21 de juliode 2002

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CRONICA

Tramitadores al mejor postor

Cientos de salvadoreños efectúan sus trámites para la inscripción de sus vehículos; pero, dos mundos dividen la atención al cliente: los abusados y ambiciosos “tramitadores” externos y el servicio dentro de las cómodas instalaciones de la empresa privada.

Iván Gómez
vertice@elsalvador.com

La obligación de efectuar un traspaso de tarjeta de circulación vehicular nos motivó a llenarnos de paciencia y aventurarnos en los denominados trabajos burocráticos estresantes.
El tiempo apremiaba y había que vencer a la mitad de la jornada laboral. A una cuadra de distancia de las oficinas de SERTRACEN, esperan unos ansiosos y dinámicos jóvenes, quienes sugieren resolver cualquier trámite en el menor tiempo posible.

En la rebusca también el sexo femenino está presente. Mujeres con sombrilla en mano y grandes carterones transitan sobre la acera ofreciendo su ayuda. “¿Qué va a tramitar, licencia, traspaso, placas”?, es la misma interrogante que hacen todos.

Claro, aparentemente todo está a su favor. La desorientación y desconocimiento de los requisitos, prácticamente obliga a buscarlos. También hacen de su gala, aquellos que ofrecen prendas estéticas para los automóviles. Otros mantienen enrollado sobre sus hombres decenas de metros de hule. Además están los que se ofrecen a cuidar el carro a aquellos que no quieren pagar por el parqueo.

Con la visera de la gorra al revés, pantalón jeans desgastado y zapatos tenis, el tramitador corre hacia nosotros, con la claridad que se ha asegurado sus viáticos para el almuerzo. Cuenta con suerte, sus otros amigos de “chance” se esconden del sol bajo algunos árboles.
Los primeros afortunados han logrado alcanzar espacio con las sillas de plástico que el “gordo” ha llevado en su pick up, junto con cacerolas y fresco de guayaba.

Muy cordialmente saluda y se muestra oportuno.
- ¿Qué quieren tramitar?
- Necesitamos realizar un traspaso de vehículo.
- ¿Trae todos los documentos?
- Sí, el abogado nos hizo la carta de traspaso.
El joven asiente con su cabeza que los documentos están en regla. Su actitud es como cualquier empleado de oficina. Realiza un ligero vistazo a los papeles, mientras un apresurado cliente insiste que removamos el carro de la vía pública.
- Bueno, falta llenar la solicitud y certificar con el notario la fotocopia de la tarjeta. Yo les puedo
ayudar, -sostiene.

Lo que nos pareció extraño, es que el abogado que notarió los documentos, no nos había notificado de esa nueva enmienda. Además, ¿porqué querría la empresa la certificación de la copia de la tarjeta de circulación, si una vez dentro de las oficinas, se les presentaría la original? Bueno, al fin y al cabo, era la información obtenida en la calle, ya que los empleados de seguridad no ofrecen información y sólo se limitan a dejar entrar a los clientes que aparentemente han llenado los requisitos.

Una vez estacionado el vehículo en el parqueo de SERTRACEN y haber recibido el tiquete que nos obligara a cancelar cinco colones -por cada hora-, nos volvimos a juntar en la calle con el servidor anónimo sin antes calmar la sed del medio día con la compra en una improvisada tienda de gaseosas, a cinco colones. Aquí no funciona la oferta de competencia.

- ¿Cuánto nos costará el favor?
- Bueno, la certificación les cuesta seis dólares, yo les lleno el formulario y me dan una ayuda de cinco colones. Después entran y entregan los documentos.
- ¿Y vos no nos vas a acompañar?
- No, es prohibida la entrada a los tramitadores.
- Ah, una pregunta, si yo quisiera una licencia, pero la quiero rápido sin perder el tiempo, ¿crees que nos podés ayudar?
A partir de ese momento, comenzó a tratarnos con toda confianza.
- Si, dame mil quinientos cincuenta y tres colones y yo te llevo a un lugar, te quedás sentado y en menos de tres horas, te arreglo los papeles. No vas a hacer nada, sólo te llamarán para que firmes. Después te vas a las oficinas y presentas la documentación.

La ayuda paralela

La oferta era alta, ya que el precio normal es de unos 700 colones. Pero, al fin y al cabo, es el gusto de quien teme como yo, en hacer el ridículo al intentar arrancar un pick up alquilado -para lograr la licencia liviana- y dar un par de vueltas en las calles de Metrocentro o sentirse, como en el colegio, cuando hay exámenes finales frente al cuestionario teórico de 15 preguntas que saldrán del manual del conductor cuidadosamente preparado por el Vice Ministerio de Transporte. Hay que aprenderse las recomendaciones de las 72 hojas del folleto. Al menos es lo que le dicen los ayudantes de la suerte.

El tramitador fue invitado a subir para dirigirnos a unas dos cuadras de las oficinas oficiales de tránsito. Había que certificar la tarjeta de circulación, como lo había sugerido. Apenas alcancé a leer en la parte superior del edificio un rótulo que advertía no incurrir en costos extras. Pero ya estaba en el barco, pensé.

Al llegar al mercado de pulgas, ofrecedor de gangas, unos cuantos curiosos preguntaban con sus manos en qué nos podrían ayudar.

- ¿Quieren tramitar, tarjetas, placas, licencias, les ayudamos?, insistían, mientras trataban de mantenerse cerca de la ventana del carro.

