30 de junio de 2002

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La caldera de Vicente Fox

El gobernante mexicano se jugará, el próximo año, todas sus razones para ser partero de una nueva historia. Los primeros dos años de su gobierno no pintan bien. Por el futuro, nadie se atreve a apostar.

Lafitte Fernández
vertice@elsalvador.com

México. D.F. Los números no engañan aquí a nadie: siete de cada diez mexicanos creen que este país camina sin rumbo. A sólo dos años desde que Vicente Fox estrenó su administración tras derrotar a un partido casi imperial que gobernó por 71 años, otros datos asustan más a quienes manejan su imagen: 29 de cada 100 personas que votaron por él, dicen que no lo harían de nuevo.
Pasa la medianoche y en una mesa cargada de café y ceniceros repletos de colillas de cigarros, se puede mirar a los principales asesores de Fox tratando de encontrar una idea-madre, una suerte de “iluminación”, que les permita recuperar el terreno perdido.
La mesa la rodean publicistas, periodistas, relacionistas públicos y expertos en eso que llaman “public affaires”.
A ellos les cuesta creer que, en sólo dos años, se le escurra de las manos a Fox la estupenda oportunidad de crear una opción que sepulte, al menos por algunos años,al PRI.
¿Qué falla? ¿Qué deben construir? Eso es lo que, en parte, se preguntan esos especialistas que encontraron en Fox, al hombre que habla el lenguaje del pueblo, al prototipo del vaquero Marlboro que siempre viste botas. Al candidato ideal que siempre quisieron manejar.

¿Qué pasa?


¿Qué les pasa a los mexicanos? ¿Qué le cobran a Fox? Que pasaron dos años y no cumple las promesas que hizo a los electores durante su campaña electoral.
En el fondo, los mexicanos siempre vieron en Fox al ejecutivo que podía administrar este país con la eficiencia de la empresa privada.
Votaron y quieren al viejo gerente de la Coca Cola que los conduzca al bienestar y perciben que nada de eso ha ocurrido.
Piensan que le dieron la oportunidad de cumplir ese papel y que, dos años después, todavía no encuentran al hombre que le eche detergente a la corrupción pública, meta a la cárcel a los delincuentes, abra nuevos puestos de trabajo y mejore la economía, entre otras cosas.
Al no hallar al gerente que querían, la popularidad de Fox ha caído, dramáticamente, en sólo dos años.
Tal es la insatisfacción que sienten muchos mexicanos que algunos dicen que Fox está logrando, algo que los mexicanos creían imposible: que la imagen de Carlos Salinas de Gortari resurja de las cenizas.
Fox se defiende con una frase que ya es parte de la historia moderna de México: al pueblo le pidió que “no caigan en la nostalgia del
autoritarismo”.
A un periodista inglés le concedió una entrevista de 4 minutos y cuando le preguntó dónde están los errores, simplemente le dijo: “no hay errores”.
Esto último lo ven algunos como un signo de arrogancia que se debe condenar. Fox, simplemente dice: “cumpliré”.

Duro con él

Una prensa duramente peleada con Fox es el primer signo que muestra, en México, que las cosas
no andan bien para él. Son pocos editorialistas los que piden que se le de una segunda oportunidad. Lo acusan de todo. Dicen que su gabinete está compuesto por incapaces u oportunistas.
Otros creen -incluido el influyente diario estadounidense Washington Post- que la administración de Fox está paralizada. No tiene proyectos, no provoca acciones. No sabe hacia adonde va.
Cuando El Diario de Hoy le preguntó al gobernante sobre la rudeza de las críticas, explicó que eso es parte de la cuota que debe pagar su gobierno democrático.
“Nunca, dice, se ha dado un debate mediático tan amplio en toda la historia de México. Al PRI jamás se le criticaba”, mencionó.
Obviamente, la crítica la atizan los sectores más importantes del PRI que, de nuevo, se convierte en una fuerte amenaza para FOX y quienes le apoyaron: ahora representa el 40 por ciento del electorado mexicano. Por eso es que, ahora, los nuevos dirigentes de ese partido, caminan con la nariz respingada.
Fox encuentra de todo en su país: desde desencantados que querían observar cambios rápidos (a pesar de los 70 años de priismo), hasta quienes no dejan de creer en él.
El debate sobre el cumplimiento o no de las promesas es tal, que hasta la mamá del gobernante, una anciana de pelo cano que se apoya en un bastón, salió a responderle a los periodistas en la residencia presidencial. “Ya verán, ya verán, ni hijo cumplirá. Tengan fe en él”, dijo.

