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ENTREVISTA

Encontré un mausoleo
enorme
Revivir
al Centro Nacional de Artes (CENAR) no es tarea fácil y Tatiana
de la Ossa, su nueva directora, lo reconoce y, a pesar de ello, dice
estar dispuesta a luchar para inyectar vida al que otrora fue el centro
de formación artística más importante del país.
Ana Lidia Rivera
vertice@elsalvador.com
El
CENAR está muy lejos de ser lo que fue. El torbellino social,
las luchas intestinas y el olvido oficial al que se le condenó
por muchos años se reflejan no sólo en las agrietadas
paredes de su moderno edificio sino también en el caos administrativo
imperante y donde sólo el personal de limpieza cumplía
al pie de la letra con su obligación. Después de todo,
la actriz y antropóloga , Tatiana de la Ossa, su directora, se
muestra optimista.
¿Cómo llega al CENAR?
En noviembre del año pasada fui contratada por CONCULTURA como
Coordinadora de Artes Escénicas; luego me ofrecen la Dirección
del CENAR a partir de enero de este año.
¿Cómo lo encuentra?
Cuando yo entré el siete de enero, lo que me encontré
fue un mausoleo. Un espacio enorme como muerto. Encontré un espacio
desordenado, desvencijado.
Desordenado, ¿por qué?
Porque no encontré archivos. La Dirección no tenía
archivos. No encontré historiales. No encontré documentos.
No hay orden en los papeles de cuando el CENAR funcionó como
bachillerato. No hay memoria. Hay algunas cosas que algunos coordinadores
estuvieron haciendo durante algún tiempo y, algunos más,
otros menos, fueron guardando algunos documentos y otros no. Pero en
general la institución no ha velado por mantener la memoria de
su trayectoria.
Me encontré un equipo docente atomizado, muy enfrentado entre
ellos donde las pasadas direcciones dieron preferencias a unos y a otros
no. La Escuela de Música totalmente desatendida. La cooperación
japonesa entregó en 1997 una serie de instrumentos valiosísimos
para el desarrollo de los programas musicales que con el uso se fueron
deteriorando pero que nunca fueron reparados, nunca los cuidaron y no
hay responsables. La Escuela de Música es en especial la más
abandonada.
Con la Escuela de Artes Visuales ocurrió lo contrario, esto creo
porque el anterior Director, Carlos Cañas es pintor, tenía
mucha más relación con la Escuela, está mejor equipada
y mejor atendida. La Escuela de Música por ejemplo, tiene cubículos,
pero estos no funcionan como cubículos acústicos ideales
para la enseñanza porque el sonido se escapa por todos lados.
No funcionan, son un montón de cajones mal diseñados y
mal equipados. Si uno pasa por el área de vientos, escucha al
del saxofón, al de la trompeta, al de la flauta, es imposible.
Encima de eso me encuentro que el aire acondicionado estuvo dañado
no por meses sino por años. Por ello los maestros no enseñaban
dentro sino fuera de los cubículos.
Expresión de este caos fue la construcción de una serie
de talleres, uno sobre otro, sin criterio alguno. La palabra planificación
no existía en el diccionario del CENAR.
Los
salarios del personal, ¿cómo andan?
Los salarios están asignados desde hace muchos años y
están tal cual. Los maestros está ganando por horas clase
como ¢27.54 (tres dólares por hora clase). Esto no es un
salario adecuado.
En el ámbito privado se pagan cien ó 125 colones horas
clase. Tenemos dos categorías de maestros, a unos que les paga
CONCULTURA y a los que les paga el Ministerio de Educación. Esto
es curioso porque tenemos a una institución que la mitad del
personal le pertenece al Ministerio de Educación y la otra a
CONCULTURA. Hay ambivalencia.
Muchos de los maestros escalafonados son muy buenos, pero sin estímulo
alguno; sin proyectos, sin iniciativas.
En mis primeros tres meses no veo que la mayoría de los maestros
estudien sus instrumentos; no veo a los alumnos usando los cubículos
para estudiar; me encuentro a muchos maestros que no producen; sí
me encuentro abusos de personas ajenas, amigas o cercanas a los maestros
que acostumbraban utilizar las instalaciones del CENAR para montar sus
obras; se abusaba, incluso hubo quienes se llevaron algunas piezas a
sus casas y luego las vendían. Esto sucedía y cuando llegué,
vi todo esto.
Mucha falta de control por parte de los maestros, si llegaban o no,
si cumplían o no con la clase. Faltas clarísimas de controles.
La situación era en verdad caótica. Lo único que
encontré bien de entrada es que la gente encargada de la limpieza
mantenían limpio el edificio. Me dije, al menos tenemos algo
bueno.
Dentro de todo, al menos ¿encontró una biblioteca?
Es curioso, cuando llego pregunto si en efecto existe una biblioteca.
La respuesta fue un silencio total. Entonces usaron el eufemismo de
la biblioteca fue descentralizada. ¿Qué significaba
eso? Significa que sacaron la biblioteca, regalaron los libros, otros
se perdieron.
Sumemos a esto que no existe sala de maestros, estos tampoco tienen
acceso a computadoras ni a internet. Esto me hace creer que este no
es un centro de estudios artístico. Esto no está funcionando.
Algo positivo que me encontré es con que algunos maestros sí
estaban dando sus clases y a pesar de estar en este ambiente vacío,
de mausoleo, estaban tratando de mantenerse con vida entre tantos cadáveres.
Daban sus clases, incluso descubrí que había quien escribió
algunas obras. Hay gente, y hay que decirlo, que sí son maestros
y de esos hay muchos en el CENAR después de todo.
