1 de septiembre de 2002

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Jaque al Rey

De adolescente, Alemán no era el gordo que es ahora. “No, al revés, flaquísimo. Yo perdí mi talla cuando dejé de fumar. En 1992, recién muerta mi mujer, mis hijos me dijeron: Ya estamos ‘motos’ de madre no queremos quedar sin padre”.

Fabián Medina (Última Entrega)
vertice@elsalvador.com

El “fumado” es uno de los vicios más duros, dice Arnoldo Alemán. En el kilómetro 7 1/2 de la Carretera Sur, en la periferia de Managua, vive Sonia Sánchez, una mujer de 57 años, morena, de porte humilde, que dice sentirse “como en medio de un sandwich”. Ella es hermana de Arnoldo Alemán y esposa de Eddy Gómez, ambos enfrentados políticamente.

“No sé qué hacer, uno es mi esposo y otro mi sangre. La ley de Dios dice que debo permanecer al lado de mi esposo, pero también amo a Arnoldo”, dice esta mujer que comenzó su vida vendiendo en los mercados.

Sonia Sánchez se niega a relatar la historia completa de su vida, y sólo da pistas: hija, fuera de matrimonio, de don Arnoldo Alemán Sandoval y Lidia Bellorín, una jovencita que lavaba y planchaba ajeno. Conoció a sus hermanos hasta los cuarenta años. No la rechazaron.

“El recuerdo que yo tengo de Arnoldo es muy bueno. Fue un hombre que me dijo que su casa era la mía, que el dolor mío era el de él, la alegría mía era la de él, y que se alegraban todos de conocernos. De ellos sólo buenos recuerdos tengo, no puedo decirle que me han hecho desprecio, me dieron un lugar, pues es raro el hermano que acepta a un hermano que no sea hijo de padre y madre”, dice.

la psiquiatra

Alemán dice que su familia tiene agradecimiento a Sonia “porque esperó a que mi mamá muriera para presentarse ante nosotros a decirnos que era hija de mi padre”.

El 21 de julio de 2000, la doctora Gioconda Cajina, siquiatra del Centro de Salud “Sócrates Flores” de Managua, sorprendió a Nicaragua cuando declaró públicamente que el presidente Alemán necesitaba ayuda siquiátrica para los trastornos de personalidad que padecía. Diez días más tarde fue despedida.

Dos años después, la doctora Cajina me recibe en su casa-clínica en la periferia de Managua. Nunca fue reintegrada a su puesto pese a la batalla legal que libró, y aún hoy, mandando Bolaños, sigue insistiendo en que los presidentes deben tener un siquiatra entre sus asesores. “Es que es demasiada la presión, el estrés que sufren, ¿no cree?”

De conversación agradable, la doctora Cajina tiene la habilidad de colarse en la vida de su interlocutor, y en más de una ocasión hace incursiones subrepticias en mi vida privada intentando reconocer a quien la entrevista o, quién sabe, ganar un paciente.

Las declaraciones que le costaron el cargo, las asumió como el deber “de una nicaragüense que se sentía perjudicada por la conducta antisocial que derivaba de la trasformación de personalidad del presidente”.

“Él tiene problemas de obesidad. Es de manejo público que vive consumiendo productos farmacéuticos para evitar engordar. La bebida... Él apareció ebrio en televisión, con esas características de la intoxicación por alcohol. La persona que tiene hábitos alcohólicos cotidianos tiende más al descontrol todavía”.

Sin embargo, la doctora Cajina basa su diagnóstico en la simple observación, en lo que dicen sus allegados, y en lo que informan los medios. “Nunca he estado ni siquiera en una reunión con él. Es raro. Yo voy a distintas actividades y nunca nos hemos encontrado en una reunión pública”, reflexiona.

El diagnóstico

La experiencia le dice a la doctora Cajina que pocas veces es el paciente quien llega a las clínicas a exponer su mal. “La aproximación diagnóstica se hace generalmente a través de las personas que han sido dañadas. Familiares, amigos, compañeros de trabajo son los que frecuentemente buscan al siquiatra y le cuentan los hechos que pueden llevar a diagnosticar un trastorno de personalidad antisocial, como en este caso”, alega.

Nunca dijo que Alemán estaba loco. Ni siquiera que tuviese un trastorno mental. Pero advierte que entre el trastorno de personalidad y el trastorno mental hay un paso.

“Cuando la gente descubre el trastorno de personalidad, el dañino se va quedando solo. Esa persona se convierte en enfermo mental cuando tiene un poquito de toma de conciencia de que es dañino, apenas se da cuenta que la gente no lo aguanta, y al quedarse solo empiezan los síntomas de la depresión”.

