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OPINIÓN
La
nueva estructura estratégica:
Una respuesta a las amenazas del siglo XXI
El
siguiente artículo apareció el mes de julio en el periódico
electrónico Agenda de Política Exterior de Estados Unidos,
de la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento
de Estado de los E.U.A.
John R. Bolton
Subsecretario de Estado para Control de Armas
y Seguridad Internacional
vertice@elsalvador.com
Desde los trágicos acontecimientos
del 11 de septiembre, cuando el mundo fue testigo de las ambiciones
mortíferas de los terroristas, el gobierno de Bush ha actuado
rápidamente para contrarrestar amenazas terroristas inminentes
e identificar amenazas futuras.
Aunque los ataques en Nueva York y Washington fueron realizados con
medios de tecnología relativamente baja, infligieron enormes
daños y una cantidad sin precedentes de víctimas. Al combatir
la amenaza del terrorismo debemos estar preparados para los medios más
avanzados de ataque con armas diseñadas para matar a cantidades
mucho mayores de personas y crear caos en nuestra infraestructura.
Los riesgos presentados por la proliferación de las armas de
destrucción en masa (ADM) nos acompañan desde hace algún
tiempo, pero ahora, mientras Estados Unidos trabaja para limpiar el
mundo de la amenaza terrorista, no debemos desechar el peligro real
y acumulado que presentan las armas químicas, biológicas
y nucleares que caigan en manos de terroristas. Como advirtió
el presidente Bush, cada nación en nuestra coalición
debe tomar seriamente la amenaza del terrorismo en una escala catastrófica.
Los dictadores en estados hostiles como Irán, Iraq y Corea del
Norte ya poseen algunas armas de destrucción en masa y desarrollan
otras. Sus aliados terroristas están a la búsqueda de
dichas armas, y no desperdiciarán una oportunidad de usarlas
contra nosotros.
Los vínculos
Al
inspeccionar el ambiente de seguridad se hace fácilmente aparente
un fuerte vínculo entre los
estados que patrocinan el terrorismo y la propagación de las
AMD. Creemos que con muy pocas excepciones los grupos terroristas no
han adquirido y no pueden adquirir ADM sin el apoyo de naciones estados.
Por lo tanto, estamos actuando para terminar con el patrocinio del terrorismo
por estados y para exponer a los estados que están adquiriendo
ADM, a menudo en violación de los tratados globales de no proliferación.
Al contrarrestar estas amenazas urgentes, el gobierno de Bush cree que
han dejado de ser apropiados los conceptos de destrucción mutua
asegurada de la época de la Guerra Fría -la amenaza de
un ataque de represalia devastador en respuesta a una provocación-
y de contención. Estas tácticas tenían sentido
cuando nuestra amenaza más grande venía de una superpotencia
enemiga dotada de armas nucleares. Pero no tienen sentido en un mundo
donde terroristas itinerantes están preparados para actuar al
antojo de regímenes dictatoriales hostiles a Estados Unidos y
a sus aliados. La situación de la seguridad internacional ha
cambiado, y debemos adaptar nuestras defensas y recursos a ella.
En respuesta a esta nueva situación de seguridad internacional,
los presidentes Bush y Putin acordaron una nuestra estrategia integral
de seguridad llamada la nueva estructura estratégica durante
su reunión cumbre de mayo del 2002 en Moscú. La nueva
estructura involucra reducir las armas nucleares ofensivas, crear sistemas
de defensa que protejan contra ataques de misiles, fortalecer las medidas
de no proliferación y contra proliferación, y cooperar
con Rusia para combatir el terrorismo.
Fue creado teniendo como base la convicción de que la relación
más cooperativa entre Rusia y Estados Unidos después de
la Guerra Fría permite nuevos métodos para enfrentar las
cuestiones de control de armas.
Consecuentemente, los presidentes Bush y Putin firmaron un documento
histórico comprometiéndose a reducir las fuerzas nucleares
estratégicas de sus países durante los próximos
10 años a un total de entre 1.700 y 2.200 ojivas operativas desplegadas
estratégicamente. Esta dependencia reducida en las armas nucleares
ofensivas constituye un componente clave de la nueva estructura estratégica,
junto con un nuevo concepto de disuasión con base en una defensa
de misiles limitada.
El tratado ABM
En
junio, Estados Unidos se retiró oficialmente del Tratado de Misiles
Antibalísticos, lo cual le permite desarrollar y desplegar un
sistema para protegerse de la amenaza de misiles balísticos de
estados al margen de la ley internacional.
El Tratado ABM, firmado por Estados Unidos y la Unión Soviética
en 1972, presentaba problemas fundamentales a la necesidad de Estados
Unidos de defenderse de una creciente amenaza de misiles, amenaza que
no existía en el mundo cuando se escribió el tratado.
El tratado también obstaculizaba el desarrollo de relaciones
normalizadas y constructivas con Rusia, al basarse, como lo hacía,
en la noción de destrucción mutua asegurada que rigió
durante la Guerra Fría.
Estados Unidos está trabajando ahora en seis silos subterráneos
de interceptores de misiles en Fort Greeley, Alaska, y se están
desarrollando planes para desplegar defensas escalonadas -desde tierra,
mar y aire- que proveerán protección contra un ataque
limitado de misiles contra nuestro país, nuestros amigos y nuestros
aliados. Tenemos planes de trabajar con Rusia y nuestros aliados en
la investigación y desarrollo de semejante sistema, pues la amenaza
de los misiles desde estados al margen de la ley internacional también
se encuentra a sus puertas.
Detener la amenaza de la tecnología nuclear y de misiles por
medio de las acciones de no proliferación constituye otro elemento
crítico de la nueva estructura estratégica. Los presidentes
Bush y Putin han acordado intensificar la cooperación para prevenir
la propagación de las AMD y los rusos han reafirmado el apoyo
a importantes tratados internacionales como el Tratado de No
Proliferación de Armas Nucleares (TNP), la Convención
de Armas Biológicas (CAB) y la Convención de Armas Químicas
(CAQ), y Estados Unidos seguirá insistiendo en su pleno cumplimiento
por sus respectivos miembros. Además de estos tratados mundiales,
los regímenes multilaterales como el Régimen de Control
de Tecnología de Misiles (RCTM) y el Acuerdo de Wasseenaar también
desempeñan un papel crítico en el control de las exportaciones
de tecnología sensitiva o de uso doble.
Los arreglos de seguridad integral de la nueva estructura estratégica
son un reflejo más apropiado no sólo de la relación
entre Estados Unidos y Rusia posterior a la Guerra Fría, sino
también de las nuevas amenazas de seguridad que enfrentamos en
el siglo XXI. Estas se caracterizarán por amenazas terroristas
transnacionales que son más difíciles de aislar y de identificar
y por los peligros muy reales que presenta la tecnología biológica,
química o nuclear cuando es capturada por fuerzas hostiles.
La asociación y cooperación entre Estados Unidos y Rusia
ha sido un objetivo clave de la administración Bush desde el
comienzo, y nuestros países trabajarán juntos para detener
los peligros que nos amenazan a nosotros y al resto del mundo civilizado.
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