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REPORTAJE
¿La
cirugía de la dignidad?
El
año pasado, al menos veinticinco mujeres se reconstruyeron el
himen en nuestro país. Se trata de una operación llamada
himenoplastía. El temor a abordar el tema, entre los pocos médicos
que aceptan realizar la intervención deja al descubierto la suprema
discreción con la que trabajan. La mayoría de pacientes
ha sido víctima de abuso sexual; pero, otras ven en la operación
el mejor camino para recuperar el valor social perdido.
Claudia Zavala
vertice@elsalvador.com
¿Usted también es paciente de la doctora? ¿Y
qué se va a hacer, niña, si está bien jovencita?,
me dice la mujer, mientras hojea una Cosmopolitan, sentada en el otro
extremo de la sala de espera del consultorio. Aparenta unos cuarenta
años; aunque, a juzgar por el grueso expediente que la secretaria
saca del archivo, seguramente su lozana piel y sus bien plantadas formas
son amigas del bisturí desde hace un tiempo.
Una vaga sonrisa cómplice es la única respuesta que recibe.
Quizá por eso insiste: Ay, sí, niña, está
bueno. Yo digo que mientras se pueda, hay que remendarse todo lo que
una quiera. Y aquí es chivo, porque la doctora da crédito,
sugiere en voz baja.
La doctora, desde su ventilada oficina, acepta hablar de
la himenoplastía o reconstrucción de himen, a cambio de
no revelar su identidad. Es que usted sabe que hay gente en este
país que no entiende estas cosas y una puede meterse en problemas,
explica.
Insiste, desde el principio, en hablar sólo de los casos en los
que las pacientes intervenidas han sido víctimas de abuso sexual.
Según ella, la experiencia que ha tenido, durante diez años,
le ha demostrado que la operación es una buena solución
para aminorar la carga traumática que deja un ataque de esta
magnitud en el cuerpo y la psiquis de una mujer.
Explica, escuetamente, que la cultura latinoamericana es el principal
argumento que ha hecho que un buen grupo de mujeres busquen sus conocimientos
para buscar una solución.
No necesita haber estudiado sociología o antropología
para entender que, pese a la llamada liberación femenina,
el machismo y el androcentrismo atraviesan diferentes esferas de la
sociedad, tanto académicas como socioeconómicas. Y que
los conflictos que genera esa doble moral desemboca muchas veces en
el sofá de espera de su consultorio.
En los casos de violación, generalmente son los padres
los que traen a sus hijas. Se supone que cuando vienen a mí ya
lo han decidido. Pero siempre procuro asegurarme de que estén
bien conscientes de lo que van a hacer, para que la medicina no resulte
peor que la enfermedad, señala. La galena explica que la
mayoría de sus pacientes oscila entre los 17 y 21 años
de edad.
La Policía Nacional Civil reporta que, en lo que va del año,
se han denunciado 526 violaciones. De esas, 458 han sido a mujeres.
El subcomisionado Pedro González declara que las jóvenes
de catorce años suelen ser más vulnerables a los abusos
por estar en un período de desarrollo en el que comienzan
a ser más atractivas para el hombre.
A juicio de la doctora consultada, las personas que han acudido a su
clínica en algunos casos piensan que, al reconstruir
el daño físico, la recuperación psicológica
se facilita de alguna manera.
La psicóloga Virginia de Menéndez considera que la reconstrucción
del himen no es, necesariamente, un elemento fundamental que contribuya
a la recuperación del estrés postraumático, producto
de una violación sexual.
Dignidad vulnerada
Según
De Menéndez, el punto de gravedad en una situación de
abuso sexual está, no precisamente en perder el himen, sino en
el atropello a la libertad y dignidad del ser humano.
De Menéndez sostiene que la mejor manera de iniciar una recuperación
real y duradera es denunciando al violador, para individualizarlo y
condenarlo socialmente. Esto ayuda a que la víctima drene su
rabia e inicie una recuperación basada en un autoestima fortalecida.
Siempre se recalca, pero parece que lo olvidamos: La virginidad
no está en el himen, sino en los valores morales y espirituales
de una persona, comenta.
Similar es el pensamiento del doctor Wilfredo Martínez, jefe
de la Unidad de Atención a la Violencia, del Instituto Salvadoreño
del Desarrollo de la Mujer (ISDEMU).
A Martínez incluso le parece grave sólo el hecho de considerar
que esta operación sea tomada en cuenta en una terapia postviolación.
Según él, ésta no es más que una forma reduccionista
de valorar a la mujer y, lejos de ayudarla a salir de su trauma, lo
que hace es reforzar más el lineamiento androcéntrico
y disminuir su autoestima.
Yo esto lo veo más dentro de un marco de práctica
comercial que de verdadero beneficio para la víctima, enfatiza.