Los males

A Fox no le ha ido del todo mal en su administración. Tampoco se puede decir que los pasos que da con sus botas vaqueras son seguros y efectivos.
Lo más duro para el mandatario es que, frente a una economía priista que acabó con tasas de crecimiento del 7 por ciento, la creación de riqueza bajó durante sus dos años de gobierno.
La herencia que le dejó el PRI a Fox no es, precisamente, la que encontraron quienes sucedieron a los gobernantes de las economías socialistas del bloque oriental. Allá encontraron ruinas. Fox, sin embargo, no asumió el mando con una economía de escasez.En eso siempre estuvo el primer reto que encontró, a su paso, Fox.
Muchos creían que, bajo la mano de actual mandatario, México seguiría creciendo a ritmos aún más saludables que durante la última época priista; pero, se toparon con vientos en dirección contraria.
Quizá la mayor amenaza que tiene la administración Fox, en la actualidad, es el déficit fiscal que llega casi al 4 por ciento del PIB. Todos
saben que cuando eso ocurre, la “jarana estalla en la cara”.
Fox intentó, al inicio de su gobierno, realizar una profunda reforma fiscal que finalmente quedó hecha polvo. Su intento por gravar las medicinas levantó a la muchedumbre. Después de eso, nada caminó.
Más recientemente, su gobierno anunció que gravará la producción de libros, y ahora tiene a la mayoría de intelectuales mexicanos en contra suya.
Al no crecer la economía, no aumentan los empleos. La delincuencia parece imposible de frenar en México y los sesgos de ingobernabilidad son, cada vez, más apremiantes. En fin, muchísimas cosas andan mal aquí. Por eso la reacciones adversas de muchos mexicanos era casi anunciada.
Lo peor es que las críticas contra Fox aumentan.
Así, el hombre que afincó su triunfo electoral en el desprestigio del PRI y hasta prometió acabarlo, ahora debe resignarse con observar como sus antiguos enemigos, con una dirigencia retocada y maquillada, ganan terreno, sobre todo entre aquellos que siempre creen que “todo tiempo pasado fue mejor”.

¿Y la corrupción?

Confieso que siempre creí que el periodismo mexicano se iba a hinchar de escándalos, cuando Fox asumiera el poder.
Después de 70 años de gobiernos del PRI, era esperable que sus opositores no solo satanizaran a ese partido, sino que encontrarían toda clase de corrupción que llevaría a la cárcel a muchos e hincharía las manos de los periodistas más fogosos.
Sin embargo, nada ocurrió. Con dos años en el poder, la verdadera corrupción, la más grande de todas, no se conoce en México. ¿Se pactó para que eso ocurriera de esa manera? ¿Fue esa una decisión que debió tomarse para salvar la “democracia” mexicana? No lo sé. Pero, lo cierto es que en México hay sequía de casos que muestren lo que realmente ocurrió aquí.
El único signo de combate contra la corrupción de la administración Fox se produjo, hace algunas semanas, cuando se encontraron documentos que muestran cómo el PRI usó dineros de Petróleos Mexicanos (PEMEX), para financiar la campaña de Labastida, su último candidato.
Todos creen aquí que ese manoseo no es nuevo para el PRI. Pero, cuando se estimaba que al fin se conocerían los primeros y más grandes trapos sucios del PRI, ahora es Fox quien parece estar contra la pared.

Ahora gana más velocidad y sonido la posibilidad de que “Los Amigos de Fox” (una organización civil que se creó para cooperar con su campaña), recibió dinero de extranjeros para financiar parte de la campaña política. Eso, en México, es prohibido. Se legisló de esa forma para impedir que intereses foráneos influyeran en las principales políticas de los gobiernos mexicanos.
Ahora muchos creen que cuando Fox apenas intentó levantar la tapa de la olla de la corrupción, el PRI lo puso, rápidamente, en jaque. Y, así, empezó de nuevo a perder


LOS LIOS DEL GABINETE
Vicente Fox tiene problemas con algunos ministros y sabe que debe cambiarlos