Pero ya no los necesitábamos, nuestra buena fortuna iba en el asiento trasero.
Al tramitador había que seguirlo, él tenía nuestros documentos. Una ligera desconfianza pasó por mi cabeza. Me habían comentado que a un señor quien había solicitado ayuda para realizar precisamente un traspaso, permaneció sentado en uno de los pasillos del establecimiento por casi media hora, mientras esperaba la ayuda del tramitador, quien se perdió en medio de la gente con diez dólares en mano. Pero en mi caso no andaba solo. Al menos ese era mi consuelo, para bien o para mal.

La competencia

Después de pasar por varios mostradores, llegamos a un pequeño cubículo separado por una fotocopiadora ocupada por dos ágiles y jóvenes mujeres. Su costumbre es tratar con desubicados clientes como nosotros.

Es que al centro de gangas llegan más personas interesadas en resolver sus problemas vehiculares que comprar cualquier otro producto como ropa o electrodomésticos, independientemente de sus bajos precios.

Nuestro colaborador, con toda confianza y aspirando un cigarrillo extra largo, les pidió las solicitudes. Una despintada mesa de madera sería el lugar donde se apoyaría para llenar la solicitud. Dos sillas blancas de plástico nos invitaron a esperar y sin mayor demora la fotocopia de la solicitud fue llenada ágilmente.

El tiempo de espera no llevó más de 15 minutos. Apenas hubo tiempo de preguntar por el precio de una mega pecera full accesorios, ubicada contiguo al local, que guarda celosamente un rótulo de cartón blanco en que se lee “notario” y que ofrece los trámites a 60 colones. Casi más de la mitad que nos cobró el abogado. De haberlo sabido antes...

Prácticamente llenar las líneas no es cosa del otro mundo. Datos personales y el detalle de la tarjeta del automóvil. Pero, por ser primera vez, los nervios pueden traicionar y cualquier error significaría que los empleados de SERTRACEN lo regresen por no haber hecho bien la tarea.
Concluido el papeleo callejero, el tramitador se mereció un dólar por sus servicios con la promesa que nos volveríamos a ver en busca de la licenciatura en el volante.

- ¿Cuándo vendrías?
- Probablemente mañana sábado, ¿vas a trabajar?
- Ese día descanso, pero si me asegurás que venís aquí me vas a ver. Bueno, te espero a las diez, voy andar siempre con esta gorra.
- Pero ¿me asegurás que no habrá problema?
- No te preocupes, en media hora te resuelvo el problema.
- En todo caso nos vemos mañana. Creo que no se te olvida mi cara.
- Mirá, es que viene tanta gente que me cuesta retener su cara.

Una vez frente al portón principal, un vigilante impide la entrada de cualquiera. Nuestro acompañante, como cualquier otro “tramitador”, no puede ingresar al local. Frente al custodio, un pequeño rótulo indica que en las oficinas se realizan entregas de tarjetas y atención al cliente.

Media hora más tarde se me entrega un recibo de pago de 28 dólares, con la sugerencia que se les hable en dos semanas para la entrega de la nueva tarjeta que me adjudica como dueño del vehículo.
Luego de lo indicado, seguimos las señales de salida -que no es la misma por donde entramos- y nos dirigimos al parqueo.

Algunas ventas ambulantes cubren un rótulo que prohíbe el comercio y venta de comida. Quien haga caso omiso será sancionado por la Alcaldía. Pero bajo la acera está presente el mejor testimonio de la desobediencia.

Mientras en la esquina, un grupo de personas entre ellas el mismo joven que nos atendió, están nuevamente a la caza de un nuevo cliente.
Él pertenece a mundo paralelo que existe desde antes que el servicio fuera privatizado. Todo sigue igual.

EN BUSCA DE SUERTE

1) Desde antes que se inicie la jornada laboral, un grupo de unas 20 personas se apuestan en distintos puntos estratégicos cercanos a las oficinas de SERTRACEN. Su intención es lograr ubicar a personas que realizarán tramites a sus vehículos.
A pocos metros de distancia, invitan a los motoristas a parquear sus carros y a ayudarles a cualquier tipo de trámite bajo el argumento que por la colaboración uno tiene que pagarle de cinco colones o lo que sea la voluntad.
Argumentan que pueden llevarlos ante un notario para registrar la documentación, la cual reducirá cualquier tiempo burocrático en la oficina legalmente establecida por el Estado.

2) La desconfianza por parte de los conductores es casi de inmediato, por lo que los tramitadores buscan la manera de convencer a su cliente.
Insisten en que si los documentos no llenan los requisitos que establece la ley, tendrán que regresar en otra oportunidad. Prácticamente ocupan los mismos argumentos que utilizan los oficinistas, por lo que parecen convencer a quien no quiere perder su tiempo. Y al parecer nunca ha realizado por su cuenta, los trámites de su vehículo.

3) Después de tanta insistencia, el cliente finaliza en las manos de su ayudante. A pocos metros de las oficinas centrales, están ubicados los despachos jurídicos que acreditarán la documentación.
El interesado sube en su vehículo al tramitador no autorizado. Sin embargo, al final de cuentas y en un período que no pasa de media hora, la solicitud ha sido completada y con la autorización de un notario.
Pero en algunas ocasiones se llega hasta ofrecer la posibilidad de obtener la licencia de conducir sin necesidad de realizar los exámenes propuestos en el Reglamento de Tránsito. El trabajo del ayudante finaliza una vez el propietario del vehículo ingresa a las oficinas oficiales, el lugar donde el interesado debió haber entrado desde el inicio. Pero acá, se tiene las puertas cerradas para cualquier tramitador, por ágil que diga ser.


El trabajo de los tramitadores es captar desde un par de cuadras antes de las oficinas de SERTRACEN al mayor número de personas. Aunque argumentan conocer su trabajo, ninguna autoridad los controla y en algunos casos, una persona puede ser hasta engañada.



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