15 de septiembre de 2002

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“Limpias” del alma y del bolsillo

El Salvador se ha constituido en un negocio lucrativo para los centros esotéricos suramericanos. Los “brujos” han rentado lujosas casas para establecer sus negocios y han invadido los medios de comunicación, donde gastan fuertes sumas de dinero en publicidad para convencer a los salvadoreños que están aquí para sanar, pero su motivación es muy distinta.

Equipo Vértice

vertice@elsalvador.com

El pasado 1 de julio, a las 5:30 de la tarde, Sandra esperaba a su padre en una pequeña sala del Centro Esotérico Las Runas, ubicado en la 49 avenida sur de San Salvador.
La joven madre caminaba de un lado a otro de la sala con su hijo de un año en brazos. El pequeño no estaba muy bien de salud y ella debía pasearlo para que no llorara. Dentro, en una de las “clínicas”, su padre buscaba, en los hechizos de un brujo, las respuestas a sus problemas, los que la ciencia no había podido resolver.
En la sala, adornada con una gran manta de símbolos esotéricos, hay dos filas de sillas de plástico para los pacientes. En un costado, se ubica una televisión con señal por cable que hace menos pesada la espera.
Ese día, ya estaban por cerrar, y la única compañía de Sandra era Diego León Indárraga, uno de los “profesores” de Las Runas. Mientras arrullaba a su hijo, el brujo, de nacionalidad colombiana, le lanzaba piropos y le pedía que se sentara, “porque si no se va a rendir”, le decía.
Además, el mentalista le sugería que pasara consulta, porque algo le decía que tenía problemas con su matrimonio. Efectivamente, Sandra atravesaba una crisis en su hogar.
Después de 20 minutos su padre salió de la consulta en compañía de otro de los profesores y les presentó a su hija y a su nieto. El brujo que lo había atendido le sugirió que su hija debía entrar.
Indárraga se ofreció a atenderla, siempre y cuando pasara sin el niño. Después de la insistencia de los brujos, la joven le dejó el pequeño a su padre y accedió.
El consultorio donde pasó consulta no es más que un pequeño cuarto con un escritorio. En el espacio, se entremezclan las imágenes religiosas y paganas.
Al entrar, Diego le pidió que se sentara y empezó por leerle la mano. En ella, vio, en el futuro de Sandra, a dos hijos que según él no serían de su actual pareja. Además, percibió que el destino de su matrimonio estaba marcado por la separación.
También advirtió que la pareja era víctima de un maleficio por lo que debían hacer una “limpia” para contrarrestar el mal. “Te voy a ayudar, pero es algo muy serio lo que vamos a hacer”, le dijo.
Como una triste coincidencia, Sandra tenía problemas en su hogar y ante las fatales premoniciones del santero aceptó hacerse la limpia. “Tenés que desnudarte para que te salga todo el mal”, le pidió Diego.
Con un atomizador, le roció el cuerpo con una sustancia de olor fuerte. La joven empezó a sentir mareos y dolor de cabeza por lo que cuestionó sobre los síntomas a su supuesto curandero: “es el mal que te está saliendo”, le respondió.

El engaño
El brujo le pidió que se hincara con las piernas abiertas, le colocó un plato de vidrio en medio de sus extremidades y le dio un vaso con agua para que se lavara sus genitales.


