29 de septiembre de 2002

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RESCRIBIENDO LA HISTORIA

Se rompen 190 años de silencio

El secreto salió a luz. Los descendientes hasta ahora ‘desconocidos’ del General Manuel José Arce se muestran públicamente.
Héctor Mauricio Arce Gutiérrez, representante de la quinta generación en ‘línea directa’ del General habla de “hacer justicia para sus antepasados y futuras generaciones”. La historia del prócer se reescribe a partir de 1812


Víctor Hugo Dueñas (Primera Parte)
vertice@elsalvador.com

En la Iglesia de la Merced, antigua basílica de San Salvador, se guarda con celo la fe de bautizo de José Bernardo Nicolás Arce, nacido en septiembre de 1812.
José Bernardo Nicolás fue el primogénito del General Manuel José Arce, fundador del ejército salvadoreño y primer presidente de la región centroamericana, quien casó con doña Felipa Aranzamendi.
El niño fue uno de al menos siete hijos e hijas del prócer: José Bernardo, Salvador, Jacinta, Juana, Isabel, José María y Clarita.
Carlos Meléndez Chaverri, historiador costarricense, en su ensayo “Don Manuel José Arce. Una vida al servicio de la libertad” (1997), advierte la falta de un estudio formal sobre la descendencia “de don Manuel José y doña Felipa”.
El ensayo obtuvo el primer lugar de un Certamen Histórico promovido por la Universidad “José Matías Delgado”, de La Libertad.
En su escrito, Echeverri, se limita a retomar elementos históricos de investigadores como P. Reder (1932) y Miguel Angel García (1945).
En ningún documento, sin embargo, se alude a los descendientes directos del primogénito de Arce (José Bernardo Nicolás).
Tuvieron que pasar 190 años (contados a partir del reconocimiento legal e histórico del primogénito del prócer) para empezar a reescribir la historia en torno a la figura del emblemático General.
Arce es considerado uno de los principales, sino el más importante, de los gestores de la independencia centroamericana.
Tres años después de la independencia, Centroamérica se convirtió en una República Federal, siendo elegido Manuel José Arce como su primer presidente.
Llegó al poder apoyado por los liberales (que apoyaban reformas radicales en la sociedad), pero al final gobernó con apoyo de los conservadores.
Esta situación propició una guerra civil entre las tropas federales y las del Estado de Guatemala (de tendencia liberal). En 1829, Arce fue despojado del poder, encarcelado y expatriado a Estados Unidos y luego se trasladó a México. En 1932 entró a Guatemala, pero fue vencido por las fuerzas oficiales.
Además de las derrotas y el exilio, Arce sufrió despojos y expropiaciones de sus bienes. Murió en la pobreza.
Su primogénito, José Bernardo Nicolás sufrió, como su padre, pobreza y marginación. Su vida trascendió sin gloria y sus descendientes compartieron el mismo destino.

La familia pobre

La segunda generación del General estuvo formada por un nieto y cuatro nietas. Las cuatro mujeres fueron conocidas como las señoritas Arce.

