
|
 |
RESCRIBIENDO
LA HISTORIA
Se
rompen 190 años de silencio
El
secreto salió a luz. Los descendientes hasta ahora desconocidos
del General Manuel José Arce se muestran públicamente.
Héctor Mauricio Arce Gutiérrez, representante de la quinta
generación en línea directa del General habla
de hacer justicia para sus antepasados y futuras generaciones.
La historia del prócer se reescribe a partir de 1812
Víctor Hugo Dueñas (Primera Parte)
vertice@elsalvador.com
En
la Iglesia de la Merced, antigua basílica de San Salvador, se
guarda con celo la fe de bautizo de José Bernardo Nicolás
Arce, nacido en septiembre de 1812.
José Bernardo Nicolás fue el primogénito del General
Manuel José Arce, fundador del ejército salvadoreño
y primer presidente de la región centroamericana, quien casó
con doña Felipa Aranzamendi.
El niño fue uno de al menos siete hijos e hijas del prócer:
José Bernardo, Salvador, Jacinta, Juana, Isabel, José
María y Clarita.
Carlos Meléndez Chaverri, historiador costarricense, en su ensayo
Don Manuel José Arce. Una vida al servicio de la libertad
(1997), advierte la falta de un estudio formal sobre la descendencia
de don Manuel José y doña Felipa.
El ensayo obtuvo el primer lugar de un Certamen Histórico promovido
por la Universidad José Matías Delgado, de
La Libertad.
En su escrito, Echeverri, se limita a retomar elementos históricos
de investigadores como P. Reder (1932) y Miguel Angel García
(1945).
En ningún documento, sin embargo, se alude a los descendientes
directos del primogénito de Arce (José Bernardo Nicolás).
Tuvieron que pasar 190 años (contados a partir del reconocimiento
legal e histórico del primogénito del prócer) para
empezar a reescribir la historia en torno a la figura del emblemático
General.
Arce es considerado uno de los principales, sino el más importante,
de los gestores de la independencia centroamericana.
Tres
años después de la independencia, Centroamérica
se convirtió en una República Federal, siendo elegido
Manuel José Arce como su primer presidente.
Llegó al poder apoyado por los liberales (que apoyaban reformas
radicales en la sociedad), pero al final gobernó con apoyo de
los conservadores.
Esta
situación propició una guerra civil entre las tropas federales
y las del Estado de Guatemala (de tendencia liberal). En 1829, Arce
fue despojado del poder, encarcelado y expatriado a Estados Unidos y
luego se trasladó a México. En 1932 entró a Guatemala,
pero fue vencido por las fuerzas oficiales.
Además de las derrotas y el exilio, Arce sufrió despojos
y expropiaciones de sus bienes. Murió en la pobreza.
Su primogénito, José Bernardo Nicolás sufrió,
como su padre, pobreza y marginación. Su vida trascendió
sin gloria y sus descendientes compartieron el mismo destino.
La familia pobre
La segunda generación del General estuvo formada por un nieto
y cuatro nietas. Las cuatro mujeres fueron conocidas como las señoritas
Arce.
María Santos, María Eulalia, María Apolonia, Juana
Bautista de la Luz y Antonio Arce descienden en línea directa
del primogénito del general.
Del único hombre (Antonio) nace Mercedes (1890-1934) y a partir
de ella el resto de descendientes hasta llegar a la séptima generación
del General (hoy día).
Las señoritas Arce jugaron un papel determinante en la vida de
los otros parientes.
Las cuatro vivían en una vieja casa de esquina del Barrio La
Vega, en las proximidades de la Iglesia de La Merced. Fue allí
donde criaron a Mercedes, una de las hijas de su hermano.
Ellas eran pobres, en comparación a la gente que tenía
sus centavucos, señala Héctor Mauricio Arce, recordando
a sus tías-abuelas.
La casa estaba construída de madera, con corredores internos
que daban a un jardín.
Uno de los recuerdos más claros de Héctor son los muebles
de mimbre que habían en una de las salas y los camastrones con
respaldos metálicos. De mascota había un solo gato.
