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INFORME
ESPECIAL
Vivir
con temor
Desde
el atentado terrorista contra las Torres Gemelas, la vida de los inmigrantes
latinos -que residen en condición de ilegalidad- jamás
será igual que antes. Pero el miedo a la pobreza en sus naciones
de origen es una razón de peso para resistir la nueva política
de Estados Unidos.
vertice@elsalvador.com
Los latinos de Nueva York pensaron a menudo en regresar a su país
durante este año de temor.
De los 2,819 muertos en el World Trade Center (WTC), al menos 207 eran
de origen latino, de edades comprendidas entre 20 y 71 años,
la mayoría entre 25 y 45, según una rápida revisión
de apellidos y nombres en el listado oficial de los desaparecidos.
Algunos, especialmente de entre los que trabajaban en el restaurante
Windows on the Word del WTC y en alguna de las empresas
que realizaban la limpieza de las oficinas, eran inmigrantes ilegales.
Tal vez sus verdaderos nombres no aparezcan jamás en la lista
de desaparecidos, porque para poder trabajar hicieron una serie de maniobras
con nombres falsos.
Venían de México, Colombia, Puerto Rico, República
Dominicana, Argentina, Brasil, Perú y... El Salvador.
Más sensibles que los anglosajones ante desastres de esta naturaleza,
estos datos aumentaron el dolor y el temor de los latinos de Nueva York,
conscientes de que les podría haber tocado también a ellos.
Muchos, desde entonces, sólo piensan en regresar a su tierra
con solo un poco de dinero.
De cualquier lugar
Daniel
Vara es argentino y vive desde hace dos años en New York. Trabaja
en una empresa de mantenimiento de flores.
Él presta el servicio en hoteles y centros comerciales de Manhattan.
Trata de reunir dinero para volver a Argentina en cuanto le sea posible.
Yo no sufrí mucho desde el punto de vista económico
pero sí anímicamente. Mi mayor miedo, aunque con el tiempo
se ha ido aplacando, es un ataque bacteriológico. Uno no tendría
ninguna defensa. Pienso sobre todo en mi hijita, Rosita, de un año,
relata Vara.
Cuando voy a trabajar a Manhattan, cerca de la zona cero,
uno está siempre alerta, a la defensiva, tratando de descubrir
algo sospechoso. Muchos de mis compañeros de trabajo pensaron
en tomarse un avión y volver a sus países inmediatamente.
También yo, pero con la situación argentina...,
añadió.
Los niños hispanos, además, según demostró
un estudio realizado en las escuelas de Nueva York por la dirección
de educación del estado, y publicado en abril, fueron lo que
más sufrieron de todo el alumnado los efectos a largo plazo del
atentado, con pesadillas, temores nocturnos y diurnos, agresividad,
apatía y problemas escolares, por ejemplo.
Lucía, colombiana, de 10 años de edad, cada vez que su
padre debe hacer un viaje pregunta antes con cara de incertidumbre:
Y qué pasa si secuestran el avión?.
El atentado del 11 de septiembre me afectó muchísimo.
Me retrotrajo a los años 70, a los peores momentos de la dictadura
militar en Argentina, señala Beatríz Córdoba,
actriz, directora de teatro y profesora de primaria que está
radicada en Nueva York desde hace 13 años.
Me vino como una parálisis. ¿A quién le podía
interesar el teatro o el arte después de lo que pasó?
Pero el hecho de estar en contacto con niños, me ayudó,
dice Córdoba.
Ellos me sacaron de la depresión. Muchos meses después
me di cuenta de que el teatro tiene una función social importante,
porque es importante reir y llorar juntos. Pensé mucho en mi
país, siempre pienso. Mi mitad está allá, siempre
estoy mirando al sur, agrega con un gran descargo.
María Xavier, uruguaya, trabaja en el Departamento de Contaduría
de las Naciones Unidas y vive en Nueva York desde 1969.
Al principio todo me asustaba. Una sirena, el ruido de un avión,
el subterráneo que se detenía en el túnel antes
de llegar a Manhattan. La gente se miraba con impaciencia, era más
consciente de que podía correr peligro y que nadie estaba preparado
ni exento, rememora.
A un año del atentado ya no tengo miedo, todo ha vuelto
a la normalidad, me doy cuenta de que venimos con el destino marcado
y si algo sucede es una fatalidad. Uno no puede estar pensando siempre
que le puede pasar algo. Yo tenía que seguir trabajando y no
podía dejar que el miedo me anulara, dice con resignación.
Xavier, que tiene dos hijos, uno de 22 años y otra de 14, contó
que conversó mucho con ellos para convencerlos de que debíamos
dominar al miedo y no dejarnos conquistar por él y que
eso tal vez ayudó a su pronta recuperación.
Para otros, el miedo todavía aguarda agazapado detrás
de algún recoveco del cerebro y está presto a saltar como
un resorte, según el análisis de expertos en estrés
postraumático.
La razón de la ley
Como
miles de personas, María camino durante horas. Cruzó a
pie el puente de Queensboro.
Aquel 11 de septiembre salió de Manhattan y logró llegar
hasta Queens, donde pudo tomar un tren; llegó a su casa a la
diez de la noche.
Recién después de abrazar a sus hijos, empezó a
llorar. Ahora, ella sabe que la política migratoria ha cambiado
por completo.
El Secretario de Justicia, John Ashcroft, justifica las detenciones
de cualquier sospechoso y el secreto que las rodea como una herramienta
decisiva para prevenir nuevos ataques terroristas.
Nuestro objetivo más importante es salvar vidas inocentes
de actos de terrorismo ulteriores identificando, desbaratando y desmantelando
las redes terroristas, afirmó contundentemente el 7 de
agosto, en una reunión judicial en Minnesota.
Como a muchos norteamericanos, me preocupa la expansión
de las actividades policiales preventivas, agrega Ashcroft.
Todos y cada uno de los detenidos de nuestra investigación
del 11 de septiembre han sido detenidos conforme al derecho, con un
predicado individualizado: un cargo criminal, una violación inmigratoria
o una citación como testigo material. No nos hemos involucrado,
ni nos involucraremos, en detenciones preventivas.
Pero los inmigrantes y los defensores de las libertades civiles consideran
que las detenciones los coloca en una situación sin precedentes.
Cualquiera puede ser sospechoso.
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