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ENTREVISTA
David
Huerta:
El valor de la poesía
De
los poetas extranjeros que participaron en el Primer Festival Internacional
de Poesía, sólo el mexicano David Huerta respira
en sus palabras una poética nutrida plenamente de vertientes
clásicas. No es extraño encontrar en su obra poemas que
dialoguen con la poesía de Quevedo o Góngora.
Jorge Ávalos
vertice@elsalvador.com
El
estilo de Huerta dialoga con los autores del Siglo de Oro español,
o con las voces expresionistas y neoclásicas del alemán
Gottfried Ben o del cubano José Lezama Lima. En esta entrevista
exclusiva, Huerta reflexiona sobre la utilidad de la poesía,
y sobre la responsabilidad y los valores asociados a la práctica
del arte más solitario y libre que poseemos.
Jorge Ávalos: Cuando el Siglo XX llegó a su fin,
los dos países más violentos de América Latina
eran Colombia y El Salvador. Ahora que comienza un nuevo siglo, los
dos países que ofrecen festivales internacionales de poesía
son precisamente estos, dos pueblos con profundas heridas históricas.
David Huerta: Efectivamente, yo lo he pensado, lo he sentido,
Colombia y El Salvador son países muy atormentados y trágicos.
En Medellín y Cartagena de Indias, donde estuve ahora, los públicos
van con una gran avidez a las lecturas de poesía, buscando algo
que todavía no sé exactamente qué es. Por lo que
escuché de los muchachos que asisten a las lecturas de poesía,
les resulta enormemente atractivo escuchar otros idiomas.
Entienden que en la poesía esos idiomas ajenos, distantes, son
ofrecidos por los poetas en su
mejor forma. Entonces asisten a las lecturas, donde los poetas leen
en árabe o en noruego, en alemán o italiano, como si fueran
a un concierto musical. En ello hay problemas también. Leer en
silencio y en soledad es para mí el ideal de la experiencia literaria;
con la correspondiente experiencia de escribir en silencio y a solas.
Pero no está nada mal que la gente vaya a estos actos, multitudinarios
a veces. Los públicos en Medellín se cuentan por miles,
además son jóvenes casi todos, muchachos de 20 años
o menos.
Con esta edición del festival, miles de jóvenes
salvadoreños también están atendiendo por primera
vez a recitales de poesía, eventos de verdadera solidaridad,
de hermanamiento a través de la palabra. ¿No merecen ellos
saber para qué sirve la poesía?
La poesía sirve para que la gente entienda en qué consiste
la soledad de su mente. Si hablamos de la soledad de la mente individual,
hablamos de singularidades; pero esas singularidades en números
de dos y más hacen una sociedad, hacen segmentos de sociedad.
La poesía también sirve para que la gente entienda por
donde va la cosa con lo decible, con lo expresable, con lo comunicable,
con lo que se puede amonedar o acuñar en una formulación
verbal. Lo que hizo don Luis de Góngora para nuestro idioma,
por ejemplo, fue ensanchar los límites de la expresión
verbal y por lo tanto del pensamiento, y esto es enormemente útil.
¿Cuál
es la mayor responsabilidad de un poeta?
La mayor responsabilidad de un poeta es transparentar lo suficientemente
el lenguaje, para que a través de él podamos ver unas
cuantas de las cosas importantes que hay en el mundo y en la vida, y
también en la muerte.
Al decir esto subscribo la opinión de mi admirado poeta mexicano
José Gorostiza: hacer el lenguaje tan transparente como se pueda.
Eso quiere decir forjarlo, laminarlo, torturarlo un poco incluso, para
tratar de llevarlo a sus límites. La poesía que está
en los versos, no era para Gorostiza la poesía, era un instrumento
para ver la poesía que está en el mundo.
Y si el poeta es capaz de permitirle a la gente propiciar, a través
de los poemas, esa vista de la poesía que hay en el mundo, la
vida y sus fenómenos, entonces habrá cumplido con su responsabilidad.
En El Salvador, la tradición del poeta comprometido con
causas políticas es muy fuerte. ¿Crees que un poeta debe
alinearse a una causa?
No, sencillamente no. Si pensamos que la causa es un compromiso político,
definitivamente no. Cualquier compromiso, cualquier alineación
con una causa lleva al poeta a caerse de cabeza en un canal muy poco
profundo.
Es el lugar ideal para que prosperen todos los oportunismos, todas las
cobardías, todas las concesiones. Y todas las mentiras, naturalmente.
Frente al compromiso o alineación con una causa yo opongo un
radicalismo: tratar de llevar las cosas al extremo. Los compromisos
o las causas no están en un extremo, están en medio. Y
el camino de en medio muchas veces conduce a la muerte.
¿Puede un poeta ser libre?
Sí. Estamos asediados y acotados por todos lados, ¿no?
Chantajeados y amenazados de mil maneras. Pero cuando escribo versos
y me quedan bien, me siento muy satisfecho; creo que es una experiencia
limítrofe con la sensación de libertad.
Cuando estoy con mi mujer también me siento libre. Cuando leo
algún poema o una novela que me gusta, también. Cuando
uno es capaz de leer con soltura y de entender con su propia cabeza,
está siendo libre, pues leer con inocencia y con soltura quiere
decir leer sin prejuicios, sin sujeciones a la moda o a las exigencias
del momento. Hay gente a la que he oído decir, sobre todo en
estos tiempos miserables de tantos falsos valores, que la libertad está
sobrevalorada. ¡Imagínate nada más!
Hay un poema tuyo que dice: La imagen intersticial es
un lenguaje negro, sin revés, / despierto en la frescura de una
placa palabral / donde se interrogan, por su centro posible, las dos
respiraciones.¿Es la imagen poética un intersticio,
una apertura, un umbral?
Mira, la palabra clave allí es respiraciones. Las
palabras que pones frente a la atención del lector: una imagen,
pero que no son la imagen. Entonces, hay una separación entre
la palabra y la imagen. Sin embargo, lo que el lector hace es lo que
el escritor ha hecho: respirar. No podemos evitar el hecho de que las
palabras tienen un contenido y llevan a la cabeza de la gente imágenes,
pero sobre todo se trata de que las palabras salen de la boca.
Que el aire que uno ha incorporado en la respiración se devuelve
al espacio lleno de aire pero con un sentido. Es lo que podríamos
llamar la dimensión neumática de la poesía: aire
incorporado sin sentido y devuelto al aire con un sentido. Y este sentido
es mayor todavía, si lo que se busca es formular imágenes
frescas, nuevas, inéditas.
Esos poemas a los que pertenecen esta pequeña serie fueron escritos,
creo, a fines de los años 70. Yo leía muchos ensayos teóricos.
Me interesaba, sobre todo, este sentido de aventura intelectual, dentro
de ciertas restricciones teóricas o críticas. Es decir,
aquí hay un problema, veamos hasta donde podemos llegar en la
exploración de los planteamientos de este problema, sin tratar
de alcanzar una solución. Es como una buena conversación,
¿no? Yo suelo decir que las buenas conversaciones son las que
no llegan a ningún lado, que son una especie de derivas o errancias.
La poesía es así: tocamos este tema, tocamos otro, profundizamos
un poco aquí o más allá, pero no cerramos la conversación;
queda abierta.
La poesía es la tarea o misión de ofrecerle el mundo
a la gente como la gente nunca lo ha visto.
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