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TEMA
DE PORTADA
El
silencio de las víctimas
Nadie
sabe de ellos. Ni el gobierno de Estados Unidos ni las autoridades de
El Salvador. Los familiares que solicitaron su búsqueda todavía
albergan una lejana esperanza para encontrar a los suyos, que están
desaparecidos, que han guardado silencio desde el pasado 11 de septiembre
cuando dos aviones cayeron en New York.
Erick Lombardo Lemus
vertice@elsalvador.com
Los
nombres de una decena de salvadoreños están en los archivos
de la Cancillería nacional precedidos del título En
proceso de búsqueda.
Después del atentado contra las torres del Centro Mundial del
Comercio, la vida de Teresa de Jesús Díaz de Ramírez
quedó en el limbo. La embajada de los Estados Unidos la telefoneó
y la convocó a una reunión en un hotel capitalino.
Cuando llegó, se sumó a otras familias invitadas. Los
representantes de la embajada norteamericana los llamaron para decirles
que debido a que habían pasado 14 días posteriores al
atentado, el gobierno de los Estados Unidos quería expresar sus
condolencias. Caso cerrado.
Pero Teresa se resiste a aceptar que su esposo, José Ricardo
Ramírez Saca, de 47 años de edad, es una de las víctimas
de las Torres Gemelas.
No quisiera saber que está muerto. Yo siempre guardo la
esperanza que el Señor me va a permitir que lo vuelva a ver,
dice, mientras apretuja una colección de fotografías donde
aparecen ambos el día de su matrimonio o el recuerdo de cuando
él llegó a New York y abordó el Metro.
En otro punto de San Salvador, en la colonia Brisas de San Bartolo,
la señora Ventura Hernández rememora a su hermano, Pedro
Rafael Hernández, la última vez que conversaron vía
telefónica. Fue el jueves seis; dijo que volvería
a llamar en una semana
Ventura vive lo mismo que Teresa que recuerda a Ricardo, el día
que partió a Estados Unidos, el 30 de agosto de 1990, luego que
sus hermanas lo emigraran. Se fue -como todos- en busca de mejores oportunidades.
Iba
a venir
La última vez que Teresa habló con su esposo fue en agosto.
Hablaba seguido con él, reitera.
Me
dijo que iba a venir en los últimos días de septiembre
pero ya no regresó. Lo que quiero saber es si está vivo...
si está lisiado, agrega Teresa, lo quiero traer para
acá.
Ventura, en cambio, relata que su hermano trabajaba recogiendo
carros chocados y había días que iba al restaurante,
cerca de las torres.
Fijese que yo les decía a mis hijas hagamosle un
novenario, pero ellas insisten que talvez está vivo, que
al rato aparece... como dicen que ha quedado gente trastornada ¿verdad?.
Otros han tenido peor suerte. Martín Molina , padre de Wanda
Iveth Molina, murió hace dos meses sin saber nada de su hija.
Lo mataron en San Miguel, pero lo enterraron en San Alejo, de donde
era originario.
Su hermana, Ana, dice que jamás supieron nada sobre Wanda,
pues ella vivía con la mamá desde hace años.
De estar viva, Wanda desconoce que su padre ha muerto.
Blanca Estela de Gutiérrez busca a su hermana Francisca López,
de 45 años. Ella partió hace trece y trabajaba cerca de
las torres.
Sabíamos que estaba acompañada, pero no sabemos
nada de la familia, nos explica doña Blanca. Llamaba
seguido, pero desde el atentado ya no habla más. El teléfono
no ha vuelto a sonar.
Quien tuvo mejor fortuna fue Jaime García tras ocho meses de
espera. Su hermano, Emilio, tenía una compañía
que limpiaba los vidrios de las torres; pero guardó silencio
tanto tiempo porque el atentado le dejó huella.
El trabajaba en el mantenimiento de las torres gemelas, porque
el Ayuntamiento lo contrata en la limpieza de los vidrios. La compañía
de él se dedica a eso, señala Jaime, Hasta
en mayo lo ubiqué. Me dijo que había perdido algunos empleados
y se puso bien mal cuando me contó. Otros siguen esperando.
Julia Raquel Ruano es optimista y le encomienda a Dios a sus dos hermanos,
Carlos y Ramón. Espero que sea simple incomunicación
y no temo lo peor; aunque, como todas las familias, nosotros esperamos
que las cosas dolorosas no nos lleguen, admite.
Encontró una, perdió otra
Doña Mercedes Estrada de Murcia es la madre de Cecibel, la hija
que partió hace 18 años.
Cecibel
Estrada estaba reportada como desaparecida hasta que logró comunicarse
con su madre a los quince días de los avionazos.
