus cinco hijos, Antonio.
Poco se habló de las familias formadas por Juana Santos, María Eulalia, María Apolonia y Juana Bautista.
En el caso de Juana Bautista se consignan como “desconocidos” a sus descendientes. No obstante, fueron sus mismos herederos quienes hablaron de la extensa línea familiar procreada por la nieta Arce.
El apellido del General, ya no figura en el nombre de algunos de ellos. En su lugar, aparecen los de Camacho-Peña y Camacho-Guidos. Sin embargo, es innegable la relación consanguínea con quien fuera el primer Presidente de Centro-américa y fundador del ejército salvadoreño.
Con las nuevas revelaciones familiares se amplía significativamente el árbol genealógico desde el prócer.
Por el lado de María de Koehn los descendientes se extienden hasta la sexta generación. Por parte de Mauricio Arce, los Arce suman siete generaciones.

Los orígenes

Juana Bautista se casó con Eligio Peña. De la unión nacen Blanca del Carmen y Graciela Peña Arce
Justo a la mitad del siglo XIX (1850) nace Juana Bautista.
Sus primeros años de vida transcurrieron junto a sus hermanas y hermano, entre el viejo centro de San Salvador, Barrio La Vega, y la actual zona de El Playón (depósito de lava al occidente del volcán capitalino).
De acuerdo con Mauricio Arce, de la quinta generación del General, las reconocidas señoritas Arce vivieron en La Vega, cerca de Iglesia de la Merced, durante la mayor parte de tiempo.
Antes, según María Luz Camacho -también de la quinta generación- las Arce vivieron en El Playón.
“Ellas vivían detrás del volcán. La erupción del volcán (1917) obligó a las descendientes a mudarse a la capital”, dijo.
Se ignora el tiempo que las Arce vivieron en el ahora Playón y si antes de llegar a La Vega permanecieron en otro lugar.
“Nunca tuvieron casa”, añade María Luz Camacho.
La pobreza de las señoritas Arce se refleja, en buena parte, en un juicio civil promovido por ellas en 1912.
En el proceso reconocen que “somos muy pobres y nuestros trabajos como mujeres no nos basta para adquirir lo que necesitamos para nuestra existencia”.
El 10 de diciembre de ese año, el gobierno central reconoce como nietas legítimas del General a Juana Bautista de la Luz, María Apolonia, María Eulalia y Juana Santos, y les concede una jubilación de 25 pesos a cada una.
La difícil condición de las Arce es ‘heredada’ a otros descendientes, al grado que otras mujeres de la familia acuden a la ayuda del Ejecutivo.
En esta ocasión, son las bisnietas del prócer, Blanca del Carmen y Graciela Peña Arce, (hijas de Juana Bautista de la Luz) quienes piden apoyo para mejorar su nivel de vida.
El 17 de agosto de 1923, una carta (similar a la recibida por la nietas Arce) es entregada a las bisnietas del prócer.
La misiva expresa: “El Poder Ejecutivo acuerda: asignar desde el primero del mes en curso, por vía de gracia a las señoritas Graciela y Blanca del Carmen Peña Arce, la pensión de 25 pesos mensuales a cada una como nietas del prócer Dr. Manuel José Arce...”.

La tía abuela

De las dos bisnietas de Arce por línea de Juana Bautista, Blanca del Carmen es la más emblemática de la generación
A la muerte de su hermana, Graciela (quien casó con Miguel Angel Camacho), tía Carmela se ocupa de sus tres sobrinos: Miguel Angel, María Luz y Mauricio, todos de apellido Camacho Peña.
Carmen murió posiblemente a los 84 años, en 1975. La edad siempre fue un tema difícil para ella, como para otras mujeres Arce, por lo que no se tiene certeza de su nacimiento.
Su sobrina nieta, María Luz Camacho, la recuerda como una “mujer muy linda”, quien se entregó por completo a los sobrinos.
Tía Carmela gustaba de contar historias a los pequeños.
Relató que en una ocasión, los Arce, decidieron visitar el mar.
“Se fueron en carreta y tardaron más de una semana para llegar”, comenta María Luz. El viaje se realizó a las playas de La Libertad, en las primeras décadas del siglo pasado.
Por Carmela se conoció que las nietas de Arce vivieron “al otro lado” del volcán de San Salvador, donde “perdieron todo” debido a la erupción del volcán.
Su fiel creencia por el catolicismo, la inculcó a sus descendientes.
“La tía abuela rezaba el rosario todos los días a las siete de la noche, frente al Sagrado Corazón de Jesús”.
Tía Carmela también es recordada por su temperamento fuerte, heredado sin duda del General Arce.
“Cuando quería salir a jugar con algunos amigos decía en tono serio: ‘de ninguna manera’... Yo insistía y ella solo contestaba: ‘absolutamente no...”.
El temple Arce es reconocido por María Luz Camacho, no solo en su tía Carmela sino en su propia humanidad y en otros descendientes.
Según María Luz “eso lo tienen del General, que son mandones todos... Unos más que otros”.
Blanca del Carmen siempre se mostró fuerte, pese a las adversidades. Sólo así pudo resistir cuatro años consecutivos postrada en cama, luego de sufrir un derrame cerebral.
La figura de Blanca del Carmen se asemeja a la de María Apolonia Arce, quien se dedicó por completo a ayudar a otros descendientes del General (por la línea del único hombre de sus cinco nietos)
Las dos son recordadas con afecto por sus parientes más cercanos.

Poblan el mundo

Los parientes de Tía Carmela y Mamía (María Apolonia) se hayan dispersos por el mundo.
Algunos Camacho residen en Australia y otros en Nueva York.
En el caso de los descendientes de Mamía, una de sus sobrina-nietas se ha radicado en Suecia, mientras sus hermanos viven en Estados Unidos.
Para María Luz Camacho de Koehn y Héctor Mauricio Arce, representantes de la quinta generación del prócer, es motivo de alegría y satisfacción hablar de sus allegados.
Hasta ahora ninguno de los parientes ha seguido alguna carrera militar como el prócer. Algunos son catedráticos universitarios, sociológos, empresarios, con títulos universitarios locales y extranjeros.
El General quizá se sorprendería al ver a su parentela tan prolífica y variada.

La tumba del General

Se piensa en la construcción de un mausoleo para Manuel José Arce en el Museo Militar


La primera semana de septiembre fue abierta la tumba que durante años ocupó el prócer Manuel José Arce, dentro de la Iglesia La Merced, en el viejo corazón de San Salvador.
Los restos del General fueron exhumados y dados en depósito temporal a una funeraria.
El gobierno central, el ejército salvadoreño y algunos descendientes de Arce están decididos a rendir homenaje póstumo al Primer Presidente de Centroaméri-ca y fundador del ejército salvadoreño, por medio de un ‘honroso’ mausoleo.
El ejército prepara desde hace meses el Museo Militar, en las instalaciones de “Cuartel El Zapote” (en el sector de San Jacinto). Es allí donde será construída la nueva morada de Arce.
Merecido Tributo
Antes de construirse el mausoleo (cuyo diseño y edificación será licitado públicamente), se planea ofrecer un ‘merecido tributo’ al General.
Mientras se diseña y se erige el mausoleo, los restos de Arce permanecerán en capilla ardiente (y serán cuidadosamente protegidos en una urna) para que pueda ser visitada, mientras una escolta de militares monta guardia en derredor de éstos en tributo a su memoria.



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