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CRONICA
Tramitadores
al mejor postor
Cientos
de salvadoreños efectúan sus trámites para la inscripción
de sus vehículos; pero, dos mundos dividen la atención
al cliente: los abusados y ambiciosos tramitadores externos
y el servicio dentro de las cómodas instalaciones de la empresa
privada.
Iván Gómez
vertice@elsalvador.com
La
obligación de efectuar un traspaso de tarjeta de circulación
vehicular nos motivó a llenarnos de paciencia y aventurarnos
en los denominados trabajos burocráticos estresantes.
El tiempo apremiaba y había que vencer a la mitad de la jornada
laboral. A una cuadra de distancia de las oficinas de SERTRACEN, esperan
unos ansiosos y dinámicos jóvenes, quienes sugieren resolver
cualquier trámite en el menor tiempo posible.
En la rebusca también el sexo femenino está presente.
Mujeres con sombrilla en mano y grandes carterones transitan sobre la
acera ofreciendo su ayuda. ¿Qué va a tramitar, licencia,
traspaso, placas?, es la misma interrogante que hacen todos.
Claro, aparentemente todo está a su favor. La desorientación
y desconocimiento de los requisitos, prácticamente obliga a buscarlos.
También hacen de su gala, aquellos que ofrecen prendas estéticas
para los automóviles. Otros mantienen enrollado sobre sus hombres
decenas de metros de hule. Además están los que se ofrecen
a cuidar el carro a aquellos que no quieren pagar por el parqueo.
Con la visera de la gorra al revés, pantalón jeans desgastado
y zapatos tenis, el tramitador corre hacia nosotros, con la claridad
que se ha asegurado sus viáticos para el almuerzo. Cuenta con
suerte, sus otros amigos de chance se esconden del sol bajo
algunos árboles.
Los primeros afortunados han logrado alcanzar espacio con las sillas
de plástico que el gordo ha llevado en su pick up,
junto con cacerolas y fresco de guayaba.
Muy cordialmente saluda y se muestra oportuno.
- ¿Qué quieren tramitar?
- Necesitamos realizar un traspaso de vehículo.
- ¿Trae todos los documentos?
- Sí, el abogado nos hizo la carta de traspaso.
El joven asiente con su cabeza que los documentos están en regla.
Su actitud es como cualquier empleado de oficina. Realiza un ligero
vistazo a los papeles, mientras un apresurado cliente insiste que removamos
el carro de la vía pública.
- Bueno, falta llenar la solicitud y certificar con el notario la fotocopia
de la tarjeta. Yo les puedo
ayudar, -sostiene.
Lo que nos pareció extraño, es que el abogado que notarió
los documentos, no nos había notificado de esa nueva enmienda.
Además, ¿porqué querría la empresa la certificación
de la copia de la tarjeta de circulación, si una vez dentro de
las oficinas, se les presentaría la original? Bueno, al fin y
al cabo, era la información obtenida en la calle, ya que los
empleados de seguridad no ofrecen información y sólo se
limitan a dejar entrar a los clientes que aparentemente han llenado
los requisitos.
Una vez estacionado el vehículo en el parqueo de SERTRACEN y
haber recibido el tiquete que nos obligara a cancelar cinco colones
-por cada hora-, nos volvimos a juntar en la calle con el servidor anónimo
sin antes calmar la sed del medio día con la compra en una improvisada
tienda de gaseosas, a cinco colones. Aquí no funciona la oferta
de competencia.
- ¿Cuánto nos costará el favor?
- Bueno, la certificación les cuesta seis dólares, yo
les lleno el formulario y me dan una ayuda de cinco colones. Después
entran y entregan los documentos.
- ¿Y vos no nos vas a acompañar?
- No, es prohibida la entrada a los tramitadores.
- Ah, una pregunta, si yo quisiera una licencia, pero la quiero rápido
sin perder el tiempo, ¿crees que nos podés ayudar?
