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FOTOREPORTAJE
Letras
en la penumbra
Una
comunidad, en el cantón La Esperanza, es el escenario de uno
de los 218 centros de alfabetización que funcionan en seis municipios
de San Vicente.
Texto y fotos: Alvaro López
vertice@elsalvador.com
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Reflejo
de conocimientos. Lo aprendido a diario es puesto en practica
por el señor Guadalupe Hernández. Hoy me gusta
leer todo tipo de libros y periódicos que encuentro
dice.
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Juntos en
todo. Los esposos Guadalupe Ramírez y Julia Hernández
comparten sus conocimientos en las tareas
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Como
en la Grecia clásica. A la sombra de un árbol, los
niños y los adultos aprenden los conocimientos básicos
que les permitirán construir un futuro mejor.
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Digno
de imitar. Ellos no permiten que la tenue luz que les regala la
noche, sea obstáculo para interrumpir la clase.
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La
unión hace la fuerza. No importa la edad cuando el afán
es aprender a leer; la ayuda mutua es imprescindible.
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El
tema de la clase del día. El título es más
que sugerente: El refugio de una triste realidad.
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La luz tenue amarillenta que emana un candil es la que se encarga de
iluminar la penumbra que invade el ambiente de varias personas que buscan
aprender a leer en la comunidad Padre Mancía.
Ellos forman un grupo de alfabetización que coordinan la Asociación
Intersectorial para el Desarrollo Económico y El Progreso Social
(CIDEP) y el Ministerio de Educación (MINED).
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Un
camino difícil. Ella ha concluido las tareas de la casa
es el tiempo de buscar otro
camino através de la lectura.
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El programa de Alfabetización y Educación Básica
de Personas Jóvenes y Adultas, que es impartido por educadores
comunales, funciona desde hace ocho años y de este se han beneficiado
4,536 personas de escasos recursos económicos.
Sus lecciones se complementan con el aula improvisada en el patio de
la casa de la señora Dinora Palacios donde hay una vieja mesa
de madera, unos troncos, pocas sillas y una vieja pizarra.
Son casi las cinco de la tarde y en la calle principal de la comunidad
juegan varios niños; en el interior de las casas, los adultos
hacen la tarea de un día anterior. El tiempo se les hace poco.
Una fuerte lluvia interrumpe por varios minutos la clase; algunos corren
a quitar la pizarra, otros las sillas, mientras los demás limpian
otra mesa que está en una galera, junto a una hornilla hecha
de adobe.
Cae la noche y la oscuridad es rota por dos candiles que el viento apaga
a cada momento; el frío no se hace esperar, el ruido de los truenos
se mezcla con sus voces.
La clase termina, pero el esfuerzo por alfabetizarse no ha sido vencido
por el mal tiempo ni por la falta de luz. El tema de la clase que estudiaron
era El refugio de una triste realidad. Es su espejo.
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