7 de julio de 2002

Portada
Cartas
Tema de portada
Reportaje
Crónica
Columna
Entrevista
Opinión
Colofón
Archivo

ENTREVISTA

“Encontré un mausoleo
enorme”

Revivir al Centro Nacional de Artes (CENAR) no es tarea fácil y Tatiana de la Ossa, su nueva directora, lo reconoce y, a pesar de ello, dice estar dispuesta a luchar para inyectar vida al que otrora fue el centro de formación artística más importante del país.

Ana Lidia Rivera
vertice@elsalvador.com

El CENAR está muy lejos de ser lo que fue. El torbellino social, las luchas intestinas y el olvido oficial al que se le condenó por muchos años se reflejan no sólo en las agrietadas paredes de su moderno edificio sino también en el caos administrativo imperante y donde sólo el personal de limpieza cumplía al pie de la letra con su obligación. Después de todo, la actriz y antropóloga , Tatiana de la Ossa, su directora, se muestra optimista.

¿Cómo llega al CENAR?
En noviembre del año pasada fui contratada por CONCULTURA como Coordinadora de Artes Escénicas; luego me ofrecen la Dirección del CENAR a partir de enero de este año.

¿Cómo lo encuentra?

Cuando yo entré el siete de enero, lo que me encontré fue un mausoleo. Un espacio enorme como muerto. Encontré un espacio desordenado, desvencijado.

Desordenado, ¿por qué?
Porque no encontré archivos. La Dirección no tenía archivos. No encontré historiales. No encontré documentos. No hay orden en los papeles de cuando el CENAR funcionó como bachillerato. No hay memoria. Hay algunas cosas que algunos coordinadores estuvieron haciendo durante algún tiempo y, algunos más, otros menos, fueron guardando algunos documentos y otros no. Pero en general la institución no ha velado por mantener la memoria de su trayectoria.
Me encontré un equipo docente atomizado, muy enfrentado entre ellos donde las pasadas direcciones dieron preferencias a unos y a otros no. La Escuela de Música totalmente desatendida. La cooperación japonesa entregó en 1997 una serie de instrumentos valiosísimos para el desarrollo de los programas musicales que con el uso se fueron deteriorando pero que nunca fueron reparados, nunca los cuidaron y no hay responsables. La Escuela de Música es en especial la más abandonada.
Con la Escuela de Artes Visuales ocurrió lo contrario, esto creo porque el anterior Director, Carlos Cañas es pintor, tenía mucha más relación con la Escuela, está mejor equipada y mejor atendida. La Escuela de Música por ejemplo, tiene cubículos, pero estos no funcionan como cubículos acústicos ideales para la enseñanza porque el sonido se escapa por todos lados. No funcionan, son un montón de cajones mal diseñados y mal equipados. Si uno pasa por el área de vientos, escucha al del saxofón, al de la trompeta, al de la flauta, es imposible. Encima de eso me encuentro que el aire acondicionado estuvo dañado no por meses sino por años. Por ello los maestros no enseñaban dentro sino fuera de los cubículos.
Expresión de este caos fue la construcción de una serie de talleres, uno sobre otro, sin criterio alguno. La palabra planificación no existía en el diccionario del CENAR.

Los salarios del personal, ¿cómo andan?
Los salarios están asignados desde hace muchos años y están tal cual. Los maestros está ganando por horas clase como ¢27.54 (tres dólares por hora clase). Esto no es un salario adecuado.
En el ámbito privado se pagan cien ó 125 colones horas clase. Tenemos dos categorías de maestros, a unos que les paga CONCULTURA y a los que les paga el Ministerio de Educación. Esto es curioso porque tenemos a una institución que la mitad del personal le pertenece al Ministerio de Educación y la otra a CONCULTURA. Hay ambivalencia.
Muchos de los maestros escalafonados son muy buenos, pero sin estímulo alguno; sin proyectos, sin iniciativas.
En mis primeros tres meses no veo que la mayoría de los maestros estudien sus instrumentos; no veo a los alumnos usando los cubículos para estudiar; me encuentro a muchos maestros que no producen; sí me encuentro abusos de personas ajenas, amigas o cercanas a los maestros que acostumbraban utilizar las instalaciones del CENAR para montar sus obras; se abusaba, incluso hubo quienes se llevaron algunas piezas a sus casas y luego las vendían. Esto sucedía y cuando llegué, vi todo esto.
Mucha falta de control por parte de los maestros, si llegaban o no, si cumplían o no con la clase. Faltas clarísimas de controles. La situación era en verdad caótica. Lo único que encontré bien de entrada es que la gente encargada de la limpieza mantenían limpio el edificio. Me dije, al menos tenemos algo bueno.

Dentro de todo, al menos ¿encontró una biblioteca?
Es curioso, cuando llego pregunto si en efecto existe una biblioteca. La respuesta fue un silencio total. Entonces usaron el eufemismo de “la biblioteca fue descentralizada”. ¿Qué significaba eso? Significa que sacaron la biblioteca, regalaron los libros, otros se perdieron.
Sumemos a esto que no existe sala de maestros, estos tampoco tienen acceso a computadoras ni a internet. Esto me hace creer que este no es un centro de estudios artístico. Esto no está funcionando. Algo positivo que me encontré es con que algunos maestros sí estaban dando sus clases y a pesar de estar en este ambiente vacío, de mausoleo, estaban tratando de mantenerse con vida entre tantos cadáveres. Daban sus clases, incluso descubrí que había quien escribió algunas obras. Hay gente, y hay que decirlo, que sí son maestros y de esos hay muchos en el CENAR después de todo.