María Santos, María Eulalia, María Apolonia, Juana Bautista de la Luz y Antonio Arce descienden en línea directa del primogénito del general.
Del único hombre (Antonio) nace Mercedes (1890-1934) y a partir de ella el resto de descendientes hasta llegar a la séptima generación del General (hoy día).
Las señoritas Arce jugaron un papel determinante en la vida de los otros parientes.
Las cuatro vivían en una vieja casa de esquina del Barrio La Vega, en las proximidades de la Iglesia de La Merced. Fue allí donde criaron a Mercedes, una de las hijas de su hermano.
“Ellas eran pobres, en comparación a la gente que tenía sus centavucos”, señala Héctor Mauricio Arce, recordando a sus tías-abuelas.
La casa estaba construída de madera, con corredores internos que daban a un jardín.
Uno de los recuerdos más claros de Héctor son los muebles de mimbre que habían en una de las salas y los camastrones con respaldos metálicos. De mascota había un solo gato.
La casa de las señoritas Arce estaba cerca del edifico de “El Gran Diario”, de María de Membreño Baires y “en la esquina jugaban boliche los empleados de comercio. Ahí había un gimnasio”, recuerda Héctor.
Contiguo a la casa Arce se levantaba la mansión de los Gutiérrez. Rafael Antonio Gutiérrez gobernó El Salvador entre los años 1894 y 1898.
En 1907 Mercedes se convierte en madre. Su hijo, Héctor Manuel, representa la cuarta generación del General. Fue él, quien propició el acercamiento entre las familias Arce y Gutiérrez.
“Pegado se habían criado mi papá y mi mamá. Dicen que mi mamá andaba con una viserita oscura (sobre la frente) para evitar los rayos de sol. Mi papá llegaba y se la bajaba para molestarla. Le llevaba siete años a ella”.
A partir del matrimonio Arce-Gutiérrez inician las demás generaciones.
Héctor Mauricio sostiene que el matrimonio pudo surgir de un arreglo previo, para mantener el linaje, la estatus, sobre todo, la riqueza entre los grupos familiares.
“Las familias querían mantener y, de ser posible, aumentar sus posesiones. Los arreglos eran comunes en esa época”, añade.
Del matrimonio Arce-Gutiérrez nacieron tres hijos: Héctor Mauricio, Manuel y Raúl. El segundo vive en Venezuela; el último murió muy joven. A los 16 años de edad.

Nietas legítimas

En 1912 se reconocen como legítimas a las nietas de Arce. El gobierno decide ayudarlas económicamente. Los fondos provienen de la Tesorería Pública.

Consta en el Juzgado 2o. de 1a. Instancia Civil de San Salvador un proceso judicial para favorecer a las descendientes del General.
En la primer página del expediente se lee claramente: “Juicio Civil, promovido por las señoritas Arce... Contra: pobreza”.
Las Arce presentan entre sus alegatos: “Si es cierto también que somos muy pobres y nuestros trabajos como mujeres no nos basta para adquirir lo que necesitamos para nuestra existencia”.
La solicitud está fechada el 18 de julio de 1912.
A lo largo de ese mes, dos de las Arce presentaron sendas fe de bautizo, donde se hace constar que son hijas del primogénito del General.
Los documentos bautismales se conservan en la Iglesia de la Merced. María Eulalia nació en 1855 y su hermana Juana Bautista en 1850.
En el proceso, las mujeres presentaron además a diversos testigos para que las reconocieran como descendientes del prócer, y comprobaran su conducta notoria.
Es hasta el 10 de septiembre del mismo año, que las descendientes son reconocidas como nietas legítimas además de concederles ayuda, mientras vivan.
Una carta membretada con el escudo nacional y la leyenda “Palacio Nacional” es recibida por las cuatro mujeres.
Un fragmento de la misiva expresa: “En atención de que las solicitantes Juana B. de la Luz, María Eulalia. J. Santos y María Apolonia Arce, son nietas legítimas del esclarecido patriota Manuel José Arce, como un justo homenaje a su memoria, el Poder Ejecutivo acuerda: jubilarlas con la dotación mensual de veinticinco pesos cada una que se erogará por la Tesorería General...”
Con el dinero recibido, las Arce lograron mejorar las condiciones de su casa.
Es más tuvieron la oportunidad de albergar a otros parientes de apellido Peña y Camacho.
Héctor Mauricio, el nieto de las señoritas Arce, recuerda que con el apoyo del gobierno “las viejitas” mandaron a uno de sus descendientes a estudiar al extranjero.
“Las abuelas mandaron a mi papá a Estados Unidos con unos parientes. Lo mandaron en barco. Cuando volvió, mi papá era contador y hablaba inglés. Cuando ya estaban viejitas, mi papá iba por los cheques a la tesorería, ahí queda constancia de los retiros que hizo”.
Hasta el momento no hay fechas exactas de la muerte del primogénito ni de algunas de las nietas del General.
María Santos, María Eulalia y Juana Bautista de la Luz, se sabe murieron antes de la mitad del siglo pasado.
El 13 de mayo de 1952, muere la última nieta, María Apolonia. Su vida está plagada de muchas historias (ver recuadro).
De la vieja casa Arce, en el sector de La Vega, sólo quedan recuerdos.
La nueva parentela decidió mudarse más al sur de la capital, en Colonia América.
Héctor Mauricio, fiel representante de la quinta generación del prócer, conserva en su memoria la vieja casa de sus ancestros, los años vividos junto a su abuela, padre, madre y tías-abuela.
Debido a su inquietud porque la historia desconocida de la parentela se divulgara, empezó por cuenta propia a hurgar entre papeles “viejos” de su casa. Ahí logró encontrar algunos documentos.
En Iglesia La Merced logró cotejar la información sobre el bautizo del general y de su primogénito José Bernardo Nicolás.
En los mismos archivos de la iglesia se conservan las fe de bautizo de los cinco nietos del General, aunque hasta ahora sólo se ha encontrado y copiado formalmente dos de estos documentos.
“Yo soy de la quinta generación de José Manuel Arce en línea directa”, insiste Héctor Mauricio.
Mientras habla la mirada inmóvil del General, de una fotografía en blanco y negro a su espalda, parece posarse en él.

