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La Columna
Erick
L. Lemus
vertice@elsalvador.com
A
puertas cerradas
El pasado jueves 26 de septiembre
fue un día muy especial en la historia del derecho de acceso
a la información pública. La Asamblea Legislativa aprobó
un paquete de reformas a la Ley de la Corte de Cuentas que tiene por
objeto sesgar información, que es de interés público,
a los ojos y oídos de la prensa y la ciudadanía en general.
A partir de este momento, el artículo 46 (que rezaba que los
informes [de auditoría] tendrán carácter
público) cambió en su esencia, ya que la reforma
que fue aprobada sostiene una enorme variante. Desde ahora los
informes de auditorías serán suscritos por los funcionarios
de la Corte que el reglamento establezca y tendrán carácter
público, una vez se haya emitido resolución exonerando
de responsabilidades o haya sido declarada ejecutoriada la sentencia
en el juicio de cuentas.
Tal como estaba redactado el artículo 46, la prensa especializada
tenía a su disposición un instrumento de ley para que
las auditorías fueran de conocimiento público, siempre
y cuando, hubiese concluido la investigación de los auditores
gubernamentales y hasta que la información fuera discutida con
los titulares de las entidades públicas investigadas.
Pero la nueva redacción del artículo 46 le cierra las
puertas en las narices a todos y le abre las ventanas al encubrimiento
de la corrupción y sus protagonistas.
Hace una semana, el Presidente FranciscoFlores recibió un mensaje
firme de parte de los directores de los medios de comunicación,
los periodistas, Probidad y la Fundación de Estudios para la
Aplicación del Derecho en contra de la violación al derecho
a la información.
Es imposible quedarse de brazos cruzados e imaginar que una fuente sea
penalizada por revelar información que es de interés público,
a pesar que no se afecta la presunción de inocencia de nadie
por la publicación de los contenidos.
¿A qué apuesta la presidencia de la Corte de Cuentas?
¿Al fomento de la cultura de la no denuncia? ¿ Al encubrimiento?
Está claro que desde hoy los informes de auditoría tienen
carácter secreto mientras no finalice la fase de determinación
de responsabilidades o de juicios de cuentas, que tardan años
y no meses. Para muestra, un botón: el caso FIS está en
el olvido. La reforma es una obstrucción grave para que la ciudadanía
sepa cómo están siendo administradas las instituciones
y los recursos públicos, justamente aquellos que salen del bolsillo
de quienes pagan sus impuestos.
elemus@elsalvador.com
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