El gabinete de ministros tampoco le ayuda mucho a Fox. Para empezar, muchos panistas querían más nombres de su partido y no los encontraron. Después se llegó a la conclusión que no eran los mejores hombres. Que algunos de ellos son erráticos y hasta tienen problemas entre ellos.
Los ministros tampoco le ayudan a Fox a levantar su imagen. Hace pocos días, el Ministro de Hacienda, Francisco Gil González, se paró frente a los periodistas y dijo que las finanzas públicas mexicanas no mejoran, el país va camino a convertirse en otra Argentina.
Por supuesto, a los mexicanos se les paralizó el pelo. Los críticos arremetieron como nunca. Para colmo de males, el peso mexicano se
devaluó frente al dolar y muchos atribuyeron eso a las pésimas señales que mandó uno de los principales colaboradores de Fox. El gobernante debió enfrentarse a los periodistas y corregir el error de su ministro. Explicó que la moneda se debilitó por la volatibilidad de los mercados financieros y que, el ejemplo de Argentina, es una remota posibilidad que está detrás de las cortinas de la realidad de muchos países.
Uno de los principales asesores de imagen del presidente Fox dijo a El Diario de Hoy, mientras tomaba un whisky en las rocas en el bar de un hotel capitalino: “mira, mano, la verdad es que algunos ministros no saben ni manejar una rueda de prensa. Cuando tienes eso al lado, es poco lo que se puede hacer o muchísimo lo que debe caminarse”.
Es probable que Fox cambie a algunos miembros de su gabinete. Sabe que tiene problemas con algunos de ellos.Tampoco duda que poco le ayudan a mejorar las percepciones que los mexicanos tienen de su gobierno. Incluso, hasta se le ha aconsejado que las variaciones en su gabinete podría dar un signo de esperanza hacia el cumplimiento de las promesas que muchos esperan.
Reforma esperada
Los cambios que esperan los mexicanos pasan por todos los segmentos del poder. La primera, según el criterio de la mayoría, es una transformación del Estado.
En eso entra en juego el presidencialismo que heredó Fox y que fue construido por el PRI. Muchos están convencidos porque el mandatario mexicano reúne mucho poder en sus manos porque así lo quiso el PRI.
Otros, sin embargo, opinan que en el actual momento (en que Fox rompió cualquier forma de diálogo con quienes legislan ante la imposibilidad de hallar caminos de encuentro), el poder debe aumentársele.
Cambiar el poder del gobernante mexicano significa, necesariamente, equilibrar los poderes.
Por eso es que ahora se debate, incluso, que los ministros deben ser confirmados por el Congreso.
A la reforma del Estado debe agregársele mucha notoriedad en la lucha contra la corrupción, como lo demanda la mayoría. El mayor problema en este tema es que no bastarán leyes para manoseo de dineros públicos sino que debe meterse el escalpelo sobre algo de mayor peso: la corrupción en este país es cultural, es parte de una larga herencia histórica. Por eso es dificilísimo de combatir.

El duro reto

¿Por qué trabajan tanto los asesores de Fox?! A ellos no sólo les preocupa que el presidente no tenga relaciones con los legisladores de la oposición. Tampoco que ofrezca el cogobierno a otras agrupaciones políticas y esa iniciativa la torpedeen. Algo mucho más importante tienen en la cabeza: el próximo año se realizarán elecciones de medio período en México. Se renovarán los legisladores y muchos otros cargos administrativos-territoriales.
El problema es que el PAN, partido que elevó a Fox al poder, necesita crecer en número de legisladores en las dos cámaras mexicanas, para que el proyecto de cambio prometido avance, con rapidez, como si tuviese vaselina en el piso.
Si la agrupación de Fox no logra crecer, hay quienes apuestan que deberá resignarse a entrar en un “sexenio perdido”. Es decir, que todo lo que llevó a los mexicanos a clamar por el cambio, se habrá diluído en agua.
La baja en la popularidad de Fox, la desconfianza de un porcentaje importante de votantes, los errores, la desesperanza, entre muchos otros factores, se convertirán en las principales amenazas para que los panistas logren lo que quieren.
Un Fox débil, no servirá para tratar de negociar con grupos opositores que solo miraran, en su momento, incluido el PRI, la oportunidad de acceder al poder con sus propias manos.
Si no se vencen esos retos, si Fox no cumple sus promesas, posiblemente se allanará el camino para una vuelta del PRI y México habrá perdido una de las mayores oportunidades de su historia para consolidar una democracia moderna.


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