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INTERNACIONAL
Trece años en prisión
Van Tuan derrotó a Vietnam
El
Cardenal vietnamita François-Xavier Ngûyen Van Thuân,
conocido por haber sobrevivido a la persecución del comunismo
en su Vietnam natal, falleció en Roma el pasado 17 de septiembre,
a los 74 años de edad.
Vértice / Agencias
vertice@elsalvador.com
Francisco
Javier era uno de los cardenales que aspiraban al Papado en sucesión
a Juan Pablo II. Era presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz
y fue conocido por haber sobrevivido a la persecución del comunismo
en su Vietnam natal.
El Cardenal Ngûyen Van Thuân falleció en Roma víctima
de un tumor cerebral.
El purpurado, antes de trabajar en la Santa Sede, pasó 13 años
en prisión y bajo arresto domiciliario en su país, cuando
los comunistas llegaron al poder en 1975 después de la guerra
de Vietnam y comenzaron a reprimir a la Iglesia Católica.
Durante sus años en prisión, ocho de los cuales los pasó
en confinamiento solitario, el Cardenal Van Thuan escribió sus
pensamientos sobre la espiritualidad, la supervivencia y la esperanza.
No grato
Van Thuân fue liberado en 1991, pero mientras estaba de visita
en Roma, el gobierno vietnamita lo declaró persona non
grata y dijo que nunca más podía regresar a su país.
Fue creado cardenal en febrero del 2001.
Con varios telegramas, el Papa Juan Pablo II expresó su profundo
pesar por la muerte del Cardenal François-Xavier Ngûyen
Van Thuânl.
En el telegrama que envió al presidente de la Conferencia Episcopal
de Vietnam, Mons. Paul Ngûyen Van Hoa, de Nha Trang, Juan Pablo
II recordó al Purpurado como una gran figura sacerdotal
y episcopal de su país, que con una fidelidad y una valentía
ejemplares, ha dado testimonio de su fe en Cristo, estando estrechamente
asociado a su misión a través de su ministerio y su pasión
por los sufrimientos que ha padecido.
En el pontificio consejo fue también un artesano convencido
y lleno de ternura de la reconciliación, de la justicia y de
la paz entre los seres humanos y entre los pueblos. Que su testimonio
fortalezca y anime a los pastores y a los fieles en el anuncio del Evangelio,
pidió.
En sus mensajes, Juan Pablo II destaca la vida heroica y la fidelidad
plena del cardenal a la Iglesia, incluso durante el duro tiempo
de la persecución.
Juan Pablo II, junto all Cuerpo Cardenalicio, presidió el viernes
20 de septiembre en el altar de la Confesión de la basílica
vaticana el funeral por el Cardenal Van Thuân.
El acto contó con la presencia de la jerarquía de la Iglesia
Católica, donde se recordaron los pensamientos que el sacerdote
vietnamita escribió cuando sufrió cárcel y que
plasmó en obras literarias. Un extracto de sus memorias se reproduce
a continuación.
La prisión
Me llamo Francisco Nguyen van Thuan y soy vietnamita... Hasta
el 29 de abril de 1975 fui, por ocho años, obispo de Nhatrang,
en el centro de Vietnam, la primera diócesis que me fue confiada,
donde me sentía feliz, y por la cual sigo sintiendo predilección.
El 23 de abril de 1975 Pablo VI me nombró arzobispo coadjutor
de Saigón. Cuando los comunistas llegaron a Saigón, me
dijeron que mi nombramiento era fruto de un complot entre el Vaticano
y los imperialistas para organizar la lucha contra el régimen
comunista. Tres meses después fui llamado al palacio presidencial
para ser arrestado.
Esa noche, durante el trayecto de 450 kms. que me lleva a mi residencia
obligatoria, vinieron muchos pensamientos confusos: tristezas, abandono,
cansancio. Pero en mi mente surge claramente una palabra que disipa
toda oscuridad, la palabra que Mons. John Walsh, obispo misionero en
China, pronunció cuando fue liberado después de doce años
de cautiverio: He pasado la mitad de mi vida esperando.
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Preso por vivir la fe
El siguiente texto fue escrito en la Residencia obligatoria,
en Cay-Vong (Nhatrang, Vietnam Central), el 16 de agosto de 1975,
al día siguiente a la Asunción de María.
Jesús, ayer por la tarde, fiesta de la Asunción
de María, fui arrestado.
Transportado durante toda la noche de Saigón hasta Nhatrang,
a cuatrocientos cincuenta kilómetros de distancia, en medio
de dos policías, he comenzado la experiencia de una vida
de prisionero.
Hay tantos sentimientos confusos en mi cabeza: tristeza, miedo,
tensión; con el corazón desgarrado por haber sido
alejado de mi pueblo.
Humillado, recuerdo las palabras de la Sagrada Escritura: Ha
sido contado entre los malhechores (Lc 22, 37).
He atravesado en coche mis tres diócesis: Saigón,
Phanthiet, Nhatrang, con profundo amor a mis fieles, pero ninguno
de ellos sabe que su pastor está pasando la primera etapa
de su via crucis.
Pero en este mar de extrema amargura, me siento más libre
que nunca.
No tengo nada, ni un céntimo, excepto mi rosario y la compañía
de Jesús y María.
De camino a la cautividad he orado: Tú eres mi Dios
y mi todo.
Estoy en la cárcel. Si espero el momento oportuno
de hacer algo verdaderamente grande, ¿cuántas veces
en mi vida se me presentarán ocasiones semejantes?
No, aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para
realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria.
Dispongo perfectamente cada punto y mi línea será
recta. Vivo con perfección cada minuto y la vida será
santa.
El camino de la esperanza está enlosado de pequeños
pasos de esperanza. La vida está hecha de breves minutos
de esperanza.
Como Tú, Jesús, que has hecho siempre lo que le
agrada a tu Padre. Cada minuto quiero decirte: Jesús, te
amo...
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