4 de agosto de 2002

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La Columna
Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

Esperanza

Durante once días, los medios de comunicación estuvieron ligados a la visita del Papa Juan Pablo Segundo a América. El significado más importante de su peregrinaje fue el encuentro en Torondo, Canadá, con más de 250 mil jóvenes procedentes de todo el mundo a quienes instó a buscar la justicia y ser obreros de paz frente a un mundo que es presa de la violencia.

El pontífice ha logrado captar durante sus visitas fuera de Roma, las necesidades y características de cada pueblo.

Durante su primera visita a Centroamérica, en 1983, desde Panamá, el Papa hizo un llamado a los jóvenes a no tener miedo frente a la adversidad. En esos años, las diferencias ideológicas existentes promovían la tesis de un futuro mejor, pero, para ello y si era posible, había que luchar con las armas. Verdad o mentira, con conciencia o sin ella, el tiempo demostró todo lo contrario. Y, desgraciadamente, ese sacrificio se transformó en luto.

Veinte años más tarde, la juventud se encuentra desilusionada frente a las nuevas realidades y carece de estímulos que les permitan sentirse obreros de la paz y solidarios.

El llamado que hizo Juan Pablo II frente al lago Ontario estaba dirigido a todos, ya que no puede existir un compromiso de la juventud si no cuenta con un apoyo institucional.

Solo para dar un ejemplo. En nuestro país, se hace un sacrificio por construir espacios deportivos para la recreación juvenil. Pero los problemas no se resuelven con la construcción de infraestructura.
Un ejemplo de ello es que en los alrededores de la cancha de fútbol de la colonia Prados de Venecia de Soyapango, en donde la recreación se extiende hasta horas de la noche, se permite el consumo de bebidas alcohólicas y, lo más grave, es que existen algunas viviendas donde se comercializa con droga. ¿Dónde está el trabajo preventivo para los jóvenes y donde están los que trabajarán con los muchachos?

Es cierto que los jóvenes necesitan espacios, pero, lo más importante, es la necesidad de contar con la asistencia superior quien tiene que estar vocacionalmente involucrada.

Para que se cumpla el llamado del Papa, las instituciones gubernamentales y políticas del país, tienen que reflexionar sobre lo que está por heredarse a nuestros niños, ya que actualmente existe una apatía y desconfianza al compromiso.

Aunque la iniciativa vaticana tiene un compromiso religioso, no está de más hacer el llamado a convertirnos en forjadores de paz, reconciliación, perdón y, sobre todo, de espíritu solidario con los más necesitados.

chochogomez@yahoo.com


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