7 de juliode 2002

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REPORTAJE

Al rescate del CENAR

La institución educativa rectora en el ramo de las artes se ha convertido en un factor de prioridad en la agenda de las autoridades culturales. Los objetivos de la operación “rescate” del Centro de Nacional de Artes son ambiciosos, aunque habrá que esperar -cuanto menos- cinco años para ver los grandes resultados.

Ana L. Rivera
vertice@elsalvador.com

Eran los años sesenta. Los movimientos “hippie” de Estados Unidos y Europa, en pleno apogeo. En tanto, los movimientos estudiantiles encabezados por importantes intelectuales de la época, ocurrían en otras naciones del mundo... En El Salvador, también sucedían hechos importantes.
En 1969, el entonces ministro de Educación, Walter Béneke, cabeza visible de una revolución educativa salvadoreña, logra por medio de un Decreto Legislativo la creación del Centro Nacional de Artes (CENAR)
Cientos de jóvenes de todo el país comienzan a llegar a la capital luego de una rigurosa prueba para su ingreso a la institución.
Las instalaciones, ubicadas originalmente en San Jacinto, al sur de la capital, sirven de albergue a los estudiantes del bachillerato en arte.
Por más de dos décadas, el CENAR se convirtió en la cantera de donde surgían los profesionales de las artes en sus diversas disciplinas: teatro, música, danza y plástica. Corrientes artísticas heredadas, en su mayor parte, por profesores extranjeros.
Con el arribo de los años ochenta, muchos maestros, iniciadores del CENAR, salen del país, lo que provoca una desacumulación en la experiencia y capacidades del Centro Nacional de Artes.
Bachiller en artes
El conflicto político debilitó de manera directa, como a otras instancias educativas del país, al CENAR.
Después de firmada la paz, otro decreto legislativo determina el futuro del Centro de Artes; pero, esta vez, para eliminar la acreditación del título de bachiller en artes.
A partir de entonces el CENAR se sume en un letargo, del que parecía nunca poder escapar.
Es a finales del año pasado, que el Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (CONCULTURA) reconoce la necesidad de intervenir en el rescate de la entidad.
El Director Nacional de Arte de CONCULTURA, Rolando Reyes, quien se niega a hacer una evaluación de la última dirección del CENAR a manos del pintor Carlos Cañas, señala que la operación rescate forma parte de un plan de reestructuración del mismo CONCULTURA.
“Hemos creado las distintas coordinaciones de las diversas disciplinas de las artes y dentro de ellas la coordinación de formación artística”, dice Reyes.
En este punto entra una figura clave del proceso de rescate: Tatiana de la Ossa, la nueva directora del Centro de Artes.
“El CENAR se convirtió en los últimos años en un taller abierto de las artes”, reconoce Reyes.
El perfil que durante los últimos años distinguió al CENAR no fue del todo malo, añade Reyes, sobre todo por la formación de un público que de manera irregular aspiró a disciplinas artísticas.
Ahora, sin embargo, las autoridades quieren devolver al CENAR el carácter de centro profesional de formación artística.
“Queremos que el joven que entre allí vaya con las aspiraciones de formarse como artista”.
Reconvertir al CENAR en un auténtico centro de formación de las artes implicaría la creación y aprobación de un nuevo decreto.