La cirujana plástica que Vértice consultó asegura
que no sabe de ningún otro colega suyo que admita hacer la operación:
Una cosa es hacerla y otra reconocerlo, dice. De hecho,
se consultó a varios médicos sobre la práctica
de la himenoplastía y, de siete cirujanos consultados, tres admitieron
haberlo hecho alguna vez, pero por razones púramente médicas.
¿Clandestinamente?
Una de esta razones es, por ejemplo, el padecimiento de tumores o quistes
vaginales que necesitan obligatoriamente ser removidos. Cuando
la paciente nunca ha tenido relaciones sexuales, la obligación
del médico es reconstruir algo que por voluntad de la persona
está intacto; no lo podemos dejar roto. Pero sé de médicos
que lo han hecho para lucrarse; por ética, no le puedo dar nombres,
explica uno de los consultados, que tampoco quiso que se publicara su
identidad.
La dificultad para señalar con nombres y apellidos a los médicos
que realizan la operación es la misma en el resto de Latinoamérica.
De hecho, aunque en la mayoría de países es un secreto
a voces, en las pocas naciones en las que esta práctica ha salido
a la luz pública ha sido por investigaciones periodísticas,
fundamentadas en testimonios de pacientes que, clandestinamente, explican
dónde y quién le realizó la intervención.
Posterior a las publicaciones, grupos de defensa de los Derechos Humanos
y de protección a los valores familiares tradicionales han hecho
sus propias investigaciones al respecto.
El hecho de que los cirujanos plásticos que la realizan no acepten
el hecho ni siquiera entre su mismo gremio es, para Martínez,
parte de la misma doble moral que delinea nuestra cultura.
Creo que se valen de que es una operación poco conocida
en nuestro país, a pesar de su antigüedad. Pero, si continúan
haciéndolas, es porque hay una demanda, reflexiona.
Un grupo demandante que está dispuesto a pagar entre siete mil
a diez mil colones por la intervención, que se realiza en media
hora y requiere sólo anestesia local y un poco de sedación.
Consulta privada
La
red de hospital públicos en nuestro país, según
fuentes consultadas, nunca ha practicado este tipo de operaciones. Sergio
Parada, director del Hospital Bloom, niega rotundamente que a alguna
niña le haya sido reconstruido el himen, después de una
violación. Explica que en el nosocomio existe un programa de
Violencia social, en la Unidad de Pediatría Social,
que es el encargado de tratar a las menores abusadas. Pero jamás
se ha hecho una operación de esas en este hospital, aclara.
De igual forma, en el Hospital Rosales, a través de la secretaria
del doctor Alcides Gómez, jefe de Cirugía Plástica,
se confirmó que esta intervención no se realiza y que,
definitivamente, sucede más a nivel de consulta privada.
La dimensión religiosa también forma parte de las supuestas
razones por las cuales se realiza la intervención.
Al respecto, monseñor Jorge Torruella, de la iglesia La Merced,
afirma que es absurdo resguardarse en motivaciones religiosas para excusar
una decisión de este tipo.
El religioso asegura que alguien con una verdadera formación
espiritual, más que religiosa, sabe perfectamente que la
Iglesia nos enseña a respetar nuestro cuerpo y a mirarlo con
dignidad. Destaca que el Papa habla claramente sobre la teología
del cuerpo humano, la cual se resume, en pocas palabras, en que todo,
incluso nuestro cuerpo, nos debe llevar a Dios.
Sin embargo, hace una reflexión bastante peculiar: ¡Qué
paradoja más grande!, este mundo es como es y, con esa operación,
le está dando valor a la virginidad. Después de todo,
es un signo feliz de que, en el fondo se esté admitiendo
la importancia de los valores que ahora estamos perdiendo, expresa.
Vértice contactó a una mujer, de 28 años, licenciada
en Mercadeo, que se realizó la reconstrucción de himen,
hace dos años, antes de contraer matrimonio. Sin embargo, aún
garantizándosele total discreción con su identidad, se
negó a compartir su testimonio. Su argumento principal fue que,
al comentar detalles específicos de su caso, su esposo podría
descubrirla. Sobre todo porque, asegura, la sutura que le
hicieron le provocó una pequeña infección que fue
descubierta por su pareja durante la luna de miel, y eso le despertó
ciertas sospechas.
¿Cómo cree que le voy a contar más cosas...
si esa vez me costó convencerlo de que era un quistecito el que
tenía. Ya me imagino si comienza a sospechar otra vez...,
finaliza.
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Vírgenes
en media hora
La mayoría de pacientes que la cirujana consultada ha atendido
oscila entre los 17 y 21 años de edad. Y, algunas veces,
son llevadas por sus propios padres al consultorio. El costo de
la operación varía entre los siete mil y diez mil
colones.