Y CONCULTURA ¿qué pintaba en todo esto?
Me encuentro con un divorcio. CONCULTURA y el CENAR en la época
del maestro Cañas tenían problemas sustantivos y esto
permeó a todo el personal y todos ellos se sentían abandonados,
despreciados y desatendidos por CONCULTURA.
CONCULTURA, por otro lado manejó con mucho prejuicio su relación
con los maestros. Todo esto fomentado por las actitudes anteriores:
que este era un lugar lleno de vicios, que los maestros son unos vagos,
que la gente abusa. Ambos tienen razón y no y, esto es porque
en la última década -que es la de la reconstrucción
del nuevo país- el CENAR es la viva radiografía de lo
que al sector cultura le ha pasado después de la guerra. En lugar
de crecer y desarrollarse ha ido hacia atrás.
Cuando uno dice paz, construyamos de nuevo la nación, seamos
solidarios, emprendamos un camino de esperanza, uno esperaría
que en una institución como el CENAR, se reflejara ese espíritu,
y es todo lo contrario. Esto me hace pensar que en los últimos
diez años ha habido un interés por recuperar otras cosas
provocadas por las desgracias naturales,por la pobreza, la misma violencia,
eso lo entiendo, sin embargo es preocupante y significativo que el sector
cultura siga estando relegado.
Esto, ¿es un reto?
Es un reto grande y difícil. Vamos a ver hasta dónde llegamos.
Empecemos por donde haya que empezar. Preguntar quién quiere
dar clases y quién no quiere. Quién quiere sacar adelante
la escuela y quién no. En eso estoy trabajando y los que no se
pongan en sintonía tendrán que irse.
¿Por dónde empezar entonces?
En primer lugar por reparar la infraestructura. Elemental. Reparar el
edificio. CONCULTURA asume los costos. Yo he pedido una auditoría
y a partir de allí se congelaron los fondos. Lo que sigue entrando
se deposita en una nueva cuenta que sí está a nombre del
CENAR. He solicitado al Ministerio de Hacienda que nos regule tarifas
de uso de este espacio.
Y las cuentas del CENAR ¿cómo las encontró?
Me encontré que el dinero que entraba, toditito, se iba mes a
mes. Y se iba en pagos de personal, materiales para las clases, reparaciones
mínimas y una serie de gastos extensos que no entiendo qué
son y por eso pedí la auditoria. Muchos, no sé a qué
responden.
Los gastos no están acompañados de una indicación
clara de cuál fue su destino. Uno no sabe en qué se usó
el material.
Por eso solicité la auditoría. Además, me encontré
con una situación un tanto particular porque las cuentas del
CENAR estaban registradas a nombre del director anterior.
¿Cuál es el fondo que maneja el CENAR?
Esto es variable, pero se pueden estar manejando ingresos de 5 a 10
mil dólares mensuales. Todo depende de los proyectos y de la
cantidad de estudiantes. Pero te diré que los egresos son mayores.
¿Cuáles son los planes para el CENAR?
Estaremos abriendo dentro de poco una Escuela de Teatro que tendría
que ofrecer, actuación, producción, dirección y
diseño como mínimo, más adelante abriremos una
Escuela de Letras, daremos dramaturgia, cuento y poesía.
Queremos abrir el campo de las artes lo más posible. Estamos
pensando, un poco más a largo plazo en abrir una Escuela de Audiovisuales
porque las que existen están centradas sobre todo en producción
publicitaria. Estamos pensando en una artística. Todo está
a nivel de proyecto. Estoy convencida de que con lo que hay en el CENAR
y CONCULTURA es suficiente para crear un centro de cultura de primera.
Uno de los planes más importantes es la recuperación del
CENAR como un ente que acredite títulos. La idea es que la sociedad
salvadoreña sepa que los artistas estudian de manera formal.
El proyecto es la defensa por un reconocimiento de la actividad artística.
Esta es una inversión que nos llevará al menos unos cinco
años.
De momento para este año lo que quiero es trabajar directamente
con el Ministerio de Educación en la recuperación del
CENAR como ente rector en la educación formal.
Pero, antes que todo, debemos tener ordenada la casa y así realizar
los planes a futuro.
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Una
experiencia para no recordar
El ex director del CENAR, el reconocido pintor Carlos Cañas,
de 80 años, se negó a profundizar en la problemática
que atraviesa el Centro Nacional de Artes.
La única ocasión que aceptó conversar con
Vértice fue a través de una breve llamada telefónica.
El solo hecho de recordar como lo trataron los funcionarios de
CONCULTURA, cuando dirigió el CENAR, me provoca angina
de pecho, dice el pintor, a boca de jarro.
Y agrega, enfáticamente: lo que he recibido son patadas
y sobre todo de las autoridades de CONCULTURA.
A pesar de su negativa a una entrevista personal, Carlos Cañas
no niega el claro divorcio que hubo entre las autoridades del
CENAR y CONCULTURA a lo largo de su gestión. Y, de hecho,
así lo describió la actual directora.
Durante mis años como director del CENAR envié
cerca de 400 notas a esta gente y jamás obtuve una respuesta,
dijo el pintor Cañas. Esto muestra, a su juicio, la indiferencia
tanto de los funcionarios de CONCULTURA como del gobierno mismo.
Todo lo que se hizo en el CENAR mientras estuve fue por
mi esfuerzo personal.
En todo caso, el ex funcionario y a la vez un reconocido maestro
de la pintura, Carlos Cañas, insiste en no hablar más
del tema debido a las molestias que le provoca hablar de lo que
para muchos Cañas dirigió como su coto de
caza.
El auditórium principal de la institución lleva
su nombre como homenaje a su trayectoria pictórica.
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