Y sentencia: “Autores norteamericanos dicen que las personas que tienen estos problemas terminan en la cárcel...”

¿Alemán loco?
Jaime Morales Carazo se molestó, cuando en julio de 2000 la doctora Cajina soltó su atrevido diagnóstico. “Esta doctora está resentida... ¿Estás loco vos?, le pregunté a Arnoldo, y sólo se puso a reír”, recuerda.

Sin embargo, ahora, en retrospectiva y con una amistad rota de por medio, reconoce que había ciertos síntomas que demostraban que la doctora Cajina no andaba tan despistada como en un principio él creyó.

“Había ciertas reacciones de ira, cosas de maldad, ciertas irracionalidades... A la hora de la crisis se ponía como energúmeno, sin ningún razonamiento ni nada... Este jodido se volvió loco, llegué a pensar”.

El doctor Alemán se ríe nuevamente cuando le recuerdo el diagnóstico de la doctora Cajina, y riposta con una frase que usa para descalificar a sus adversarios. “Es un onanismo (masturbación)”, dice.
—¿Tuvo alguna vez tratamiento siquiátrico o sicológico?
—Tengo muchas vías de escape para tener siquiatras y esas cosas, dice carcajeándose.
—¿Cuáles son esas vías de escape?
—Aahhh, amigo... Aprovéchelo usted que todavía tiene los bigotes sin canear—, nuevamente risas.
La doctora Cajina vaticina que en algún momento ella se va a convertir en la mejor aliada del doctor Alemán. “La demencia la va a usar a su favor para evadir la justicia cuando le toque estar en el banquillo de los acusados. Como Pinochet...” Si esa última jugada falla vendrá la cárcel. ¡Jaque mate!

La Chinampa:
Finca mimada del Estado


La Chinampa ha sido la finca emblemática del crecimiento patrimonial de Alemán mientras fue presidente. La Chinampa, la “finca presidencial” ubicada en el kilómetro 27 de la Carretera Vieja a León, no aparece en su declaración de probidad.

Por ella pasaron casi todas las instituciones del Estado prestando sus servicios. Según investigaciones de la Contraloría, la Empresa Nacional de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), instaló allí tres modernos pozos de agua potable.
El entonces ministro de Enacal, Róger Solórzano, dijo que la familia Alemán pagó un poco más de 20,000 dólares por los tres pozos, pero una empresa privada que brinda servicios de perforación de pozos, asegura que cada pozo de La Chinampa cuesta aproximadamente 17,000 dólares, es decir que la familia Alemán se ahorró 10,000 dólares en cada pozo.
La Contraloría también denunció que la Empresa Nicaragüense de Electricidad (Enel) realizó trabajos por más de medio millón de córdobas en propiedades de la familia Alemán Lacayo, entre las que se destaca La Chinampa.

Obras y no palabras

Eduardo Mena, quien era director del IDR aparece como firmante de los contratos con Enel para instalar dos mil 420 metros de líneas de distribución, dos transformadores y luminarias, en el trecho que va del kilómetro 27 y medio hasta el kilómetro 32.
En este caso, el entonces ministro de Enel, Edgard Quintana, también dijo que los servicios de electrificación instalados en las propiedades del presidente Alemán, se le hicieron como un cliente más de esa empresa eléctrica, y que por lo tanto se hicieron los pagos necesarios.
En su momento, la Contraloría General de la República denunció que Arnoldo Alemán aún no había cancelado al Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA) el costo por miles de plantas de aguacate, café, tamarindo, marañón y cítricos.
La pavimentación de la carretera y la reparación de los caminos se hizo con la maquinaria pesada del plantel de la empresa ECONS 3, adscrita al Ministerio de Transporte e Infraestructura (MTI).

Sociedad Alemán


La Chinampa cuenta, además, con una bomba de combustible instalada por el Instituto Nicaragüense de Energía, la cual regula las operaciones de Petróleos de Nicaragua (Petronic).
A pesar que Arnoldo Alemán negó en los últimos años ser el dueño de La Chinampa, el 11 de enero de 1999 dijo en el programa televisivo Buenos Días, que existe “en el kilómetro 27 una propiedad que perteneció a Enríquez y que la manejó Tirso Zeledón. Que antes del 79 la entregara al Banco de América, entregada a una cooperativa. Esa cooperativa nos la vendió a una sociedad donde no está sólo Arnoldo Alemán, a precio favorable”.
La Chinampa tiene 615 manzanas y está registrada bajo el No. 127,909, pertenece a GENINSA, la sociedad de la Familia Alemán.
Según declaraciones de Alemán a Radio Corporación el 16 de enero de 1999, esa finca la adquirió a 1,500 córdobas cada manzana; su precio total sería de unos 100 mil dólares.


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