21 de julio de 2002

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ENTREVISTA
David Huerta:
El valor de la poesía

De los poetas extranjeros que participaron en el Primer Festival Internacional de Poesía, sólo el mexicano David Huerta “respira” en sus palabras una poética nutrida plenamente de vertientes clásicas. No es extraño encontrar en su obra poemas que dialoguen con la poesía de Quevedo o Góngora.

Jorge Ávalos
vertice@elsalvador.com

El estilo de Huerta dialoga con los autores del Siglo de Oro español, o con las voces expresionistas y neoclásicas del alemán Gottfried Ben o del cubano José Lezama Lima. En esta entrevista exclusiva, Huerta reflexiona sobre la utilidad de la poesía, y sobre la responsabilidad y los valores asociados a la práctica del arte más solitario y libre que poseemos.

Jorge Ávalos: Cuando el Siglo XX llegó a su fin, los dos países más violentos de América Latina eran Colombia y El Salvador. Ahora que comienza un nuevo siglo, los dos países que ofrecen festivales internacionales de poesía son precisamente estos, dos pueblos con profundas heridas históricas.

David Huerta: Efectivamente, yo lo he pensado, lo he sentido, Colombia y El Salvador son países muy atormentados y trágicos.

En Medellín y Cartagena de Indias, donde estuve ahora, los públicos van con una gran avidez a las lecturas de poesía, buscando algo que todavía no sé exactamente qué es. Por lo que escuché de los muchachos que asisten a las lecturas de poesía, les resulta enormemente atractivo escuchar otros idiomas.

Entienden que en la poesía esos idiomas ajenos, distantes, son ofrecidos por los poetas en su
mejor forma. Entonces asisten a las lecturas, donde los poetas leen en árabe o en noruego, en alemán o italiano, como si fueran a un concierto musical. En ello hay problemas también. Leer en silencio y en soledad es para mí el ideal de la experiencia literaria; con la correspondiente experiencia de escribir en silencio y a solas. Pero no está nada mal que la gente vaya a estos actos, multitudinarios a veces. Los públicos en Medellín se cuentan por miles, además son jóvenes casi todos, muchachos de 20 años o menos.

Con esta edición del festival, miles de jóvenes salvadoreños también están atendiendo por primera vez a recitales de poesía, eventos de verdadera solidaridad, de hermanamiento a través de la palabra. ¿No merecen ellos saber para qué sirve la poesía?
La poesía sirve para que la gente entienda en qué consiste la soledad de su mente. Si hablamos de la soledad de la mente individual, hablamos de singularidades; pero esas singularidades en números de dos y más hacen una sociedad, hacen segmentos de sociedad.

La poesía también sirve para que la gente entienda por donde va la cosa con lo decible, con lo expresable, con lo comunicable, con lo que se puede amonedar o acuñar en una formulación verbal. Lo que hizo don Luis de Góngora para nuestro idioma, por ejemplo, fue ensanchar los límites de la expresión verbal y por lo tanto del pensamiento, y esto es enormemente útil.

¿Cuál es la mayor responsabilidad de un poeta?
La mayor responsabilidad de un poeta es transparentar lo suficientemente el lenguaje, para que a través de él podamos ver unas cuantas de las cosas importantes que hay en el mundo y en la vida, y también en la muerte.
Al decir esto subscribo la opinión de mi admirado poeta mexicano José Gorostiza: hacer el lenguaje tan transparente como se pueda. Eso quiere decir forjarlo, laminarlo, torturarlo un poco incluso, para tratar de llevarlo a sus límites. La poesía que está en los versos, no era para Gorostiza la poesía, era un instrumento para ver la poesía que está en el mundo.
Y si el poeta es capaz de permitirle a la gente propiciar, a través de los poemas, esa vista de la poesía que hay en el mundo, la vida y sus fenómenos, entonces habrá cumplido con su responsabilidad.

En El Salvador, la tradición del poeta comprometido con causas políticas es muy fuerte. ¿Crees que un poeta debe alinearse a una causa?
No, sencillamente no. Si pensamos que la causa es un compromiso político, definitivamente no. Cualquier compromiso, cualquier alineación con una causa lleva al poeta a caerse de cabeza en un canal muy poco profundo.
Es el lugar ideal para que prosperen todos los oportunismos, todas las cobardías, todas las concesiones. Y todas las mentiras, naturalmente. Frente al compromiso o alineación con una causa yo opongo un radicalismo: tratar de llevar las cosas al extremo. Los compromisos o las causas no están en un extremo, están en medio. Y el camino de en medio muchas veces conduce a la muerte.

¿Puede un poeta ser libre?
Sí. Estamos asediados y acotados por todos lados, ¿no? Chantajeados y amenazados de mil maneras. Pero cuando escribo versos y me quedan bien, me siento muy satisfecho; creo que es una experiencia limítrofe con la sensación de libertad.
Cuando estoy con mi mujer también me siento libre. Cuando leo algún poema o una novela que me gusta, también. Cuando uno es capaz de leer con soltura y de entender con su propia cabeza, está siendo libre, pues leer con inocencia y con soltura quiere decir leer sin prejuicios, sin sujeciones a la moda o a las exigencias del momento. Hay gente a la que he oído decir, sobre todo en estos tiempos miserables de tantos falsos valores, que la libertad está sobrevalorada. ¡Imagínate nada más!

Hay un poema tuyo que dice: “La imagen intersticial es un lenguaje negro, sin revés, / despierto en la frescura de una placa palabral / donde se interrogan, por su centro posible, las dos respiraciones”.¿Es la imagen poética un “intersticio”, una apertura, un umbral?
Mira, la palabra clave allí es “respiraciones”. Las palabras que pones frente a la atención del lector: una imagen, pero que no son la imagen. Entonces, hay una separación entre la palabra y la imagen. Sin embargo, lo que el lector hace es lo que el escritor ha hecho: respirar. No podemos evitar el hecho de que las palabras tienen un contenido y llevan a la cabeza de la gente imágenes, pero sobre todo se trata de que las palabras salen de la boca.
Que el aire que uno ha incorporado en la respiración se devuelve al espacio lleno de aire pero con un sentido. Es lo que podríamos llamar la dimensión neumática de la poesía: aire incorporado sin sentido y devuelto al aire con un sentido. Y este sentido es mayor todavía, si lo que se busca es formular imágenes frescas, nuevas, inéditas.
Esos poemas a los que pertenecen esta pequeña serie fueron escritos, creo, a fines de los años 70. Yo leía muchos ensayos teóricos. Me interesaba, sobre todo, este sentido de aventura intelectual, dentro de ciertas restricciones teóricas o críticas. Es decir, aquí hay un problema, veamos hasta donde podemos llegar en la exploración de los planteamientos de este problema, sin tratar de alcanzar una solución. Es como una buena conversación, ¿no? Yo suelo decir que las buenas conversaciones son las que no llegan a ningún lado, que son una especie de derivas o errancias. La poesía es así: tocamos este tema, tocamos otro, profundizamos un poco aquí o más allá, pero no cerramos la conversación; queda abierta.

“La poesía es la tarea o misión de ofrecerle el mundo a la gente como la gente nunca lo ha visto.”


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