23 de junio de 2002

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Cuba antes de Castro
La isla de los dictadores

Dos rasgos destacan el período de los cien años transcurridos desde que en 1902, Cuba obtiene su independencia: uno, la estrecha relación de su historia con Estados Unidos y , dos el hecho que el mismo lapso histórico los cubanos nunca gozaron de una verdadera democracia . De una dictadura pasaron a otra, y otra, hasta desembocar en la que sufren ahora, la más cruel y prolongada de todas.

Vértice
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El hundimiento del acorazado estadounidense “Maine”, en el puerto de La Habana, en 1898, atribuido a saboteadores españoles, desencadenó la guerra entre Estados Unidos y España y desembocó en la invasión de Cuba, colonia española que luchaba por su independencia.
Pero si bien este episodio propicia la ruptura de Cuba con España, vuelve a la isla una especie de protectorado de Estados Unidos desde 1899 hasta 1902, en que este país le otorga una independencia relativa, ya que la nueva constitución política incluye la llamada Enmienda Platt, que reconoce el derecho del ejército estadounidense para intervenir en Cuba y a mantener, hasta la fecha, la base militar de Guantánamo.
La guerra de independencia había costado millares de vidas y sumido a Cuba en la bancarrota. No obstante, la iniciativa de un grupo de empresarios cañicultores y tabacaleros cubanos de buscar alianzas estratégicas con empresarios afines en Estados Unidos, operadores de ingenios, convertidores de azúcar, procesadores de tabaco y extractores de minerales entre otros, dieron pie a la formación de grandes consorcios cubano-americanos que pronto generaron una gran oferta de puestos de trabajo en las áreas administrativa, de producción y servicios.
El creciente desarrollo de Cuba y su auge económico lo convirtió en el país más atractivo de América -después de Estados Unidos- para los emigrantes europeos, especialmente españoles, que se volcaron sobre la isla, trayendo consigo nuevas ideas, conocimientos gerenciales, empresariales y mano de obra calificada en diversos oficios.
La estratégica posición geográfica de Cuba para el intercambio comercial con los países de la Cuenca del Caribe, propició la instalación de refinerías de petróleo que más adelante serían de enorme valor logístico, para la guerra que se avecinaba. Los banqueros estadounidenses, entre ellos los legendarios magnates Rockefeller, Vanderbilt, J.P. Morgan e inversionistas menores tomaron ventaja de estas óptimas condiciones de mercado para expandir su influencia en la región.
En este contexto, desde 1902, pasando por el auge comercial que propicia la Primera Guerra Mundial, hasta 1929, en que se produce la Gran Depresión, se forman en Cuba los cimientos de una clase media de amplia base, con poder adquisitivo, formación técnica, profesional y humanística. Desde entonces, durante la década de los años treinta, Cuba produce literatos, artistas y pensadores, así como administradores que son pilares de la cultura y la economía, así como la base de las nuevas generaciones de profesionales. Estos desempeñarán un importante papel en la economía de guerra, durante la segunda conflagración mundial y en los años de la posguerra.

La caída de Wall Street
La caída de la Bolsa de Wall Street, en octubre de 1929, lleva a Cuba a su peor momento económico. El precio del azúcar se derrumba de los 2.18 dólares, a 57 centavos de dólar la libra.


