28 de julio de 2002

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OPINIÓN

La nueva estructura estratégica:
Una respuesta a las amenazas del siglo XXI

El siguiente artículo apareció el mes de julio en el periódico electrónico Agenda de Política Exterior de Estados Unidos, de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de los E.U.A.

John R. Bolton
Subsecretario de Estado para Control de Armas
y Seguridad Internacional
vertice@elsalvador.com


Desde los trágicos acontecimientos del 11 de septiembre, cuando el mundo fue testigo de las ambiciones mortíferas de los terroristas, el gobierno de Bush ha actuado rápidamente para contrarrestar amenazas terroristas inminentes e identificar amenazas futuras.

Aunque los ataques en Nueva York y Washington fueron realizados con medios de tecnología relativamente baja, infligieron enormes daños y una cantidad sin precedentes de víctimas. Al combatir la amenaza del terrorismo debemos estar preparados para los medios más avanzados de ataque con armas diseñadas para matar a cantidades mucho mayores de personas y crear caos en nuestra infraestructura.

Los riesgos presentados por la proliferación de las armas de destrucción en masa (ADM) nos acompañan desde hace algún tiempo, pero ahora, mientras Estados Unidos trabaja para limpiar el mundo de la amenaza terrorista, no debemos desechar el peligro real y acumulado que presentan las armas químicas, biológicas y nucleares que caigan en manos de terroristas. Como advirtió el presidente Bush, “cada nación en nuestra coalición debe tomar seriamente la amenaza del terrorismo en una escala catastrófica”.

Los dictadores en estados hostiles como Irán, Iraq y Corea del Norte ya poseen algunas armas de destrucción en masa y desarrollan otras. Sus aliados terroristas están a la búsqueda de dichas armas, y no desperdiciarán una oportunidad de usarlas contra nosotros.

Los vínculos

Al inspeccionar el ambiente de seguridad se hace fácilmente aparente un fuerte vínculo entre los
estados que patrocinan el terrorismo y la propagación de las AMD. Creemos que con muy pocas excepciones los grupos terroristas no han adquirido y no pueden adquirir ADM sin el apoyo de naciones estados. Por lo tanto, estamos actuando para terminar con el patrocinio del terrorismo por estados y para exponer a los estados que están adquiriendo ADM, a menudo en violación de los tratados globales de no proliferación.

Al contrarrestar estas amenazas urgentes, el gobierno de Bush cree que han dejado de ser apropiados los conceptos de destrucción mutua asegurada de la época de la Guerra Fría -la amenaza de un ataque de represalia devastador en respuesta a una provocación- y de contención. Estas tácticas tenían sentido cuando nuestra amenaza más grande venía de una superpotencia enemiga dotada de armas nucleares. Pero no tienen sentido en un mundo donde terroristas itinerantes están preparados para actuar al antojo de regímenes dictatoriales hostiles a Estados Unidos y a sus aliados. La situación de la seguridad internacional ha cambiado, y debemos adaptar nuestras defensas y recursos a ella.

En respuesta a esta nueva situación de seguridad internacional, los presidentes Bush y Putin acordaron una nuestra estrategia integral de seguridad llamada la nueva estructura estratégica durante su reunión cumbre de mayo del 2002 en Moscú. La nueva estructura involucra reducir las armas nucleares ofensivas, crear sistemas de defensa que protejan contra ataques de misiles, fortalecer las medidas de no proliferación y contra proliferación, y cooperar con Rusia para combatir el terrorismo.

Fue creado teniendo como base la convicción de que la relación más cooperativa entre Rusia y Estados Unidos después de la Guerra Fría permite nuevos métodos para enfrentar las cuestiones de control de armas.

Consecuentemente, los presidentes Bush y Putin firmaron un documento histórico comprometiéndose a reducir las fuerzas nucleares estratégicas de sus países durante los próximos 10 años a un total de entre 1.700 y 2.200 ojivas operativas desplegadas estratégicamente. Esta dependencia reducida en las armas nucleares ofensivas constituye un componente clave de la nueva estructura estratégica, junto con un nuevo concepto de disuasión con base en una defensa de misiles limitada.

El tratado ABM

En junio, Estados Unidos se retiró oficialmente del Tratado de Misiles Antibalísticos, lo cual le permite desarrollar y desplegar un sistema para protegerse de la amenaza de misiles balísticos de estados al margen de la ley internacional.

El Tratado ABM, firmado por Estados Unidos y la Unión Soviética en 1972, presentaba problemas fundamentales a la necesidad de Estados Unidos de defenderse de una creciente amenaza de misiles, amenaza que no existía en el mundo cuando se escribió el tratado. El tratado también obstaculizaba el desarrollo de relaciones normalizadas y constructivas con Rusia, al basarse, como lo hacía, en la noción de destrucción mutua asegurada que rigió durante la Guerra Fría.

Estados Unidos está trabajando ahora en seis silos subterráneos de interceptores de misiles en Fort Greeley, Alaska, y se están desarrollando planes para desplegar defensas escalonadas -desde tierra, mar y aire- que proveerán protección contra un ataque limitado de misiles contra nuestro país, nuestros amigos y nuestros aliados. Tenemos planes de trabajar con Rusia y nuestros aliados en la investigación y desarrollo de semejante sistema, pues la amenaza de los misiles desde estados al margen de la ley internacional también se encuentra a sus puertas.

Detener la amenaza de la tecnología nuclear y de misiles por medio de las acciones de no proliferación constituye otro elemento crítico de la nueva estructura estratégica. Los presidentes Bush y Putin han acordado intensificar la cooperación para prevenir la propagación de las AMD y los rusos han reafirmado el apoyo a importantes tratados internacionales como el Tratado de No
Proliferación de Armas Nucleares (TNP), la Convención de Armas Biológicas (CAB) y la Convención de Armas Químicas (CAQ), y Estados Unidos seguirá insistiendo en su pleno cumplimiento por sus respectivos miembros. Además de estos tratados mundiales, los regímenes multilaterales como el Régimen de Control de Tecnología de Misiles (RCTM) y el Acuerdo de Wasseenaar también desempeñan un papel crítico en el control de las exportaciones de tecnología sensitiva o de uso doble.

Los arreglos de seguridad integral de la nueva estructura estratégica son un reflejo más apropiado no sólo de la relación entre Estados Unidos y Rusia posterior a la Guerra Fría, sino también de las nuevas amenazas de seguridad que enfrentamos en el siglo XXI. Estas se caracterizarán por amenazas terroristas transnacionales que son más difíciles de aislar y de identificar y por los peligros muy reales que presenta la tecnología biológica, química o nuclear cuando es capturada por fuerzas hostiles.

La asociación y cooperación entre Estados Unidos y Rusia ha sido un objetivo clave de la administración Bush desde el comienzo, y nuestros países trabajarán juntos para detener los peligros que nos amenazan a nosotros y al resto del mundo civilizado.


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