21 de julio de 2002

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CARTAS

Violencia juvenil
La solución del problema de la violencia estudiantil y las muertes ocasionadas por su causa está en los ejemplos del pasado; pero, infortunadamente, no hay comunicación entre las generaciones de ayer y hoy.
La violencia empezó a incubarse cuando desapareció aquella franca comunión que existió a mediados del siglo pasado entre el hogar y la escuela, cuando los padres de familia consideraban como sus aliados a los profesores y la escuela era una continuación del hogar y viceversa.
Recuerdo que nuestra primera enseñanza la recibí en un Kindergarten de Ahuachapán del que era director don Ernesto Vizcarra, uno de los renombrados mentores de aquella época, quien castigaba a sus alumnos con la regla en las posaderas y lo clásico de aquel tiempo era que después del castigo escolar, venía el hogareño y muchas veces se unían padres y maestros para propinar la paliza correspondiente, según la falta cometida.
En Santa Ana, seguí mi primaria en la Escuela de Artes que dirigía don Napoleón Ríos, quien tampoco escatimaba el castigo corporal o el encierro en el sótano.
Y qué puedo decir de los últimos años de primaria en la Escuela José Simeón Cañas (llamada “La Chinteña” por estar en el Barrio San Jacinto) donde el director era don Francisco Urías y el sub director don Margarito Toledo.
Don Margarito tenía cuatro tiras de cuero de una pulgada de ancho y largo de unos 75 centímetros que estaban unidos por los cabos que denominaba “las cuatro milpas” y,cuando alguien cometía una falta, lo montaba a cucucho de otro alumno para que el pantalón del infractor quedara bien estirado (en la zona donde la espalda cambia de nombre) y ahi aplicaba “las cuatro milpas”.
Traigo esto a cuenta porque, a pesar de ser sancionados, a ningún alumno ni padre de familia le pasó por la mente interponer denuncias ante las autoridades. Tampoco recuerdo que esa generación haya tenido algún trauma; todo lo contrario: fue una generación de personas respetuosas de las leyes.
La cosa empezó a fallar cuando de nuestros programas docentes se suprimió el estudio de la moral. Aquella mente privilegiada y brillante, que la consideró inútil, sentó la base para la violencia de hoy. Por eso reitero la necesidad de reformar los programas en la educación básica y de retornar a aquellas materias que al alumno le ayudan a fortalecer sus convicciones dentro de la ética y la moral.

Carlos Edmundo Herrarte
C.I.P. 1-1-177736

El artículo del CENAR
Es interesante saber lo que se esta haciendo en el país con ciertas instituciones como el CENAR. Sin embargo considero que el reportaje se quedó un poco corto, en cuanto a que no se le preguntó a la Licenciada de la Ossa sobre los cursos sabatinos.
Estos cursos, si bien no son integrales, algunas nociones sí recibían los niños. Hace aproximadamente tres meses se cerraron sin una explicación.
Y por más que se pregunte, no tienen una respuesta satisfactoria. Está bien que se preocupen por los jóvenes; pero también deben preocuparse por los futuros jóvenes, pues si no se les forma en estas edades difícilmente llegarán a los bachilleratos.
Por la falta de centros como el CENAR, donde los niños puedan desarrollar los valores artísticos y liberar el “estrés” de sus clases normales, es que muchos jóvenes buscan otro tipo de diversiones, tales como las máquinas electrónicas, que actualmente son un problema social.

Larisa Chang
larisa1@integra.com.sv


La epidemia de la violencia
La epidemia de la violencia, así como la del dengue, también la podemos combatir. Algunos hemos vivido los conflictos del 32; otros, la sangrienta guerra de los 80; luego las secuelas de estos, en la guerra psicológica en la que muchos aún se mantienen, vandalismo, secuestro, epidemias, abusos y, lo nuestro de cada día, los conflictos intrafamiliares.
No podemos dejar por fuera los desastres que la naturaleza nos ha llevado a vivir, como los huracanes, y los más recientes terremotos; todo esto y mucho más es lo que -en gran medida- nos ha llevado a ser un país tan dependiente de otros.
Y es por eso que continuamente caemos en lo trágico de: al que no le cuesta lo hace fiesta. No se trata de que necesitemos o no donaciones, sino de crear o contar con Centros de Desarrollo, Talleres Vocacionales u otro tipo de institución que generen a la vez creatividad y productividad.
No es dar porque si, o así de fácil, sino más bien de enseñar a lograr, de llegar a ser.
¿Por qué? Porque tan responsables somos los adultos de la formación de nuestros jóvenes, como estos porque serán los constructores de un mañana mejor. Pero lo que sucede en la realidad es que nuestros muchachos reflejan todo tipo de actitudes negativas. No tienen el más mínimo grado de conciencia pues los hemos mal criado con aquello de que “si a mi me costó, que ellos tengan una vida mejor”; hacemos hasta lo imposible por satisfacer sus llamadas necesidades.
Debemos buscar dentro de nuestra sociedad nuevos métodos de motivación, que nos lleven a lograr el interés por mejorar. Lo que a diario sucede es un problema de interés nacional. Violencia siempre generará lo mismo. Meditemos, analicemos y reflexionemos.
Detengámonos por un momento y veremos que todos somos un tanto responsables de lo que ahora tenemos; pensemos un poco y actuemos con mayor inteligencia e interés y quizá no tan a la larga podamos ver mejores resultados.

Ana Virginia Andrade
avav_1@yahoo.com


Desde Canadá
Soy un salvadoreño residente en Canadá y de vez en cuando me gusta echarle una ojeada a las novedades de mi querido país y siempre hay un poco de desilusión.
Es un poco triste constatar que hay muchos problemas que agobian a un pequeño país como el nuestro. Por la presente he querido únicamente enviarles unas palabras de agradecimiento y de reconocimiento, pues sus artículos son muy interesantes y esto estimula, informa e instruye a quienes los leen -entre ellos me encuentro yo -.
Ojalá que las cosas cambien en un futuro cercano. Me parece que El Salvador ya ha sufrido lo suficiente y que éste merece un mejor destino.

Marlon Ávila
massac69@hotmail.com


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