La casa de las señoritas Arce estaba cerca del edifico de El
Gran Diario, de María de Membreño Baires y en
la esquina jugaban boliche los empleados de comercio. Ahí había
un gimnasio, recuerda Héctor.
Contiguo a la casa Arce se levantaba la mansión de los Gutiérrez.
Rafael Antonio Gutiérrez gobernó El Salvador entre los
años 1894 y 1898.
En 1907 Mercedes se convierte en madre. Su hijo, Héctor Manuel,
representa la cuarta generación del General. Fue él, quien
propició el acercamiento entre las familias Arce y Gutiérrez.
Pegado se habían criado mi papá y mi mamá.
Dicen que mi mamá andaba con una viserita oscura (sobre la frente)
para evitar los rayos de sol. Mi papá llegaba y se la bajaba
para molestarla. Le llevaba siete años a ella.
A partir del matrimonio Arce-Gutiérrez inician las demás
generaciones.
Héctor Mauricio sostiene que el matrimonio pudo surgir de un
arreglo previo, para mantener el linaje, la estatus, sobre todo, la
riqueza entre los grupos familiares.
Las familias querían mantener y, de ser posible, aumentar
sus posesiones. Los arreglos eran comunes en esa época,
añade.
Del matrimonio Arce-Gutiérrez nacieron tres hijos: Héctor
Mauricio, Manuel y Raúl. El segundo vive en Venezuela; el último
murió muy joven. A los 16 años de edad.
Nietas legítimas
En 1912 se reconocen como legítimas a las nietas de Arce. El
gobierno decide ayudarlas económicamente. Los fondos provienen
de la Tesorería Pública.
Consta
en el Juzgado 2o. de 1a. Instancia Civil de San Salvador un proceso
judicial para favorecer a las descendientes del General.
En la primer página del expediente se lee claramente: Juicio
Civil, promovido por las señoritas Arce... Contra: pobreza.
Las Arce presentan entre sus alegatos: Si es cierto también
que somos muy pobres y nuestros trabajos como mujeres no nos basta para
adquirir lo que necesitamos para nuestra existencia.
La solicitud está fechada el 18 de julio de 1912.
A lo largo de ese mes, dos de las Arce presentaron sendas fe de bautizo,
donde se hace constar que son hijas del primogénito del General.
Los documentos bautismales se conservan en la Iglesia de la Merced.
María Eulalia nació en 1855 y su hermana Juana Bautista
en 1850.
En el proceso, las mujeres presentaron además a diversos testigos
para que las reconocieran como descendientes del prócer, y comprobaran
su conducta notoria.
Es hasta el 10 de septiembre del mismo año, que las descendientes
son reconocidas como nietas legítimas además de concederles
ayuda, mientras vivan.
Una carta membretada con el escudo nacional y la leyenda Palacio
Nacional es recibida por las cuatro mujeres.
Un fragmento de la misiva expresa: En atención de que las
solicitantes Juana B. de la Luz, María Eulalia. J. Santos y María
Apolonia Arce, son nietas legítimas del esclarecido patriota
Manuel José Arce, como un justo homenaje a su memoria, el Poder
Ejecutivo acuerda: jubilarlas con la dotación mensual de veinticinco
pesos cada una que se erogará por la Tesorería General...
Con el dinero recibido, las Arce lograron mejorar las condiciones de
su casa.
Es más tuvieron la oportunidad de albergar a otros parientes
de apellido Peña y Camacho.
Héctor Mauricio, el nieto de las señoritas Arce, recuerda
que con el apoyo del gobierno las viejitas mandaron a uno
de sus descendientes a estudiar al extranjero.
Las abuelas mandaron a mi papá a Estados Unidos con unos
parientes. Lo mandaron en barco. Cuando volvió, mi papá
era contador y hablaba inglés. Cuando ya estaban viejitas, mi
papá iba por los cheques a la tesorería, ahí queda
constancia de los retiros que hizo.
Hasta el momento no hay fechas exactas de la muerte del primogénito
ni de algunas de las nietas del General.