Al sintonizar la televisión, doña Mercedes confiesa que
sintió tremendo susto, sobre todo, al ver como se tiraba
la gente desde arriba... se me imaginaba que ella era una.
A las dos semanas, tranquilizó su corazón al escuchar
la voz de su hija Cecibel; sin embargo, doña Mercedes vivió
un nuevo infortunio a la vuelta de dos meses.
Su otra hija, Sandra Roxana Torres, venía del templo a las 8:30
de la noche del 11 de noviembre cuando la interceptó su ex esposo.
El hombre era guardaespaldas del señor Súster y
la mató a las 10:30, solloza. El crimen pasional fue el
sello en la vida de esta madre.
Cecibel a los días supo... se escapó a hacer loca,
pero quedó de ayudarme porque me quedaron dos niños, Katherine
Roxana (6 años) y Carlos Iván (4 años).
José Adalberto Morales telefoneó a Margarita Maravilla
para decirle que iba a trabajar en las torres gemelas
porque un amigo le había conseguido trabajo.
Ahora tiene 21 ó 22 años de edad. No he sabido nada
de él después de los atentados, pero usted sabe que como
la vida sigue ¿verdad?.
El próximo miércoles se conmemorará el primer aniversario
del ataque que cambió la historia del mundo y la visión
de occidente respecto al fundamentalismo islámico.
La amenaza dejó de ser tal y quizá se haya llevado la
vida de Berta Alicia Martínez, Carlos y Ramón Ruano, Berta
Rodríguez Pineda, Dolores Godínez, Francisca López,
Wanda Iveth Molina, José Adalberto Morales, José Guillermo
Ruíz, que trabajaba en el piso 38 de la torre sur. ¿Vivirán?
¿Habrán perdido la memoria? ¿Dónde están?
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La
última llamada de Elsy Carolina
La noticia de la muerte de Elsy Carolina, la joven de 27 años
de edad que trabajó como ingeniería de traducciones
en General Telecom, en el piso 83 de una de las Torres Gemelas
es la que única salvadoreña que las autoridades
estadounidenses reconoce oficialmente como muerta
en el ataque al World Trade Center (WTC).
Ella era la mayor de sus hermanos y algunos la recordarán
por el dramático relato de su madre que conversó
con ella hasta que el segundo avión, el vuelo 175 de United,
se estrelló contra la torre sur.
La voz entrecortada de esta salvadoreña es el último
recuerdo de su madre, Chani Oliva de Umanzor, quien no quiso recrear
aquel recuerdo amargo.
Chani Oliva emigró junto a Elsy Carolina cuando la niña
tenía nueve años de edad, en 1983.
Elsy consiguió el éxito en una sociedad tan competitiva
como la neoyorquina a base de esfuerzo y tenacidad. Su recuerdo
pasea en las calles de Flushing, en Queens, New York.
Su madre tuvo segundas nupcias y procreó dos hijos más,
Anthony y Kate, que eran la adoración de Caro, como la
llamaban.
Pero Caro tampoco perdió contacto con su padre natural,
Rigo Osorio, un músico salvadoreño que un día
emigró a Nicaragua a realizar sus sueños.
Rigo es el reconocido bajista del grupo que acompaña al
cantautor Luis Enrique Mejía Godoy y reside en Managua
desde los años ochenta.
Rigo, mientras veía las imágenes impactantes de
los atentados, tuvo un mal presentimiento; pero fue hasta que
hizo contacto con su ex esposa que supo la tragedia de su hija
adorada, de Caro, a quien meses antes le prometió que la
iba a entregar en el altar de la Iglesia cuando se casara a principios
de este año.
La última llamada
Elsy Carolina telefoneó desde su portátil a Chani,
su madre, cuando el vuelo 11 de American (un Boeing 767 con 92
personas a bordo, que partió del aeropuerto Logan de Boston
hacia Los Angeles) se estrelló contra la torre norte.
La explosión sacudió la oficina donde laboraba Elsy
y el fuego empezó a abrasar el piso.
A través de los altoparlantes, la seguridad del WTC pedía
calma y advertía que no se movieran hasta esperar las indicaciones
d evacuación. Como ciudadanos ordenados que son los estadounidenses,
obedecieron mientras el humo invadía el ambiente y el caos
sus corazones.
Elsy mantuvo contacto con Chani hasta el último minuto,
justo cuando su madre observaba en la pantalla del televisor cómo
la silueta de otro Boeing, el vuelo 175, planeaba contra la zona
del piso 83. Chani no escuchó más y sus ojos se
empezaron a inundar de lágrimas.
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