La nieta arce

Así era María Apolonia

María Apolonia es recordada por su bisnieto como una persona agradable, elegante, a quien siempre le incomodó hablar de su edad

TMaría Apolonia Arce recrea en su vida, las viejas tradiciones, ardides y extravagancias sociales de las familias salvadoreñas que habitaron el antiguo centro de San Salvador, en las proximidades de la Iglesia de La Merced.
Mamía, como era conocida por su familiares, vivió a plenitud una época romántica, aunque al principio pobre, en una casona de madera, con nueve cuartos.
Compartió junto a sus hermanas, hermano y algunos descendientes más.
En sus años mozos era de complexión delgada, piel blanca, ojos azules, aunque de estatura pequeña.
Su bisnieto, Héctor Mauricio Arce, la recuerda como una mujer muy elegante, que gustaba vestir de azul “para que le combinara con el color de sus ojos”.
Comenta, además, que Mamía conservaba un pequeño vaso de vidrio azul como uno de sus mejores tesoros, pues lo utilizaba para hacerse un lavado de ojos.
“Ella mandaba a traer a la Farmacia Americana una preparación para lavarse los ojos... Se llamaba azul metileno para que los ojos se le pusieran más azules”, comenta y ríe.

Nunca se casó

Decidida a conservar el apellido Arce, María Apolonia decidió no casarse jamás. Así engendró a un hijo único de nombre Raúl.
Es más, para reafirmar su ascendencia desde el General, se hizo pasar como viuda y asumió un segundo apellido Arce.
Se llegó a llamar María Apolonia Arce viuda de Arce.
María Apolonia sobrevivió no solo a sus hermanas y hermano, sino a Mercedes (su sobrina) y hasta conoció a sus bisnietos.
Héctor Mauricio, todavía la recuerda vestida de azul.
“Siempre usó trajes un poco largos, más abajo de las rodillas”.
Mamía, como otras mujeres, se preocupó por ocultar su edad.
Hasta ahora se desconoce su fecha exacta de natalicio.
En una cédula fechada el 28 de abril de 1941, se expresa que María Apolonia tiene 70 años.
“Cómo iba a tener esa edad, si estaba mayor. Lo que pasa es que no le gustaba que supieran su edad”, agrega Héctor.
En ese momento se le reconocen como señales especiales “usa lentes”.
María Apolonia murió el 13 de mayo de 1952. Sus restos se encuentran en el cementerio de Los Ilustres, en la capital
El tema de la edad siempre fue complicado para María Apolonia Arce.
El haber desconocido su fecha de nacimiento obligó a los forenses a que extendieran la partida de defunción “sin edad”.




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