Formación superior

Se piensa no solo la formación básica en artes si no en una cadena de formación superior en arte.
Para conocer de primera mano la posición de la autoridades del Ministerio de Educación, Vértice insistió por más de una semana ante el encargado de prensa de esa secretaría de Estado, Jesús Villalta, para concertar una entrevista con la Ministra Evelyn Jacir de Lovo, pero no hubo respuesta.
En todo caso, el interés de la ministra por el CENAR es un hecho, asegura Reyes.
“Queremos que el CENAR se inserte en un proceso muy de acuerdo a los tiempos que estamos viviendo y a lo que el arte en la actualidad demanda. Queremos que en un futuro el CENAR se convierta en un centro de experimentación para los artistas”.
Las decisiones hasta cierto punto drásticas que se han tomado con el CENAR en los últimos meses por parte de las autoridades de CONCULTURA, se deben a la necesidad de hacer de éste un centro de calidad.
“Estamos obrando y hablando de corazón”, dice Rolando Reyes.
El funcionario hace énfasis en el entusiasmo entre el personal del CENAR, quienes están empeñados en este esfuerzo. Igual reconoce Reyes la necesidad de que los artistas salvadoreños les concedan el “beneficio de la duda” sobre sus objetivos.
“Queremos llamar a los artistas de las diferentes disciplinas para que se incorporen dentro del nuevo proceso del CENAR”.
Hasta el momento, los planes de CONCULTURA, no cuentan con todos los recursos económicos necesarios para echar a andar a plenitud la operación de rescate.
Tanto el Director de Artes, Rolando Reyes, como el presidente de CONCULTURA, Gustavo Herodier y la nueva directora del CENAR, Tatiana de la Ossa, coinciden al insistir en la necesidad de que el sector privado invierta en este esfuerzo.
La creación de un Patronato de benefactores es una de las ideas por la que más se inclina de la Ossa, la directora del Centro.
“Me parece que el esfuerzo no le compete sólo al estado porque sólo CONCULTURA no puede hacerlo. El rescate del CENAR es una responsabilidad social. Necesitamos que se acerquen”, dice.
Hasta el momento se desconocen cifras de dinero para revivir al CENAR, ya que primero debe concluir un proceso de reestructuración interna dentro del mismo CONCULTURA.
Gustavo Herodier insiste, no obstante, en el tema de la colaboración privada.
Añade que es importante mantener alianzas con universidades en el extranjero.
La calidad docente
De hecho, ya se han firmado convenios de cooperación artística con universidades de Uruguay, Colombia, México y Europa.
“Con esto tenemos la oportunidad de enviar a nuestros maestros a especializarse fuera, además de que vengan otros maestros aquí y transmitan su experiencia”.
Herodier reconoce que a su administración no le alcanzará el tiempo para hacer todo lo que se tiene que hacer en cuanto al rescate del CENAR.
Tiene la esperanza, no obstante, de dejar las bases que le devuelvan al Centro Nacional de Artes, la gloria de años pasados.
Las autoridades de CONCULTURA estiman que pasarán varios años, posiblemente un quinquenio, para ver los grandes cambios proyectados en la institución.

Los años dorados
La década de los setenta es reconocida como la “Época de Oro” del CENAR, las mayores expresiones de creatividad se dieron en eso años.

La actriz Ana Ruth Aragón, sorprende por su tranquilidad y por el azul de sus ojos. Aragón está muy alejada de la figura sofisticada de la mayoría de personas dedicadas a las artes escénicas.
Ella es de esa generación de estudiantes del CENAR que tuvo la oportunidad de compartir y aprender de maestros de teatro de origen español, estadounidenses y argentino.
En esos años, rememora Aragón, existía mucha compenetración y mística entre los estudiantes que llegaban de diferentes puntos del país. La actriz, como muchos salvadoreños, tuvo que salir del país.
Afuera, participó en festivales de teatro en Estados Unidos y en Europa. A su regreso al país impartió clases por 18 años en el que fuera su primer escuela de teatro, el CENAR.
La historia del director de Teatro Homero López, no es muy diferente de la de la actriz Ana Ruth Aragón. López, reconoce que con la llegada al CENAR en los años setenta, se le abrió un universo de posibilidades en cuanto a creatividad. “No habían límites para soñar” dice López.
“Vinieron maestros de actuación de Argentina a formar la Escuela de Teatro; fueron traídos por Walter Béneke quien fue en realidad un personaje clave en todo lo que fue la creación del CENAR; otros maestros vinieron de España”, recuerda el director de Teatro, que en la actualidad dirige al grupo de Teatro de la Universidad Tecnológica.
Iguales recuerdos de esos años conservan dos docentes del CENAR pertenecientes a la primer promoción de 1971: Mirna Agreda de Iraheta, coordinadora de la Escuela de Arte Visual y Alvaro Cuestas en la coordinación de Artes Gráficas. Ambos recuerdan como, desde el primer año en el CENAR, este pasó a llamarse de muchas maneras y a ocupar diferentes espacios en la capital.
“Una odisea”- coinciden en definir ambos sobrevivientes- sobre todos los vaivenes en los que se ha visto envuelto el CENAR.
Los docentes lamentan que a partir de la década de los 80, cuando el país padece su más seria crisis social, este centro de formación profesional deja de recibir el apoyo que antes tuvo.



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