María Santos, María Eulalia y Juana Bautista de la Luz,
se sabe murieron antes de la mitad del siglo pasado.
El 13 de mayo de 1952, muere la última nieta, María Apolonia.
Su vida está plagada de muchas historias (ver recuadro).
De la vieja casa Arce, en el sector de La Vega, sólo quedan recuerdos.
La nueva parentela decidió mudarse más al sur de la capital,
en Colonia América.
Héctor Mauricio, fiel representante de la quinta generación
del prócer, conserva en su memoria la vieja casa de sus ancestros,
los años vividos junto a su abuela, padre, madre y tías-abuela.
Debido a su inquietud porque la historia desconocida de la parentela
se divulgara, empezó por cuenta propia a hurgar entre papeles
viejos de su casa. Ahí logró encontrar algunos
documentos.
En Iglesia La Merced logró cotejar la información sobre
el bautizo del general y de su primogénito José Bernardo
Nicolás.
En los mismos archivos de la iglesia se conservan las fe de bautizo
de los cinco nietos del General, aunque hasta ahora sólo se ha
encontrado y copiado formalmente dos de estos documentos.
Yo soy de la quinta generación de José Manuel Arce
en línea directa, insiste Héctor Mauricio.
Mientras habla la mirada inmóvil del General, de una fotografía
en blanco y negro a su espalda, parece posarse en él.
|
La
nieta arce
Así era María Apolonia
María Apolonia es recordada por su bisnieto como una
persona agradable, elegante, a quien siempre le incomodó
hablar de su edad
TMaría Apolonia Arce recrea en su vida, las viejas tradiciones,
ardides y extravagancias sociales de las familias salvadoreñas
que habitaron el antiguo centro de San Salvador, en las proximidades
de la Iglesia de La Merced.
Mamía, como era conocida por su familiares, vivió
a plenitud una época romántica, aunque al principio
pobre, en una casona de madera, con nueve cuartos.
Compartió junto a sus hermanas, hermano y algunos descendientes
más.
En sus años mozos era de complexión delgada, piel
blanca, ojos azules, aunque de estatura pequeña.
Su bisnieto, Héctor Mauricio Arce, la recuerda como una
mujer muy elegante, que gustaba vestir de azul para que
le combinara con el color de sus ojos.
Comenta, además, que Mamía conservaba un pequeño
vaso de vidrio azul como uno de sus mejores tesoros, pues lo utilizaba
para hacerse un lavado de ojos.
Ella mandaba a traer a la Farmacia Americana una preparación
para lavarse los ojos... Se llamaba azul metileno para que los
ojos se le pusieran más azules, comenta y ríe.
Nunca se casó
Decidida a conservar el apellido Arce, María Apolonia decidió
no casarse jamás. Así engendró a un hijo
único de nombre Raúl.
Es más, para reafirmar su ascendencia desde el General,
se hizo pasar como viuda y asumió un segundo apellido Arce.
Se llegó a llamar María Apolonia Arce viuda de Arce.
María Apolonia sobrevivió no solo a sus hermanas
y hermano, sino a Mercedes (su sobrina) y hasta conoció
a sus bisnietos.
Héctor Mauricio, todavía la recuerda vestida de
azul.
Siempre usó trajes un poco largos, más abajo
de las rodillas.
Mamía, como otras mujeres, se preocupó por ocultar
su edad.
Hasta ahora se desconoce su fecha exacta de natalicio.
En una cédula fechada el 28 de abril de 1941, se expresa
que María Apolonia tiene 70 años.
Cómo iba a tener esa edad, si estaba mayor. Lo que
pasa es que no le gustaba que supieran su edad, agrega Héctor.
En ese momento se le reconocen como señales especiales
usa lentes.
María Apolonia murió el 13 de mayo de 1952. Sus
restos se encuentran en el cementerio de Los Ilustres, en la capital
El tema de la edad siempre fue complicado para María Apolonia
Arce.
El haber desconocido su fecha de nacimiento obligó a los
forenses a que extendieran la partida de defunción sin
edad.
|
Copyright 2002
El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización
escrita de su titular. |
|