11 de agosto de 2002

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CARTAS

Dese una escapada

Quizá más de alguno pensará que no vivo aquí, o que tengo pajaritos en la cabeza, pero no, no es así; veo, vivo y siento lo que día a día nos atañe como pueblo, como personas... pero no todo puede ser feo, negro, malo, tristeza o negativismo.
A la altura del km 10 sobre la autopista a Comalapa, comenzamos a subir el cerro; íbamos a paso un tanto ligero un tanto lento, por aquello de la soledad del lugar; teníamos cierto temor, pero las ganas, el arriesgarnos, el deseo y la sensación que se tiene de llegar arriba era mayor, sin dejar de sumar la picazón de las ronchitas que deja el monte, el fastidioso sudor, y ya no digamos el dolor de piernas de tanto caminar.
A medida que íbamos subiendo no dejábamos de sorprendernos de lo único y especial del panorama, de la delicia que se puede contemplar en el entorno de la naturaleza, del aroma a flores, a árboles, y hasta a pino, de la brisa inigualable, y aunque no era la primera vez, el viajar de esta manera, paseos así siempre le resultan a uno inigualables, son un respiro para el alma.
Pasamos por el parque, para luego finalizar nuestra caminata hasta la Puerta del Diablo, espectacular, estaba tan nublado que se veía genial; contradictorio ¿verdad?
Fue un día domingo como todos, y a la vez muy diferente, ¿quién dice que en mi país todo es violencia, tragedia, y calamidad?
Respiros como estos están al alcance de su bolsillo y aunque sea por un momento bien vale la pena sacrificarse.

Ana Virginia Andrade
avav_1@yahoo.com

La violencia juvenil
No estoy de acuerdo con la carta enviada por el señor Herrarte sobre la disciplina de los futuros ciudadanos que era inculcada en ese entonces a base de castigos físicos, cintos de cuero, reglas de madera. Que triste, muy triste, pensar que hay -aún en estos tiempos- mentes que piensan que de la violencia saldrá un fruto exquisito o por lo menos normal.
La tarde empezaba muy caliente y el pequeño de segundo grado se apuraba todo lo posible por llegar a la escuela, había estado esperando el bus que pasaba cerca; pero el sistema de transporte no era un modelo de puntualidad. Pensaba: si el bus se apuraba, habría una oportunidad de llegar antes de que la campana sonara.
No, no pasó así, no solo llegó tarde; sino que también los alumnos estaban ya en sus salones. Afuera habían otros que habían corrido la misma suerte. Todos estaban en posición de atención mirando al profesor parado en frente. “¡A ver! ¡Todos ustedes que han llegado tarde!”, gritó, “¡formen una línea acá en el campo de fútbol y a correr diez vueltas completas!”.
En seguida, junto con todo el grupo, el chiquillo empezó a correr bajo aquel sol de la una de la tarde. Era la sexta o séptima vuelta cuando el pequeño -sin aliento- cayó al suelo; se levantó con ayuda de alguien y siguió hasta el final.
Todos formaron nuevamente la línea frente al profesor. “Que les quedé de experiencia, dijo, de no venir tarde. ¡A clases todos!” Al empezar a caminar, el profesor le cogió del brazo al niño y sin aviso le propinó cinco cinchazos; no sin añadir: “esto es por haberte parado a descansar”.
A todos los que leen, inculquen ese respeto a base de ejemplo y amor como verdadero padre o madre cualquiera que sea tu condición. Creánmelo, no estarán desilusionados; algún día esta mente que empieza les hará orgullosos.
Quisiera encontrar este profesor y cogerle del brazo para decirle “solo tenía siete años”.

Rafael Gómez
Rafael.Gomez@hq.1perscom.army.mil


Sus reportajes
Quiero felicitarlos por sus reportajes tan certeros y de mucho interés para la ciudadanía. Me llamó mucho la atención el reportaje de los hermanos Carías.
La forma poco profesional y tan carente de voluntad con que ha sido tratado este caso deja entrever la falta de capacitación que hay en nuestras autoridades.

Carlos Pinilla
secreto111281@hotmail.com


Expresión de rencor
Hemos sido testigos de la sentencia civil en contra de dos generales retirados en una corte de Florida. A simple vista y de acuerdo a grupos de derechos humanos internacionales, los cuales hacen poco o nada por ayudar a nuestros países, este proceso no es más que la búsqueda de justicia después de tanto año de opresión social.
Pero, desde una perspectiva objetiva y con sincero interés en ayudar a la reconstrucción de El Salvador, esos casos debiesen dejarse en el olvido y enfocarnos en promover y ejecutar políticas eficientes para combatir los problemas sociales y económicos que abaten a nuestra población.
Las consecuencias de estos casos significan un grave retroceso en nuestro proceso de paz y a estos lógicamente les afecta poco o nada que nuestra sociedad vuelva a involucrarse en conflictos.
Por el contrario, desde su perspectiva ellos encuentran una oportunidad en su futuro para tener más dinero que cobrar al originar estas “luchas de clases sociales”.
Nuestro desarrollo en el campo socioeconómico se ha basado en el perdón, olvido y determinación de nuestro pueblo para salir adelante. Con la apertura de este tipo de casos estamos obviando estos principios
¿Qué pasaría si cada uno de los familiares de las 75,000 víctimas tratasen de abrir casos en contra de sus agresores? Sin duda que nuestras cortes no darían abasto y nuestra actividad económica se viera enfocada a pagar las deudas fruto de las resoluciones.

Luis Montes h.
luismontes@prodigy.net


Carros placas “N”
Otra vacación en el calendario es igual a ver circulando los ya famosos e incontrolables “Placas N”. Basta de tanto sinvergüenza burocrático que no se conforma con no hacer nada.
La Corte de Cuentas debería demostrar que si puede arreglar esos desmanes en cada vacación. Si no ¿para qué existe el control gubernamental?

Rafael Vélez
luadrimar@yahoo.com.mx


Muertes en el olvido
Desconcertante la investigación “Dos muertes en el olvido”. Percibo que vamos hacia la nulidad investigativa en crimenes horribles. ¿Y como hacemos para enmendar?
Es que con encargados así de la dirección fiscal de la investigación criminal, el país esta paralizado. La Asamblea debe elegir una dirección en la Fiscalía. No es justo culpar al Órgano Judicial.

Ernesto Alfredo Parada
01-01-031966



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