- El procedimiento es sencillo, no implica mayor riesgo y no necesita
hospitalización
- Requiere sólo de anestesia local y un poco de sedación
- Se introduce en la vagina una sonda vecical de unos
15 centímetros de largo
- La sonda lleva en la punta una especie de balón,
de 8 centímetros de diámetro, que se hincha al inyectarle,
desde afuera, dos centímetros de agua
- Con el agua, el balón se infla y la zona
vaginal se tensa
- Con la tensión, los finos tejidos (curínculos
vaginales) que han quedado sueltos se revelan en el borde del
balón
- El cirujano cose los tejidos entre sí, para reconstruir
el himen antes roto
- La cicatrización se da en quince días, y los puntos
de sutura no necesitan de extracción posterior
- Se recomienda abstinencia sexual durante un mes
Una
práctica sin fronteras
No sólo América Latina es escenario de esta práctica.
Curiosamente, en Europa, Alemania es el país que encabeza
la lista de lugares donde la operación abarata los consultorios
médicos.
La evidente modernidad de Alemania contrasta notablemente con
la práctica de la himenoplastía. Las principales
clientas de los pequeños consultorios, que
prácticamente funcionan de manera clandestina, son las
alemanas de origen musulmán que están a las puertas
del matrimonio.
La comunidad árabe que ingresó a la Alemania de
postguerra no se conformó con los frutos del trabajo que
encontraron en esa tierra, sino que decidió quedarse.
Esos trabajadores, que llegaron a finales de los años cuarenta
a realizar todo tipo de trabajo para sobrevivir, vieron nacer
en Alemania a sus hijos y nietos. Sin embargo, las rígidas
costumbres musulmanas nunca desaparecieron de las reglas del hogar.
Así, las modernas jóvenes alemanas, hijas de musulmanes,
se han criado entre la liberal cultura germánica y el conservadurismo
excesivo de sus ancestros turcos. Esto permite que, durante su
adolescencia y primera juventud vivan bajo las normas del país
que las vio nacer. Sin embargo, los compromisos matrimoniales
generalmente son arreglados por familiares, lo que
las hace, muchas veces, someterse a la operación, para
enmendar su error y quedar bien con la
cultura de sus hogares.
La región Latinoamericana conoce de la práctica
desde la década de los años cincuenta. Según
artículos periodísticos publicados el año
pasado en México, República Dominicana y México
son dos de los países en donde se ha reconocido públicamente
la realización de la operación. Esto ha valido para
que diversos grupos que abogan por los derechos humanos y por
los valores tradicionales de familia se manifiesten en su contra.
Según los informes periodísticos, el fenómeno
de la migración ha contribuido a aumentar esta práctica,
ya que las muchachas que se quedan en su país de origen
no siempre guardan fidelidad al novio que va en busca de trabajo.
Cuando éste regresa para casarse con ellas, muchas prefieren
esta alternativa, antes que encarar la verdad.
El costo de la operación oscila entre los 400 y 500 dólares.
Sentí
que resolví su problema
Curiosamente, en la mayoría de países en donde se
realiza la intervención hay una coincidencia entre los
médicos que la realizan: Casi todos son mujeres.
Todavía recuerdo a mi primera paciente. Era una muchacha
joven, originaria de San Miguel, que como que había sido
novia de un montón de militares de la Tercera Brigada de
allá. Un día llegó a mi clínica diciéndome
que se había conseguido a un viejón turco pistudo,
que se quería casar con ella. Pero ella le había
dicho que era virgen, para amarrarlo más. Su desesperación
e insistencia fue tal que no pude negarme a ayudarla. Para entonces,
yo no me había especializado en el campo, pero fui con
un maestro que era un gran cirujano plástico y le expuse
el tema, para ver cómo ayudaba a la muchacha.
Recuerdo que cuando le comenté, ese hombre me sacó
la filosofía, la ética, la religión y un
montón de letanías como excusas. Me dijo rotundamente
que no estaba de acuerdo con esas operaciones, porque su fin último
es el engaño.
Cuando salí de su consultorio, afuera me estaba esperando
la muchacha. Y cuando le comenté la respuesta de mi maestro,
comenzó a llorar desesperadamente. Me dijo que estaba entre
la espada y la pared, que por favor la ayudara. Que esta era la
mejor oportunidad para ella y su familia de salir adelante, porque
estaban en una situación económica bastante dura.
Y lloraba y lloraba...
A mí la cipota me partió el alma. No sé,
quizá porque soy mujer también. Y le dije: ¿Vos
lo que querés es sangrar, verdad? Bueno, llegate a mi clínica
a ver qué hacemos. Y así fue. La verdad es
que yo tenía un poco de idea de cómo era la operación,
que es realmente sencilla. Le suturé una parte de tejido
y ya. Después sí me especialicé en Cirugía
Reconstructiva.
Pero, según me comentó después, no tuvo ningún
problema, porque el hombre la vio sangrar y le creyó lo
de su virginidad. A la larga no sé si es ayuda o qué,
porque, lógicamente, eso no garantiza la felicidad en un
matrimonio. Pero, en ese momento, yo sentí que le ayudé
a resolver su problema.
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