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INTERNACIONAL
La
cumbre de la tierra
Diez
años después de que los gobiernos aprobaran desarrollar
medidas contra el cambio climático, las condiciones globales
no han cambiado mucho. Ahora se abre una nueva discusión para
lograr consenso y obtener los fondos necesarios. La Cumbre de Johannesburgo
es una ligera esperanza, una muy ligera.
Vértice
/ Agencias
vertice@elsalvador.com
La
reunión mundial que se desarrolla en Johannesburgo desde el 26
de agosto y que finalizará el miércoles afronta el reto
de conseguir acuerdos concretos, un calendario de actuación y
la consignación presupuestaria para poner en marcha las medidas
necesarias que permitan lograr el ansiado desarrollo sostenible mundial.
Los ambientalistas proponen la creación de una Agencia Mundial
del Medio Ambiente y de una Agencia de Energías Renovables que
permitan hacer realidad esa utopía. Sin embargo, el escaso interés
de algunos gobiernos, el boicot de Estados Unidos y el incumplimiento
de acuerdos anteriores no invitan al optimismo.
La destrucción de los bosques como consecuencia de la acción
humana provoca cada año la deforestación de 13 millones
de hectáreas.
La Cumbre, en donde participan 180 países, sigue los compromisos
adquiridos hace diez años en Brasil como es poner en práctica
el Programa 21 a favor del Desarrollo Sostenible.
El programa 21 es un ambicioso conjunto de medidas que busca frenar
la destrucción del planeta.
¿Equitatividad?
Diez
años después, la mayoría se han traducido en promesas
vacías. Hubo también otros acuerdos que se han llevado
a la práctica con mayor o menor fortuna: El Convenio sobre Biodiversidad
Biológica, la Declaración de Principios Forestales y la
Convención Marco Sobre el Cambio Climático
John Turner, jefe de la delegación de Estados Unidos, ha dicho
que su país iba a anunciar nuevos proyectos medioambientales
en la cumbre, pero que no iba a prometer fondos económicos en
la batalla contra la pobreza y la preservación de los ecosistemas.
Por su parte, el Secretario General de Organización de las Naciones
Unidas (ONU), Kofi Annan, sugiere que los beneficios de la globalización
se distribuyan equitativamente. Frente a esta posición, organizaciones
internacionales como Greenpeace sugiere reducir emisiones de CO2, el
ahorro energético y el apoyo a las fuentes renovables, que permita
el cierre de las centrales nucleares.
El debate para lograr el consenso y los fondos necesarios en el Plan
de Acción está abierto en Johannesburgo.
El dilema es: ¿cómo sacar a los países pobres de
su miseria sin que ello provoque el destrozo medioambiental que la industria
ha causado en Occidente? ¿cómo pagar energías renovables,
o incluso el acceso al agua potable y a la salud, en esos países?
El antecedente
La primera Conferencia Internacional sobre el Medio Humano tuvo lugar
en Estocolmo, en 1972, para analizar el impacto del desarrollo en la
naturaleza. Los participantes concluyeron que los Estados y los ciudadanos
debían resolver el problema y acordaron celebrar una Cumbre de
la Tierra decenal.
Nairobi fue la ciudad de la segunda reunión que, en 1982 y en
plena guerra fría, resultó un fracaso.
Hubo que esperar otra década hasta la Cumbre de Río de
Janeiro para definir el concepto de desarrollo sostenible como: el
que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad
de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades.
Pero todo eso no basta.
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