Y CONCULTURA ¿qué pintaba en todo esto?
Me encuentro con un divorcio. CONCULTURA y el CENAR en la época del maestro Cañas tenían problemas sustantivos y esto permeó a todo el personal y todos ellos se sentían abandonados, despreciados y desatendidos por CONCULTURA.
CONCULTURA, por otro lado manejó con mucho prejuicio su relación con los maestros. Todo esto fomentado por las actitudes anteriores: que este era un lugar lleno de vicios, que los maestros son unos vagos, que la gente abusa. Ambos tienen razón y no y, esto es porque en la última década -que es la de la reconstrucción del nuevo país- el CENAR es la viva radiografía de lo que al sector cultura le ha pasado después de la guerra. En lugar de crecer y desarrollarse ha ido hacia atrás.
Cuando uno dice paz, construyamos de nuevo la nación, seamos solidarios, emprendamos un camino de esperanza, uno esperaría que en una institución como el CENAR, se reflejara ese espíritu, y es todo lo contrario. Esto me hace pensar que en los últimos diez años ha habido un interés por recuperar otras cosas provocadas por las desgracias naturales,por la pobreza, la misma violencia, eso lo entiendo, sin embargo es preocupante y significativo que el sector cultura siga estando relegado.

Esto, ¿es un reto?
Es un reto grande y difícil. Vamos a ver hasta dónde llegamos. Empecemos por donde haya que empezar. Preguntar quién quiere dar clases y quién no quiere. Quién quiere sacar adelante la escuela y quién no. En eso estoy trabajando y los que no se pongan en sintonía tendrán que irse.

¿Por dónde empezar entonces?

En primer lugar por reparar la infraestructura. Elemental. Reparar el edificio. CONCULTURA asume los costos. Yo he pedido una auditoría y a partir de allí se congelaron los fondos. Lo que sigue entrando se deposita en una nueva cuenta que sí está a nombre del CENAR. He solicitado al Ministerio de Hacienda que nos regule tarifas de uso de este espacio.

Y las cuentas del CENAR ¿cómo las encontró?
Me encontré que el dinero que entraba, toditito, se iba mes a mes. Y se iba en pagos de personal, materiales para las clases, reparaciones mínimas y una serie de gastos extensos que no entiendo qué son y por eso pedí la auditoria. Muchos, no sé a qué responden.
Los gastos no están acompañados de una indicación clara de cuál fue su destino. Uno no sabe en qué se usó el material.
Por eso solicité la auditoría. Además, me encontré con una situación un tanto particular porque las cuentas del CENAR estaban registradas a nombre del director anterior.

¿Cuál es el fondo que maneja el CENAR?

Esto es variable, pero se pueden estar manejando ingresos de 5 a 10 mil dólares mensuales. Todo depende de los proyectos y de la cantidad de estudiantes. Pero te diré que los egresos son mayores.

¿Cuáles son los planes para el CENAR?

Estaremos abriendo dentro de poco una Escuela de Teatro que tendría que ofrecer, actuación, producción, dirección y diseño como mínimo, más adelante abriremos una Escuela de Letras, daremos dramaturgia, cuento y poesía.
Queremos abrir el campo de las artes lo más posible. Estamos pensando, un poco más a largo plazo en abrir una Escuela de Audiovisuales porque las que existen están centradas sobre todo en producción publicitaria. Estamos pensando en una artística. Todo está a nivel de proyecto. Estoy convencida de que con lo que hay en el CENAR y CONCULTURA es suficiente para crear un centro de cultura de primera.
Uno de los planes más importantes es la recuperación del CENAR como un ente que acredite títulos. La idea es que la sociedad salvadoreña sepa que los artistas estudian de manera formal.
El proyecto es la defensa por un reconocimiento de la actividad artística. Esta es una inversión que nos llevará al menos unos cinco años.
De momento para este año lo que quiero es trabajar directamente con el Ministerio de Educación en la recuperación del CENAR como ente rector en la educación formal.
Pero, antes que todo, debemos tener ordenada la casa y así realizar los planes a futuro.

Una experiencia para no recordar

El ex director del CENAR, el reconocido pintor Carlos Cañas, de 80 años, se negó a profundizar en la problemática que atraviesa el Centro Nacional de Artes.
La única ocasión que aceptó conversar con Vértice fue a través de una breve llamada telefónica.


El solo hecho de recordar como lo trataron los funcionarios de CONCULTURA, cuando dirigió el CENAR, “me provoca angina de pecho”, dice el pintor, a boca de jarro.
Y agrega, enfáticamente: “lo que he recibido son patadas y sobre todo de las autoridades de CONCULTURA”.
A pesar de su negativa a una entrevista personal, Carlos Cañas no niega el claro divorcio que hubo entre las autoridades del CENAR y CONCULTURA a lo largo de su gestión. Y, de hecho, así lo describió la actual directora.
“Durante mis años como director del CENAR envié cerca de 400 notas a esta gente y jamás obtuve una respuesta”, dijo el pintor Cañas. Esto muestra, a su juicio, la indiferencia tanto de los funcionarios de CONCULTURA como del gobierno mismo.
“Todo lo que se hizo en el CENAR mientras estuve fue por mi esfuerzo personal”.
En todo caso, el ex funcionario y a la vez un reconocido maestro de la pintura, Carlos Cañas, insiste en no hablar más del tema debido a las molestias que le provoca hablar de lo que para muchos Cañas dirigió como su “coto de caza”.
El auditórium principal de la institución lleva su nombre como homenaje a su trayectoria pictórica.

 


Copyright 2002 El Diario de Hoy - Derechos Reservados. vertice@elsalvador.com
Prohibida su reproducción total o parcial sin autorización escrita de su titular.