A partir de ese momento, comenzó a tratarnos con toda confianza.
- Si, dame mil quinientos cincuenta y tres colones y yo te llevo a un
lugar, te quedás sentado y en menos de tres horas, te arreglo
los papeles. No vas a hacer nada, sólo te llamarán para
que firmes. Después te vas a las oficinas y presentas la documentación.
La ayuda paralela
La oferta era alta, ya que el precio normal es de unos 700 colones.
Pero, al fin y al cabo, es el gusto de quien teme como yo, en hacer
el ridículo al intentar arrancar un pick up alquilado -para lograr
la licencia liviana- y dar un par de vueltas en las calles de Metrocentro
o sentirse, como en el colegio, cuando hay exámenes finales frente
al cuestionario teórico de 15 preguntas que saldrán del
manual del conductor cuidadosamente preparado por el Vice Ministerio
de Transporte. Hay que aprenderse las recomendaciones de las 72 hojas
del folleto. Al menos es lo que le dicen los ayudantes de la suerte.
El tramitador fue invitado a subir para dirigirnos a unas dos cuadras
de las oficinas oficiales de tránsito. Había que certificar
la tarjeta de circulación, como lo había sugerido. Apenas
alcancé a leer en la parte superior del edificio un rótulo
que advertía no incurrir en costos extras. Pero ya estaba en
el barco, pensé.
Al llegar al mercado de pulgas, ofrecedor de gangas, unos cuantos curiosos
preguntaban con sus manos en qué nos podrían ayudar.
- ¿Quieren tramitar, tarjetas, placas, licencias, les ayudamos?,
insistían, mientras trataban de mantenerse cerca de la ventana
del carro.
Pero ya no los necesitábamos, nuestra buena fortuna iba en el
asiento trasero.
Al tramitador había que seguirlo, él tenía nuestros
documentos. Una ligera desconfianza pasó por mi cabeza. Me habían
comentado que a un señor quien había solicitado ayuda
para realizar precisamente un traspaso, permaneció sentado en
uno de los pasillos del establecimiento por casi media hora, mientras
esperaba la ayuda del tramitador, quien se perdió en medio de
la gente con diez dólares en mano. Pero en mi caso no andaba
solo. Al menos ese era mi consuelo, para bien o para mal.
La competencia
Después de pasar por varios mostradores, llegamos a un pequeño
cubículo separado por una fotocopiadora ocupada por dos ágiles
y jóvenes mujeres. Su costumbre es tratar con desubicados clientes
como nosotros.
Es que al centro de gangas llegan más personas interesadas en
resolver sus problemas vehiculares que comprar cualquier otro producto
como ropa o electrodomésticos, independientemente de sus bajos
precios.
Nuestro colaborador, con toda confianza y aspirando un cigarrillo extra
largo, les pidió las solicitudes. Una despintada mesa de madera
sería el lugar donde se apoyaría para llenar la solicitud.
Dos sillas blancas de plástico nos invitaron a esperar y sin
mayor demora la fotocopia de la solicitud fue llenada ágilmente.
El tiempo de espera no llevó más de 15 minutos. Apenas
hubo tiempo de preguntar por el precio de una mega pecera full accesorios,
ubicada contiguo al local, que guarda celosamente un rótulo de
cartón blanco en que se lee notario y que ofrece
los trámites a 60 colones. Casi más de la mitad que nos
cobró el abogado. De haberlo sabido antes...
Prácticamente llenar las líneas no es cosa del otro mundo.
Datos personales y el detalle de la tarjeta del automóvil. Pero,
por ser primera vez, los nervios pueden traicionar y cualquier error
significaría que los empleados de SERTRACEN lo regresen por no
haber hecho bien la tarea.
Concluido el papeleo callejero, el tramitador se mereció un dólar
por sus servicios con la promesa que nos volveríamos a ver en
busca de la licenciatura en el volante.
- ¿Cuándo vendrías?
