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FOTOREPORTAJE
Los
ángeles del basurero
La
realidad de decenas de niños en el botadero de Mariona no es
fácil. Cada mañana, los pequeños hurgan entre la
basura en busca de plásticos, aluminio, papel que puedan vender
y, claro está, comida para saciar el hambre.
Foto y texto/ Álvaro López
vertice@elsalvador.com
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Mientras
las aves de rapiña buscan carroña, los niños
compiten contra ellas entre las montañas de basura. Cada
día, estos ángeles de la basura, viven una niñez
a cuestas lejos de alcanzar un futuro integral. Aqui no existe.
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Ser niño no es fácil y mucho menos para aquellos que
a diario desaparecen entre las montañas de basura del relleno
de Nejapa, buscando objetos que se puedan vender, para ganar unas cuantas
monedas y así ayudar a sostener a la familia.
A diario, los pequeños pepenadores del basurero parecen formar
un ejército de hormigas, que debe luchar contra el mal olor,
los zopilotes, los perros y las enfermedades de la piel que produce
trabajar entre toneladas de basura.
Pese a eso, su tierno espíritu no desaparece; su rostro siempre
dibuja muecas de alegría y nunca faltan las bromas infantiles
y un tiempito para un partido de fútbol.
Pero los niños saben distinguir qué tipo de basura lleva
cada camión; el más esperado es uno que bota pollo en
las madrugadas. Siempre hacemos sopa, dice Carlos, de 9 años
de edad , mientras se deleita con un pan ante la mirada de un grupo
de zopes.
El camión del pollo
El trabajo del día fue duro para Carlos. Al parecer, las ganancias
no fueron las mejores; tampoco llegó el camión a botar
el pollo. Hoy no habrá sopa, dice, mientras el manto de la noche
hace que la basura desaparezca a simple vista. Su único rastro
es el hedor que inunda las champas.
Las noches en ese lugar parecen una película de misterio, las
siluetas de los niños se ven corriendo entre las champas, otros
prefieren descansar en viejos sillones que están en la entrada
de pequeñas viviendas hechas de cartón y plástico
.
Algunos prefieren ver la televisión en la covacha de uno de los
vecinos que la hace funcionar con batería.
En otra champa, el llanto de un niña, de dos meses, que padece
bronquitis, no despierta a su hermanos que duermen en una vieja cama;
el cansancio los han vencido; tienen que descansar porque al día
siguiente hay que volver a trabajar.
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Las
nubes sombrías anuncian que la lluvia caerá dentro
de poco y hay que prepararse para enfrentar las inundaciones en
sus covachas hechas de plástico, cartón y pedazos
de tablas.
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El
trabajo y el cansancio que les provoca se olvida con esporádicos
juegos de pelota; a veces, usan envases plásticos para
sustituirla.
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Los
niños son presa fácil de las enfermedades. Las infecciones
de la piel, estomacales y respiratorias son las que más
los atacan.
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Los
zancudos abundan en el lugar durante las noches y cuando los niños
duermen son los mas vulnerables
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La
tarde pinta bellos colores sobre las montañas de basura.
Ha terminado la faena; hay que pensar en el mañana, aunque
sea un día más.
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Este
chico, recién bañado, viste su ropa limpia día
domingo, cada domingo cuando es el día de descanso de todos
los niños pepenadores.
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