Sandra vio que el agua que caía en el plato se hacía negra y despedía un mal olor.
De nuevo sintió los mareos y el dolor de cabeza. El psíquico le repitió que le estaba “saliendo el mal”. Sacó una sábana gruesa negra de un armario, la envolvió con ella y le pidió que rezara un Padre Nuestro.
Ella sentía desmayarse por la fuerte experiencia. Pero lo peor estaba por venir. Diego se hincó en medio de sus piernas y le dijo que para que funcionara el conjuro tendría que abrazarlo y besarlo como lo hacía con su esposo.
Después, le dijo que tendrían relaciones sexuales para que el trabajo funcionara. Al terminar, el brujo le ordenó limpiarse con papel higiénico y que lo enterrara. También le dijo que tenía que bañarse con agua de canela por 17 días.
“Pero lo más importante es que no le debes contar a tu esposo ni tu padre ni a un sacerdote”, le mandó. La joven se vistió y salió llorando del lugar.
Su padre la esperaba, con el pequeño, en el parqueo de local y al verla llorando le preguntó qué le había pasado. Las insistencia de su padre hizo que le contara todo. Sandra comprendió que lo que vivió no tenía nada que ver con la cura a sus males y que en realidad fue violada.
Así decidió poner la denuncia en la delegación policial de Soyapango. Sin embargo, el cuerpo policial la mandó a la Fiscalía General de la República (FGR) donde puso la denuncia por violación y donde consta su relato. El caso sigue su curso en el Juzgado Sexto de Instrucción de San Salvador.
Hasta el momento, no se puede precisar si hay más casos como el de Sandra. Según fuentes de la Fiscalía, ese tipo de lugares podrían ser demandados por daños o por estafa y en su base de datos no constan las circunstancias de ese tipo de demandas, por lo que no se puede precisar cuántos casos habría de este tipo.
Sin embargo, hace un año se ventiló el caso de una acusación por estafa en contra de un santero llamado Indio Tikuna. Según la víctima, el estafador tenía acento extranjero como el de un colombiano. Se intentó contactar al supuesto estafador, pero los números telefónicos que constan en el proceso ya no pertenecen a su clínica.
Los hechos ocurrieron el 31 de enero de 2001. Guadalupe una mujer de mediana edad no soportó más la migraña que la ha venido atormentando por más de 25 años. Los controles médicos le daban resultados no muy satisfactorios.
Una de sus amigas le aconsejó que visitara al santero llamado Indio Tikuna. Ahí encontraría el alivio a su dolor de cabeza.
Guadalupe aceptó el consejo de su amiga y fue a visitar al médico brujo en compañía de su hija menor. Al llegar al lugar, pagó 100 colones por la consulta, la recibió un hombre mayor vestido con una túnica dorada y coronado con un penacho de plumas. La indumentaria causó gracia a la paciente, aunque no lo demostró.
El peculiar personaje preguntó a Guadalupe la razón de su visita; “le contesté que tenía un dolor de cabeza que no se me quitaba”, cuenta.
Como primer paso le leyó la mano y después la tomó de la cabeza y le pidió que rezara un Padre Nuestro. Después, Tikuna le cuestionó si tenía cuenta bancaria y cuánto dinero habría en ella.
A Guadalupe le dio mala espina la pregunta, pero no reparó mucho en ella y la respondió. “Le dije que tenía 40 mil colones en el banco”, recuerda. Ella había ahorrado ese dinero por años y lo guardaba para reparar su casa dañada por los terremotos.
El santero le pidió que regresara al siguiente día y que le mostraría el rostro de la persona que le estaba haciendo daño.

Desconfianza
La mujer no terminaba de creer en el brujo, pero regresó al siguiente día con su hija menor y con la certeza de que no sería estafada.


“Soy una persona tacaña, lo acepto. Es difícil que a mí me saquen dinero”, asegura.
Pero ese día, pasaría lo que ella creía imposible. El mismo personaje de plumas y túnica la atendió. Para su sorpresa, Tikuna le dijo que se encontraba sana, que no tenía ningún mal. Pero le advirtió que tenía que ver a su hija para asegurarse que el mal no recayera en la menor.
Después de hacer los “análisis de rutina”, el brujo se exaltó y le aseguró que su hija estaba en una situación de vida o muerte. Hasta el día de hoy, Guadalupe no se explica cómo pudo creer en las palabras de aquel brujo.
Tikuna determinó que la mujer les debía entregar 33 mil colones para que realizaran el tratamiento que salvaría la vida de la menor. Pero la entrega del efectivo no se podía demorar, tenía que ser inmediata.
La asustada madre tomó por verdaderas las premoniciones del brujo y aceptó entregar sus ahorros con tal de salvar la vida de su hija.

Dinero fácil
El brujo le facilitó un vehículo y un motorista para que la mujer fuera al banco los más rápido posible y así tener el dinero cuanto antes.