La crisis económica aviva el descontento contra el gobierno de Gerardo Machado, inicialmente apoyado por Estados Unidos, quien enfrenta varios intentos de derrocamiento por miembros del ejército. Machado reprime brutalmente los intentos de golpe de Estado y de igual manera persigue a la oposición.
La llegada a La Habana del controversial embajador estadounidense, Benjamín Sumner Welles, en mayo de 1933, marca un sesgo histórico en el proceso de deterioro del gobierno de Machado.
En agosto del mismo año, una huelga de conductores de buses que el gobierno quiso sofocar por la violencia, se convirtió en una huelga general que paraliza a La Habana. Para conjurar la amenaza, Machado hace un pacto con los agitadores comunistas, pero antes de que el pacto pueda hacerse efectivo, una radioemisora transmite la noticia de que Machado ha renunciado, lo cual saca a la calle multitudes jubilosas. De hecho el presidente Machado renuncia el 9 de agosto cuando la huelga trasciende al país entero.
A la caída de Machado suceden otros gobiernos de corta duración que no resisten el descontento social, hasta que el 4 de septiembre de 1933, un desconocido militar de bajo rango, Fulgencio Batista, encabeza lo que se conoce como “La Revuelta de los Sargentos” y asume el poder.
No obstante su primer paso por la casa de gobierno es igualmente efímera. Un nuevo grupo revolucionario encabezado por Ramón Grau San Martín y Antonio Guiteras asumen lo que se llamó el “Gobierno de los Cien Días”, por el tiempo que duró. Su fugaz gestión no está exenta de importancia ya que en este período, con la anuencia de Estados Unidos, inicia gestiones para anular la Enmienda Platt, excepto la presencia militar estadounidense en la base naval de Guantánamo, por cuya ocupación pagaba al gobierno cubano unos 4 mil dólares al año.
Establece asimismo la jornada de ocho horas de trabajo diarias y dio el derecho al voto a las mujeres. La administración Roosevelt no vio con buenos ojos las iniciativas populistas del gobierno de Grau-Guiteras, por lo que le negó su reconocimiento.
Luego de un agitado período y gobiernos de corta duración, Fulgencio Batista gana las elecciones presidenciales de 1940, al derrotar a Ramón Grau San Martin, el candidato opositor. Ese mismo año se promulga la Constitución del 40, que contenía los principios básicos de una democracia moderna que habrían permitido a los cubanos encauzarse por la vertiente del pleno estado de derecho y elaborar los mecanismos para volverse cada vez menos vulnerables a los gobiernos dictatoriales.

Vientos de guerra

En diciembre de 1941 el gobierno cubano declaró la guerra al eje nazi-fascista, Alemania, Japón e Italia. Cuba se convirtió en asiento estratégico de suma importancia para la defensa del mar Caribe y el Océano Atlántico.


Para 1944, Grau San Martín resulta ganador de las elecciones presidenciales a la cabeza de una amplia coalición de partidos. Su primer año de gobierno se vio empañado por sucesivas crisis, entre ellas la escasez de alimentos, debidas a los efectos de la guerra. Pero Grau recuperó popularidad al lograr en 1945 un acuerdo con Estados Unidos consistente en aplicar un sustancial aumento al precio del azúcar.
En la época de la posguerra, las fluctuaciones en los precios del azúcar y una espiral inflacionaria generó descontento social e inestabilidad política.
Sin embargo, pese a los problemas políticos y económicos, en este agitado período, según el analista cubano, Adolfo Rivero Caro , al llegar a los años 50, cerca de un tercio de la población de Cuba pertenecía a la clase media y el 37 por ciento de trabajadores se consideraba mano de obra calificada. Asimismo existía un alto grado de motilidad social, es decir que los individuos podían subir por la escala social gracias a sus habilidades, conocimientos, formación técnica y académica o a través del éxito en los negocios.
Años 50
Según el autor, que cita a Aníbal Escalante, líder del partido comunista cubano, en la década de los años cincuenta, Cuba tenía el tercer puesto entre los países con mayor ingreso per cápita en Latinoamérica, superado sólo por Argentina y Venezuela, entre los 350 y 550 dólares al año, considerando el alto poder adquisitivo de la moneda en esa época.
Agrega que de acuerdo con un informe del Departamento de Comercio de Estados Unidos, de 1956, Cuba era el país con el mayor caudal capitalista en Latinoamérica y contaba con una extensa red de líneas ferroviarias y carreteras, además de puertos bien equipados.
El consumo per cápita de carne se elevaba de 65 a 70 libras por año, nivel superado sólo por Inglaterra, Australia y Dinamarca, mucho más alto que el consumo en Estados Unidos.
Las expectativas de vida eran de 58.8 años, en tanto que las del resto de Latinoamérica, era de 56 años.
Cuba era, por entonces, uno de los países de Latinoamérica donde el nivel de vida de las masas era particularmente alto.
Durante este período, los niveles de alfabetización cubanos clasificaban en cuarto lugar en Latinoamérica, después de Argentina, Chile y Costa Rica.
En Cuba circulaban cerca de setenta periódicos, 18 de ellos, en La Habana. La más importante revista, “Bohemia”, declaraba una circulación pagada de 250 mil ejemplares.
Cuba contaba con más teléfonos per cápita en América Latina, excepto Argentina y Uruguay; más aparatos de televisión que Italia y más autos, per cápita, con excepción de Venezuela. El dólar y el peso circulaban de manera simultánea en estricta paridad.

