11 de agosto de 2002

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FOTOREPORTAJE

Los ángeles del basurero

La realidad de decenas de niños en el botadero de Mariona no es fácil. Cada mañana, los pequeños hurgan entre la basura en busca de plásticos, aluminio, papel que puedan vender y, claro está, comida para saciar el hambre.

Foto y texto/ Álvaro López
vertice@elsalvador.com

Mientras las aves de rapiña buscan carroña, los niños compiten contra ellas entre las montañas de basura. Cada día, estos ángeles de la basura, viven una niñez a cuestas lejos de alcanzar un futuro integral. Aqui no existe.

Ser niño no es fácil y mucho menos para aquellos que a diario desaparecen entre las montañas de basura del relleno de Nejapa, buscando objetos que se puedan vender, para ganar unas cuantas monedas y así ayudar a sostener a la familia.
A diario, los pequeños pepenadores del basurero parecen formar un ejército de hormigas, que debe luchar contra el mal olor, los zopilotes, los perros y las enfermedades de la piel que produce trabajar entre toneladas de basura.
Pese a eso, su tierno espíritu no desaparece; su rostro siempre dibuja muecas de alegría y nunca faltan las bromas infantiles y un tiempito para un partido de fútbol.
Pero los niños saben distinguir qué tipo de basura lleva cada camión; el más esperado es uno que bota pollo en las madrugadas. Siempre hacemos sopa, dice Carlos, de 9 años de edad , mientras se deleita con un pan ante la mirada de un grupo de zopes.

El camión del pollo

El trabajo del día fue duro para Carlos. Al parecer, las ganancias no fueron las mejores; tampoco llegó el camión a botar el pollo. Hoy no habrá sopa, dice, mientras el manto de la noche hace que la basura desaparezca a simple vista. Su único rastro es el hedor que inunda las champas.
Las noches en ese lugar parecen una película de misterio, las siluetas de los niños se ven corriendo entre las champas, otros prefieren descansar en viejos sillones que están en la entrada de pequeñas viviendas hechas de cartón y plástico .
Algunos prefieren ver la televisión en la covacha de uno de los vecinos que la hace funcionar con batería.
En otra champa, el llanto de un niña, de dos meses, que padece bronquitis, no despierta a su hermanos que duermen en una vieja cama; el cansancio los han vencido; tienen que descansar porque al día siguiente hay que volver a trabajar.

Las nubes sombrías anuncian que la lluvia caerá dentro de poco y hay que prepararse para enfrentar las inundaciones en sus covachas hechas de plástico, cartón y pedazos de tablas.

El trabajo y el cansancio que les provoca se olvida con esporádicos juegos de pelota; a veces, usan envases plásticos para sustituirla.

Los niños son presa fácil de las enfermedades. Las infecciones de la piel, estomacales y respiratorias son las que más los atacan.


Los zancudos abundan en el lugar durante las noches y cuando los niños duermen son los mas vulnerables

La tarde pinta bellos colores sobre las montañas de basura. Ha terminado la faena; hay que pensar en el mañana, aunque sea un día más.

Este chico, recién bañado, viste su ropa limpia día domingo, cada domingo cuando es el día de descanso de todos los niños pepenadores.

 


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