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La
Columna
Iván
Gómez
vertice@elsalvador.com
¡Ingrato!
Es la expresión que
lanzó el ahora ex presidente de la Asamblea Nacional de Nicaragua
Arnoldo Alemán contra el Mandatario nicaragüense Enrique
Bolaños, cuando el jefe de Estado inició en marzo pasado,
una campaña contra la corrupción, en donde Alemán
estaría involucrado con una cantidad de fraudes.
Ahora, la ex primera dama María Fernanda Flores, desde Miami,
repite como un perico incondicional, lo que su solitario esposo dijo.
Pero, en realidad, ¿quiénes son los ingratos?
Nicaragua un país en miseria ante la poca visión de los
políticos, le permitió a María Fernanda, una mujer
radicada en Miami desde muchos años antes de que le presentaran
a quien sería su piedra de Jade, darse lujos que en proporción
con la pobre economía nicaragüense, no lo merecía.
Siendo Presidente de Nicaragua, Alemán visitó China. En
uno de los paseos oficiales, su esposa, vió con asombro en una
estantería, una serie de muebles orientales. Amor, comprame
uno de sosos taburetes. sugirió. Alemán ignorante
pregunta por el precio: 80 mil dólares fue la respuesta.
Respiró profundo y en medio de la comitiva centroamericana, susurro
a su querida esposa que era demasiado caro. Ella, utilizó sus
encanto frente al marido... Luego de regatear el precio, Alemán
adquiere el mueble gracias al papel plástico y una rebaja del
20 por ciento.
En noviembre del año pasado, durante la Cumbre de Primeras Damas
de Latinoamérica, María Fernanda se hizo acompañar
de sus cuñadas.
Una vez finalizado el encuentro, era el momento de retornar a la tierra
de lagos y volcánes.
En medio de la impaciencia de los pasajeros en el Aeropuerto Internacional
de Quito. Aparece una opulenta señora, procedente del mejor hotel.
Junto a ella, las señoras Alemán. seguidas de una escolta
de empleados de hotel, quienes cargaban más de 60 cajas. En las
más grandes, podrían haberse guardado estatuas.
A los empleados de la aerolínea no les quedó más
que cargar los comprados al avión. De nada les sirvieron los
reclamos al representante de la cancillería ecuatoriana quien
les señaló de la clase de personalidades que se trataba.
En su escala por Panamá, Fernanda, vació un estante de
perfumería. Eran los regalos para sus amigas. De nuevo la tarjetita
de plástico le facilitó las compras.
Con apenas estas dos historias, me sobra preguntar, ¿Quién
es el ingrato en Nicaragua?
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