- Probablemente mañana sábado, ¿vas a trabajar?
- Ese día descanso, pero si me asegurás que venís
aquí me vas a ver. Bueno, te espero a las diez, voy andar siempre
con esta gorra.
- Pero ¿me asegurás que no habrá problema?
- No te preocupes, en media hora te resuelvo el problema.
- En todo caso nos vemos mañana. Creo que no se te olvida mi
cara.
- Mirá, es que viene tanta gente que me cuesta retener su cara.
Una vez frente al portón principal, un vigilante impide la entrada
de cualquiera. Nuestro acompañante, como cualquier otro tramitador,
no puede ingresar al local. Frente al custodio, un pequeño rótulo
indica que en las oficinas se realizan entregas de tarjetas y atención
al cliente.
Media hora más tarde se me entrega un recibo de pago de 28 dólares,
con la sugerencia que se les hable en dos semanas para la entrega de
la nueva tarjeta que me adjudica como dueño del vehículo.
Luego de lo indicado, seguimos las señales de salida -que no
es la misma por donde entramos- y nos dirigimos al parqueo.
Algunas ventas ambulantes cubren un rótulo que prohíbe
el comercio y venta de comida. Quien haga caso omiso será sancionado
por la Alcaldía. Pero bajo la acera está presente el mejor
testimonio de la desobediencia.
Mientras en la esquina, un grupo de personas entre ellas el mismo joven
que nos atendió, están nuevamente a la caza de un nuevo
cliente.
Él pertenece a mundo paralelo que existe desde antes que el servicio
fuera privatizado. Todo sigue igual.
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EN
BUSCA DE SUERTE
1)
Desde antes que se inicie la jornada laboral, un grupo de
unas 20 personas se apuestan en distintos puntos estratégicos
cercanos a las oficinas de SERTRACEN. Su intención es lograr
ubicar a personas que realizarán tramites a sus vehículos.
A pocos metros de distancia, invitan a los motoristas a parquear
sus carros y a ayudarles a cualquier tipo de trámite bajo
el argumento que por la colaboración uno tiene que pagarle
de cinco colones o lo que sea la voluntad.
Argumentan que pueden llevarlos ante un notario para registrar
la documentación, la cual reducirá cualquier tiempo
burocrático en la oficina legalmente establecida por el
Estado.
2)
La desconfianza por parte de los conductores es casi de inmediato,
por lo que los tramitadores buscan la manera de convencer a su
cliente.
Insisten en que si los documentos no llenan los requisitos que
establece la ley, tendrán que regresar en otra oportunidad.
Prácticamente ocupan los mismos argumentos que utilizan
los oficinistas, por lo que parecen convencer a quien no quiere
perder su tiempo. Y al parecer nunca ha realizado por su cuenta,
los trámites de su vehículo.
3)
Después de tanta insistencia, el cliente finaliza en las
manos de su ayudante. A pocos metros de las oficinas centrales,
están ubicados los despachos jurídicos que acreditarán
la documentación.
El interesado sube en su vehículo al tramitador no autorizado.
Sin embargo, al final de cuentas y en un período que no
pasa de media hora, la solicitud ha sido completada y con la autorización
de un notario.
Pero en algunas ocasiones se llega hasta ofrecer la posibilidad
de obtener la licencia de conducir sin necesidad de realizar los
exámenes propuestos en el Reglamento de Tránsito.
El trabajo del ayudante finaliza una vez el propietario del vehículo
ingresa a las oficinas oficiales, el lugar donde el interesado
debió haber entrado desde el inicio. Pero acá, se
tiene las puertas cerradas para cualquier tramitador, por ágil
que diga ser.
El trabajo de los tramitadores es captar desde un par de cuadras
antes de las oficinas de SERTRACEN al mayor número de personas.
Aunque argumentan conocer su trabajo, ninguna autoridad los controla
y en algunos casos, una persona puede ser hasta engañada.
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