En el camino, Guadalupe no pensaba más que en la seguridad de su hija. “Por un momento creí que querían hacerle daño”, recuerda.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por las exigencias del motorista. Él, Tikuna y otro brujo más vieron en la asustada mujer la fuente de una buena cantidad de dinero fácil, por lo que cada quien hacía lo suyo.
“Saque todo el dinero, le prometo que le revelaremos el número de la lotería”, le decía el motorista. Pero solo retiró los 33 mil colones que le habían encomendado.
Al regresar al sanatorio, encontró a su hija hincada rezando el Padre Nuestro. “Le pregunté si le habían hecho algo; pero gracias a Dios ella me dijo que no”, relata.
El Indio Tikuna recibió el dinero y se lo dio al motorista. Después le explicó a Guadalupe que eso era todo, y que para curarse del dolor de cabeza visitara a un médico.
Al regresar a su casa, la mujer se dio cuenta que todo había sido un engaño y que le había entregado casi todo el dinero que utilizaría para reparar su casa a un charlatán. Después de reflexionar por varios días y de superar el temor, decidió demandar al santero.
Así, fue citado, al Juzgado Quinto de Paz, el Indio Tikuna, acusado de estafa, en octubre del 2001.
Preocupado por su imagen, intentó persuadir a la mujer para que retirara su demanda. Al fin, la insistencia en el caso de Guadalupe dio sus frutos, cuando el brujo accedió devolver el dinero aun y cuando fue declarado inocente.
Los casos de Sandra y de Guadalupe constan en los archivos judiciales de sus respectivos juzgados.
Sin embargo, en visitas realizadas por Vértice a varias clínicas esotéricas presuntamente suramericanas, se determinó que existen indicios que éstos no son casos aislados.
Se visitó el Centro Esotérico Las Runas, donde se presume fue violada Sandra, y se verificó que sigue abierto al público (ver recuadro “Usted será una diosa Pág. 8”). En cuanto al proceso legal en curso, se determinó que no hubo violación por lo que se ha tipificado como “Acoso sexual” y el caso ha pasado a la siguiente fase en el Juzgado Sexto de Instrucción (ver sub nota Pág. 7).
En ambos, hubo dificultades legales para probar el delito, lo que ha hecho que sea más difícil determinar la culpabilidad o inocencia de los imputados. Pero, sí se ha comprobado, en visitas a varios centro esotéricos, que los brujos exigen fuertes sumas de dinero por falsos tratamientos (ver recuadro Pág. 9).
Así las leyes estarían dejando vacíos que son aprovechados para que estos casos permanezcan impunes.
Más grave aún, como pudo comprobar el equipo Vértice, es que sobre los centros no se ejerce ningún control, aun y cuando las clínicas, con absoluta confianza, anuncian sus servicios públicamente a través de los medios radio, televisión y ciertos periódicos.

Perspectiva antropológica

Una cultura “mágica”

La conformación de un “saber esotérico globalizado” es la explicación en la que se enmarca este fenómeno que mezcla diferentes culturas, simbolismos y creencias.

La pretensión del hombre de dominar las leyes de la naturaleza y ponerlas a su favor, a través de una fuerza mística, es la razón histórica que fundamenta estas prácticas.
Esto, según el antropólogo Carlos Lara, quien explica que la cultura popular, en general, siempre ha tenido un carácter mágico que ha prevalecido con los tiempos. “La ciencia, por mucho que avance, no ha logrado sustituir a la magia. Esta gente está ahí para recordarnos eso”, dice.
Lara señala que lo novedoso de la actual efervescencia es la mezcla o sincretismo reflejado en las variadas “opciones” que presentan los ofertantes de dichos “servicios”: Tarot, Zodiaco, conjuros indígenas, mensajes de Nueva Era, entre otros, sin establecer delimitaciones claras.
“Esto tiene que ver con el postmodernismo y la globalización, porque se tiene acceso a todos los saberes de otras culturas del mundo, antes eran desconocidas”, detalla. Una especie de “saber esotérico globalizado” que comprende simbolismos de China, India, África, Europa del Norte y América Latina.
Lara argumenta que este nuevo fenómeno está más enfocado hacia clientela proveniente de la clase media y media alta del país, porque los sectores populares son más tradicionales en ese sentido y se siguen aferrando a simbolismos propios de la religión, que también tienen un carácter mágico. Los altos costos por consulta y “medicamentos” parecen ser prueba de ello.



Perspectiva eclesiástica

Preocupación religiosa

La Iglesia Católica rechaza estos rituales disfrazados de fe. Y cuestiona al Estado por permitir que medios de comunicación sean usados para extender al público estas prácticas.

Para el Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de San Salvador, Monseñor Gregorio Rosa Chávez, estos “grupos de charlatanes” se aprovechan de los problemas comunes de las personas para hacerles creer que pueden superarlos mediante conjuros. “Les ofrecen solución a problemas económicos y angustias que les agobian en la vida”, sostiene.
Añade que propician un clima de confianza fundamentado en su fe, con la base de algunos principios católicos como la oración y la veneración. Además, recurren a actitudes de solidaridad y acogida, para hacerlos sentirse bien e importantes. Este estado emocional muchas veces ha sido perdido dentro de su propia parroquia. “Esto nos permite hacer una reflexión: la gente busca una respuesta en la palabra de Dios y debido al tamaño de su parroquia quedan en el anonimato. El reto es asumir un trabajo pastoral más personalizado”, reflexiona Rosa Chávez.
Al mismo tiempo, la Iglesia Católica ve con preocupación cómo este tipo de grupos bien organizados han alcanzado en el país espacios en algunos medios de comunicación, aprovechándose, por un lado, que la Constitución permite la libertad de culto y el aparente desinterés de las autoridades que no miden el daño social que provocan.
“Las autoridades les han dado libre entrada sin investigarlos. La salud mental de la población corresponde al Estado”, finaliza.
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