La caída de Batista
En 1952 Fulgencio Batista, con apoyo del ejército y la anuencia de Washington DC, tomó el poder, suspendió las garantías constitucionales, disolvió el Congreso e instituyó un gobierno provisional que prometió elecciones al corto plazo.


Después de sofocar un levantamiento en las provincias de Oriente, encabezado por un abogado, llamado Fidel Castro, el 23 de julio de 1953, el régimen consideró tener control de la situación. Batista anunció que habría elecciones en octubre de 1954.
El opositor de Batista, Grau San Martín, se retiró de la campaña alegando que sus seguidores estaban siendo aterrorizados, por lo que Batista fue elegido sin oposición.
El 24 de febrero de 1955 Batista asumió la presidencia, reinstauró las garantías constitucionales y otorgó amnistía a los presos políticos, entre ellos, a Castro. Este último se exilió en Estados Unidos y luego en México.
En el orden económico Batista emprendió un programa de desarrollo que, juntamente con la estabilización del precio internacional del azúcar, mejoraba la perspectiva económica y política de Cuba. Se incrementaron las inversiones estadounidenses en la isla, lo cual trajo un exuberante desarrollo de la agroindustria azucarera, que incluía derivados como los alcoholes industriales y los licores. Los rones cubanos, seguidos por los codiciados tabacos habanos, eran apreciados en el mundo por su alta calidad.
Pero no todo el capital que arribaba a Cuba era limpio, ya que Batista daba la bienvenida a conocidos jefes de la Mafia italo-americana, que instalaron y administraron casinos, prostíbulos y otros negocios afines.las playas y lujosos hoteles,a sí como los hermosos parajes del interior de a isla, propiciaron el turismo americano y europeo, lo cual contribuía a la abundancia de empleo y mejoras al nivel de vida de los cubanos.
Sin embargo la corruptela del gobierno batistiano llegó a extremos tales que comenzó a generar malestar en diversos los niveles de la sociedad. Todo aquel que deseaba sortear los trámites burocráticos para establecer un negocio en Cuba, tenía que pagar sobornos e incluso otorgar acciones o porcentajes sobre sus ganancias a voraces funcionarios. Por otra parte, recrudeció la indiscriminada represión contra los opositores, haciendo desaparecer, prácticamente, todo vestigio de democracia en Cuba.

La llegada de Castro
Después de una fallida asonada en diciembre de 1956, Castro huyó a las montañas de Sierra Maestra donde organizó el movimiento 26 de julio, en conmemoración del asalto al Cuartel Moncada, en 1953.


Durante ese año, mediante guerra de guerrillas, acosó al gobierno de Batista, ganando apoyo popular así como las simpatías de extranjeros, incluyendo a los medios informativos de Estados Unidos y buena parte de Latinoamérica, que veían en él a un reivindicador de la democracia cubana.
El 17 de marzo de 1958 Castro convocó a una rebelión general, mientras sus fuerzas crecían, hasta que el 1 de enero de 1959, Batista huyó de Cuba. Un gobierno provisional asumió el poder y pese a que Castro declinó ponerse al frente de este se convirtió en presidente de facto a mediados de febrero de ese año.



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